Tres consejos para que el Plan Prosperidad termine con el subdesarrollo productivo

El manual de todo buen emprendedor debe ir marcado con una premisa: “El cerebro está diseñado para sobrevivir y no para buscar la verdad”, como dijo Richard Gregory, profesor Emérito de neuropsicología de la Universidad de Bristol.

Cotidianidad competencias especulación comercial Opinión P369
Esta es una opinión

Fotografía: Carlos Sebastián.

Las organizaciones, reuniones de personas alrededor de un objetivo común, tienen una pretensión fundamental: sobrevivir. Para conseguirlo, lo primero que buscan es reducir costos (parafraseando a Eduardo Punset en Adaptarse a la Marea). O lo que es lo mismo, buscan optimizar los beneficios de su esfuerzo.

Sin ese principio básico es difícil discutir sobre cualquier estrategia de negocio. No podemos pretender una organización que no tenga en su lógica la búsqueda del mantenimiento de sus integrantes. Cualquier empresa debe buscar una modalidad con la que, al contribuir al entorno en el que viva, consiga los recursos para el sustento de sus miembros.

Me da igual que estos organismos persigan la paz mundial o la venta de perfumes, la defensa del zanate en peligro de extinción o la venta de melones en el mercado La Terminal. Aunque los fines sean diversos, tendrán que tener en cuenta la obtención de suministros para llevarlo a cabo. Eso incluye la ganancia necesaria para remunerar los esfuerzos de todos sus integrantes de una forma digna e incentivadora.

La organización que no priorice la generación ingresos está destinada a morir antes o después. Lo demás son discusiones sobre el sexo de los ángeles y la fórmula de la Coca Cola.

He dicho una remuneración digna e incentivadora. Lo aclaro para todos aquellos que a la hora de defender la desaparición del salario mínimo establecido en ley, consideran que es mejor un trabajo mal pagado que ningún pago (Fritz Thomas y su columna El derecho al hambre). Como respuesta les diré que si una empresa no genera lo suficiente para dar ese tipo de salarios, no es negocio ni es nada. Si no pueden pagar lo adecuado es que ese proyecto no tiene la viabilidad suficiente y si da para que tú vivas bien, debería dar para que los demás no vivan tan mal.

Una organización se las debe ingeniar para sobrevivir, pagar todos los gastos de personal, sus impuestos retributivos, las deudas adquiridas y la reinversión en mejoras. Si después de eso les queda una ganancia, enhorabuena.

Aclarado lo anterior, el pensamiento dominante, al menos aún por estos meridianos, predica que la manera de conseguir estos ingresos es mediante una gestión dirigida a priorizar los resultados de facturación. Cualquier cosa que maximice mis ingresos será bienvenida.

En ese marco, son prácticas permitidas el desprecio del factor humano y minimizar las inversiones de capital. La ley se utilizará en función de que protege nuestros intereses económicos y, en la medida de lo posible, utilizaremos la alegalidad para buscar beneficios. Nos aprovecharemos de vínculos gubernamentales, fondos internacionales o capitales de dudosa procedencia. Sobreviviremos, o mejor dicho, iremos mal tirando.

Hablamos de un modelo que ha ido en caída y que cuando llevó a la economía global a la quiebra, fue rescatado por el dinero de las arcas públicas de los estados occidentales. Y ningún financiero se negó a recibir esas ayudas en función de sus creencias de libre mercado.

La mayoría de los negocios guatemaltecos se mantienen dentro de la seguridad de ese modelo fallido que les crea falsas expectativas de ganancias. En una carrera frenética donde todos quieren un trozo de queso que, si existe, no es gracias a una riqueza real. Como apuntan diversos analistas, entre los que se encuentran la columnista Marcela Gereda, somos países de remesas, narcodólares y ayuda internacional.  Recién EE.UU. prometía mil millones de dólares en ayuda para frenar la migración (Plan Prosperidad), que llenarán nuestras falsas expectativas de crecimiento, mientras continuamos produciendo con las ineficaces estructuras del siglo pasado.

Las consecuencias de estas malas prácticas solo pueden ser tres: a) poca o nula competitividad del mercado local, b) la fácil penetración de gestiones foráneas empresariales que impongan sus propias reglas laborales. Y c), la peor de todas, la permanencia en subdesarrollo productivo dependiente de los parámetros antojadizos de la economía global.

Ojalá despertemos de esta broma de mal gusto en la que nos tienen inmersos no pocos comentaristas, empresarios y politólogos del circo colectivo. Hay que cambiar los discursos gerenciales de nuestras propias marcas para hacerlas genuinas y viables.

Para empezar, hagamos caso de no pocos gurús de la gestión empresarial, como Tom Perters, que lejos de encontrar la riqueza en la mera especulación comercial, imponen prácticas mucho más solventes para generar el factor ganancia. Se trata de una apuesta por el talento humano para incrementar la efectividad de los procesos industriales convencionales, el desarrollo de metodologías tendentes a mejorar la calidad de los servicios y el desempeño acelerado a través de la motivación.

Si como emprendedores decidimos permanecer en el dulce opiáceo de la seducción libertaria, perderemos la oportunidad de integrarnos en la nueva sociedad del conocimiento. El reto implica verdadero valor, no sólo a gerentes y propietarios de negocios, también a gestores y mandos intermedios que tienen en sus manos las responsabilidades de cambio.

Se debe gestionar por competencias y no por objetivos, invertir en una vanguardia tecnológica que estimule el trabajo y desarrollar el recurso humano mediante la motivación intrínseca. Estas, no sólo son prácticas socialmente buenas lejos de las blanqueadoras prácticas de la Responsabilidad Social Empresarial, sino que son las garantías para salir del subdesarrollo en las empresas y organizaciones.

Ignacio Laclériga
/

Me llamo Nacho Laclériga y soy chapiñol. Nací en España; llevo más quince años en Guatemala. Soy máster en comunicación estratégica y coach profesional. Junto a un grupo de profesionales, ideamos Gecca, una organización que desarrolla proyectos, gestiona la comunicación y la adaptación a los cambios. www.gecca.com.gt


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    Ignacio Laclériga
    Ignacio Laclériga /
    06/03/2015 6:43 PM

    Gracias, Alejandro. Qué bueno que aprecie este intento de ir un poco más allá en nuestros procesos productivos. El desarrollo de las destrezas del recurso humano en la economía del conocimiento va directamente ligado con la generación de condiciones de base salarial mínima y la motivación intríseca del personal de la empresa.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alejandro Ceballos /

    05/03/2015 11:43 AM

    Después de leer tan interesante articulo me pregunto, usted si entiende que el salario diferenciado no es el máximo sino el mínimo? Que para que todos ganen mejor es importante bajar los costos fijos, especialmente para aquellas empresas que usan mano de obra intensiva. Hasta la fecha no he encontrado a nadie que pueda entender el punto de la importancia de bajar los fijos para remunerar correctamente la eficiencia y el aporte de cada uno a la organización. Mas de 50 opiniones y nadie ha entendido el propósito de bajar el mínimo para mejorar el máximo. Usted pareciera ser quien si lo entiende. Felicitaciones, excelente artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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