¿Queremos seguir siendo un país maquilero?

Uno de los grandes temas que el Legislativo deberá abordar antes del fin de año es la denominada Ley de Promoción de Inversión y Empleo. Dicha propuesta de ley contiene una agresiva expansión de los privilegios fiscales –tradicionalmente restringidos, al menos en teoría, a la industria de maquila– hacia un amplio sector empresarial del país.

n135 Opinión
Esta es una opinión

La supervivencia de una industria en decadencia, por más que genere miles de empleos, no es equivalente a desarrollo económico.

Foto: Carlos Sebastián

Sus promotores la presentan como la única forma de actualizar las leyes existentes (decretos 29-89 y 65-89) para cumplir con los compromisos internacionales adquiridos con la Organización Mundial de Comercio. Señalan también que esta ley es fundamental para poder competir con países vecinos en la atracción de inversiones, pues todos han aprobado leyes similares. Por último, advierten que –de no aprobarse– el país, y la industria de la maquila específicamente, corren el riesgo de perder hasta 80 mil empleos. Pero, ¿qué tan válidos son estos argumentos? A mi juicio, esta ley traerá efectos totalmente opuestos a los que manifiestan sus defensores. Es decir, más que promover la inversión y el empleo, la ley obstaculizará el desarrollo, ahogará la vocación emprendedora del empresariado guatemalteco, y reducirá aún más los limitadísimos ingresos del Estado.

Por supuesto, no soy el único, ni el primero, que cuestiona esta propuesta de ley. Por un lado, están aquellos cuyos argumentos se enfocan en el costo que representaría para el Estado. Como explican, al conceder exenciones fiscales de distinta índole a diversas empresas, el Estado deja de recolectar recursos por concepto de impuestos –recursos que se podrían utilizar para financiar servicios públicos que, en muchos casos, son indispensables para el desarrollo empresarial. Dicho sacrificio fiscal es, además, regresivo, pues quienes se benefician de las exenciones son normalmente los miembros más acaudalados de la sociedad: aquéllos con el capital necesario para cumplir con los elevados requisitos mínimos de inversión contemplados en la ley.

Por otro lado, están los argumentos que rebaten la efectividad de dicha ley para atraer inversiones de calidad. Como indicaba Ricardo Barrientos hace algún tiempo, no se trata solamente de atraer cualquier tipo de inversión. El objetivo debería ser atraer inversiones que promuevan mejoras tecnológicas, producción de mayor valor agregado, y empleos dignos. Pero una ley que solamente otorga privilegios fiscales no atraerá a las empresas que requieren mano de obra calificada, o relaciones cercanas con centros de investigación y desarrollo, sino a aquellas cuyo único objetivo es reducir sus costos. Atraerá, en pocas palabras, a empresas golondrinas con muy poco interés en el desarrollo del país.

Pero, más allá del gasto fiscal que involucra, o del tipo de inversión que puede atraer, existe una tercera crítica de esta propuesta de ley que se resume en una pregunta: ¿queremos seguir siendo, eternamente, un país maquilero? Porque el principal objetivo de esta propuesta de ley, como lo han dejado claro sus defensores, es salvar a la industria de la maquila. Es un objetivo que comparte el presidente electo, Jimmy Morales, como lo indicó en su reciente entrevista con Nómada.

El problema, a mi entender, es que el desarrollo económico que todos deseamos no se logra mediante leyes que, con privilegios fiscales, extienden la vida de industrias en decadencia. Y es que hay que reconocerlo: la maquila en Guatemala es una industria que, a pesar de haber contado, por décadas, con una amplia gama de privilegios fiscales y subsidios disfrazados, ha visto menguar su poder de mercado durante los últimos años. Es una industria que, a pesar del enorme gasto fiscal que ha representado para el país, no ha sido capaz de reinventarse para competir de manera más efectiva; y que ahora busca, mediante nuevos privilegios fiscales, sobrevivir.

Pero la supervivencia de una industria en decadencia, por más que genere miles de empleos, no es equivalente a desarrollo económico. El desarrollo económico implica, antes que nada, una revolución incesante en las estructuras productivas de un país. Involucra la continua destrucción de las viejas y obsoletas industrias y formas de producción, y su sustitución por nuevas alternativas más eficientes y productivas. La idea se resume en el concepto de la “creación destructiva”, acuñado por el economista de la escuela austriaca, Joseph Schumpeter. Es a través de esta reinvención e innovación constante que se generan mayores ingresos, mejores empleos y crecimiento económico.

Evaluada desde el marco de la creación destructiva, la propuesta de ley falla no solamente al intentar salvar a una industria en decadencia mediante la concesión de mayores privilegios fiscales, sino también, como he indicado antes, al no hacer nada por promover el desarrollo de nuevas y mejores alternativas. Estas alternativas requieren de inversiones en educación, en infraestructura, en programas de investigación y desarrollo, y en apoyo a los emprendedores. Requieren, en pocas palabras, no de una nueva ronda de privilegios fiscales, sino de una política industrial robusta, sustentada por un Estado con recursos. Pero dicha política industrial brilla por su ausencia entre las prioridades del raquítico Estado de Guatemala (que sería aún más raquítico si se aprueba esta propuesta de ley), y su inexistencia condena a muchos de nuestros emprendedores al fracaso.

Por ello es que, a fin de cuentas, regresamos a la misma pregunta: ¿queremos que Guatemala sea por siempre un país maquilero? ¿O apostamos por el proceso de transformación incesante que es inherente al desarrollo económico? Quienes apoyan la citada propuesta de ley y nos chantajean con la amenaza de que se perderán 80 mil empleos han optado abiertamente por la primera opción. Son la coalición anti-desarrollo. Por nuestra parte, quienes creemos en el crecimiento económico producido por la innovación y el emprendimiento, sabemos que la maquila fue concebida simplemente como una etapa en el proceso de desarrollo del país; una etapa cuyo ocaso se aproxima. En este contexto, le debemos decir NO a una propuesta que debería llevar por nombre no Ley de Promoción de Inversión y Empleo, sino Ley de Estancamiento y Privilegios.

Alberto Fuentes
/

Latinoamericano, estudiante del desarrollo social y económico de los países del Sur. Realizo investigaciones sobre el sector empresarial y sus relaciones con el Estado, la sociedad civil y, especialmente, l@s trabajadores.


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

7

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Creación destructiva y la maquila | tengoderechogt /

    27/11/2015 8:39 AM

    […] de sus permutaciones, sino de nuestra visión de política económica para Guatemala. Aquí, la columna original de Alberto, mi respuesta y su respuesta. Sin duda agradezco el nivel de Alberto para mantener una […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Judith Saldaña /

    26/11/2015 7:49 AM

    No comparto su opinión y no soy empresaria de maquila, soy CPA y Realizadora Audiovisual, la creación destructiva según Schumpeter hace referencia a como el sistema capitalista tiene la capacidad de generar nuevas estructuras económicas, que destruyen a las anteriores, esto significa que hay nuevos sectores abriéndose paso que sustituirán a los anteriores, en Guatemala eso no es así, el camino que le queda a los trabajadores de maquila es ser empleados agrícolas, asistentes del hogar, la economía informal, o la inmigración ilegal a Estados Unidos. En Guatemala no se forma a las personas para ser emprendedores, excepto en el caso de la Universidad Francisco Marroquín, pero en lo referente al desempleo no estamos hablando de personas con educación universitaria, sino obreros que en la mayoría de los casos tienen escolaridad de 6o. primaria, una familia y que no pueden darse un año sabático, en lo que esperan que surjan los nuevos emprendedores. De igual forma en este tema debe considerarse que los países vecinos, Honduras, Nicaragua y El Salvador si cuentan con éstos incentivos fiscales, por lo cual la migración de las compañías en 29-89 a los mismos, es muy probable, y la pérdida de los empleos traerá como consecuencia mayores problemas sociales.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Maquila y tecnología | tengoderechogt /

    23/11/2015 11:31 AM

    […] esta columna busco responder a algunos de los comentarios de la columna de Alberto Fuentes publicada en Nómada hace algunos días, no solo con relación a la estrategia de desarrollo de […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Necesitamos que se acaben estas maquilas | tengoderechogt /

    23/11/2015 11:24 AM

    […] que el problema de la propuesta de ley no sólo radica en el costo fiscal (regresivo) que representará para el […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ANONIMO /

    22/11/2015 7:12 PM

    […] que el problema de la propuesta de ley no sólo radica en el costo fiscal (regresivo) que representará para el […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Javier Calderon /

    03/11/2015 11:12 PM

    Creo que es importante darle un repaso a la iniciativa de la Ley de Inversión y Empleo, al programa de aprendices y a la Política Industrial de la CIG para hacer esta crítica. La única perspectiva fiscal está errada y pasa por el arco del triunfo muchas medidas planteadas para solventar los problemas que el autor ataca de la ley. Hace falta más investigación para este artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alejandro Ceballos /

    02/11/2015 4:40 PM

    No podría estar mas de acuerdo, como empezamos?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



Notas más leídas




Secciones