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Xibalbá y las mujeres que mueven las nuevas luchas

A 50 kilómetros de la Ciudad de Guatemala se reunieron unas 90 mujeres para replantear liderazgos, reflexionar sobre el feminismo y los movimientos estudiantiles. Un lugar sin hombres y sin violencia. Nómada estuvo en ese inédito encuentro.

Somos todas feminismo Liderazo femenino Mujeres en Movimienta P258

Mujeres de todo el país se congregaron durante 4 días en un encuentro inédito donde se reflexionó acerca de los nuevos liderazgos.

Foto: Mujeres en movimienta

Formadas en una espiral humana, la mañana del 23 de enero unas 90 mujeres hicieron un minuto de silencio por el asesinato de la trabajadora social Brenda Cachach. Era el último de cuatro días que las reunió, alejadas de todo, en un encuentro de jóvenes líderes.

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La lucha contra el irrespeto a los derechos más fundamentales de las mujeres, la vida por ejemplo, era precisamente una de las razones que las había convocado a esa jornada de reflexión, descanso e introspección.

Mujeres, estudiantes, algunas madres, trans, lesbianas. Diversas. Todas estaban tomadas de la mano después de aislarse durante cuatro días en una comunidad de Chimaltenango, al occidente del país.

Julia Silvestre, la mente detrás de este encuentro, trabajó para congregar a mujeres feministas y líderes estudiantiles. Mujeres que han defendido, junto a ella, la igualdad y la inclusión desde sus espacios.

Todas ellas habían dejado durante casi una semana su trabajo, su familia y la universidad para atender una invitación inusual: participar en un encuentro que nombraron “Mujeres en Movimienta”.

—En movimienta porque somos irreverentes y la RAE es una institución patriarcal–, justificó una de ellas.

—No hemos hecho encuentros de mujeres en por lo menos 20 años. ¿En dónde estamos las mujeres? ¿Cuál es la participación de las mujeres en la universidad? ¿Si somos más de la mitad de la población por qué no estamos en espacios de diálogo y de intercambio? Fue así como decidimos hacer algo sobre las mujeres que se mueven, las mujeres que están en movimiento—, dijo Julia, y dio la bienvenida a una experiencia de aislamiento para aprender y desaprender formas en las que se han construido los espacios de liderazgo femenino.

Julia cree que estar en movimiento (o movimienta) tiene distintos significados. Pero principalmente, es estar en búsqueda de algo.

El lunes 20 de enero, las “mujeres en movimienta” inauguraron ese encuentro con más dudas que certezas. El objetivo era ambicioso. Se trataba de identificar los desafíos, los legados, las reivindicaciones y propuestas para las mujeres líderes, estudiantes y feministas. Todo eso a través de una metodología poco usual: el arte, la meditación y una convivencia libre de hostilidad y competencia.

—Usualmente no estamos conformes con lo que nos habían dicho que debemos ser y entonces nos movemos del lugar que nos asignaron para buscar algo que nos acerque más a nuestra propia voz—, añadió Julia.

 

Actividades de reflexión, meditación y sanación.

Actividades de reflexión, meditación y sanación.

En una de las áreas se colocaron imágenes de mujeres líderes del país.

En una de las áreas se colocaron imágenes de mujeres líderes del país.

Un espacio sin hombres, sin violencia. Con libertad y seguridad

A finales de 2018, hombres y mujeres miembros del movimiento estudiantil se encerraron por tres días para discutir los problemas nacionales y su rol dentro de estos. Ese encuentro se llamó «Haz que se parezca a ti la Tempestad». Ahí las mujeres coincidieron en la necesidad de lograr un espacio de encuentro exclusivamente para ellas. .

A 50 kilómetros de la Ciudad de Guatemala encontraron ese espacio seguro para sentir y pensar. Pero también para conversar, escuchar, estar en silencio, reconocer su cuerpo, nombrarse, bailar, llorar, construir arte, perder el miedo, caminar en zancos, pintar, cantar.

El color verde dominaba el ambiente: amplios espacios al aire libre, jardines, silencio. Apenas había señal telefónica, nadie tenía libretas, ni lapiceros. No eran necesarios. El instrumento más importante era el cuerpo. Durante esos días la única instrucción fue sentir.

El martes 21, la temperatura estaba a casi 15 grados. Por la noche, un foguerón destacaba en el centro del extenso jardín. Alrededor, todas se calentaban pero también le daban paso a un momento de redención.

—Pedimos disculpas si en algún momento nos hemos ofendido—, dijo una.

La disculpa era para cada una. Por si alguna vez, la demanda de los espacios de liderazgo, había desgastado su físico y su espíritu. Y si, en esa lucha, también se habían lastimado mutuamente.

En otro momento, todas estaban sobre el suelo, en parejas, tomadas de la mano.

“Yo no soy perfecta”.
“Yo no soy poca cosa”.
“Yo no soy insegura”.
“No soy mediocre”.
“No soy un objeto”.
“No soy solo un cuerpo”.

Decían, como recitando.

La instrucción era nombrarse desde lo que no son y lo que son.

Pero, ¿cuál era la intención?

Una mujer sonriente, de cabello largo y poblado de canas respondió.

Era Yolanda Aguilar, antropóloga, terapeuta y sobreviviente de la guerra civil en Guatemala.

Su padre había sido dirigente democristiano y fue asesinado. Su madre, sindicalista, desapareció y su paradero todavía es un misterio. Yolanda fue militante desde los 15 años. Por un tiempo estuvo en cautiverio, en manos del ejército. Sufrió reiteradas violaciones de parte de los soldados.

Pero ahora, dirige el Centro Q’anil, Centro de Sanación, Investigación y Formación Humanista y Transpersonal dedicado a llevar procesos terapéuticos de acompañamiento grupal a personas, organizaciones y movimientos sociales. Y estaba ahí precisamente para eso.

—Todo esto implicaba instalar en ustedes la conciencia corporal de que hay algo que se ha venido gestando no solo desde el malestar, sino desde la contradicción que ustedes han venido sintiendo…, no era una simple dinámica, era también un posicionamiento político pero desde la corporalidad, las emociones, lo que implica darse cuenta de que el autocuidado es importante—, explicó.

Haberse sometido a una jornada de terapia de encuentro pretendía, según Yolanda, que se dieran cuenta de que ser líderes no significa regresar a su casa cansadas, exhaustas, sin ningún placer.

—Me pareció maravilloso escuchar a Lenina (García) decir que subirse a los zancos le ayudó a perder el miedo porque no es el discurso de perder el miedo, y es algo que fue posible desde el cuerpo—, agregó.

 

En el encuentro no hubo hombres. Se planteó la necesidad de transformar los liderazgos femeninos y las nuevas luchas.

En el encuentro no hubo hombres. Se planteó la necesidad de transformar los liderazgos femeninos y las nuevas luchas.

Una de las mantas pintadas durante el encuentro.

Una de las mantas pintadas durante el encuentro.

Reflexiones sobre la violencia en el movimiento estudiantil

Julia Silvestre, Lenina García, Lucía Ixchíu y decenas de mujeres más se han dedicado a los movimientos estudiantiles.

Sin embargo, reconocieron que ha sido una experiencia demandante y desgastante. Como espacios, hasta cierto punto, han sido violentos y hostiles para las mujeres. Y han desencadenado una competencia dañina, ante la ausencia de redes de apoyo y solidaridad entre mujeres.

—A pesar de que en algún momento hemos tenido diferencias, buscamos la forma de construir. No voy a pelear, no voy a disputar de manera violenta como muchas veces han hecho los compañeros. Es una lección muy grande para mí, de cómo hacer política y de qué cosas me tengo que replantear. Estar en la política requiere mucha madurez pero muchas veces actuamos desde el ego—, agregó Lenina.

Lucía Ixchíu, mujer indígena, activista y líder estudiantil, escribió desde su experiencia, días antes:

—Quizás por lo profundamente violento que es el movimiento estudiantil es que muchas de las mujeres que estudian en la Usac le huyen, quizás por lo machista, patriarcal y clasista de sus prácticas cotidianas, me hice de la fama de terrible y temible dentro el movimiento.

[Leé:  Mujeres en movimienta, por Lucía Ixhíu]

Lucía y también otras líderes saben que el movimiento estudiantil tiene la capacidad de llenar, pero también de vaciar. Se convierte en una ocupación competitiva, incluso en medio del crecimiento del movimiento feminista.

“No por el hecho de ser feministas no quiere decir que no seamos incoherentes y que tampoco cometamos errores, que no hayamos violentado a compañeras. Sí lo hemos hecho. Ese ejercicio de conocimiento, de esos errores que hemos cometido es lo que yo quiero traer aquí. No vamos a inmacular el feminismo, no vamos a idealizar y no vamos a volvernos fanáticas porque es reproducción del dogma y eso no es lo que queremos. No queremos seguir luchando desde otro lugar pero reproduciendo los mismos esquemas. Creo que en el proceso vamos a equivocarnos y mientras más nos equivocamos, por supuesto duele, pero aprendemos”, concluyó Lucía en la asamblea que dio por concluido el encuentro.

También reconoció que, en medio de las luchas estudiantiles y políticas, se han cometido muchos errores. Un espacio para replantearse sus formas de ejercer liderazgo tomando como base la memoria histórica, la emotividad y la conciencia corporal. Todo esto para entender que hay muchos factores políticos y sociales que siguen amenazando la paz, la vida y la libertad de las mujeres.

Durante la asamblea, Mónica, Frida y Floridalma escuchaban las conclusiones del encuentro. Ellas no son estudiantes pero sí líderes, defensoras de sus derechos y libertades.

Ellas, tres mujeres trans, subieron a un bus y recorrieron 102 kilómetros. Venían de Alta Verapaz.

Un día antes, las tres conversaban sobre lo que sentían como mujeres trans, en medio de otras mujeres líderes.

—Para nosotras estar aquí significa estar en un espacio donde podemos ser nosotras. Cuando viajamos a la ciudad, una mirada es suficiente para saber que nos están juzgando, se nos quedan viendo, aquí no—, contó Frida, la más joven de las tres y también la que conversa con más facilidad.

Van juntas siempre. Las tres pertenecen a la Asociación Gente Positiva. Defender los derechos de las personas con VIH y la han defendido desde espacios distintos a la academia. Mónica dice que la lucha ha sido desde las calles, haciéndose escuchar.

En una de las tardes del encuentro se sientan a conversar. Están felices, ahora que tienen un representante dentro del Congreso de la República: Aldo Dávila.

— Imagínate, nosotras estamos súper emocionadas. A Aldo lo vamos a extrañar mucho, en la calle, pero ahora nos toca a nosotros ocupar su lugar. Nosotras desde afuera y él va trabajar adentro, ahora que es diputado—, dice Mónica.
— Lo que no queremos es que nos decepcione—, agrega Frida.

Floridalma es callada, pero coincide con sus compañeras. De vez en cuando sonríe y asiente.

Como han sido discriminadas tantas veces, desenvolverse en un espacio ajeno a su comunidad, les despierta un poco de temor. Pero esos nervios se disiparon rápidamente.

Durante la asamblea, Mónica tomó la palabra:

—Fueron días de mucho aprendizaje. Gracias por invitarnos porque la verdad por ser indígenas hemos sido doblemente discriminadas y no nos dan el derecho a la participación. Sigamos en la lucha, compañeras, que sobre nuestro cuerpo solo nosotras decidimos.

Una a una nombraron los peligros que amenazan su armonía. La violencia, la falta de oportunidades, la desigualdad, la discriminación, la exclusión, la falta de autocuidado y sanación personal.

 

Una de las actividades del encuentro.

Una de las actividades del encuentro.

En el encuentro también hubo presentaciones artísticas.

En el encuentro también hubo presentaciones artísticas.

Xibalbá

La penúltima noche, cuatro mujeres le pusieron nombre a todas esas amenazas. Las bautizaron Xibalbá.

Las cuatro conforman el grupo de Mujeres Ajchowen, originarias del pueblo Kaqchikel y Mam, dedicadas a las artes escénicas, la música y danza maya. Una noche dramatizaron la historia de Ixkik, una princesa rebelde que se enfrenta a las fuerzas del inframundo para proteger a su hija Ixb’alamkej y a la madre tierra. El gran enemigo era Xibalbá.

Mientras Ixkik es mujer, valiente, rebelde y guerrera. Xibalbá era una fuerza oscura que intenta apagar la vida.

Alguien preguntó: ¿Qué representa Xibalbá? Todas coincidieron.

Xibalbá es todo lo que va en contra de los derechos humanos y los de las mujeres. Xibalbá también son los problemas sociales, la invasión, el lado oscuro. Es cuando en tu familia vales menos por ser mujer y por ser indígena. Es cuando nos limitan los espacios y las luchas son criminalizadas, cuando te prohíben algo, cuando te agreden o te arrebatan la vida. Eso es Xibalbá. Por eso Ixkik baja al inframundo a enfrentarlo.

Un minuto de silencio

La mañana del miércoles 22 de enero, un hombre que todavía no ha sido identificado asesinó a Brenda Elizabeth Karina Chacach. Una mujer indígena, de 33 años, madre de dos hijos, artesana, emprendedora, empresaria.

En Guatemala, dos mujeres son asesinadas cada tres días. En la penúltima semana de enero, Brenda Cachach fue una de ellas. El domingo anterior, otra mujer fue apuñalada más de 50 veces y su cuerpo fue abandonado en la zona 18.

No hubo titulares de prensa, ni condenas, ni justicia.

 

Lo que hubo fue un silencio prolongado de mujeres jóvenes, trans, estudiantes, madres, líderes estudiantiles, artistas, feministas.

¿Y ahora qué sigue para todas nosotras? Preguntaron al final del encuentro.

El 8 de marzo marcharán juntas, el compromiso es extender la red que se empezó a tejer. Lograr una red que cubra el territorio nacional, que sobresalga regionalmente. Seguir en movimiento, pero juntas y acompañadas. Esa es la consigna.

 

Foto general de las participantes del encuentro.

Foto general de las participantes del encuentro.

Kimberly López
/

Periodista guatemalteca en constante formación. Empecé a conocer el periodismo en Plaza Pública y La Hora. Me interesa la política, la fiscalización y contar historias. No sé si seré testigo de un mejor país, pero quiero ayudar a construirlo.


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    Luis Paraiso /

    06/02/2020 5:10 PM

    La populación femenina en Guatemala es de 9207879 es decir 51.3% del total de los habitantes
    aqui hay solo 90 faltan bastantes
    « Formadas en una espiral humana, la mañana del 23 de enero unas 90 mujeres hicieron un minuto de silencio por el asesinato de la trabajadora social Brenda Cachach.”
    Mala costumbre de Guatemala reducen al silencio a una persona y los otros protestan con el silencio, eso quiere decir que no tienen nada que decir y que no han elaborado respuestas a la violencia que sufren. 500 años que eso dura.
    ¿Y las veladoras para que sirven? Creo que esta cuestión debe de ser una honda de manipuladores como los que hay en Guatemala abusan de la buena fe y de los sufrimientos de las personas después las pobres las matan, o se las llevan al bote y los que organizan el torengue se las pelan es una costumbre ya bastante gastada.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!



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