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Las mujeres invisibles que no marcharon en el Día de la Mujer 

Estaban ahí, en medio de las de 2 mil mujeres que este 8 de marzo marcharon en el Día Internacional de la Mujer. Ellas no gritaron, aunque tienen voz. Ellas no reclamaron, aunque son víctimas de la violencia e injusticias. Desde su cotidianidad, buscaban más oportunidades y mejores condiciones de vida, pero muchas veces son invisibles en la sociedad.

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Una mujer vende sombreros en la marcha por el Día de la Mujer, en la Ciudad de Guatemala.

Foto: Carlos Sebastián

Alejandra Medina tiene 9 años y desde antes de las 9 de la mañana ya estaba parada frente al Paraninfo, en  la marcha de conmemoración del Día de la Mujer, que todos los años recorre el centro de la Ciudad de Guatemala.

No estaba ahí para marchar con su mamá —como otras niñas— para exigir el cese de los feminicidios, el acoso o la impunidad.

—No sabía que hoy era el día de la mujer. Estoy ayudando a mi mamá a vender.

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Eso dijo Alejandra, mientras decenas de mujeres gritaban sobre la zona 1, dispuestas a marchar para exigir no más muertes de  niñas, adolescentes y mujeres.

Alejandra cuidaba un puesto de venta de sombreros y trompetas para la marcha.Pero ella no iba a participar, no podía participar.

Estaba ahí para acompañar a su mamá y vender accesorios, para aquellas que se sumaran a una causa que le parecía ajena.

Ella está en segundo primaria. No tuvo tareas y por eso pudo acompañar a su mamá a la venta del día.

No sé qué pedir para las mujeres, dice  Alejandra y sonríe. Solo quiere terminar de vender e ir a su casa.La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, señala en 201 que había en Guatemala 790 mil niñas y niños trabajando.

Del Paraninfo universitario salieron cientos de mujeres de distintas organizaciones. Mujeres trabajadoras, universitarias, estudiantes del nivel medio, mujeres trans, mujeres indígenas, artistas; todas fueron convocadas para marchar en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Salimos a la calle para que otras mujeres sepan que no están solas, que hay organizaciones que estamos luchando por los derechos de nosotras, de ellas— , gritaba una de las líderes de la marcha, a través de un altoparlante.

A media mañana el sol pegaba justo sobre los rostros de decenas de mujeres organizadas, que detenían pancartas. En medio de ellas, otras mujeres observaban la marcha pero no participaban. Eran mujeres distintas, mujeres que se sentían ajenas a la marcha pero que también viven la violencia de género y sufren la impunidad.,

En media de todas, una les ofrecía trompetas y pintura para  el rostro. Era Dayrin López, de 19 años. Por 5 quetzales pintaba en el rostro de otras mujeres una consigna de la marcha. Un logotipo que dice: No a la violencia.

— Vine a trabajar pero también estoy de acuerdo con las peticiones de esta marcha, dice.

Dayring está estudiando pero también tiene obligaciones. Ayuda a su familia con su trabajo durante los fines de semana.

— Creo que las peticiones de esta marcha están bien porque en el país hay mucha violencia. Está bien que digamos que tengamos los mismos derechos, que podemos trabajar, estudiar. Hay muchas mujeres marchando pero otras no pueden y está bien que otras lo hagan por ellas, respondió justo después de vender algunas cintas.

[Leé también: 8M: ¿Por qué paramos en América Latina?, por 070 y Revista Anfibia]

Si tuviera que desear un cambio para las mujeres guatemaltecas, dice, sería que pudieran hacer lo que quieran, sin tener que pedir permiso a nadie más.

 

Las mujeres exigieron el cese de las muertes, las violaciones y el acoso durante la manifestación.

Las mujeres exigieron el cese de las muertes, las violaciones y el acoso durante la manifestación.

Un estimado de 2 mil mujeres (llenaban siete cuadras) se acumularon en las calles de la zona 1. Algunas venían de distintas partes del país. Suspendieron su rutina laboral para participar la mañana del domingo. Susy no suspendió su trabajo. Al contrario, madrugó para llegar a la marcha y vender sombreros, pues se gana la vida como vendedora ambulante:

— Queremos más oportunidades para las mujeres, queremos acceso a trabajo, a educación", gritaban otras.

— Si hubiera trabajo estaríamos mejor. Tantas mujeres trabajan  en la calle porque no hay trabajo. Yo no estudié. Llegué hasta sexto primaria porque antes los padres no les daban el estudio a uno, tal vez por la falta de recursos. Nosotros nos dedicamos a trabajar, decía Susy.

En Guatemala, los niños, niñas y adolescentes menores de 15 años tienen un acceso restringido al sistema educativo. En promedio, los hombres logran 6 años de escolaridad mientras que las mujeres 5.

Susy es tímida. Lleva sobre la espalda una torre de sombreros y gorras. Varios de ellos se le caen al suelo. Los recoge. Sigue caminando. Sonríe.

Tengo mis hijas y quisiera su tengan lo que yo nunca tuve, que estudien, que trabajen, que tengan un futuro mejor, dice.

Atrás, un grupo de mujeres pide justicia por las muertes de mujeres. Susy asiente ante la consigna.

Nunca he sufrido la muerte de una mujer cercana pero todas las mujeres corremos ese riesgo, no hay edades. Las patojas, ancianas, adultas, todas corremos riesgos en las calles, comenta.

Ha sido una buena mañana. Acaba de vender varias gorras.

La marcha avanza. En una esquina hay una mujer recostada sobre el poste. Es Guadalupe García, tiene 50 años.

— La verdad es que hay mucha violencia contra la mujer y necesitamos que eso cambie. Por eso me parece bien la marcha. La voy a  acompañar un rato, tengo que vender", agrega.

Guadalupe es una mujer  indígena. Hoy, como todos los días, salió a trabajar. Tiene tres hijos. La mayor tiene 25 años, otra tiene 22 y el menor 10. Esas son sus razones para trabajar incluso fines de semana.

— Acá no hay oportunidades para las mujeres. No estudié ningún año, no aprendí a leer. Hay que luchar para que otras tengan mejores oportunidades, dice.

[Leé también: Violencia contra las mujeres: Nos afecta a todas, por Nathalie Mercier]

 

El respeto por los derechos sexuales y reproductivos estaba entre las demandas de la marcha.

El respeto por los derechos sexuales y reproductivos estaba entre las demandas de la marcha.

La última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida reveló que al desagregar por sexo los porcentajes de alfabetismo y era mayor  en los hombres (84.8%) que en las mujeres (74.0%). Guadalupe es de las mujeres que no saben leer ni escribir.

En medio de la caminata reflexiona y comenta que si tuviera que pedir un cambio pediría que nos escuchen, que las mujeres vivan mejor.

A unos pasos de ella, camina Cristina Álvarez. Es una mujer de 40 años que avanza lento en medio de la marcha. Observa, escucha y ofrece sus productos. Lleva accesorios para aquellas que quieran hacer ruido:

— Las mujeres no tenemos trabajos. Yo tengo 2 hijas y estudié hasta nivelmedio, ahora trabajo en las ventas, cuenta.

Cristina tiene dos hijas. Las dos estudian. Ella ha depositado en ellas la esperanza de un mejor futuro, uno con más oportunidades.

"Yo quisiera que se graduaran de la Universidad", es el anhelo de Cristina.

Según el censo poblacional del 2018, en Guatemala el 51 por ciento de la población lo conforman las mujeres. Ese mismo censo, al igual que otras estadísticas, también ilustran que son las mujeres las menos favorecidas en acceso a educación y trabajo.

Para el año 2000, el promedio de años de escolaridad de las mujeres de 15 años o más era de 3.8. Entre 2000 y 2014, el promedio de años de escolaridad de las mujeres aumentó en poco más de un año, a 5.3 en 2014. Aún así, es un número muy bajo.

Cuando la marcha avanzaba, dos mujeres la observaban desde un puesto de comida. María, de 60 años y Gabriela, de 33 años, madre e hija, lograron un lugar estratégico sobre la banqueta para vender comida. No participaron en la marcha pero escuchaban las consignas desde ese puesto.

Gabriela no se puede decidir sobre el principal problema que aqueja a las mujeres del país. Improvisa una lista larga: el maltrato que sufren algunas, el machismo de los esposos, no hay trabajo, no hay educación, hay mucha violencia.

Según el informe Entre el suelo y el cielo, realizado por Oxfam, en espacios públicos de la ciudad de Guatemala, el 100% de mujeres entrevistadas habían sufrido alguna forma de acoso sexual en su vida. Entre los lugares en que las mujeres se sintieron víctimas de acoso prevalecieron los servicios públicos: transporte público (48%), parada de buses (14%) y parques (13%).

El rostro de Brenda Cacach figuraba en una de las pancartas de la marcha. Brenda fue asesinada en enero de este año. Su muerte sigue impune. No era el único nombre por el que pedían justicia.

Más de un cartel tenía inscrita la siguiente consigna: Las mujeres no se tocan, no se queman, no se matan.

Según el Inacif, en el 2018 se registraron 723 femicidios, mientras que en 2017 fueron 772, es decir, que hubo un descenso de 6,3 por ciento. También hubo más de 700 asesinatos a mujeres en el último año. En el 2017, 41 niñas murieron calcinadas a causa de un incendio ocurrido en el Hogar Seguro. Su muerte sigue impune.

Frente al palacio de justicia, las mujeres hicieron una pausa para gritar justicia por la muerte de las 41 víctimas mortales de la tragedia del Hogar Seguro y de las más de 700 que mueren cada año.

“Esas niñas tienen que tener justicia. Normalmente traigo mi venta al parque central y he visto a las madres de las niñas. Recuerdo ese caso, vi que las mamás sufrieron porque sus hijas se quemaron y han venido acá a la plaza varias veces”, dice Ana.

Ana encontró la marcha en la Plaza Central. Ahí es donde camina con su mercancía a cuestas. Vende ropa para mujeres.

Cuando la marcha caminaba desde la Corte Suprema de Justicia, Joselin y Marleny dejaron lo que estaban haciendo y se asomaron a las barandas de un local.

Joselin sacó su celular. Tomó fotos, videos.

Las dos tienen 12 años. Migraron desde Quiché. No estudian. Trabajan desde las 4 de la mañana hasta la tarde. Son más de 12 horas de trabajo diarias. Venden tortillas.

¿Qué les gustaría ser cuando sean grandes?

— Las dos se encogen de hombros.

La marcha sigue caminando. La observan hasta que sale del alcance de su vista. Regresan al trabajo. El comal sigue encendido para recibir tortillas recién preparadas.

Las consignas del 8 de marzo,  los gritos y las canciones entonadas por cientos de mujeres  coincidían en pedir un mundo más justo para las mujeres guatemaltecas. Para las que han muerto y las que aún viven. También para Dayring, Alejandra, Cristina, Guadalupe, Gabriela, Ana, Joselin y Marleny.

Kimberly López
/

Periodista guatemalteca en constante formación. Empecé a conocer el periodismo en Plaza Pública y La Hora. Me interesa la política, la fiscalización y contar historias. No sé si seré testigo de un mejor país, pero quiero ayudar a construirlo.


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