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Fátima y las niñas obligadas a ser madres en Guatemala

Fátima tiene 23 años y dos hijos. El más grande ronda los 9 años y la pequeña los 5 . Su casa está ubicada en una de las aldeas más pobres del occidente guatemalteco. Entre la tierra y las piedras del patio los niños corretean mientras Fátima recuerda su primer embarazo.

Somos todas Embarazos en niñas Maternidad forzada MTM Niñas no madres P147

Fátima abraza a su hijo de 9 años.

Fotos: Sandra Sebastián

—Estás embarazada, vas a tener un bebé—, dijo el médico a la niña sentada frente a él. La niña hizo silencio y solo sintió la mirada de asombro de su madre, quien la había llevado para revisarle unas náuseas y vómitos incontrolables.

—Vamos a llegar a la casa y me vas a explicar bien lo que pasó—, dijo su mamá.

Durante el camino a casa la mente de Fátima estalló en pensamientos. No quería ser mamá. No, cuando ella todavía se consideraba una niña. No, cuando ni siquiera entendía cómo es que un bebé crecía en su interior, ni cómo pasó, ni cómo fue posible. En su cabeza de niña solo se le ocurrió mentir, ocultarle a su mamá el episodio que había vivido semanas atrás.

Hace rato que Fátima no habla de eso. Con sus 23 años y las batallas personales que ha ganado se anima a abrirse a las confesiones. En los días de su niñez pasaba las tardes vistiendo muñecas y darles biberón de juguete. Su madre trabajaba para conseguir la comida para Fátima y sus hermanos. *

Un día un hombre se acercó a la casa. Llevaba comida, ropa y juguetes. Se fue ganando la confianza de la familia. Puso especial atención en Fátima. Le dio una beca de estudios y era amable con ella. Se ganó el título de “papá”.

Aprovechó un viaje a la Ciudad de Guatemala para llevarse a Fátima. “La llevaré a una capacitación de jóvenes”, dijo para convencer a la mamá. El trayecto es largo y sirvió para que el “benefactor” tuviera tiempo a solas con la niña.. En ese viaje la llevó a una habitación, la tocó, la desnudó a la fuerza y abusó de ella. Fátima recuerda cómo su ropa interior quedó manchada y su vida marcada. Prometió guardar silencio.

Esta es la historia de Fátima y de cómo se convirtió en madre. Pero también es la historia de Guatemala y de miles de niñas, de un país en el que muchas veces ser madre no es una elección, sino una imposición que trunca los sueños y el proyecto de vida de las niñas y las adolescentes.

Niñas madres

En Guatemala, la maternidad llega a todas las esquinas del país: áreas rurales y urbanas. Según la última Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil (ENSMI), las mujeres que viven en el área rural tienen 4 hijos, en promedio. Las que viven en el área urbana, de 2 a 3.

Estos números colocan al país como el de mayor fecundidad en toda América Latina, de acuerdo con un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). “Es normal” en Guatemala que al cumplir los 20 años una mujer ya haya tenido un embarazo. También “es normal” que muchas de las madres sean aún adolescentes.

Según datos estadísticos de la ENSMI, recopilados entre 2014 y 2015, una quinta parte del total de adolescentes de 15 a 19 años ya eran madres o estaban embarazadas al momento de realizar esa encuesta. Sin embargo, el 29% de esos embarazos no estaban contemplados en sus planes de vida.

Decir que un embarazo es “no planeado” puede tener muchas interpretaciones. Pudo ser, por ejemplo, el caso de una chica que sostuvo relaciones sexuales con su novio, sin que alguno de los dos utilizara protección.

Pero el embarazo de Fátima no solo no fue planeado, no fue deseado, tampoco fue a partir de un acto consentido, ni siquiera de un acto comprendido.

—No podía creer cuando el médico me dijo que iba a tener un hijo, ¡cómo iba a ser yo mamá de un niño! ¡yo era una niña!—, cuenta Fátima. Desde la seguridad del hogar que formó, ahora puede hablar con más calma de lo que le ocurrió.

Así como ella, otras niñas menores de 14 años han sufrido de violencia sexual y han quedado embarazadas. La UNFPA contabiliza los casos a nivel mundial y uno de sus informes realizado en 2013, detalla que 2 millones de los 7.3 millones de partos de adolescentes menores de 18 años que ocurren al año (en países en desarrollo) son partos de niñas menores de 15 años.

A lo largo de los años, estas cifras han mostrado una reducción en varios lugares del mundo, excepto en América Latina y el Caribe. En esta parte del planeta los números suben y seguirán subiendo hasta el año 2030, según las estimaciones de la UNFPA.

Hasta este punto, Fátima ha contado su historia con varios detalles, ha tenido que revivir el momento en que fue abusada y el día en que tuvo que asumir las consecuencias de una violación. La conversación para este reportaje ha durado una hora y media. En ese tiempo, dos niñas guatemaltecas ya han sido víctimas de violencia sexual.

Junto con su hermana, Fátima pasó la mayor parte de su niñez en un albergue del Estado. Su mamá, una mujer soltera, con ingresos limitados y con cuatro hijos, trabajaba todo el día. Fue ahí en donde hizo sus primeras amigas, en donde aprendió sus primeros juegos y en donde lo conoció a él, un señor muy respetado, “muy estudiado” y aparentemente, buena persona.

A él todos lo conocían, lo trataban con respeto, lo veían con cierta admiración. Además, tenía fama de dadivoso y generalmente estaba presente en eventos que impulsaban alguna buena causa.

“Licenciado”, así le decía la madre de Fátima. Ella estaba muy agradecida porque tomó un especial cariño por la niña.

—Decía que me veía potencial, que yo era capaz de muchas cosas y que por eso me iba a apoyar para que yo siguiera estudiando—, recuerda Fátima.

Así fue. Libros, mensualidades, uniformes, cartulinas, crayones, todo lo pagaba él. Ayudaba en todo, la visitaba con frecuencia, supervisaba su rendimiento académico. Fue así como se ganó el cariño de Fátima, la gratitud de su familia y adjetivo de “papá”.

No pedía nada a cambio pero, de vez en cuando, Fátima tenía que llegar a su oficina a ordenar un poco su escritorio y limpiar su lugar de trabajo. De vez en cuando, se acercaba a ella y le tocaba las manos, los brazos, las piernas.

—¿Por qué me hace esto?—, le preguntaba Fátima.
—Tú me diste permiso. Cuando tenías 9 años me dijiste que algún día ibas a ser mi novia—, le respondía.

Así fue, hasta que un día se la llevó a la Ciudad, la violó y la amenazó para que no lo acusara de nada.

En Guatemala, cada 46 minutos se comete violencia sexual contra una niña y cada día se registran cinco embarazos de niñas menores de 14 años.

La idea de “ser mamá” no cabía en la mente de Fátima. Ni su cuerpo, ni su mente estaban listos para enfrentar un cambio tan radical. La realidad del país es que muchas niñas, en situaciones similares a las de ella, son obligadas a continuar con la gestación por diversas razones.

Una de ellas es la prohibición legal de interrumpir un embarazo, la desinformación y la existencia de legislación que perpetúa los estereotipos de género y la ausencia de protocolos para actuar en casos donde el aborto puede salvar la vida de una niña.

Si detener el embarazo no es una opción, lo que les resta a las niñas es asumir las consecuencias que una gestación forzada traerá a su cuerpo, su salud mental, su pleno desarrollo y su proyecto de vida. A los 13 años, Fátima no lograba digerir todo eso, no tenía claro cómo asumir todos esos cambios. Sabía una cosa: tenía miedo, mucha rabia y nada de ganas de convertirse en madre. Su hijo nació cuando ella tenía 14 años. *

Una persona cercana a su familia sugirió una clínica en caso de que Fátima “no quisiera tener a su bebé”.

—¿M’ija, qué vas a hacer?—, le preguntó su mamá.
—No sé, no sé. Lo que yo quiero es morirme—, respondió Fátima.

 

Fátima relata cómo un hombre se ganó la confianza de su familia para abusar sexualmente de ella.

Fátima relata cómo un hombre se ganó la confianza de su familia para abusar sexualmente de ella. (Foto: Sandra Sebastián)

Abortar es un delito (y un pecado)

El año pasado, el Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (OSAR) tuvo conocimiento de 2 mil 153 embarazos en niñas de 10 a 13 años en todo el país. En 2017, fueron 1 mil 488. Para todas ellas, interrumpir su embarazo no fue una opción, ni legal, ni segura.

Por razones políticas, sociales y religiosas, la posibilidad de un aborto en Guatemala genera molestia y resistencia de parte de grupos conservadores y ultra-conservadores. El código penal solamente hace una excepción y permite practicar abortos terapéuticos pero en casos extremos, en donde el riesgo de muerto es elevado para la madre. Al menos dos médicos deben dar su consentimiento.

Desde el poder del Organismo Legislativo, varios diputados se han opuesto a la idea de permitir el aborto como una opción para las niñas y mujeres que enfrentan un embarazo no deseado.

Mientras tanto, en las calles también varios grupos religiosos y conservadores han salido a manifestar para exigir que no sea aprobada una normativa de ese tipo, bajo la consigna: “No al aborto, sí a la vida”.

Sandra Morán, diputada del Congreso, abiertamente declarada feminista y defensora de los derechos de la comunidad LGTBIQ, hizo el intento de promover la aprobación de una ley que le diera a las niñas y adolescentes la opción de elegir la interrupción de un embarazo producto de cualquier tipo de violencia sexual.

La iniciativa 5376 o de Ley para la protección integral, acceso a la justicia, reparación digna y transformadora para las niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, explotación y trata de personas se encontró con una muro impenetrable de posturas extremadamente conservadoras que se atrevieron a argumentar que esta ley iba a ser utilizada como una excusa a “la curiosidad” de las niñas.

—Yo estoy a favor de esa iniciativa. En primer lugar, tú no pides ser madre, en muchas ocasiones no tienes la capacidad física, mental ni económica para tener un hijo—, dice Fátima.

Hace algunos meses, el máximo líder de la Iglesia Católica, el Papa Francisco, dio una de sus tradicionales audiencias, frente a cientos de personas, en Roma:

“¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Qué piensan? ¿Es justo o no? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no está bien matar a un ser humano, no importa lo pequeño que sea, para resolver un problema”, decía y dejaba clara la postura de los católicos ante el aborto.

No matarás, es el quinto mandamiento de la iglesia cristiana y, desde la postura religiosa, abortar es matar. Por lo tanto, es pecado.

Fátima creció en un hogar que ella califica como “muy católico”.

Al enterarse de la forma en que su hija quedó embarazada, su mamá dudó de la veracidad de esa historia. Era un relato tan crudo y, para ella, difícil de entender.

—¿Por qué me decís mentiras? ¿Cómo se te ocurre algo así, si él es como tu papá?—, le reclamaba.

Con el tiempo, decidió creerle y apoyarla en la decisión que ella tomara, estuviera o no de acuerdo. Le dio la libertad de elegir sobre su embarazo, decidir si continuaría o prefería interrumpirlo. Sin embargo, la religión de Fátima influyó mucho en ella.

—¿Cómo me iba a echar un pecado encima? Eso es lo que pasa con muchas niñas, que me han dicho: «Yo no aborto porque mi religión, mi mamá, el pastor no me lo permite, pero, ¿acaso el pastor se va hacer cargo de eso?»—, dice, sobre sus conversaciones con otras niñas madres.

Fátima no abortó. Continuó con su embarazo y al cumplir 14 años ya era madre biológica de un niño. Sin embargo, tuvo la opción de no asumir una maternidad a la fuerza.

El caso de Fátima es una excepción porque pudo elegir no criar a su hijo y hacer el esfuerzo de continuar con el rumbo natural de su vida, para vivir una adolescencia sin complicaciones, seguir estudiando y salir adelante.

Otras niñas no pueden elegir.

—Otras niñas tienen 10 años y ya son madres. ¡Cómo una niña va ser responsable de otro niño! Las mentes no están en la capacidad de asumir esa responsabilidad. Esa es una decisión propia, nadie te puede obligar a tener un hijo si no quieres. El sistema actual nos obliga a hacernos cargo de algo que no tuvimos la culpa de asumir y además de todo, el Estado no te garantiza que en el momento del parto vas a estar bien. Otras se quedan (fallecen) en el parto—, reclama.

Lo que dice Fátima es muy cierto. Ella no abortó, pero si lo hubiera intentado tendría que haber sido en la clandestinidad, en condiciones peligrosas y, posiblemente, con complicaciones que pusieran su vida en peligro.

Un estudio elaborado en el 2006, Embarazo no planeado y aborto inseguro en Guatemala: causas y consecuencias, explica que aunque la clandestinidad impide una medición precisa para los abortos, se calcula que cada año ocurren unos 65 mil abortos inducidos.

En su mayoría, estos se realizan por comadronas tradicionales o por personas no profesionales. Es por eso que existe un riesgo tan alto de sufrir complicaciones durante la interrupción. Alrededor de unas 22 mil mujeres en Guatemala reciben tratamiento en instituciones de salud debido a complicaciones de aborto inducido.

Abortar es un riesgo para la salud de las niñas y las mujeres. Seguir con el embarazo y tener hijos, también lo es, cuando se trata de una niña, cuyo cuerpo aún no está preparado para un proceso tan complejo como un parto. Según el Ministerio de Salud Pública, en los últimos diez años murieron 1 mil 471 niñas ingresadas a instituciones de salud pública por algún tipo de aborto.

Quienes también están en riesgo de morir son los recién nacidos. Las cifras de mortalidad en recién nacidos de madres menores de 15 años suman 363 casos desde el 2009 al 2017.

 

Aunque la mamá de Fátima es católica consideraron el aborto como una opción después de conocer sobre la violación y el embarazo. Fátima decidió tener a su hijo. (Foto: Sandra Sebastián)

Aunque la mamá de Fátima es religiosa, consideraron el aborto como una opción después de conocer sobre la violación y el embarazo. Fátima decidió tener a su hijo. (Foto: Sandra Sebastián)

Embarazos de alto riesgo

“Vidas robadas” es el nombre de un estudio que resume los efectos de un embarazo forzado en 20 niñas menores de 14 años. Ese documento destaca que las niñas y adolescentes que dan a luz tienen el riesgo de la desproporción céfalo pélvica, o sea, su parto se complica porque la cabeza o el cuerpo del recién nacido son tan grandes que no logran pasar a través del pelvis de las niñas.

Tumores placentarios, embarazos ectópicos (fuera del útero), embarazos múltiples y complicaciones derivadas del parto, entre otras, son las consecuencias que puede enfrentar el cuerpo de una niña.

—Una niña, entre más joven sea, tiene mayor riesgo obstétrico porque puede tener complicaciones asociadas al embarazo y todos estos riesgos están poco documentados a nivel médico, poco porque en teoría las niñas, no deberían estar embarazadas—, explica Rossana Cifuentes, médica y especialista en salud reproductiva.

El cuerpo de una mujer está plenamente listo para un embarazo a partir de los 18 años y hasta los 35. Es el rango de edad en el que se considera que el organismo alcanza un desarrollo físico ideal para asumir la maternidad. En cambio, a los 14 años se considera una situación que pone en riesgo la vida de la madre.

En vista de que el aborto no es una vía legal, el protocolo del Ministerio de Salud de atención a niñas embarazadas recomienda que los partos se realicen por cesárea. Este procedimiento no garantiza que no exista riesgo, pero es menos peligroso que un parto natural.

—La cesárea es el mal menor, el parto normal provoca rasgaduras que dejan secuelas de por vida. Con ese procedimiento se evitan riesgos pero hay otros, es que en realidad una niña no debería vivir un parto, nunca—, dice la especialista.

En el 2014, el Ministerio de Salud estableció una guía para atención integral y diferenciada a niñas menores de 14 años, con embarazo. La normativa ilustra toda una ruta que, en teoría, debería cumplir todo el personal de salud ante un caso de estos.

Notificar a la Procuraduría General de la Nación y al Ministerio Público , iniciar un control prenatal, atención obstétrica, atención post-aborto, atención del parto, realizar un embarazo vía cesárea, realizar consejería sobre la lactancia, seguimiento psicológico, nutritivo y de trabajo social, consejería en métodos anticonceptivos… todo esto es lo que debería recibir una niña, de parte del sistema nacional de salud.

La guía, además, establece otros indicadores para que la atención sea ideal: “llámela por su nombre, escucharla con atención, hablar en lenguaje sencillo, no ser paternalista, respétela y apóyela, no emitir juicios de valor”.

También hay un instructivo para atender casos de violencia sexual en niñas. Si una niña llega a alguna unidad de atención antes las 72 horas de haber sido agredida, debería recibir un kit para la prevención de embarazo y para las infecciones de transmisión sexual. El problema es que, por la naturaleza del abuso del que son víctimas, son atendidas hasta que están por dar a luz.

—Como muchas son abusadas por un familiar, conviven con el agresor, no son hechos únicos sino que es una violencia crónica que puede ser desde cinco o seis años antes—, explica Cifuentes.

La realidad se aleja mucho del modelo que dibuja ese documento guía. Rachel de Morales, autoridad del Programa Nacional de Salud Reproductiva, lamenta que a pesar de los esfuerzos por crear normativas, en muchos casos esos documentos se queden en papel, archivados y sin ser puestos en práctica.

—Sospechamos que muchos de estos documento están en las áreas de salud y no han sido usados—, indica.

Ese protocolo no le es nada familiar a Fátima. No tiene un recuerdo agradable de la atención que recibió de parte del sistema público.

—En el hospital el doctor me trató muy mal. Una vez que me atendieron, el doctor me dijo que me iba a hacer el tacto. A mí me dolía demasiado y trataba de que el doctor no me tocara. Yo me movía mucho porque me dolía, entonces empezó a decirme que ‘para abrir las piernas sí era buena’—, relata.

Por esa razón, prefirió recurrir a una atención privada, aunque eso implicó un esfuerzo económico mayor para su familia. Así Fátima evadió los maltratos durante sus controles prenatales, pero aunque buscó una atención más especializada, no evitó las complicaciones durante su parto.

La cesárea se complicó. Durante la cirugía su presión bajó demasiado y estuvo en riesgo de muerte. Se salvó ella y el niño, pero desde entonces Fátima tiene problemas de la presión y usa medicamento para controlarlo.

La médica Cifuentes critica uno de los pasos que incluye esta guía de atención: obligar a las niñas a tener contacto con el recién nacido y a dar lactancia.

—Imagina que la niña ha vivido todo un proceso traumático y además de todo eso, es forzada a dar de mamar, cuando son niñas que no tienen mamas y que no están preparadas para lactar. La lactancia es un acto que requiere aceptación del niño y preparación psicológica. Obligar a una niña a dar de mamar es algo que está fuera de protocolo porque podría considerarse como tortura, una violación a sus derechos porque no se le trata como niña, sino como a una madre que debe aceptar a un hijo que no deseó—, explica.

Cuando su hijo nació, Fátima no pudo quererlo, no quiso verlo y rechazó la opción de ser madre. Ese rol lo asumió la abuela y ella pudo continuar con su adolescencia, o mejor dicho, pudo dedicarse a reconstruir su vida y replantear el proyecto de vida que le arrebataron.

—Mi mamá fue la que se hizo cargo de él, vive con ella, yo no podía tener contacto con él. Me costó un año acercarme un poco y hasta la fecha él no está conmigo. Ahora lo veo de otra manera aunque a veces no puedo evitar sentir rencor. Yo sé que él no tiene la culpa, lo entiendo, pero sí me ha costado mucho esa parte de poder aceptarlo como mío y no como parte de lo que me pasó—, reconoce luego de varios años de esfuerzos para comprender cómo asumir un rol impuesto.

 

Fátima sintió rechazo de su hijo. Decidió continuar estudiando para intentar superar su violación. Casi diez años después intenta hacer relación con su hijo e integrarlo a su hogar. (Foto: Sandra Sebastián=

Fátima sintió rechazo de su hijo. Decidió continuar estudiando para intentar superar su violación. Casi diez años después intenta hacer relación con su hijo e integrarlo a su hogar. (Foto: Sandra Sebastián=

Se cierran las puertas de los centros educativos

En Guatemala, una niña o una adolescente que no estudia tiene más probabilidades de quedar embarazada a una corta edad. Según la ENSMI, aquellas que no tienen ningún nivel de educación alcanzan casi tres veces más el número de hijas o hijos en comparación con aquellas que alcanzan el nivel superior de educación. Además, el porcentaje de embarazos durante la adolescencia ha sido casi cinco veces mayor, en personas sin estudios que en aquellas con estudios universitarios.

Por otro lado, una niña que sí estudia pero queda embarazada, probablemente no pueda continuar estudiando.

Leer el informe elaborado por la UNFPA, Maternidad en la niñez: Enfrentar el reto del embarazo en adolescentes, ayuda a entender la cantidad de beneficios sociales que impactan a las niñas que completan sus estudios, frente a aquellas que no lo hacen, sin importar si se trata de mujeres que viven en países no desarrollados o altamente desarrollados, los efectos de no estudiar son igual de devastadores.

Fátima también lo tiene claro porque luego de ser víctima de violencia sexual y quedar embarazada estuvo a punto de no continuar con sus estudios. En ese entonces le correspondía empezar el nivel diversificado.

Por poco, se suma a esas más de 900 estudiantes que abandonan los centros educativos por un embarazo. Pero no porque ella no quisiera seguir estudiando, sino porque el instituto público no admitía la inscripción de una niña, además madre, que no estuviera casada.

—No me permitían que entrara a estudiar porque tenía que estar casada. En ningún lado me aceptaban porque no estaba casada. Es que su hija no puede estar acá, tiene que estar casada para poder estudiar acá, le decían a mi mamá—, recuerda.

La UNFPA reconoce que resulta muy difícil desenmarañar la relación causal entre embarazos en adolescentes y abandono temprano de la escuela. Es posible que las niñas embarazadas hayan abandonado la escuela antes del embarazo o que nunca hayan ido a la escuela. Sin embargo, es una realidad a nivel Latinoamericano que muchas de las niñas y adolescentes que se convierten en madres interrumpen su educación formal.

Algunas por circunstancias individuales, como matrimonio infantil o presiones de la familia o de su comunidad. Otras porque las escuelas prohíben la asistencia de niñas embarazadas o les prohíben que regresen después de tener a su bebé.

El caso de Guatemala es alarmante. Desde hace tres años el Ministerio de Educación contabiliza los casos de las niñas que no vuelven a los salones porque se convierten en madres, en madres de niños que tampoco pisarán las aulas, cuando estén en edad de hacerlo.

OXFAM realizó un estudio que fue presentado en marzo de este año. Se titula Entre el suelo y el cielo y explica de qué forma la desigualdad compromete ámbitos tan variados como la salud, educación, seguridad, empleo, riqueza y participación política.

El documento revela que es determinante el nivel educativo de la madre para predecir el nivel educativo de los hijos y el éxito que tendrán en su etapa de aprendizaje. Por ejemplo, los estudiantes con madres con posgrado alcanzan el logro educativo 4 veces más frecuentemente en lectura y 15 veces más en matemática, que estudiantes con madres sin educación básica.

En 2018, 934 niñas en todo el país quedaron embarazadas y dejaron un pupitre vacío en las escuelas o institutos nacionales. La deserción se concreta principalmente en el ciclo básico. El departamento de Guatemala encabeza el listado pues solo el año pasado dejó ir a 197 estudiantes.

Aunque la mayoría de las niñas y adolescentes cursaba los básicos o su carrera de diversificado cuando se enteraron de que serían madres, 14 niñas que cursaban el nivel preprimario también se suman a esas estadísticas. 14 niñas que apenas empezaban a escribir y leer.

Héctor Canto, el viceministro de Educación, reconoce que aunque existen esfuerzos institucionales para que las niñas continúen en el sistema educativo, se logra muy poco la continuidad.

—La prioridad para ellas ya es otra—, dice el funcionario de Educación.

Una herida que nunca sana

Para sobreponerse de la violencia sexual y asumir física y mentalmente un embarazo no deseado, Fátima y su mamá tuvieron que pedir ayuda. Al poco tiempo de recibir el diagnóstico del embarazo y de conocer el nombre del agresor, tocaron las puertas de Mujeres Transformando el Mundo (MTM), una asociación dedicada al litigio de casos y atención integral a niñas y mujeres sobrevivientes de violencia sexual. Fue hasta entonces cuando ella denunció a su agresor ante el Ministerio Público y empezó a reconocerse como una víctima y una sobreviviente de violencia sexual.

—El trauma de una niña que ha sido víctima de algo así puede manifestarse en crisis nerviosa, memorias recurrentes del hecho, sumado a eso es difícil enfrentarse a la forma en que la sociedad culpabiliza a la víctima y no al agresor, son relegadas socialmente—, explica Brenda Rosales, quien ha dado seguimiento a diversos casos de violencia sexual y que forma parte del equipo de MTM.

Las secuelas que una niña o una adolescente tiene que enfrentar no son solamente físicas. También hay heridas difíciles de curar, que vulneran la autoestima, el amor propio y el deseo de vivir. De hecho, cuenta la psicóloga que ha tenido contacto con cientos de casos de niñas víctimas de esta violencia, que el deseo de morir y los intentos de suicidio son reacciones frecuentes.

El día en que Fátima fue agredida tenía puesto un vestido.

—Yo llegué al punto de culparme por lo que había sucedido, de pensar que había sido mi culpa por vestirme de esa forma, tal vez yo lo provoqué, tal vez fue mi culpa—, pensamientos así la atormentaron durante mucho tiempo.

Hay muchos mitos construidos socialmente: que las mujeres son las que provocan la violencia, que las niñas son mentirosas, que las madres son responsables de lo que pasó.

—Realmente, la única persona responsable es el agresor, pero eso es algo que requiere todo un proceso entender, especialmente cuando la familia, los amigos, los conocidos, todos intentan culpar a la niña—, dice Rosales.

Una de las etapas más importantes para sobreponerse de una violación o de cualquier tipo de violencia, es identificarse como una víctima, como una sobreviviente y entender que esos actos merecen justicia.

Según los registros que constan en el Ministerio Público, no pasa un día, no pasa ni una hora, sin que una mujer denuncie un caso de violación. Desde el año 2000 hasta ahora, casi 100 mil mujeres han sido víctimas de una violación.

Los datos reflejan que con el paso del tiempo, más mujeres están dispuestas a denunciar este tipo de violencia. El aumento de denuncias, por un lado, demuestran el valor que están teniendo muchas para denunciar a sus agresores, pero por otro, deja en evidencia la ineficiencia de las entidades de investigación para dar seguimiento a los miles de expedientes que abren cada año. En general, estos casos siguen en impunidad.

OSAR calcula que el 98% de los casos de violencia sexual contra niñas permanece en la impunidad.

Por más de 10 años Fátima ha estado esperando justicia, un castigo para su agresor. En el 2010, el Organismo Judicial autorizó la orden de captura contra el hombre que abusó de ella. Han pasado nueve años y él sigue libre.

—Incluso lo he visto dos veces. En 2015, lo vi en una heladería y salió corriendo. Otra vez lo vi en una venta de reparación de celulares—, recuerda.

El agresor, incluso, renovó su documento de identificación DPI hace cuatro años y lo hizo sin ningún problema.

Fátima dice con frustración:

—Se supone que el Registro Nacional de Personas tenía que tirar una alerta, él sigue libre, sigue viviendo su vida como si nada, después de arruinarme la mía.

Alcanzar justicia es algo que acelera el proceso de recuperación de las mujeres, lograr justicia es el anhelo de muchas, pero también es algo que muy pocas logran, bajo el concepto de justicia penal.

Ante la falta de capacidad del sistema de justicia, para garantizar castigo para los miles de agresores sexuales que han sido denunciados, Fátima y otras mujeres con historias similares han tenido que asumir “la justicia” desde otra perspectiva, una justicia menos tangible y más íntima. Una justicia alternativa que funciona para su proceso de resiliencia.

—Trabajamos la justicia como el hecho de recuperar su proyecto de vida, o como la certeza de que sus agresores aunque estén libres, viven huyendo, no están bien, no tienen paz—, dice Brenda Rosales, quien se ha encargado de inculcar este concepto alternativo de justicia.

La experiencia de Rosales es amplia, cuando se trata de ayudar a niñas y adolescentes a retomar su proyecto de vida, a entender su valor como personas y a reconocerse como sobrevivientes de un acto de abuso. Ella explica que en casos de violencia sexual lo ideal, para evitar la impunidad y para dar paz a las niñas, es lograr una sentencia, un castigo a los victimarios.

Sin embargo, debido a la falta de certeza jurídica y de instituciones lo suficientemente capaces de garantizar justicia, muchas niñas y adolescentes que ahora son mujeres, hacen justicia con sus propias manos, añade Rosales.
¿De qué forma? Hacen justicia a través de ellas, se dan una segunda oportunidad, reconocen su valor y deciden empoderarse para trazarse nuevas metas, seguir estudiando, formar una familia, dejan de culparse por lo sucedido, se integran en redes de apoyo, se capacitan en temas de derechos humanos, deciden dedicar su vida a apoyar a otras mujeres… cada una elige un camino distinto.

—Es otra manera de sentir que hacen justicia, retoman su proyecto de vida—, dice Brenda.

***

—Nena, juegue con su hermanito, no se peleen—, grita Fátima a sus hijos que juegan en el patio.

Los niños son hermanos pero no viven juntos. La nena sabe que su hermanito vive con la abuela, pero los visita constantemente y es bien recibido.

Fátima tiene ahora tiene 23 años. Poco a poco se ha acercado a su hijo, ha podido quererlo y verlo sin asociarlo con la experiencia que marcó su niñez.

La niña se convirtió en una mujer, se enamoró, decidió ser madre, está a punto de concluir su carrera universitaria, es maestra y le sobran motivos para seguir adelante.

Una cosa le hace falta: justicia.

—Ahora el nene va cumplir nueve años y no he podido lograr justicia. Quizá si no se hace justicia aquí, Dios la va a hacer, me dice mi mamá. Yo solo le pido a Dios que me permita ver a ese hombre encerrado por lo que me hizo—, concluye.

***

Para este reportaje se utilizó el nombre Fátima, para proteger la identidad de quien cuenta su testimonio. También se omitió el nombre real del violador y de la comunidad para no afectar las investigaciones. Su caso es llevado ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU en representación de miles de niñas de Guatemala.

Este reportaje hace parte de #NiñasNoMadres, la primera conversación regional sobre el impacto del embarazo forzado infantil en América Latina, una alianza entre GK y Wambra (Ecuador), Mutante (Colombia), Ojo Público (Perú), Nómada (Guatemala) y Managua Furiosa (Nicaragua).

 

* Por errores de edición, se consignaron mal algunos datos y fueron corregidos. Disculpas a los lectores.

Kimberly López
/

Periodista guatemalteca en constante formación. Empecé a conocer el periodismo en Plaza Pública y La Hora. Me interesa la política, la fiscalización y contar historias. No sé si seré testigo de un mejor país, pero quiero ayudar a construirlo.


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    Hugo /

    03/06/2019 10:39 AM

    Por todo el tiempo (escribiendo) que Ana ha invertido en esto, me parece que Anita le tiene envidia (odio) a las mujeres que tienen hijos.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Marlon Suarez /

      03/06/2019 11:22 AM

      Fijate que yo creo que Anita fue violada por varios hombres y tiene algún hijo producto de esa violación, por eso se empeña en apoyar el aborto, es como una estrategia compensatoria por lo que no pudo hacer. Necesita ayuda, debería de ir a la liga de higiene mental.

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

        Hugo /

        03/06/2019 2:06 PM

        O tal vez aborto, y le remuerde la conciencia.

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

    Víctor lopez /

    02/06/2019 3:12 PM

    Doña Anita : unos actos son planificados , otros son espontáneos ... Cuando uno está con la mujer se olvida uno de todo ... Al menos yo no pienso en nadie cuando estoy en los brazos de una mujer... Y pienso que a la mujer le pasa lo mismo ,ni de sus padres se recuerdan en ese momento... O si ..,

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    eddy /

    31/05/2019 10:06 PM

    Veamos, dice que eh 2018 hubieron 2153 niñas de 10 a 13 años embarazadas, como medio responsable su fuente debe de ser confiable y verificable, pero voy a asumir así bajita la mano que solo la mitad de ese número llegó a ser una denuncia en el MP, pero entendamos que todos los casos fueron VIOLACIONES, entonces la pregunta obligada es, ¿cuantos violadores están hoy tras las rejas después de casi año y medio de los primeros casos?, ¿Cuantos casos están judicializados? el 100% de ese 50%, el 50%, el 25%, el 2,5%, aca el problema no es de abortos (convirtamos a la niña en asesina) no es de educación sexual (la victima es una NIÑA que no anda pensando precisamente en tener sexo) no es que ella tenga el suficiente criterio para tomar decisiones (además de ser víctima, ahora sera complice de asesinato) aca el problema realmente es de un delincuente degenerado violador sin castigo, de un MP cómplice, de un sistema de INjusticia que para emitir una sentencia se tarda años, décadas en resolver, resolviendo a veces en favor de los capitales y no de la justicia, todos se enfocan en que deben de abortar porque la niña que no fue educada sexualmente es lo que "quiere" porque fue violada y como sociedad encubrimos a ese pervertido (no solo niñas se violan, se violan niños, mujeres y hombres, ancianas y ancianos) es mejor voltear la vista hacia la víctima y no al verdadero problema, aun recuerdo que de niño me extrañaba que en mi pueblo existían niños canchitos, de ojos claros, que eran diferentes al resto de sus hermanitos, ellos eran el producto de las violaciones cometidas por generaciones por finqueros, hasta se contaba con orgullo que el patrón había "iniciado" a una niña o que intercambiaban niñas con otros patrones, niñas nacidas dentro de sus fincas, los padres no se atrevían a decir nada porque eran echados de la finca y todo el pueblo lo ve aun hoy dia como "normal" pues al fin y al cabo a veces le dan a la familia algo de dinero por las "molestias", así crecí pensando que era "normal" lo que sucedía en las fincas de mi pueblo, pero veo que en todo Guate es normal que un degenerado viole una niña, jamás en mi vida he visto una manifestación frente al MP exigiendo pronta justicia, que los casos sean resueltos con celeridad, que no "vendan" las sentencias, que existan leyes fuertes que castiguen a los violadores de niños, todos quieren educar, todos quieren aborto, todos quieren que la victima sea "protegida", nadie pide que el delincuente sea castigado y castigado ejemplarmente.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Víctor López /

    30/05/2019 7:24 PM

    A claro hay violadores y acosadores ... Pero habemos hombres , que somos hombres, machos... Probamos , intentamos , luchamos hasta lloramos por las caricias de una mujer ... Si no nos hacen caso ni modo nos retiramos con dignidad ... Pero cuando la mujer quiere ... Quiere . Se resiste al principio pero poco a poco deja caer sus murallas y otras cosas... Ese el deseo erótico entre un hombre y una mujer... Así pienso yo doña Ana.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      - /

      01/06/2019 9:56 PM

      Vos no sos hombre..manito....vos sos cantimplora.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Víctor López /

    30/05/2019 7:07 PM

    No doña Ana : yo no decido por ese par de calenturientos, son ellos los que se olvidan del mundo ni de sus padres se recuerdan ... Es más todos nacimos por ese "ratito de olvido " que un día tuvieron nuestros padres . Que hayan hombres que no se hagan responsables , no justifica el aborto, cuanta gente hay que sólo cuenta con un apellido, y no por eso hubo necesidad de abortarlos ... No doña Ana el aborto no es la solución... Así pienso yo....

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Ana /

      02/06/2019 2:39 PM

      Si, si decide. Esto está haciendo en este momento. (Por cierto, puede responder en el mismo thread, no tiene que poner un comentario nuevo).

      Y no, no todos nacimos de un "ratito de olvido". La mayoría fueron planeados, o no sabe cómo funciona la fertilidad de una mujer?

      Yo se que así piensa usted. Eso no quiere decir que está bien su pensamiento.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Víctor lopez /

    30/05/2019 1:00 AM

    Juicio y castigo para el violador de Fátima ... Y todos los violadores... Pero hacer una ley para que el país se vuelva un RASTRO TAMPOCO... Para desvanecer ese argumento aquí va un ejemplo: que hacemos con las patojas que a los 15 ya anda que les " pica" y que que el novio ( de esos que les gusta el mierdeton, ) cuantos patojos no ve uno en las calles los arrimones que les dan a la vista del público ( yo no veo que las patojas digan auxilio me están violando) allí están felices... Que solución les damos a esas patojas? No tengan penas niñas... La solucion es aborten y que siga la fiesta... El primero es difícil , el segundo, es maña... Que consejo le daría doña kimberly a este segmento de patojas?

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Marlon Suarez /

      30/05/2019 1:21 PM

      Muy acertado tu comentario, excelente!
      Siendo hoy 30May19 a las 13.18 hrs veo en tu comentario un "AY NO", o por decirlo de otra forma, una reacción negativa al mismo, pero me gustaría saber la opinión de esa persona que reacción negativamente? cuales son sus argumentos para reaccionar de esa forma?
      La verdad sí me gustaría saber por qué reaccionan así ante una realidad tan clara como lo expresa Victor López.

      ¡Ay no!

      3

      ¡Nítido!

        - /

        01/06/2019 9:58 PM

        Vos sho...cuachic...que vos sos el mismo que usa el alias de la victoria lopez.

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

        Ana /

        30/05/2019 4:02 PM

        Que acaso eres su papá o te dio dinero para reaccionar bien...?

        Pero yo fui la segunda y te voy a decir porqué. Porque no es la incumbencia de Victor andar decidiendo que hacen estas patojas. Él no es nadie. Un niño no las va a volver responsables. Ese niño va a ser abandonado y maltratado. Eso, asumiendo que el embarazo va sin problema. Y me parece algo hipócrita que no diga nada a los hombres calenturientos que embarazan a estas patojas porque para ellos, embarazada o no, la fiesta siempre sigue.

        Pero este es el resultado que tenemos: pésima educación sexual, no hay anticonceptivos accesibles para todos, y mala información. Y para mal, no queremos solucionar esto porque según este país, ignorándolo o prohibiéndolo, esta situación va a desaparecer. Entonces que pasa, el círculo vicioso sigue.

        Así pienso yo.

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

          Marlon Suarez /

          31/05/2019 7:29 AM

          Ana, por tu reacción hepática y visceral puedo suponer que eres una persona resentida y amargada. Lo Lamento!
          Centrándonos en el comentario de Victor, no respondes a la interrogante de esas muchachitas de 15 años que se ven arrimadas en las esquinas. Ellas lo que buscan es eso, placer, dinero, celulares, etc. hasta el punto de prostituirse. Si son tan buenas para buscar dinero fácil que sea responsables de sus consecuencias, lo que pasa que tu promueves un libertinaje, una anarquía en la juventud: "vayan, cojan y si quedan embarazadas aborten porqué sus cuerpos son suyos a nadie les pertenece", bla bla bla, retorica más barata. Si son buenas para abrir las patas por calenturientas pues sean buenas para responder, por qué andar haciendo cosas de adultos y no responder como adulto?
          Ahora bien, si el embarazo es por una violación, allí son otros 20 pesos, que no es lo que estamos debatiendo.

          ¡Ay no!

          1

          ¡Nítido!

            Ana /

            02/06/2019 2:42 PM

            Y acaso están arrimadas solitas ellas? No hay un hombre ahí? Y él que? Que él no es calenturiento buscando placer o dinero? Que no debe él pagar por sus consecuencias? Acaso ellas se embarazan solas?

            Ah si muy salsa ahora, no? Nunca tiene el hombre la culpa.

            Y te cuento, aún teniendo novio o esposo, pueden violar a su novia o su mujer. Pero apuesto que a ti no te importa eso, verdad?

            ¡Ay no!

            ¡Nítido!

              Marlon Suarez /

              03/06/2019 11:18 AM

              En el caso de esas niñas que arriman en las esquinas, la respuesta es muy sencilla: "El hombre toca la puerta, la mujer decide si la abre o la deja cerrada, si la abre, que sea muy valiente y afronte su situación".
              Bajo tu perspectiva si queda embarazada entonces que aborte? insisto, puta que basura!
              Creo que a ti te violaron y por eso tienes grandes resentimientos, traumas, conflictos psicoemocionales hacia el hombre, mejor busca ayuda y deja de defender lo indefendible. Si?

              ¡Ay no!

              ¡Nítido!

            Jose Gutierres /

            31/05/2019 10:03 PM

            Ok, esa patojas, se prostituyen o cogen a lo loco irresponsablemente... que ganas con que al quedar embarazadas deban de parirlo.. otro niño mas de la calle?? u otro marero mas..?? me parece un poco sadico
            que obligues a esos nuevos niños a llevar esa vida o estas niñas a cargar con la maternidad..

            Por cierto Guatemala ya es un Rastro... o te moris de hambre o baleado en las calles...

            ¡Ay no!

            ¡Nítido!

    Jose Gutierres /

    29/05/2019 11:23 PM

    de plano que toda la fanaticada lo tacha de articulo promotor del aborto.. cuando su oposicion en casos como estos, es una actitud promotora de la violacion de niñas.

    Si realmente quieren proteger la familia, que prohiban los embarazos en menores de 18 años.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Mauricio Cordon /

    29/05/2019 5:41 PM

    Me parece que, más que un artículo periodístico, es una promoción para el aborto. Ese es todo el enfoque.

    Además hay datos incongruentes que hacen pensar que la mitad de la historia es inventada:

    - la familia es católica y hablan del pastor
    - la violación fue a los 11 años, el bebé nació cuando Fátima tenía 12, y resulta que ahora ella tiene 23 (han pasado 11 años) y el niño está por cumplir 9...

    Estos terribles casos no se resuelven con el aborto, la niña igual sería madre, pero de un niño muerto, ocasionará más traumas y culpas.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      Ana /

      30/05/2019 4:06 PM

      Si crees que ese es todo el enfoque, entonces leíste mal.

      Dar la luz no hace a una mujer una madre. Las madres pueden venir de muchas maneras, no necesariamente pariendo. Imagínate decirle esto a una madre adoptiva.

      Generalmente el aborto no ocasiona un trauma y culpa a largo plazo. Ya han hecho varios estudios al respecto y las mujeres van bien decididas a lo que quieren. Sabes quienes si causan trauma y culpa? Personas como tú que les dice este tipo de cosas, tratando de humillarlas con la decisión que tomaron.

      Pero no te importa este niña.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Marlon Suarez /

        31/05/2019 8:13 AM

        Ana, y a ti te importa la vida que lleva adentro esa niña?
        Cuando una persona se declara muerta es por qué su corazón dejó de latir, eso significa que está viva desde que su corazón empezó a latir o sea a las 4 ó 5 semanas de ser un embrión, por lo ya que hay vida en ese diminuto ser que tu estás matando con un aborto.
        El aborto quizá, dijo quizá, no ocasiona traumas a la madre, pero hay miles de casos documentados de mujeres que practicaron aborto y posteriormente quedaron con traumas por quitarle la vida a un ser, así que tu retórica es muy cuestionable. Así como también hay miles de casos documentados de mujeres que le hay hecho "HUEVOS" a un embarazo por violación y aman profundamente a esa criatura que llevaron dentro por 9 meses.

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

          Ana /

          02/06/2019 2:47 PM

          Me importa más la vida de la niña que ya está aquí y vale algo. Su vida debería de venir primero. Pero para ustedes no es así.

          No tienen corazón formado. Ahorita hay varios ginecólogos desmintiendo esto. Por eso se le llama "latido fetal" no "latido de corazón". Pero la niña que ya está aquí si tiene corazón. Y un cerebro bien formado que es traumado por ustedes.

          También mato bacterias vivas dentro de mi cuando me tomo los antibióticos.

          Pero Marlon, acabas de hacer un excelente argumento que hacen muchas personas que están a favor de la legalización del aborto: cada mujer es distinta y estas decisiones no afectan a todas las mujeres de la misma manera. Así como hay mujeres que tienen un aborto y siguen como si nada, hay mujeres que deciden tener un hijo y son felices. El punto es que tú no puedes decidir sobre ella y mucho menos juzgar sus decisiones.

          Eso es literalmente lo que el movimiento pro-choice es.

          ¡Ay no!

          ¡Nítido!

            Marlon Suarez /

            03/06/2019 12:42 PM

            Ok. tu estás viendo un circulo cuadrado y nadie te va a sacar de tu lógica individual, el asunto es que la lógica comunitaria pesa más que la individual.

            ¡Ay no!

            ¡Nítido!

        Hugo /

        30/05/2019 5:16 PM

        "Generalmente el aborto no ocasiona un trauma y culpa a largo plazo. " Lo mismo pasa con los sicarios

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

    tito /

    29/05/2019 5:19 PM

    es mentira el articulo es inventado,nomada es un fraude

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    Carlos José Cintrón /

    29/05/2019 1:19 PM

    El debate del aborto deriva en discusiones emocionales en especial cuando se presentan de la forma en que este artículo esta planteado.
    Obviamente la mayoría de personas sentimos nos sentimos conmovidos por una historia que se repite a diario en nuestra sociedad y el mundo.
    Sin embargo, el artículo se vuelve superficial cuando plantea que la solución en permitir el aborto como la solución final a este problema.
    Eso es atacar el efecto y no la causa y es allí en donde este tipo de artículos superficiales pierden validez y se convierten en meros panfletos de publicidad para permitir el aborto en toda regla.
    El origen del problema es la falta de educación para evitar embarazos no deseados, leyes duras y estrictas para violadores, en especial para aquellos que abusan de menores de edad, falta de educación a los padres de como prevenir este tipo de situaciones.
    Por tanto, la solución es fortalecer el sistema de justicia y educación, solo con ello se minimizarán este tipo de tragedias.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

      Ana /

      30/05/2019 4:16 PM

      El artículo no es superficial, tu opinión al respecto es.

      La decisión del aborto es compleja, pero no es una que un hombre sin estar en esa posición puede saber.

      Para menores de edad, el aborto si es una solución por muchas razones, pero la primordial es la salud de la madre. Cuando una mujer puede morir o estar muy enferma en un embarazo, el aborto es una solución para su salud. En el caso del artículo, 11 años es MUY JOVEN para mantener un embarazo saludable. El cuerpo de una niña de esa edad no está lo suficientemente desarrollado para mantener un embarazo. Y la segunda, crees tú que una niña de 11 años está lista para ser madre?

      Tienes mucha razón que el origen del problema es la falta de educación pero este siempre ha sido un problema y en vez de solucionarlo, solo se busca prohibir la educación sexual. O que los padres lo hagan, que obviamente hasta el día de hoy, ha fallado constantemente.

      Yo soy de esas mujeres que apoya que el aborto sea legalizado por cualquier motivo (en el primer trimestre, segundo y tercero por malformaciones fetales y salud de la madre) por una simple razón: quién soy yo para decidir sobre otra mujer? En que mundo me puedo poner en sus zapatos y decidir si esa mujer debe de ser madre por MI opinión? Entiendo que Guatemala es un país retrógrada y no tiene interés en mejorar la vida de las mujeres, pero debería de seriamente de pensar como mejorar la situación de estas niñas porque por lo que veo, nadie les pone atención. Si está embarazada, la niña pasa a segundo plano. Es el feto el que importa. Y ella? Pela, que tenga el niño porque eso es lo que quiere la mayoría del país.

      Y ese es el país en el que vivimos.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Carlos Cintron /

        02/06/2019 8:58 AM

        Primero Gracias por tomarse la molestia de responder.
        Efectivamente cuando la vida de la madre está en riesgo, la decisión del aborto le corresponde a ella.
        Sin embargo, decir que por ser hombres no podemos opinar al respecto me parece sexista, al final de cuentas algo tenemos que ver en el tema de fecundidad.
        Es más le planteo el siguiente cuestionamiento ¿si en una pareja la madre quiere tener al bebé y el papá no, esté tendría derecho a pedir el aborto? ¿Y si la madre se opone a abortar en tal circunstancia, porque el hombre tiene la obligación de mantener al bebé? Se da cuenta mi estimada lo profundo del tema, pues estamos hablando de Seres Humanos y no de simples cigotos.

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

          Ana /

          02/06/2019 2:55 PM

          La madre podría solicitar quitarle los derechos al "padre" y parte de esto quita la responsabilidad financiera/emocional de esto.

          No es sexista: un hombre no pasa un embarazo. No pone su cuerpo en riesgo, no experimentan esos cambios físicos y psicológicos. Acaba de salir un estudio de la CDC que las mujeres en EEUU pueden morir hasta un año después de haber parido, por los cambios físicos que un embarazo causa. El hombre está físicamente bien. Porqué debería él de decidir sobre un embarazo?

          ¡Ay no!

          ¡Nítido!

            Carlos José Cintrón /

            03/06/2019 4:57 PM

            Pues por ley la gran mayoría de mujeres piden manutención para sus hijos, aunque el padre no los desee, eso es un hecho.
            Por supuesto que un embarazo contrae riesgos físicos para la mujer.
            Sin embargo, el 99% de los abortos (hecho comprobable en las mismas estadísticas del departamento de salud de EEUU) son resultado de hijos no deseados en relaciones consensuadas. Es decir, la madre y el padre tuvieron relaciones sexuales de mutuo acuerdo sin pensar en la posibilidad de que le embarazo puede ser un consecuencia de esa decisión.
            Entonces pregunto ¿Quién decide por el no nacido?

            ¡Ay no!

            ¡Nítido!

        Marlon Suarez /

        31/05/2019 8:22 AM

        "Yo soy de esas mujeres que apoya que el aborto sea legalizado por cualquier motivo", sus palabras textuales.
        Eso quiere decir que simplemente usted apoya el aborto a cualquier edad, o sea que si la mujer se embaraza y no quiere a la criatura que la deseche como una servilleta sucia.
        Puta, que basura!

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

          Ana /

          02/06/2019 2:58 PM

          Cree que me ofende pero la verdad, no.

          No necesito de su aprobación. Cuando usted pueda embarazarse, hable. Antes de eso, escuche y calladito te ves más bonito.

          ¡Ay no!

          ¡Nítido!







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