Hagamos un alto en el camino para analizar #JusticiaYa

Después de la fiesta cívica que generaron las investigaciones conjuntas de la CICIG y el Ministerio Público, se está asentando entre la población una resaca social. La desilusión, frustración y sensación de impotencia se abren paso entre aquellos que no hace mucho coreaban y bailaban en el Parque Central. Y no es para menos. El presente decepciona.

Opinión P258
Esta es una opinión

Marcha #15A, Plaza Central, 15 de agosto de 2015.

Foto: Nómada

Otto Pérez Molina se ha logrado mantener en el cargo, conservando su inmunidad; los partidos mayoritarios del Congreso desafían a buena parte de la población con sus nefastas votaciones y propuestas de ley; y las cortes se mantienen cooptadas, sus decisiones definidas no por lógicos razonamientos legales, sino por intereses económicos y políticos diversos. El futuro tampoco ilusiona: Manuel Baldizón se aferra a la delantera en la intención de voto, y sube un tal Jimmy Morales acuerpado por los segmentos más oscuros de la mafia de verde olivo.

Sin embargo, no nos dejemos llevar por la desazón. Emulemos el espíritu estoico de Montaigne. Reconozcamos que ni las circunstancias eran tan prometedoras como la fiesta cívica de hace tres meses parecía augurar, ni son tan sombrías como lo sugiere la actual resaca social. En vez de dar rienda suelta a la apatía, hagamos un alto en el camino. Reflexionemos sobre los objetivos alcanzados y las acciones a tomar. No nos dejemos llevar por la pueril necedad de ver todo lo que no es revolución como un fracaso. Los procesos graduales también tienen sus ventajas, entre ellas la posibilidad de analizar y recomponer el camino.

Por un lado, y ante todo, recordemos que las jornadas sabatinas de movilización provocaron un despertar político. Salió a las calles una nueva generación de ciudadanos tradicionalmente alejados del debate público. Surgió entre esta población, mayoritariamente urbana, la conciencia de pertenecer a una comunidad mayor – una comunidad que se extiende más allá de sus redes familiares y de amistad. Con esa conciencia vino también la motivación de promover el bien común.

Sin menospreciar las diferencias ideológicas que cunden entre los manifestantes, esta nueva conciencia social se ha ido sobreponiendo al individualismo extremo que por mucho tiempo prevaleció en la ciudad. Aliado natural de los actores autoritarios, esta atomización había impedido cualquier iniciativa de acción colectiva. Con el despertar ciudadano, se cuestiona este individualismo, poniéndose en entredicho la idea de que la búsqueda egoísta del interés individual es suficiente para garantizar el desarrollo del país.

Las movilizaciones también fomentaron cambios en la forma tradicional de operar de algunas de las principales organizaciones civiles del país. En algunos casos, se forjaron nuevas alianzas, o al menos contactos amigables, entre individuos y organizaciones tradicionalmente opuestas. Basta ver a la Coordinadora Estudiantil Universitaria de Guatemala (CEUG) para llenarse de esperanza. Con presencia de estudiantes de la San Carlos, Marroquín, Landívar y del Valle, esta plataforma demuestra que las divergencias ideológicas no son necesariamente un impedimento para el actuar conjunto.

En otros casos, las movilizaciones crearon rupturas entre actores que, durante años, había defendido el statu quo de forma monolítica. Generaron ilusión las declaraciones de Jorge Briz, presidente del CACIF, oponiéndose a la continuidad de Otto Pérez Molina, presidente pro-empresarial; y pidiendo la investigación de aquellos empresarios involucrados en La Línea. Aunque al final el ala menos democrática del empresariado organizado parece haberse impuesto, las posiciones de Briz revelan el surgimiento de un estrato emprendedor con ideas modernas.

Por último, y de manera paradójica, los escándalos de corrupción y las subsecuentes movilizaciones parecen haber demostrado que es posible crear un Estado al servicio de la población. En particular, el actuar del MP, en conjunto con la CICIG, sugiere que se pueden organizar entes públicos que, a pesar de sus tremendas deficiencias financieras, cuenten con personal capaz y motivado.  El MP, con sus investigaciones, se está constituyendo en la punta de lanza de un movimiento con vistas a una posible regeneración del Estado. Otros entes parecen estarse sumando, incluyendo a la Corte Suprema de Justicia y, de manera inesperada, la Contraloría General de Cuentas dirigida por el cuestionado Carlos Mencos.

¿Qué acciones debemos tomar a futuro? Comencemos por mantener el espíritu de lucha. Como dice el cliché, la noche es más oscura justo antes del amanecer. Es cuando la apatía y decepción parecen imponerse que se necesita redoblar el esfuerzo para seguir buscando los cambios que requiere el país.

Pero más allá de sostener la motivación, construyamos sobre las bases de los logros obtenidos. Los nuevos ciudadanos políticos requieren de un proyecto de organización sólido y de largo plazo. La movilización descentralizada puede haber sido útil como método para convocar protestas. Sin embargo, sin mayor coordinación, los nuevos ciudadanos políticos corren el riesgo de ser cooptados por intereses sectarios, o de verse relegados a posiciones marginales. En este sentido, esfuerzos como el del Movimiento Semilla ofrecen una alternativa digna de consideración.

El proceso hacia futuro debe también buscar fortalecer los cambios en la forma de operar de muchas de las principales organizaciones cívicas del país. La formación de alianzas antes inconcebibles, el cuestionamiento del statu quo, la construcción de propuestas que acumulen el apoyo de actores diversos – todo estos son frentes en los que se debe avanzar.

Así lo demuestra la experiencia de las movilizaciones de los últimos meses, la cual inevitablemente lleva a la conclusión de que los mayores logros (por ejemplo, la renuncia de Roxana Baldetti) tuvieron como eje fundamental el consenso entre los poderes tradicionales (CACIF, la Embajada), los entes encargados de la investigación criminal (CICIG, MP), y los nuevos sujetos políticos (los estudiantes, los miembros del #RenunciaYa, etcétera). Por el contrario, en casos en que este consenso se vio resquebrajado – especialmente por desavenencias entre el CACIF y la Embajada, por un lado, y los demás actores, por el otro – los avances han sido más bien lentos o incluso inexistentes (por ejemplo, las leyes electorales o la renuncia de Pérez Molina).

Finalmente, para quienes avizoramos un gradual proceso de cambio, el apoyo a los entes estatales que poco a poco empiezan a dar muestras de compromiso con la renovación del Estado debe continuar. En paralelo, es imprescindible mantenernos alerta ante los abusos de poder, atendiendo al llamado de Iván Velásquez de “denunciar con fundamento los actos corruptos.” Debemos, como nos indica el comisionado, “formar una conciencia cívica en la sociedad para desarrollar una cultura de legalidad”.

Alberto Fuentes
/

Latinoamericano, estudiante del desarrollo social y económico de los países del Sur. Realizo investigaciones sobre el sector empresarial y sus relaciones con el Estado, la sociedad civil y, especialmente, l@s trabajadores.


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    Gustavo Hernadez /

    21/08/2015 11:44 PM

    Excelente articulo Alberto Fuentes y me parece muy buena opinión Antonio me aúno a Uds y reitero de que esto tiene que seguir, la conciencia social tiene que seguir despertando tanto en la población y diferentes instituciones pequeñas como hasta en la mismísima Cacifereña, en realidad Guatemala es un barco que se esta hundiendo y ahí estamos todos y todos somos los llamados a trabajar por mantenerla a flote y para eso tenemos que “formar una conciencia cívica en la sociedad para desarrollar una cultura de legalidad”.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Antonio /

    17/08/2015 11:07 AM

    En mi opinión, es muy atinado el tema de este artículo, pues también creo que todos estamos en un camino que no tiene fin y que tiene diferentes estaciones, pues todo cambia. Algunas veces las paradas no nos gustan y otras nos encantan. Algunas veces el camino pareciera llevarnos hacia adelante.
    No tenemos la posibilidad de cambiar las cosas de un día para el otro y mucho menos la posibilidad de garantizar una certeza de haber llegado a un fin auspicioso.
    Lo que nos queda es ir aprendiendo de nuestras experiencias y en alguna medida de las experiencias de otros países que afortunadamente han pasado por procesos similares y podemos incorpororar elementos que quizás sean útilies para el desarrollo de nuestra sociedad.
    También estoy de acuerdo de lo que indicas de que es positivo la formación de nuevos grupos con conciencia social. Y es natural que estos grupos surjan con más fuerza de los intelectuales de izquierda, los artistas, los religiosos y de los jóvenes que tienen una apertura mucho mayor a las nuevas ideas y a la tolerancia. A mi forma de ver, que favorezco más a las personas que a las ideologías, lo que veo es que faltan otros grupos que se incorporen formalmente con una estructura más abierta y moderna. Se menciona al sector privado y como bien dices, pareciera haber una cierta disposición. Sin embargo, creo que los empresarios jóvenes les hace falta volar del nido y hacer sentir su opinión y formar grupos que vayan más allá de promover ideas libertarias u conservadoras en una forma responsable , si no también, promover la democracia, la justicia y la tolerancia hacia otras ideologías.
    En mi opinión, la diversidad es fuente de mucha riqueza. Si todos fuéramos iguales y pensaramos igual, no habría desarrollo cultural ni intercambio de conocimiento. Y una diversidad cultural, religiosa y política es importante para que las ideas surjan y mantener un ambiente de tolerancia es importante para que estas ideas se compartan y que en las decisiones que nos afectan a todos se tomen en cuenta tanto las diferencias como las semejanzas.
    Creo que en este país hay mucho potencial, porque somos diversos, lo que nos hace falta es podernos sentar todos en la misma mesa y que cada uno tenga el derecho a hablar y a ser oido.
    Claro que también están los que dicen tener el derecho de ser intolerantes y de imponer la intolerancia a los demás, es decir, usar el sistema contra el sistema. Para este tipo de ideologías, que podrían ser tildadas de egoístas, sí habría que tener controles.
    Pues lo que queremos al final, es poder vivir en un país donde lo más importante es el bienestar de todos los guatemaltecos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Antonio /

    17/08/2015 10:56 AM

    En mi opinión, es muy atinado el tema de este artículo, pues también creo que todos estamos en un camino que no tiene fin y que tiene diferentes estaciones, pues todo cambia. Algunas veces las paradas no nos gustan y otras nos encantan. Algunas veces el camino pareciera llevarnos hacia adelante.
    No tenemos la posibilidad de cambiar las cosas de un día para el otro y mucho menos la posibilidad de garantizar una certeza de haber llegado a un fin auspicioso.
    Lo que nos queda es ir aprendiendo de nuestras experiencias y en alguna medida de las experiencias de otros países que afortunadamente han pasado por procesos similares y podemos incorpororar elementos que quizás sean útilies para el desarrollo de nuestra sociedad.
    También estoy de acuerdo de lo que indicas de que es positivo la formación de nuevos grupos con conciencia social. Y es natural que estos grupos surjan con más fuerza de los intelectuales de izquierda, los artistas, los religiosos y de los jóvenes que tienen una apertura mucho mayor a las nuevas ideas y a la tolerancia. A mi forma de ver, que favorezco más a las personas que a las ideologías, lo que veo es que faltan otros grupos que se incorporen formalmente con una estructura más abierta y moderna. Se menciona al sector privado y como bien dices, pareciera haber una cierta disposición. Sin embargo, creo que los empresarios jóvenes les hace falta volar del nido y hacer sentir su opinión y formar grupos que vayan más allá de promover ideas libertarias u conservadoras en una forma responsable , si no también, promover la democracia, la justicia y la tolerancia hacia otras ideologías.
    En mi opinión, la diversidad es fuente de mucha riqueza. Si todos fuéramos iguales y pensaramos igual, no habría desarrollo ni intercambio de conocimiento

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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