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Sí, pero ahorita mejor no

Llega el momento en cualquier relación que involucre una mujer, en el que se tienen que decir tres palabras muy intensas. Y no son las premonisorias “tenemos que hablar”. Son “hoy me vino”. Así se desinfla cualquier cosa. Por lo menos en mi casa. Mientras hay remodelación, no hay juegos. Porque así funcionamos, no por nada malo, ustedes pueden hacer lo que quieran. Pero pasamos unos días al mes sin hacer nada y eso no es el fin del mundo, aunque a veces así me lo parezca.

Opinión P369
Esta es una opinión

Foto: El País de Uruguay

Pasar sin tener relaciones no nos es nuevo. Resulta que, cuando estábamos recién casados, también teníamos momentos de autocontenimiento. Como somos católicos practicantes (no me pongan los ojos cuadrados, somos una cajita de sorpresas compleja), mientras yo estaba fértil y no estábamos pidiendo niños, pues nos aguantábamos. Esa espera a que la máquina pasara de verde a rojo era como cuando uno quiere que le depositen el sueldo para salir a parrandear. Ni qué decir sobre cómo era el jolgorio en la casa entera cuando ya no había la posibilidad de que me metieran gente. Luego de que el segundo embarazo casi fuera trágico, el hombre visitó APROFAM y pues ya no estamos con el pendiente de la procreación. Pero igual sí hay veces en las que no hacemos nada.

No siempre se puede tener sexo. No siempre se quiere, hasta a mí me pasa. Uno se va de viaje con los niños y comparte cuarto y ni modo que se va a echar uno al marido con los niños en la cama de al lado. O tiene un catarro y no quiere moquearle encima a la pareja en lo mejor del momento. O está triste. O encachimbado. O cualquier cosa. Aunque suene inverosímil y cruel, resulta que no siempre se puede estar cogiendo.

¿Y entonces qué hace uno? Resulta que la boca y la lengua sirven para cosas diversas, como comer y hablar. Antes de casarnos, decidimos que no íbamos a tener relaciones, aunque ninguno de los dos fuera vírgenes (por bastante) y sabiendo lo bien que la pasábamos juntos revolcándonos. Es más, la decisión vino precisamente de la necesidad de dejar que la relación creciera y se fortaleciera en otros aspectos aparte del sexo. Viajamos juntos, dormimos en la misma cama, pasaron dos años y nada de nada. Yo no puedo hablar por él, pero a mí me gustó tanto no coger con él como que me machucaran, entre los ojos, con un tacón de aguja.

Pero sobrevivimos el asunto. Aprendimos a resolver nuestras crisis hablando. Aprendimos a tener intimidad de otro tipo. Nos reímos y platicamos y paseamos. Y seguimos deseándonos, eso no se nos quitó. Era tanta la calentura, que nos fuimos tempranísimo de la boda. Todavía me recuerdo que estaba nerviosa, como si se me fuera a olvidar el asunto. Obvio que no. Y nuestra noche fue especial.

Nosotros somos un poco radicales en nuestro comportamiento, lo sé. Así como también sé que eso nos funcionó a nosotros y que no es para todo el mundo. Pero también es cierto que, luego de diez años de casados (que no es tanto como se oye), hemos tenido necesidad de parar la imitación de conejos. Lo que aprendimos en ese tiempo fue a acercarnos el uno al otro de formas menos ambiguas que un orgasmo. Porque llegar se puede aún enojado y no arregla ningún problema. Es más, yo recuerdo haberme acostado con gente que ni siquiera me caía bien.

Además, poder simplemente decir “hoy no, gracias” y saber que la relación no se va a desmoronar, es liberador. Así muy sinceramente, ni yo tengo ganas de tener sexo todos los días. O sea, en teoría sí, pero en la práctica… Que si tengo la regla, o si estoy cansada, o si estoy enojada, o si simplemente no quiero.

He leído de varias fuentes que el sexo desencadena reacciones químicas en el cerebro que hacen que uno forje conexiones emocionales y de intimidad de forma inmediata con la persona con la que uno se acuesta. Esto sucede independientemente del nivel del relación que se pueda tener.

Nuestras neuronas no distinguen de una persona con la que apenas hemos intercambiado users de una a la que le conocemos hasta la marca de pasta de dientes que le gusta. Esta “intimidad exprés” tiene un tiempo de duración, aproximadamente seis meses. Luego de eso, si la pareja no tiene una conexión más profunda, truena.

Así ve uno cómo se van al carajo un montón de noviazgos y hasta matrimonios, porque confundieron los efectos narcóticos de un buen polvo con el amor. Por eso también es que tener amigos con derechos (o fuck buddies, sexamigos) como se dice cariñosamente en estos dorados tiempos) tiene que tener reglas claras de no convivencia. Porque es muy fácil agarrarle cariñito a la persona con la que te la estás pasando muy bien, aunque luego resulte que no tienes ni un carajo en común.

Cuando está uno dispuesto a no tener sexo y seguir conviviendo cariñosamente con alguien. Cuando uno se acuesta y se levanta con la misma persona y pasa hasta una semana sin que se juegue al capirucho y aún así le sigue cayendo bien. Cuando se logra sentir una sensación de “pertenencia”, de hogar al lado de alguien con el que uno quiere terminar de compartir la vida. Entonces se siente uno liberado de la presión de siempre ser joven para gustarle. De poner un teatro para caerle bien. De esconder las partes oscuras para no asustar.

Uno tira todas esas mierdas al carajo, la ropa, el maquillaje, los peinados, los tacones, la risa permanente. Uno sabe que puede decir que no y que no lo van a chantajear. Uno entiende que hay un deseo más permanente que el de una sola noche.

Y, así, desnudo de lo falso, se encuentra una más linda, más deseable, mejor acompañada, mejor comprendida, más una. Ver que hay alguien que le conoce a una todos los aspectos que tiene y que lo sigue viendo a una con ojos de lobo feroz que se lo quiere comer enterito. Allí está la intimidad. La verdadera liberación.

Y eso hace que, luego de unos días en los que no se pudo hacer más que hablar, llegue la noche en que los niños se durmieron temprano, cenamos rico, la temperatura está perfecta, salgo del baño en pelota y… hoy sí se pudo.

Luisa Fernanda Toledo
/

Abogada redimida. Ahora escribe para no pagar terapia.


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    Estuardo S. /

    03/08/2016 2:17 PM

    Comparto la opinión que comentas aquí, la verdad es que se tiene la costumbre de pensar que intimidad es precisamente solo sexo, aunque incluye también, hay otras formas de lograr esa intimidad, y eso es precisamente lo que la mayoría no conoce. Gracias.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    AID /

    26/07/2016 10:42 AM

    Encantada de leerla!!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan Pons /

    19/07/2016 4:30 PM

    Aprender a decir no, sin generar culpa insana es importante.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Viviana /

    18/07/2016 1:02 PM

    Totalmente de acuerdo yo siempre tengo ganas de estar con mi novio pero creo que también ha días donde uno esta cansado y quiere dormir y no hay nada como decir "hoy no amor" sin crear problemas osea tenemos toda una vida para disfrutar nuestra sexualidad!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    alfonso villacorta /

    18/07/2016 9:41 AM

    como diria don tito torres: "mejor cínico que pesimista"
    no entiendo nómada como chojinea escritos, contenidos y géneros

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    luis fernando /

    18/07/2016 9:40 AM

    Nunca he entendido como una mujer si esta cansada no quiere hacer el amor, yo estoy cansado siempre, mi trabajo me agobia y el stress me satura, pero nunca pierdo el deseo, si aun estuviera molesto o enfermo, no rechazaría nunca la propuesta de hacer el amor, pero en fin... como dicen no es entender.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    P. Choy /

    17/07/2016 9:24 PM

    Si no se quiere, no se quiere y punto. Por qué entonces se quiere tener una pareja? No la tengan y ya punto.....

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

    Jose Byron Gonzalez /

    16/07/2016 3:12 PM

    Haz alcanzado el ideal de una relacion solida y madura. Felicidades.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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