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Tres similitudes de la primavera árabe con la guatemalteca

La Coordinadora Estudiantil Universitaria de Guatemala llevó a cabo el cineforo “Cada pueblo tiene su plaza”, donde proyectó el documental “El Encuentro” que relata la experiencia de cuatro meses de protestas ciudadanas, y la película “The Square”, la cual relata la experiencia de varias personas durante las protestas de 2011 que derrocaron a Hosni Mubarak, y que siguieron durante la transición hacia la fallida constitución de corte islamista promulgada en 2012. La actividad motivó la discusión entre las experiencias vividas en Egipto y en este país.

Opinión P258
Esta es una opinión

Foto: Diariocrítico de Venezuela

¿Qué lecciones podemos tomar como país de lo sucedido en Egipto? En primer lugar, la cohesión inicial de un movimiento siempre se logra en torno al rechazo hacia una figura, real o simbólica. En nuestro caso, fue contra Roxana Baldetti y luego contra Otto Pérez Molina por la corrupción que representaban. Hago énfasis en la lucha contra esta: ese el consenso que existe entre diversos grupos sociales y movimientos ideológicos. Las personas salieron a marchar no porque querían un país más igualitario y con mayores derechos para minorías, sino luchar contra la corrupción. Ese fue el denominador común en la plaza.

En Egipto, en cambio, fue contra la figura de Hosni Mubarak, presidente desde 1981 luego del asesinato de Anwar Sadat. Mubarak representaba un régimen autoritario y antidemocrático, de corte laico, y corrupto, que logró cohesionar, por un instante, a la sociedad egipcia para unirse y marchar en la plaza Tahrir. No es de extrañar, entonces, que el principal movimiento político de oposición a un régimen de estas características fuera la Hermandad Musulmana, fundada en 1928, que existió durante décadas como un grupo de oposición formal a los diversos regímenes que existieron en el país desde la descolonización en 1948.

En segundo lugar, el rol del Ejército. No está de más recordar el papel desempeñado en nuestra historia reciente. Es cierto que ha perdido influencia desde los Acuerdos de Paz  y prestigio, pero fue el actor con la última palabra en nuestro contexto político y la transición democrática fue, incluso, tutelada por un grupo de militares. Hoy por hoy, el de Guatemala no tiene el mismo poder político que el egipcio, pero es necesario entender la dinámica interna para poder comprender su rol ausente en las protestas. En Egipto, el Ejército siguió teniendo tal poder que, al verse amenazado y al no consentir del todo el cambio de régimen a uno de naturaleza islámico, el Ministro de la Defensa y ahora Presidente, AbdelFattah el-Sisi, derrocó al Presidente electo, Mohammed Morsi, para luego proclamar una nueva Constitución.

El conservadurismo es un rasgo presente en la sociedad guatemalteca, así como en la egipcia. Ambas son profundamente religiosas y son, hasta cierto punto, cohesionadas por la misma. El Islam fue el punto en común de la gran mayoría de los manifestantes, y en el documental se podía apreciar como se rezaba desde la Plaza Tahrir, pudiéndose escuchar desde lejos los cantos de los muecines. Durante mucho tiempo, las expresiones religiosas masivas fueron prohibidas en Egipto bajo el régimen de Mubarak. El autoritarismo laico fue un punto que unificó a las masas en la búsqueda de un cambio. En Guatemala, en cambio, no hubo un régimen que reprimiera las manifestaciones religiosas. Aquí, el elemento religioso no fue decisivo en incidir en la protesta.

Finalmente, la gran lección del movimiento egipcio para Guatemala es que se debe formar un partido para generar los cambios que se buscan. La participación desde fuera no puede canalizarse en acciones concretas dentro del sistema político vigente sin hacer uso de las instituciones que el mismo sistema creó para el efecto.

La fuerza de un movimiento establecido, como lo fue la Hermandad Musulmana en 2011, logró que se transmitieran las demandas de la Plaza al gobierno. El 30 de abril de ese año, fundaron el Partido Libertad y Justicia y participaron en las elecciones legislativas. Consiguieron 235 escaños de un total de 508. Con esta mayoría, no se dificultó la elección de una Asamblea Nacional Constituyente que un año después promulgó una constitución representativa de los intereses de la mayoría islámica.

A lo que quiero llegar es que hay que hacer política. No creo que pase como en Egipto, que a un general se le ocurra encarcelar al presidente y derogar la Constitución. La mejor forma para generar los cambios que buscamos en nuestro contexto, es seguir el ejemplo de la Hermandad Musulmana, con la salvedad de que nuestro movimiento debe ser laico, y formar un partido que cambie la forma de hacer política.

No lo veo difícil. Es lo que necesitamos hacer para que la primavera siga viva.

Martín Berganza D.
/

Nacido en el 93. Estudiante de cuarto año de Derecho, muy a su pesar. Mantiene una relación amor-odio con su país, siempre con una intensa curiosidad y deseo de entenderlo. Adora la literatura y la historia. Intenta aprender a vivir. @MB1193.


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    Frank /

    04/10/2015 8:10 PM

    ¿Acaso todavía le llaman a eso primavera árabe? lo de Egipto empezó bien pero cuando los hermanos musulmanes monopolizaron los espacios políticos todo se fue al carajo, lo mismo que Libia y los extremistas. ¿El sector de la sociedad que a usted le es hostil (conservadora religiosa) puede detener el movimiento ciudadano? no. Lo que si podría pasar es que los extremistas de izquierda o derecha se adueñaran de el movimiento lo cual si provocaría que este se fragmente y luego se desvanezca. Por lo que veo aquí la izquierda es más proclive a eso.
    Saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Bernardo Arévalo de León /

    01/10/2015 11:33 AM

    Tal vez una precisión necesaria, Martín: la lectura de la primavera egipcia tiene que hacerse contando los dos momentos de la Plaza Tahrir: el que lleva al derrocamiento de Mubarak y el que lleva al derrocamiento de Morsi. En el primer caso, los jóvenes de los distintos sectores -las distintas expresiones religiosas musulmanas, los cristianos coptos, los liberales seculares- se unificaron frente a la corrupción del régimen y rompieron los compartimientos estancos de un 'statu quo' que mantenía a los liderazgos 'adultos' de cada sector separados políticamente o, como en el caso de los salafistas, políticamente inactivo. La primavera la hicieron los jóvenes. Pero esta unidad no pudo sostenerse: en lugar de intentar construir una coalición amplia interpretando los hechos como un mandato para la unidad, la Hermandad Musulmana -los líderes tradicionales- optó por hacer un gobierno 'partidista' sin tender puentes hacia otros sectores, ya no solo los liberales seculares sino los religiosos salafistas, por ejemplo. Ya para ese momento, el grado de unidad y de movilización ciudadana se habían erosionado. La Hermandad misma se dividió, y sus principales líderes jóvenes -los que se la jugaron con todos en Tahrir- fueron expulsados/renunciaron, pasando a una acre oposición. Fue un proceso plagado de protestas violentas y represión estatal, solo que implementada a favor del gobierno de los Hermanos Musulmanes esta vez. Su programa islamista -y aparantemente una pesima gestion administrativa- sirvió para movilizar a amplios sectores de la población, muchos de ellos votantes de Morsi en las elecciones recientes, a protestar contra el régimen, que no supo reaccionar; en vez de dialogar, quiso imponer por la fuerza. Por eso, en el segundo Tahrir la unidad ciudadana se vuelve a dar, pero esta vez contra los Hermanos Musulmanes, oportunidad que aprovecha el Ejército -que se había desligado de Mubarak y del Mariscal Tantawi, la cabeza militar visible del régimen- para retornar 'al rescate' de la revolución ciudadana.....para sepultarla. (Una imagen para la historia: los helicópteros militares portando gigantescas banderas egipcias sobrevolando la Plaza Tahrir ante el entusiasta clamor de la mayor manifestación popular registrada en la historia egipcia). Los niveles de represión del régimen hoy son mayores que en los últimos años de Mubarak, y tienen una legitimación relativa en los sectores que rechazaron la gestión gubernamental de Morsi. Conclusión: la unión hizo la primavera, y la desunión la terminó. El error histórico de los Hermanos Musulmanes de 'radicalizar' el procesos gobernando como si tuvieran un mandato general para la reforma islámica -y una mayoría electoral no es un mandato generalizado- fue factor central para desbandar a los sectores reformistas, y el intersticio por el que se logró colar un ejército que había quedado agazapado esperando su momento.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis /

    29/09/2015 11:47 PM

    Esa conclusión la comparto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    luisf.air@ovi.com
    Luis López Silvestre /
    29/09/2015 6:31 PM

    Ay Martín. Sólo no te detengas, irás mejorando.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    mary /

    29/09/2015 4:35 PM

    me parece muy ingenuo

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Peter Lim /

    29/09/2015 9:41 AM

    Solo espero que la analogía siga y que tengamos un desenlace similar al de Egipto: sacan a mubarak, la hermandad musulmana quiere instaurar un gobierno teocrático y luego a ese gobierno le propinan un golpe de estado y las cosas están más caóticas que cuango estaba mubarak. Scan a OPM y los "pnesantes" votan por Jimmy, éste títere hace lo que sus amos le dictan y la las protestas sociales inician de nuevo, pero ya no solo "protestas de finde", y instan a que se hagan reformas profundas, esto no es del agrado de la clase política dominante y se inicia de nuevo el caos! boom

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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