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En esta cama cabe más que nuestros cuerpos

Compartimos cama por primera vez hace 22 años. Éramos un par de recién mayores de edad compensando su total falta de experiencia con todo el entusiasmo y el aguante que se derrocha a esas edades. Maratones de revolcadas, búsqueda en libros en una era pre-internet, parar oreja para escuchar rumores y dejar al cuerpo hacer lo que sabe en el fondo de sus células. Para pasársela bien sobre una cama (y un sofá, y un piso, y una ducha, y una cocina) sólo hay que tener voluntad.

Opinión P369
Esta es una opinión

La cama ha sido el escenario de una relación plena y feliz.

Foto: Flickr, Jorge Miente

Era más que evidente que la química servía hasta para una bomba. Me encontré en un niño flaco, sin mucho vello, con cabello en la cabeza y una inteligencia destellante. Me encontré a mí misma reflejada en sus ojos que aún retenían el brillo de la ilusión adolescente, esa que idealiza el mundo. Allí estaba yo y allí estaba él y fuimos uno varias veces.

Luego las estupideces nos separaron (no contemos quién hizo más, porque salgo mal parada) y nuestra cama se dividió. Cuando nos volvimos a encontrar, casi treintañeros, los planetas se alinearon al ruido de un abrazo de despedida. Ese “clic” que hacen los engranajes de una máquina cuando al fin le dan servicio. El sonido de la perdición. O sea, nos volvimos a joder, porque ahora sí, no había otra que estar juntos. Y eso hicimos. Nuestra cama volvió a tenernos, más maduros, con un afán de enseñarle al otro lo que habíamos aprendido. Como si todo lo vivido sólo hubiera sido un ensayo para regresar.

Una boda después, hubo un intervalo de fiesta entre estar juntos, dormir juntos, despertar juntos, ver tele juntos, comer juntos y retozar. Y nuestra cama nos conoció más tiernos, con menos prisas, nos vio dormir –¡dormir!– juntos.

Murieron mis papás. Hicimos un hijo. Y me puse redonda y seguimos jugando. Sentirme querida y deseada en un cuerpo que ya no era sólo mío, aún me conmueve. Aprendimos a acomodarnos. Y nos volvimos a encontrar, emocionados de haber creado una mezcla de ambos, simplemente haciendo lo que nos gusta. Nació el niño y hubo una pausa. Desconocí mi cuerpo, mis pechos dejaron de ser recreacionales para convertirse en una lechería. Las noches pasaron en velas de comidas, cagadas y llantos (del niño y míos).

Moisés en el cuarto, cama prestada, busto goteante. Aprende uno a reconocerse en otro papel y a dejar que lo vuelvan a encontrar. Si no, no hubiéramos hecho a la segunda. Nos llevó candangas, con tres meses de cama, sin poder moverme, sin poder manejar y, mucho menos, sin poder coger. Tres-meses. Sin-coger. (Súmenle a eso los 40 días en los que no quise que se me acercara).

Pero la cama es sabia y ya pasaron más de cinco años de la última interrupción forcivoluntaria. La fábrica está cerrada y nosotros ya peinamos los 40 años de existencia (él antes que yo). Las ganas no han desaparecido. Sigo viéndome reflejada en ojos ilusionados. Simplemente hay menos ansias, menos angustia. Conozco el cuerpo de mi esposo, su olor, la reacción que tiene mi lengua sobre su piel. Y, también, sé que todo eso cambia cada día y que puedo volverlo a descubrir.

Nuestra cama ahora tiene niños, gatos, trabajo, cansancio, series de tele; en fin, una vida en la que hemos pasado más tiempo conociéndonos y deseándonos y amándonos, que no. No la cambio por nada.

Luisa Fernanda Toledo
/

Abogada redimida. Ahora escribe para no pagar terapia.


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    annnnooonnniiimmmoooooo /

    16/03/2016 4:02 PM

    Ehhhh, escritura inteligente... animada y llena de vida y su espiritu :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    AID /

    14/03/2016 11:24 AM

    Me emocionó! Me identifiqué! Incluso, compartimos la experiencia del reposo... felicitaciones!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    liana barrinos /

    13/03/2016 5:23 AM

    hermoso resumen de una larga vida.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alberto Zea /

    12/03/2016 9:50 AM

    Pta madre. Que excelente redacción. Excelente artículo. Felicidades. Extraordinaria la expresión sincera y del alma la vida expuesta y como es. Las cosas pasan, la vida llena de retos, entre ellos lo mejor es disfrutarlos al recordarlos. Y aprender para los que vienen.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    MJ /

    11/03/2016 10:00 PM

    Por fin leo algo interesante en la sección Bulevar Liberación. Sin una gota de morbo ni de mal gusto. Al fin...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Sandra /

    11/03/2016 4:18 PM

    me gusto, es una gran verdad llevo 21 años y es cada vez mejor

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Yo /

    11/03/2016 3:18 PM

    Me gustó, espero leerla por allí.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    LM /

    11/03/2016 12:58 PM

    Suele suceder :/

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    HOYPORHOY /

    11/03/2016 11:16 AM

    Jajaja que recibimiento con el primer comentario!! No la conozco, la estoy conociendo en este relato y déjeme decirle que me ha gustado muchísimo, no sólo por íntimo y personal, sino por sincero. Le mando un sincero abrazo de felicitación. Si tiene algún libro u otras letras que leerle, hágalo saber. Se le agradecerá!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ana /

    11/03/2016 10:18 AM

    Que buen relato! Me encanto. Yo me he sentido aei a veces. Como doñita que no ejerce su carrera y no lo quedo mas qur conformarse con su marido y sus hijos. Gracias por los animos!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!







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