Yo iba para macho, pero mejor no

Cada vez que pienso en masculinidad pienso obviamente en mi padre. En su ausencia, que es más bien una presencia. Lo dejé de ver cuando era muy pequeño y no volvimos a hablar salvo una breve conversación que significó un frustrado intento de encontrarnos. Me iba del país y por eso no lo pude ver. Después de treinta y pico de años de ausencia.

Cotidianidad n135 Opinión P258
Esta es una opinión

Los anuncios de Coppertone, las edecanes...

Imagen: www.beautybanter.com

Como mi padre habrá una infinidad de padres así. Digamos, pues, que mi padre era un hombre de su época, una especie muy cercana a su padre, mi abuelo, que tuvo una vida de Toro salvaje: un matrimonio con mi abuela y un montón de mujeres con hijos y su apellido.

Mi padre, como el padre de mi padre, eran unos machos. Está dicho. Asumamos también que me tocaba seguir la estirpe: primogénito sano y varón. Pero pasa que la ausencia de mi padre me educó distinto.

Resulta que mi madre decidió nadar contra corriente y fue a la universidad. A estudiar ingeniería, con quinientos compañeros de aula que no le hacían la vida fácil. Me cuenta que había catedráticos que le preguntaban por qué seguía ahí, si no había ido solo a conseguir marido. Los catedráticos de ingeniería de mi mamá.

También me cuenta que cuando ella fue a renovar su cédula de vecindad, el tipo del registro civil de la municipalidad le preguntó su profesión y ella respondió que era ingeniera civil y sanitaria. Entonces, él le dijo que no le estaba preguntado la profesión de su marido sino la de ella, que sólo si le llevaba los títulos le iba a colocar eso en el documento. El tipo del registro civil.

Puedo seguir contándoles historias sobre mi madre, quien resultó siendo una frontera que me protegió hasta donde pudo de la idea de la masculinidad grosera. Pero aquí estaban sus enemigos: primero estudié en un colegio de curas, no estos lindos curas como el Papa Francisco, que son re-onderos y dicen ‘amor y paz, hermanos, viva la diversidad’.

Eran estos curas como reclutadores del ejército de la hostilidad. Que nos medían el largo del pelo o nos lo cortaban. Que nos veían si habíamos lustrado hasta no poder los zapatos. Que nos daban charlas sobre que la masturbación era un pecado mortal y nos hacían ver documentales donde Los Beatles, al poner sus discos al revés, daban un mensaje de Satán.

Casi dos veces por semana nos dábamos verga a la salida. Nos burlábamos de los afeminados. Bebíamos cervezas y hablábamos de ir donde las putas mientras pasábamos contrabando de porno.

Teníamos un evento donde escogíamos madrinas. Ay de ellas. Las recuerdo llegando a las aulas, como mercancía entrando a la penitenciaría, en sus faldas y sus tacones que a penas podían dominar. Con sus sonrisas nerviosas, como un pequeño corderito entre una jaula de leones. Nosotros, los hombrecitos de Dios.

En ese entonces me iba en camioneta al colegio y caminaba, oh por Dios, caminaba desde donde ahora está la empresa de emisión de pasaportes hasta la Avenida Bolívar, donde estaba el Colegio Salesiano Don Bosco. En ese trayecto, en el bus, aprendí que las mujeres andan por ahí como los carritos de pan y uno escoge el que le gusta y le chifla, pero se van molestas, pero en el fondo bien que les gusta. Eso aprendí, pero me dio pavor hacerlo. Porque miraba sus caras de asco y a mí, digamos, no me educaron para que sintieran asco de mí.

Yo recuerdo bien los anuncios de Coppertone, a las edecanes de los supermercados –con sus lycras entalladas– que me aseguraban que si compraba una mi capa Ciclón, una mi cerveza, un mi par de tennis Tritón iban a llegar por montones, porque en la medida en la que yo demostrara que tengo poder de comprar ellas iban a venir a mí, porque pisto mata carita.

Al pasar los años tampoco fue distinto. Mis colegas mujeres en la facultad de Derecho, las que resultaban ser las más aplicadas, cuando íbamos a tribunales por las pasantías o lo que fuere –ay de ellas– desde que ponían un pie en la calle comenzaban los coros de ‘mamita rica’, ‘ojalá yo fuera pashte’, ‘quién es tu ginecólogo para chuparle los dedos’ y otra suerte de asquerosidades que más adelante eran una sobadita de mano en las gradas de Tribunales que abogados más viejos les daban, hasta una metida de mano. O qué decir de ellas pasando frente al camión de los presos… Ahí, señoras y señores, ahí estaba el horror.

Todavía está en el sótano de Tribunales. Así que, pues, reconozcamos una cosa: ser mujer e intentar progresar es la cosa más difícil del planeta tierra si nacés en un trópico tan animal como este. Sólo una mujer ha sido rectora de una universidad, la de los curas onderos; ninguna mujer ha sido Presidenta; ninguna mujer ha presidido el CACIF, y así puedo seguir.

Innumerables son las historias de abuso de mujeres cercanas a mí. Más allá de su expresión más común –la agresión en la calle–, que no deja de ser grosero, no señor, incontables son las mujeres que conozco que han sido violadas.

La calle está llena de hijos de puta. Las casas están llenas de hijos de puta. Y la vida me dio la oportunidad de verlos de cerca: trabajé dos años en una fiscalía de violaciones de niños. Ahí estaban estos tipos que buscaban el placer en las relaciones de poder. Y ahí siguen, a pesar de las leyes más severas: todos los días paso frente a la carceleta de los juzgados de femicidio y está llena. Todos los días, todas las noches, tras las rejas.

Ahora el asunto es así: ser mujer en este país no sólo es garantía de que te van a abusar, física o verbalmente, sino también de que llegar al poder será una cima que no podrás escalar porque tenés a todo el marketing de la masculinidad en tu contra. Y es todo: familia, iglesia, poder, ley… Pensá en lo que querrás: las leyes, las instituciones, todo fue hecho por hombres, pensando en ser hombre como algo vital.

¿Y quién puede cuestionarse sus privilegios? Ahí está lo triste. La mayor parte de la discusión sobre la masculinidad no ha surgido de reflexiones de los mismos hombres, sino de denuncias puntuales de las mujeres.

Parece que los hombres pensamos que es un asunto de bla bla bla, sin darnos cuenta que cuando deslegitimamos sin motivos sus propuestas estamos encajando perfectamente en sus denuncias. Y tampoco es que sea un asunto sólo de ellas. Pensemos en los grupos únicamente de hombres, como el colegio donde estudié, o bien, en las cárceles. Ahí se ejercen hipermasculinidades que terminan poniendo en la cima de la pirámide al más animal, al hiperviolento. Así que la masculinidad es un perro muy bravo: es insaciable y muerde hasta la mano de su propio amo.

No jodamos, pues. Ya sé que tenemos todo en contra, ya sé que habrá quién lea esto y comience a decir que el feminismo es esto o lo otro y no se ha dado jamás a la tarea de entender de qué le hablan cuando le hablan de feminismo, más allá de aquél programa idiota venezolano de hombres contra mujeres.

Eso es seguir con la estupidez. Eso es, en todo caso, permitir que nuestro sistema de vida se base en el abuso. A dónde podemos ir así: sólo a lo mismo, en el fango en el que nos estamos arrastrando.

Pero no todo es miseria: veo a las nuevas generaciones preguntarse cosas. Veo a la gente admitir la diversidad. Veo opiniones contrarias a campañas estupidizantes como la de MD, opiniones espontáneas que nacen de hombres que ya están hartos de que sientan asco de ellos. O de ellos mismos sentir asco, cuando pensamos en la manera en la que constantemente abusamos de otros, por su género, por su raza, por su religión.

Ahí está la grieta en el muro de la machiburrada. Y ahí es donde hay que picar. Aquí estaré siempre con mi piocha. Y, colega, danos una mano para seguir.

Julio Prado
/

Escritor, abogado, tuitero del trópico, esposo abnegado, surfista de la web y padre del niño más genial de la comarca.


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

37

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Karla /

    28/11/2017 10:58 AM

    Qué bien leer de la violencia - en todas su manifestaciones - contra la mujer, desde la perspectiva de un hombre también víctima de la reproducción de sistemas totalmente machistas.

    ¡Gracias!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Karla /

    26/11/2017 8:17 AM

    Un excelente artículo!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Barto-lo-meo /

    25/11/2017 1:53 PM

    Que diferencia la perspectiva de Julio a las ñoñerias de Martín cuando aborda el tema. Gran y excelente artículo

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alberto Xón /

    02/12/2015 5:46 PM

    《La calle está llena de hijos de puta. Las casas están llenas de hijos de puta.》y entonces, en que quedamos, porque atacar a la madre de los "machos" y no a los "machos" en sí.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    El erotismo violento y nuestra herencia | (Casi) literal /

    30/11/2015 11:32 AM

    […] de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, 25 de noviembre; algunas muy buenas como la de Julio Prado, otras que solo repiten como loros lo que ya se sabe, con cifras y definiciones, pero de una manera […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Eergo /

    28/11/2015 3:21 PM

    Aplausos... gran artículo. Me ha puesto a reflexionar, y admito, eso es algo que no todos los textos de feminizmo que he visto hacen con migo.

    El artículo va más allá del feminazismo y el hembrismo, va a la "unión". Aplausos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mafer /

    27/11/2015 11:28 AM

    ¡Muy bueno! Pienso que el "hijo de puta" no está escrito con el sentido exacto de la frase, simplemente es un insulto, quizá como "persona despreciable".

    Este artículo es para leerlo muchas veces.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Brianda Luna /

    26/11/2015 2:26 PM

    En lo personal, me gusta cuando leo este tipo de artículos, primero porque son una forma más útil de matar tiempo y de paso, poder observar las diversas perspectivas de los columnistas y de la comunidad de quien escribe. Estoy de acuerdo que los problemas de género son difíciles de entender y erradicar, porque son "las formas tradicionales" en las que fuimos educados. Yo crecí en una comunidad rural de San Agustín Metzquititlán, no en la cabecera, donde parece que el tiempo y el progreso comienzan a transformar y dar una imagen "favorable" de las cosas que hay en ese bello lugar. Yo crecí en un lugar donde los hombres de 30, se casan con las de 15, ¿no es este un problema de género? ¿no está implicada aquí una situación de duelo de poderes?.
    Porque en todo el mundo sin importar la clase social, adjudicamos mayor jerarquía a lo masculino, en nuestro lenguaje, en nuestro hogar y las instituciones. Muchas veces ni los hombres ni las mujeres quieren aceptar dicha realidad y la verdad es que tienen que observarla, meditarla. Que un hombre esté destinado a ser el proveedor de una familia, también es un problema de género, que dos hombres se peleen alcoholizados en una fiesta también es un problema de género, que los hombres (y mujeres) señalen a los hombres homosexuales también es un problema de género, que a un hombre le cueste trabajo tomar a otro hombre de la mano o abrazarlo (aún si fuera su padre o su hijo o hermano) también es un problema de género.
    Pero enfrascado en todo este desbarajuste, hay un problema mas grave, tan real como el primero, pero más peligroso, y horriblemente sistematizado en nuestro hacer común y es el PODER, ¿por qué decir que si un hombre le pega a una mujer, es porque seguro algo hizo? ¿con qué derecho una madre golpea a sus hijos cuando no puede descargar las frustraciones directas con su marido? ¿por qué hay temas que nos negamos hablar libremente?... el problema de las relaciones de poder, también están atravesados por el género y la sexualidad, por un deseo arcáico de posesión, de dominio... que ha evolucionado hasta lo que hoy conocemos como el Patriarcado.
    Nadie ha dicho que ser hombre es malo, ser mujer tampoco lo es, lo malo es cuando nuestras acciones están reguladas por ese primitivo deseo de obtener lo que deseamos a costa de lastimar a otros, de no ser empáticos, y de eso, perdón, pero la mayoría de los hombres y mujeres lo viven y lo reproducen.
    Nadie es más ni menos, no somos iguales, no somos especiales... somos humanos, no somos más que cualquier otro animal o insecto... ni el intelecto es superior cuando funcionamos y nos conformamos con lo que se nos ha dado, aunque nos lastime.
    El problema SI es el MACHISMO, el androcentrismo, el problema es que cada discurso que justifique la violencia, va a generar mas violencia.
    Una vez un hombre me preguntó -bueno, si hay mucha lucha en pro de las mujeres, ¿que pasa cuando los hombres son maltratados? ¿quién los defiende a ellos? ¿donde están sus masculinistas?... me quedé pensando todo el dia, y al siguiente le respondí -si tu fueras maltratado y acudes a una a instancia a denunciar, ¿que piensas que pasaría?- a lo que me contestó -se burlarían de mí, me dirían que si no soy hombre o simplemente no me creerian- -¿por qué piensas eso?- -porque los hombres no deben dejar que nadie les pegue, por eso son hombres-.
    veamoslo de esta forma: a los hombres les atribuyen características de dominio, fuerza física y control mental y emocional, mientras que a las mujeres se les carga con atributos como delicadeza, sensibilidad, sumisión. Cuando un hombre es atacado (por quien sea), se le atribuyen estereotipos femeninos (o feminizados), que automáticamente llevan a burlas, señalamientos y a un feo apresamiento de su ser, por no poder demostrar lo que siente, vive y desea, decir "¡sí soy hombre, soy un ser humano responsable, que está siendo maltratado, que vive violencia y denuncio porque no soy debil!"... ¿ésto no es un problema de género?
    Por qué la masculinidad debe estar ligada a una fuerza inquebrantable mientras pensamos que una mujer nace "quebrada".
    ¿no es un problema de género?
    La negación es un mecanismo de defensa que ocupamos para "hacer como que no nos damos cuenta", sin embargo es síntoma de un desorden mental donde pensamos que no hay problema. Entonces nuestro neurótico colectivo está enfermo, pero podemos sanarlo, y las nuevas generaciones nos estamos encargando, hablando de las cosas que hacen ruido, de las cosas que no le agradan a todos. La realidad está ahí, solo que si no la vemos, es como si dejáramos crecer la hierba en un campo de cultivo, mata a las plantas que sí nos sirven.
    Sé un verdadero ser humano, se libre, vive, siente, no te niegues lo que te hace feliz, sé responsable y sirve a tu sociedad, coopera, ayuda con lo que humanamente puedas... entonces no habrá problemas de género, ni preguntas sin respuestas.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Neli Miranda /

    26/11/2015 7:31 AM

    Excelente artículo. Felicitaciones a Julio Prado.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Pues si /

    25/11/2015 11:41 PM

    "cuando deslegitimamos sin motivos sus propuestas estamos encajando perfectamente en sus denuncias." eso si fuera sin motivos. perdon pero estos articulos son pura click bait, estan pescando clicks, por que enoja mas y llama la atencion mas hablar del machismo en el pais, y toda estas nuevas nociones del sexismo que no mas existen en el internet. donde le parece mejor reportar el sexismo de su madre que lo envio a un convento para criarlo... supongo que eso fue contra la corriente tambien. No le parecio mejor idea, de que hablara de temas y numeros concisos de la descriminacion en la poblacion, no, por que investigar con ejemplos que no son personales si cansa. especialmente cuando eres escritor para una pagina de articulos de temas sociales. Por que no reportar, que es importante igualar las oportunidades mientras mantenemos nuestra libertad y derecho de escojer individualmente? deja que tu mama sea ingeniera, te unes a todos los confundidos, y perdon, pero tu historia explica exactamente tu mentalidad... tu papa si fue algo criado por tu abuelo... por eso salio como el, pero tu papa ni quiso, asi que mientras piensas que deberias ser macho no mas por que veias pornos, te metias en peleas, y... ay no... anhelabas sexo con niñas de joven... perdoname pero por muchas razones como no tener a tu papa y ser criado en un convento con curas locos, no saliste como tu papa, si quieres star agradecido por eso, puedes lidiar una mejor vida, pero por ahora no ayuda en cuanto al tema social, no mas quieres escojer un grupo, usarlo de sujeto y despues victimizarlo, por que igual vos sientes que tienes que compensar por tu falta de masculinidad, aun que sea tirandole mierda al macho extremo, tu papa, ni todo el pais, ni tu.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!







Notas más leídas




Secciones