Desnuda frente al espejo

La verdadera clave del deseo está en desearse primero a uno mismo. Esa satisfacción especial que da saber que uno es atractivo y que vale madre lo que piense el resto de la gente, es uno de los mejores filtros de belleza. Endereza la espalda, aplana el vientre, levanta la mirada y sube las comisuras de la boca en una de esas sonrisas que dan miedo pero que atraen inexorablemente.

Opinión P369
Esta es una opinión

Luisa, desnuda.

Foto: Mario Archila

Y es de las cosas más difíciles de obtener, sobre todo cuando se es mujer. “Estás gorda. Estás flaca. Estás muy alta. Estás muy baja. Muy blanca. Muy morena. Muy colocha. Muy lisa.” Luchamos contra las mujeres de las fotos que no se parecen ni a ellas mismas y sentimos que nuestras parejas podrían encontrar muchas opciones mejores que las que los esperamos.

Yo tengo cuarenta años y dos hijos que no han pasado en mi vida sin dejar su huella (cicatriz de la cesárea incluída). El espejo es mi compañero más cruel, porque los ojos que me miran son los míos y ésos no perdonan. Allí está la lonja que no se va. Por allí se mueve la cadera como gelatina. Las arrugas se asoman con paso cada vez más seguro en mi cara. Estoy narizona. Tengo pecas que ya se han hecho manchas… Si fuera cuestión de describir todo lo malo que me encuentro, no terminaría nunca. Tal vez por eso sólo hay dos espejos en toda mi casa.

Sin entrar en el análisis antropológico, de género, de sociedad, de todas las cosas importantes que presionan a querer verse ‘perfectas’, confieso que adentro mío se sienta una niña insegura que no sabe realmente si es bonita o no. Pero, con esos cuarenta años, a la par se ha comenzado a sentar cada vez más frecuentemente una mujer que abraza a la niña y le dice: “Que te pele.”

Mi esposo es buen apreciador de la belleza. Por algo toma fotos de mujeres en varios estados de desnudez. Y lo tengo harto con mis respuestas evasivas cada vez que me dice que estoy buenota. “Mira aquí esta panza que no se va.” “No hay modo de hacerme cintura.” “Ya se me está ajando la cara”. ¿Así qué hombre en su sano juicio va a querer hacerme un cumplido, menos aún cogerme? No hombre, si no hay nada mejor que pararse en tanga en medio del cuarto y decir: “Mírame qué bien me están funcionando las sentadillas, ya tengo culo.”

La belleza física está mucho más ligada al interruptor de confianza que llevamos en el cerebro, que a la talla de jeans que nos ponemos. Últimamente he estado obligándome a tomarme selfies durante el día, postearlas en redes sociales y sólo encontrarme lo bueno. No es (sólo) egocentrismo, es un ejercicio en reafirmar buenos modales con la persona que habito.

Envejecer es duro, sobre todo para uno de mujer que no tiene tantos referentes de belleza que sobrepasen los treinta años. Por allí se escapa una Robin Wright (Claire Underwood, de 58 años), una Susan Sarandon (70), una Monica Bellucci (52 y babeo). Pero yo no tengo estilistas que me saquen como ellas a la calle, si apenas logro combinar el color del calzón con el pantalón para que no se marque.

Todo eso no ayuda a la hora de coger a gusto. Desnudarse frente a otro, por mucho que ese otro sea tan de uno casi como uno mismo, requiere mucha confianza. Yo siento que me entrego vulnerable cuando me paro sin ropa dejándome ver por el hombre que me conoce hasta la última peca. Podría hacerme añicos con una palabra errante. Y no ha pasado. Ni con unas quince libras más. Ni después de cada parto cuando la piel me colgaba. Ni comparándome contra el cuerpo núbil que conoció hace veintidós años, ése que no tenía estrías, ni flojedades, ni surcos.

No hay cumplido que alivie la inseguridad. Porque nada externo nos sana los pedazos dañados de nuestra propia autoestima. Eso sólo se hace por dentro. A veces con un galón de gasolina y un buen fósforo para arrasar con lo que uno tenía antes.

Quitarme esos trabes me ha llevado a quitarme la ropa frente a extraños para que me tomen fotos y enseñarlas (en privado y sólo a mis amigas y a mi marido, no llego a más). Me ha soltado los dedos para escribir. Me ha dejado momentos de silencio en los que me escucho.

Luego de una pequeña crisis y una larga plática, mi marido me confesó que ya estaba harto de mi actitud hacia mí misma. Con justa razón.

La mujer del espejo merece mejores tratos que los que le he estado dando casi toda mi vida.

Se le miran los años en la piel, pero es porque ha vivido y lo ha hecho con una buena medida de felicidad. Ella me lleva. O al revés. Y es por ella que debo caminar recta, con la mirada firme, con la sonrisa en la boca.

Coger con alguien seguro de sí mismo es el mejor afrodisíaco.

Si esa persona se gusta a sí misma, algo bueno ha de tener y vale la pena buscárselo. Y hasta dan ganas de imitar esa seguridad. Si él se puede parar a ver al hombre del espejo y cantineárselo, yo también puedo hacer lo mío.

En los últimos meses he logrado contestar con un “gracias” a cada cumplido. Mi forma de vestir no ha cambiado, pero sí cómo lo llevo. Me miro menos la frente amplia y la nariz grande en las fotos que me tomo. Me gusto más. Para mí. Los demás pueden tener sus propias opiniones. En esta etapa de mi vida, a la única a la que quiero parecerle despampanante es a esa mujer de ojos verdes que me mira callada en el reflejo. Sacarle una sonrisa me ha llevado toda una vida.

Luisa Fernanda Toledo
/

Abogada redimida. Ahora escribe para no pagar terapia.


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COMENTARIOS

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    alfonso villacorta /

    26/11/2016 12:33 PM

    en la foto se les olvidó el espejo y tendrían que cambiar el título por "desnuda frente a la cámara o celular"

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    Derick /

    08/11/2016 7:09 AM

    Sin palabras, que buen articulo , que manera de escribir y transmitir un buen mensaje. Gran talento , felicidades.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Dianeth /

    03/11/2016 10:40 AM

    Gracias, es lo que toda mujer necesita oir, que somos hermosas y merecemos caminar orgullosas de nuestro cuerpo... "no hay mejor afrodisiaco que coger con alguien seguro de sí mismo" muy buen artículo felicidades

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    E. Spiegeler /

    24/10/2016 2:49 PM

    La belleza física está mucho más ligada al interruptor de confianza que llevamos en el cerebro, que a la talla de jeans que nos ponemos.
    ¡Que reflexion mas acertada¡ Felicitaciones por el articulo, me parece muy bueno.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Nina /

    19/10/2016 3:53 AM

    Me apropiaré de esta frase: "La mujer del espejo merece mejores tratos que los que le he estado dando casi toda mi vida"

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Irene Sutter /

    18/10/2016 9:09 AM

    ¡Me encanta leerte! Éste está muy bueno...¿si me identifiqué? ¡Sin duda! Y para mientras completamos los procesos, ¡sigamos entrenando! Y tú, sigue escribiendo, porfa.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio y Debbie /

    16/10/2016 4:29 AM

    Muy interesante su punto de vista. Mi esposa y Yo personalmente nos suscribimos a la filosofía naturista. El razonamiento que nos llevó a esto fue lo mismo que usted expone. La vergüenza y sobre juzgamiento de nuestros características físicas pueden llevarnos a dudar y a veces a odiar nuestros cuerpos y la manera en que la edad cambia nuestros diferentes aspectos. También existen algunós dogmas religiosos que nos encárcelan al tratar de enfocár nuestra manera de aceptar nuestros maravillosos cuerpos. La verdad es que cada persona enfrenta este reto en una forma u otra, pero la desnudez en una manera social es el pecado más grande que muchos ni siquiera entretienen. Aunque es el libertador más poderoso que existe, el aceptarse así mismo da lugar a aceptar a otros seres humanos como tal completamente. Es el tabú menos sexual y más liberador que existe. Al encontrarse con esa experiencia de tener solo su piel como cubierta en un ámbito natural como un bosque, una montaña, un río, un lago, o un paraje de ensueño, es una experiencia que de verdad le da el poder para decir " que importa los que piensen los demás". En un contexto de naturismo social diría "a nadie le importa cómo me miró ni me juzga por esto, me juzgan como ser humano, por lo que pienso y por como me comporto". Esa es la realidad, los beneficios de aceptarse a sí mismo y participar de lleno en la naturaleza es un viaje de regreso a la inocencia para muchos, de regreso a la libertad para otros, y también el sentirse feliz por primera vez en muchos años para otros que ha vivido atados a los supuesto juicios sociales por sus diferencias físicas. Los beneficios son increíbles en cuanto a su salud mental y física. Pero filosóficamente su vida toma un giro que le da un poder sobre si mismo/a increíble.

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    ¡Nítido!

    Carol /

    15/10/2016 9:02 PM

    Creo que su madurez aún no alcanza a su edad. Cada etapa de la vida se disfruta de maneras diferentes y llorar por las glorias pasadas no le permite a nadie disfrutar de los retos y emociones del futuro. Nadie niega que el paso del tiempo es inevitable pero por que no disfrutar de la experiencia que solo con el paso del tiempo se obtienen.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Héctor López /

    15/10/2016 6:40 PM

    Hola María Fernanda, he leído con mucho interés y detenimiento su artículo, muy clara y fresca su manera de enfocar los cambios que sufrimos los seres humanos en el transcurrir del tiempo. Debo felicitarla por ser tan explicita, coherente y acertada en sus planteamientos. El cambio que enfrentamos (físico, metabólico y psicológico) los seres humanos al avanzar nuestra edad puede llegar a magnificar lo que vemos en el espejo actuando en deterioro de lo que realmente somos, su artículo plantea el reto de enfocarnos en lo que somos y sentimos de manera muy acertada. Personalmente viví esta situación con mi pareja y esa obsesión de negar el inexorable paso del tiempo deterioró la relación al punto que ningún tratamiento y cirugías invasivas (hasta innecesarias) lograron que perdurará. El valor del ser humano es superior a la apariencia física. Espero que pronto nos comparta su parecer sobre el rol del mercado de cirugía plástica y los vacíos que tiene en la prestación de sus servicios al enfocarse radicalmente en la importancia de la apariencia física. Felicitaciones!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rosa /

    15/10/2016 1:44 PM

    Me gusta mucho tu estilo y la fluidez con que escribís, en conclusión, lo que más me llegó fue: la conclusión. Además sé de qué hablás... Saludos Luisa, desde Huehue! ;)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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