Sara Curruchich: Soy de Comalapa y esto sentí cuando enterramos a 172 personas

Pasaron más de 30 años desde que fueron desaparecidos y asesinados, 15 años desde la exhumación y el 20 y 21 de junio 172 personas, hermanas y hermanos volvían a Chixot.

De dónde venimos P258

Foto: Video oficial de Sara Curruchich

Regresaron el Día Nacional contra la Desaparición Forzada, bajo la luz y energía de nuestros ancestros B’elejeb Kej y Lajuj Q’anil después que el ejército les cortó la mirada al sol.

Recuerdo cuando tenía entre 9 y 10 años y mis compañeras de escuela murmuraban:

– Encontraron calaveras, sí, las cabezas, las manos, los dientes, todo el esqueleto. Allá abajo, en el destacamento, ¿Vamos a ver?, dice que tienen trapos en la boca y están amarrados de las manos y de los pies.

Estas frases, no sólo estaban en boca de todos los alumnos, también en las calles de mi pueblo. Escucharlas hacía crecer la incertidumbre, que nuestros corazones palpitaran a una alta velocidad y que el miedo y la nostalgia se apoderara indudablemente de nuestro ser.

Mucha gente cuenta que en los 80 todo debía estar en silencio. No radios, no velas, no palabras que pudieran inmiscuirse en la negra noche, solo se escuchaban los xil (grillos), los perros o los gallos que cantaban en el corral o detrás del patio.

“¡Cuidado! Si nos escuchaban, los soldados podían entrar a la casa, violarnos, matarnos o llevarnos.”

Así se decía en las casas. O como me recordaba una familiar estos días:

– Cuando iba a lavar a la pila de Las Tomas, en el camino me encontraba con muchos soldados; no los miraba a los ojos, a veces ellos me miraban y yo con voz baja decía buenos días, tenía miedo. Cuando llegaba a la pila, ellos estaban entre los árboles, vigilando el camino, pero también miraban a las mujeres que lavaban; a muchas las agarraron allí.

El ejército utilizó varios medios y métodos como estrategias para introducir miedo y acabar con quienes con sus ideales buscaban construir un mejor futuro, respeto y equidad para los pueblos. En Comalapa, algunas de las desaparecidas y los desaparecidos, torturados y asesinados, pertenecían al comité de reconstrucción después del terremoto de 1976, eran integrantes de la cooperativa de papas, de la cooperativa de tejedoras, eran catequistas, líderes comunitarios o estudiantes.

 

Los 172 féretros. Foto: Sandra Sebastián.

El antiguo destacamento militar en Comalapa era un punto estratégico, pues su ubicación colinda con San Martín Jilotepeque, que conecta con Joyabaj, Quiché, con San Juan Sacatepéquez. Es por eso que muchos de los muertos que fueron hallados en las fosas colectivas no sólo pertenecían a Comalapa, algunos eran de Patzaj, Pak’ixik, Simajulew, San Martín, San José Poaquil, Tecpán, a 75 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, como indica Nan Carmen Cúmez, de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala, Conavigua.

El padre y esposo de Nan Rosalina Tuyuc, fundadora de Conavigua en 1988, también fueron desaparecidos. De allí comienza la lucha incansable por encontrarlos no solo a ellos, sino a miles de personas desaparecidas. Así fue como el 28 de agosto del 2003 al 2005, junto a la Fundación de Antropología Forense de Guatemala, comienzan la exhumación en Palabor, donde hallaron 220 osamentas.

 

Nan Rosalina. Foto: Sandra Sebastián.

Aunque los osarios tenían un cartelito donde se visibilizaba un número y las palabras “No Identificado”, una inmensa y maravillosa familia les recibió para velarles y darles un entierro digno. Es difícil hallar las palabras precisas para expresar nuestro sentir al ser partícipe de este fragmento de tiempo. El cuerpo temblaba, el olor a pino y pom que provenía del incensario de las abuelas y se mezclaba con el respirar, las flores, música, poesía, cantos y abrazos, llantos de alegría, tristeza; eran entregados a nuestros hermanos, a nuestros pueblos.

No puedo más que agradecer a las mujeres y hombres por la lucha, la fuerza y la enseñanza que han tenido y dado durante tantos años.

La lucha por la justicia es quizá un camino largo, pero se seguirá luchando y pidiendo al Estado de Guatemala inclusión, respeto, justicia y esclarecimiento por los hechos y crímenes de lesa humanidad contra los pueblos.

Y algo aprendimos, somos voces sin miedo, con pasos y latidos que retumban para recuperar la verdad, nuestra memoria histórica y dignificar a nuestros hermanos y hermanas víctimas de la guerra. Nunca, nunca dejaremos de abrazar a la esperanza.

Sara Curruchich Cumez
/

Soy compositora y cantante maya kaqchikel. Nací en San Juan Comalapa, Chimaltentango. Creo en la importancia de la sabiduría y la reivindicación ancestral, en la resistencia y en la lucha por los derechos de los pueblos originarios y la tierra. Mi mayor deseo es contribuir a la construcción de un país con equidad, con más amor y justicia.


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    IRMA CHAJÓN /

    06/07/2018 7:02 PM

    las nuevas generaciones deben saber más de nuestros esfuerzos por reescribir la historia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Trudy Mercadal /

    04/07/2018 8:04 PM

    Muy conmovedor. Muchísimo. Tantas emociones!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Emma Molina Theissen /

    04/07/2018 7:28 PM

    Q hermosas palabras!!! Lamentamos mucho no acompañar el retorno de las víctimas a su digna morada final. Pero seguimos buscando, seguimos clamando por sus restos para abrazarlos con ternura y llevarlos a un lugar q llenaremos de flores y palabras de amor. Gracias Sara por estar entre las personas q tejen una maravillosa red q acompaña con ternura fraternal a las familias mutiladas y q levanta su voz para exigir q nunca más se atropelle a las personas por pensar diferente y luchar por un país q sin diferencias tan ofensivas y donde todas las personas tengamos cabida.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Spk /

    04/07/2018 1:04 PM

    Nunca es en vano alzar la voz, no se olvidan los crímenes cometidos por el ejercito en cada rincón del país. Admirable Sara, amo tu música y tu constante movimiento para no dejar que esto se olvide.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan gonzalez /

    03/07/2018 5:16 PM

    Excelente reflexion Sara

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Menchú /

    03/07/2018 4:47 PM

    Qué belleza las palabras que nos escribes, estuve una semana antes quemando candelas de sebo en Nimajay de Palabor para los Abuelos que allí fueron masacrados, éstas
    velas que lloraban mucho nos cuentan el sufrimiento de los que allí fueron asesinados. Maltyox Chiwe Nan Sara.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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