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En qué se parece el sexo al futbol americano

He escuchado tantas veces “Yo no miro futbol americano porque no lo entiendo”. Casi tantas veces como “¡qué difícil mantener bien y con ganas una relación!”. Permítanme que me destrabe los ojos de la parte de atrás de mi nuca. Hay algo que ambas cosas tienen evidentemente en común: falta de aplicación.

Opinión P369
Esta es una opinión

Tomada de: Pixebay / keijj44

El futbol americano es un deporte hermoso, que se puede disfrutar en tantos niveles como uno esté dispuesto a invertirle tiempo para explorar sus capas. Igualito que la relación de pareja. Pasársela bien en la cama es bien sencillo: hay fricción por el tiempo suficiente para abrir el chorro del placer. Digamos que es el equivalente a entender que un ovoide (que no es una esfera, porque tiene esa su forma extraña), tiene que ir de un lado del campo al otro para hacer una anotación. Simple.

Pero pasa el tiempo y lo simple ya no es tan sencillo, hay que meterle más coco para pasársela bien. Segundo nivel: entender que hay varios equipos. Está la ofensiva (la que da), la defensiva (la que recibe) y los equipos especiales, que dan y reciben. Es harta obligación de todos los equipos estar preparados para hacer su trabajo de la forma más eficiente. Eso requiere entrenamiento previo, estudiar las jugadas previas de su contraparte y saberse las propias a la perfección. Cuando damos placer, tenemos que explorar el cuerpo del otro para conocerlo, aprendernos las jugadas que son más efectivas. Cuando lo recibimos, muchas veces la lucha es contra nosotros mismos, para alejar todas las distracciones. Dar y recibir. Con premeditación, con más conocimiento, con experiencia. El juego se vuelve mucho más profundo. Los equipos especiales, esos que dan y reciben al mismo tiempo, son casi tan importantes como los otros. Dedos, lenguas, plumas, uñas, cremas…

Pasamos al tercer nivel: la estrategia. En el futbol a nivel de universidades, las jugadas son bastante sencillas, no se juntan a deliberar cómo van a tirar la pelota, es más rapidito, a anotar lo antes posible. Pero llegan a la liga profesional y los libros de jugadas más parecen varios tomos de enciclopedia juntos.

La cantidad de cabeza que le meten los distintos entrenadores a todo, bien podría servir para conquistar el mundo.

Cada jugador se aprende de memoria las rutas que corresponden al número invocado en la línea ofensiva de juego, la defensiva está atenta a todo lo que ya ha visto en el cuarto de películas en donde tratan de desmenuzar los movimientos del otro equipo. Hay años de preparación de los atletas para poder moverse con la gracia brutal que se mira en el campo. Ya no es tan fácil como cuando eran más jóvenes.

Me recuerdo bien de esas épocas en las que un revolcón era cuestión de encontrar un lugar relativamente cómodo y ¡zácatelas! A seguir la vida en tranquilidad.

Cuando ya hay niños y trabajos y casa y karate y, y, y, no es así nomás de tirar el calzón para que haya magia. En mi vida ya hay muchas piezas qué mover que giran a mi alrededor, antes de poder entrarle a lo bonito de estar casado y con el placer durmiendo al lado de uno todos los días.

Lo complicado de ver al hombre entrar cansado y una con ganas de tirarlo sobre la isla de la cocina se suaviza si se tiene un plan. Se prepara el terreno: una foto a media mañana, un texto inocente preguntando cómo va el día, un tuit arriesgado sin mención que una sabe que va a leer. La sonrisa cuando lo miro, el momento de silencio que le dejo, la regla de voltearme a ver cuando salgo del baño porque no sabemos si va a ser vestida o no. Con el tiempo el placer espontáneo ya depende de un poco de planeación.

Y, así como no siempre se puede usar en el juego la misma forma de alinearse, porque le pasan por encima, lo mismo no puedo pretender no evolucionar. Antes nos bañábamos juntos todos los días. La excusa de la premura daba pie a tardarnos mares. Ahora cada uno quiere su espacio dentro de la ducha. Pero puede pasar cualquier cosa si se pone una toalla en el piso cuando hay hombre recién bañado.

Ya entrados en el juego, entiende uno la importancia del tiempo. Cuarto nivel: la duración. Tal vez ésta sea una de las razones más frecuentes que me dan por la que les aburre ver un partido. Pero ustedes ya entendieron que hay mucho más que ver que sólo un montón de aparentes cavernícolas tirándose de un lado al otro. El tiempo, cuando se aprovecha, les permite anotar varias veces. Les da chance de ajustar sus jugadas a las necesidades del momento. Les dice si tienen que ir más rápido o más despacio. A mis edades, un quicky está bien si no hay más remedio, pero nada suple a una buena sesión en la que no cuente el reloj.

Por último, lo que lo une todo y hace que ver un partido de futbol sea verdaderamente placentero es la simple elegancia con la que ejecutan la violencia. Hay algo que me hala las fibras menos civilizadas y me levanta del sillón para celebrar un choque aparatoso entre dos moles humanas que bien podrían quebrarme en dos. Es pasional. Es primitivo. Eriza la piel y sube la adrenalina y dan ganas de salir a correr por el jardín y tirar al vecino a la porra de un empujón. Así debería ser el buen sexo: acaparador. Cuando logro ese estado ideal, el mundo se me desaparece. No hay hijos, ni cansancio, ni complejitos de lonjas, ni preocupaciones. El tráfico se me olvida. El dolor de la nalga después de las pesas se me pasa. No hay más que la sensación. La ola que nos ahoga para matarnos de placer. El sonido ahogado de animal que se queda trabado en la garganta civilizada. Cerrar los ojos porque los fuegos artificiales van por dentro. Se ha planificado y hecho estrategia y estudiado para poder llegar al punto exacto en el que todo eso se lanza por la ventana y sólo queda el instinto.

El futbol americano tiene mucho qué aprenderle. Igual que el sexo con una pareja de muchos años. Y, con dedicación, sólo se puede mejorar.

Luisa Fernanda Toledo
/

Abogada redimida. Ahora escribe para no pagar terapia.


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    P /

    23/09/2016 1:41 PM

    Muy preciso! Compartiendo.

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    ¡Nítido!

    Ricardo /

    23/09/2016 10:46 AM

    Me encanta la alegoría del artículo. Me parece apropiada y graciosa. Esas son las mejores porque uno las retiene.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    José Meza /

    23/09/2016 12:52 AM

    Como siempre Luis Fernanda inspirándonos a creer que si existe el verdadero amor dicho sea de paso es algo que se cultiva por años logrando esa conexión que hacen que seamos uno con nuestras parejas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    José López /

    22/09/2016 2:24 PM

    Reitero mi convicción que ésta es, sin lugar a dudas, la ÚNICA columna de opinión con verdadero valor intrínseco y sustancia de todo este medio. Aunque la analogía entre la estrategia lúcida y las artes amatorias me dejó escuchando grillos, el tema en síntesis es de planificación y conocimiento de la contra-parte. Pude verla ayer en el evento del "Intercontinental", pero como Vd. no me conoce, por respeto me aguanté las ganas de saludarla. ¡Una entrada magnífica!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan P. Ochaeta /

    22/09/2016 11:50 AM

    ¡Espectacular artículo de opinión! Mis sinceras felicitaciones. Uno de los mejores artículos sobre relaciones que he leído en mucho tiempo. Y aparte valiéndose del símil con el grandioso deporte del Fútbol Americano.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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