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El país en el que ser racista es normal y no un delito

Guatemala es indígena —o con herencia indígena—. Cuatro de cada diez personas se consideran a sí mismas como indígenas. El porcentaje podría ser mayor, pero durante años se ha instalado un sentimiento de rechazo hacia estos pueblos que lleva a muchos a negar sus orígenes y convertir esta herencia en un insulto. En esta sociedad, indígena es un “indio”, una palabra que es sinónimo de tonto y necio. Un discurso de odio puesto en evidencia en acciones cotidianas.

De dónde venimos Periférica pueblos indígenas

Ilustración: Diego Orellana

1. El racismo de todos los días

Esta escena ocurrió en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, pero se repite constantemente en otros puntos del país. Cada medio día, cientos de oficinistas se apresuran a almorzar en los comedores de la zona 1. A unos 100 metros del Congreso de la República hay un pequeño restaurante. En una de las mesas con manteles cuadrados comen cuatro mujeres con uniforme que las identifica como trabajadoras del Ministerio Público, conversan entre risas.

Una de las mujeres interrumpe la conversación para contar una anécdota.

—¡Van a ver! —comienza— el ‘indio chaparro’ de lentes del segundo nivel me invitó a salir. ¡Qué se cree el igualado!— dice y sus acompañantes se carcajean.

Ninguna de las cuatro parece entender que detrás de esas palabras, en apariencia inocentes, hay una fuerte carga de racismo.

Durante años, la palabra “indio” ha servido en Guatemala para referirse a las personas que pertenecen a los pueblos indígenas y, a la vez, es el sinónimo de una persona tonta, necia, que vale menos que los demás. Las palabras, como parte de un discurso de odio, fomentan la discriminación.

Eva Tecún León, coordinadora general del Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’, ha buscado durante años cómo identificar estas muestras de racismo y cómo hallar un camino que conduzca a detenerlo.

—El racismo es un síntoma de dominación, se reproduce en una diversa serie de formas, en la vivencia cotidiana—, dice.

La diputada Sandra Morán también intenta explicar el fenómeno:

—El racismo hay que identificarlo. No es un problema que la mayoría de la gente identifique como tal, es un problema estructural que hasta en los medios educativos se da… los dichos, los chistes es una parte de un problema estructural.

¿Por qué una frase como la escuchada en el comedor de la zona 1 se dice en voz alta y sin cuestionarse? Para empezar, porque no es un delito.

2. El racismo no tiene castigo

—En Guatemala, el racismo no es delito. Sí lo es la discriminación, pero solo es un delito menor—, explica la directora técnica de la sede de Guatemala de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo (Codisra), Carmen Quiej.

Aun así, Codisra se encarga de recibir denuncias por discriminación para asesorar y dar acompañamiento a las víctimas. Durante 2018 se recibieron 51 casos, en lo que va de 2019, 16. Cinco de estos, son casos colectivos.

El artículo 202 Bis, del Código Penal de Guatemala, explica: “se entenderá como discriminación toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de género, raza, etnia, idioma, edad, religión, situación económica, enfermedad, discapacidad, estado civil, o en cualesquiera otro motivo, razón o circunstancia, que impidiere o dificultare a una persona, grupo de personas o asociaciones, el ejercicio de un derecho legalmente establecido incluyendo el derecho consuetudinario o costumbre, de conformidad con la Constitución Política de la República y los Tratados Internacionales en materia de derechos humanos.”

El castigo a quien se encontrara culpable de este delito es de uno a tres años de prisión y una multa de 500 a 3 mil quetzales.

Sin embargo, casi ningún caso llega a una sentencia y en los que se llega el acusado debe enfrentar la pena menor.

Quiej recuerda un caso que sí alcanzó sentencia. Ocurrió en Quiché, entre dos mujeres que vendían sus productos en un mercado. Una de ellas, que se reconocía como ladina menospreció a la otra, que se reconocía como indígena.

Los insultos eran cosa de todos los días. Le gritaba “india sucia”, hasta el punto de rociar con agua los productos que la víctima tenía a la venta. La denuncia se presentó en 2016 y la sentencia, después de decenas de audiencias, se logró en 2018. La pena de cárcel y la multa fue la mínima y la mujer que atacó durante meses nunca llegó a la cárcel, a pesar de que los peritajes del MP demostraron que la víctima sufrió consecuencias psicológicas.

—Ser racista en Guatemala sale barato—, resume la coordinadora de Tz’ununija’.

Eva Tecún también sabe de esto. Su organización ha acompañado procesos de denuncia, pero asegura que es muy difícil lograr que se llegue a una sentencia y que, en el mejor de los casos, lo que se logra es una disculpa pública.

—¿Cómo demostrar que hicieron de menos a alguien por ser racistas?—, se pregunta Tecún y agrega que uno de los principales problemas que enfrenta es el poco conocimiento y experiencia que tienen los fiscales del Ministerio Público en estos casos.

3. El insulto sin consecuencia: las redes sociales

La población indígena representa al 41% de la población del país, según el censo oficial de 2002 —entre julio y septiembre del 2018 se hizo el último censo, pero aún no han publicado resultados—.Son mayoría en 168 municipios y en algunos departamentos hasta llegan a ser más del 95% de la población.

A pesar de ello, siguen siendo el blanco de los insultos y el menosprecio de los que se auto-consideran ladinos. En las redes sociales es común observar una costumbre que en la vida cotidiana prácticamente todos han escuchado: se cree que el indígena es tonto, necio, sucio y de menor categoría. Teclear la palabra “indio” en el buscador de Twitter es la puerta para observar una de las muestras más grandes de racismo en Guatemala.

Insultos como “el pisto no da educación, el pisado ha de tener billete porque el tata tiene su negocio de burras pero lo indio ni bañándose en cloro se va”

o

“Ese pisado se cree albino y es más indio que los marchantes de la terminal”

o

“Hoy vi a un pisado tan pero tan indio que parecía tataranieto de Tecún Umán el desgraciado”

…son parte del racismo diario que llena la red social, la mayoría de los casos protegido por cuentas anónimas y que promueven discursos de odio.

¿Se le puede poner un fin al uso del lenguaje para insultar y discriminar? Legalmente hay pocas posibilidades. Carmen Quiej explica que muchas veces las personas no consideran denunciar esta clase de insultos porque se volvió normal.

—Mucha gente ya no lo denuncia, porque se ha vuelto algo muy cotidiano—, explica Quiej.

La directora técnica de Codisra añade otro detalle importante: casi ninguna denuncia prospera. Esto ocurre, la mayoría de veces, porque el Ministerio Público no realiza una investigación exhaustiva ya que la discriminación termina siendo algo “muy subjetivo”.

¿Cómo se siente una persona de descendencia maya ante estos insultos?

—Provoca indignación. Me hace pensar que en este país no pensamos lo que decimos y no nos reconocemos porque muchas veces esos insultos vienen de personas que tienen rasgos indígenas, pero que seguramente no conocen de historia—, responde Tecún.

4. Quezalteca, no indita

En Guatemala existe un licor que se llama Quezalteca. Muestra en su etiqueta una mujer vestida con el traje tradicional de Quetzaltenango. Sin embargo, en el país es ampliamente conocido por una palabra que la marca no ha puesto en la etiqueta y que tampoco usa en su publicidad: Indita.

Cientos de jóvenes piden cada fin de semana ese aguardiente con ese nombre y parecen ignorar la carga de racismo que lleva llamarlo de esa manera solo por la imagen que tiene en la etiqueta.

Durante la Semana Santa de 2019, en Facebook se abrió un debate sobre este nombre. La organización Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’ hizo un análisis sobre el racismo en el lenguaje cotidiano.

La publicación original tiene más de 300 comentarios, pero la mayoría de estos son de personas que no entienden qué está mal o porqué llamar así al licor es racismo. También muchos de estos son insultos, burlas o señalamientos sobre que este planteamiento es una exageración.

La discusión llegó a Twitter, donde algunos usuarios señalaban que no veían nada de malo en llamar “indita” al licor y hacían alusión a la cerveza Indio en México o al equipo de béisbol “Indians” de Cleveland, a pesar de que estos ejemplos sí se llamaban de esta manera, pero el licor guatemalteco, no.

El antropólogo y columnista Diego Vásquez Monterroso tomó la batuta de la discusión en esa red social y mostró los puntos por los que llamar al aguardiente Quezalteca como “indita” sí es una actitud racista.

—Hay que entender que el éxito del racismo, y el que sea tan difícil de eliminar, está precisamente en que se inserta como «orden natural de las cosas»—, tuiteó el antropólogo Vásquez Monterroso .

Una teoría que, como ya se ha señalado, sostienen otras personas, como la diputada Sandra Morán. El racismo es difícil de eliminar porque está tan arraigado que no se reconoce.

Tecún dice que esta publicación tenía el objetivo generar la discusión y lograr un impacto.

—Dejar la duda, que la gente se planteara si eso era racismo y provocar que más de alguien se informara—, explica.

5. La campaña política y el racismo

Guatemala ha tenido 50 presidentes, todos hombres, blancos y mestizos. Ninguna persona representante de los pueblos indígenas ha ostentado el cargo de Presidente de la República. En esta contienda electoral, de las 48 personas (para cargos de presidente y vicepresidente), al menos seis son indígenas, sin embargo, su camino se ha visto marcado por ataques racistas.

El más fuerte, hasta ahora, se dio a través de redes sociales contra Blanca Estela Colop, candidata a la vicepresidencia por el partido URNG. El día que recibió, junto al candidato presidencial, Pablo Ceto, sus credenciales, una cuenta de Twitter desde el anonimato de su autor y bajo el nombre de “Guate. Nacionalista” la llamó “la señora del aseo”. Colop es en realidad licenciada en Pedagogía y Ciencias de la Educación.

(https://twitter.com/guanacionalista/status/1110593162907697152).

Colop interpuso una denuncia ante el Ministerio Público por discriminación, pero la investigación aún no ha dado resultados. La cuenta Guanacionalista sigue activa, tiene cerca de 2 mil seguidores y el tuit que contiene el insulto racista ni siquiera fue borrado.

Al contrario, horas después hizo otro en el mismo tono: aseguró que la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, también era una mujer que solo hacía limpieza. Este tampoco ha sido borrado.

Mientras tanto, la candidata a la presidencia del partido Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), Thelma Cabrera, realiza sus mítines portando el traje tradicional de las comunidades y no pierde la oportunidad de asegurar que otras candidatas, como Sandra Torres o Zury Ríos, han usado este traje solo como un disfraz.

6. Un acuerdo de paz sin resultados

La población indígena fue la que más sufrió la guerra interna de Guatemala. Los duros enfrentamientos entre ejército y guerrilla se dieron en sus territorios y fueron aldeas indígenas las arrasadas por las masacres perpetradas por lo soldados.

Por ello mismo, durante el proceso de la firma de la paz, un acuerdo se dedicó especialmente para las comunidades indígenas: el acuerdo sobre identidad y derechos de los pueblos indígenas.

En este acuerdo, el capítulo llamado “Lucha contra la discriminación” ya se reconocía, hace más de 20 años, el problema:

“Para superar la discriminación histórica hacia los pueblos indígenas, se requiere el concurso de todos los ciudadanos en la transformación de mentalidades, actitudes y comportamientos.

Dicha transformación comienza por un reconocimiento claro por todos los guatemaltecos de la realidad de la discriminación racial, así como de la imperiosa necesidad de superarla para lograr una verdadera convivencia pacífica.”

Para lograrlo, el acuerdo proponía una serie de acciones a ejecutarse. Entre estas, brindar educación para terminar con el racismo, realizar reformas al Código Penal y dar mayor acompañamiento legal a las víctimas de discriminación.

El acuerdo fue firmado el 31 de marzo de 1995. Es decir, han pasado 29 años sin lograr cambios significativos. Los pueblos indígenas siguen sufriendo discriminación y son víctimas del racismo.

7. “Un indio domesticado”

Fernando Us, activista político, quien  ha sufrido la discriminación por ser indígena y homosexual explica que muchas veces sufren del racismo en pequeños detalles, que hacen que siempre se les vea con otros ojos.

—Me siento como un indio domesticado—, asegura Us.

Es su manera de explicar cómo muchos profesionales indígenas debieron adaptarse a un entorno que los obliga a prepararse más y tener que buscar una mayor aprobación que sus pares ladinos.

Mientras tanto, ese racismo interiorizado que permite esto sigue creciendo en los niños. La costumbre de que los niños lleguen vestidos de indígenas para celebrar “el día de mercado” solo refuerza la idea de que el papel de una persona indígena es en el campo, cultivando verduras y vendiéndolas en el mercado, ignorando así a los cientos de profesionales que a diario trabajan en el país y son de descendencia maya.

Es por ello, analistas y expertos coinciden en que la única manera de terminar con este racismo estructural es la educación en los centros educativos y admitir que el racismo es un mal cotidiano y tan usual, que muchas veces es imperceptible.

8. El racismo es violencia

Eva Tecún dice que la lucha para erradicar el racismo está cuesta arriba, debido a que es un problema tan arraigado que muchas veces no se reconoce, pero que es real.

—El racismo es violencia porque duele, lastima, hace daño—, explica.

La propuesta de Tecún para detenerlo es un diálogo que permita alcanzar y ejecutar una política pública de eliminación del racismo, pero sobre todo, la educación.

Esos mismos colegios que celebran “el día del mercado” deben ser los primeros en reconocer su racismo e iniciar procesos de cambio.

—En las escuelas nos forman, allí aprendemos qué es correcto y qué no—, dice Tecún y por ello ahí debe empezar el cambio.

***
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***

Juan Manuel Vega
/

Periodista guatemalteco. Empecé en radio y terminé enamorado de las posibilidades del periodismo digital. Lo único que siempre he querido hacer es leer y escribir.


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    Luis /

    16/05/2019 10:44 AM

    Me ha gustado el artículo, muchas gracias.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis /

    10/05/2019 1:34 PM

    En la actualidad hemos llegado a tal punto que en algunas partes de Guatemala los mismos pueblos lo usan como ofensa a ellos mismos la oración “pareces indio” dando a entender que es un insulto, de menor categoría, tonto, en simples palabras alguien ignorante. Es un tema alarmante que hasta en los mismos pueblos se ve “normal” y más bien es todo lo contrario, otro claro ejemplo es sobre algunas mujeres del área rural al momento de venir a la capital se sientan inseguras de usar su traje regional y cambian su forma de vestir con de no sentirse menoscaba. Este tema es realmente preocupante porque lo único que produce es que se pierda la identidad de los mismos pueblos y dar a entender que siempre está esa diferencia entre “ladino” e “indígena”, a pesar de que en la constitución política de la republica (Artículo 4) y en los convenios ratificados por Guatemala nos expresa claramente la igualdad que como ciudadanos debemos de guardar fraternalmente cómo está expresó.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    09/05/2019 9:22 AM

    Me parece que el racismo es en los dos sentidos y los dos son sufrimientos el primer sentido es a quien se le dirige el propósito, por su historia, su origen, las palabras que se le dirijan tendrán siempre un sentido que le produzca dolor y que pueden llevarlo a cometer actos que serán extremos. El segundo sentido me parece que tiene los mismos orígenes y los mismos resultados. Es posible que entre los dos haya una relación de dominante y dominado. Esta relación no está bien clara pues los roles son intercambiables.
    En lo que concierne a Guatemala en ningún momento ha sido una NACION si no al contrario se ha construido un estado en el cual la relación de DOMINANTE Y DOMINADO a prevalecido y de esto el mejor ejemplo es lo nefasto de la política de Justo Rufino Barrios a saber
    “Durante el gobierno de Barrios se despojó a los indígenas de las «tierras de indios», las cuales se repartió entre los oficiales que lo ayudaron durante la Reforma Liberal. El Decreto 170 (o Decreto de Redención de Censos) facilitó la expropiación de las tierras a los indígenas en favor de los oficiales, y de personas alemanas en las Verapaces, al propiciar la venta en pública subasta de las tierras comunales. La propiedad comunal, dedicada a cultivos de subsistencia, se convirtió en propiedad privada dirigida al cultivo y comercialización a gran escala de productos agrarios. Por tanto, las características fundamentales del sistema productivo, fueron desde la época de Barrios la acumulación de la propiedad en pocas manos y una especie de «servidumbre de finca», basada en la explotación de los «mozos colonos».
    Para garantizar el suministro de «mozos colonos» para las fincas cafetaleras, las que a diferencia de las fincas de grana necesitaban una cantidad considerable de mano de obra, se decreta el «Reglamento de Jornaleros», legislación laboral que colocó a la población indígena prácticamente a la disposición de los intereses de los nuevos latifundistas cafetaleros, y los tradicionales conservadores, exceptuando entre estos últimos a la Iglesia Católica. El decreto establecía lo siguiente para los indígenas:
    Quedaron obligados a trabajar en las fincas cuando los dueños de éstas los necesitaran y sin importar en donde se encontraran.
    Quedaron bajo la tutela de las autoridades locales, quienes se encargaban de velar porque los contingentes de indígenas fueran enviados a las fincas.
    Quedaron sujetos a la habilitación: paga forzada anticipada, endeudadora del trabajador y justificadora de su envío a las fincas y de su retención en ellas.
    Creación del libreto de jornaleros: documento probatorio de la solvencia del trabajador frente a su patrono, y sin la cual el trabajador estaba sujeto al rigor de las autoridades y de los dueños de fincas”
    Barrios no invento nada solamente transpuso costumbres en aplicación por los europeos en las colonias.
    Me parece que una nación es un alma y un principio espiritual. Dos cosas que, para decir la verdad, son solo una sola y constituyen la esencia de de lo que somos juntos, La noción de espiritualidad concierne el pasado, la esencia de nuestra historia el origen mismo de nuestras creencias el otro está constituido por el presente. Estas dos cosas son la posesión de un destino común el consentimiento y el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar afirmando la herencia que no ha sido dada. De esto nace o se afirma el “RACISMO” pues nunca ha habido la voluntad de que Guatemala sea una NACION y al contrario esta lucha en contra de este principio prevalece durante la contra-revolución, la guerra civil mal llamada conflicto armado, la emigración, la migración obligada. Los aportes técnicos y sociales de otras culturas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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