Amar el arte. Odiar al artista

¿Se puede amar la obra, pero rechazar al artista por sus falencias humanas? Comprender la tridimensionalidad del arte es parte de la respuesta. El resto, fijar postura. Como todo en la vida.

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Esta es una opinión

1 Ojos Picasso

A todos nos ha pasado. Conocemos una obra (no necesariamente artística) y admiramos a la persona que la produjo. Empezamos a investigar sobre el autor, su vida, su historia y contexto y de repente llega el cataclismo. Descubrimos que el autor es misógino, o racista, abusador, homofóbico o algo más. 

Es inevitable, nuestra percepción se divide y entramos en conflicto con la obra que amamos. No queremos celebrar la figura que representa eso que detestamos. El dilema nos partirá en dos

¿Qué hacer?

No entremos en pánico. Antes que nada, evitemos la culpa de haber disfrutado una pieza realizada por un monstruo. Muchas veces la ignorancia es una bendición.

Luego de respirar un poco, volvamos a verlo con sentido crítico. Para ordenar nuestros pensamientos, siempre es bueno plantearnos unas preguntas:

¿Estamos admirando el talento de este autor o su problemática vida? ¿Qué fue lo que nos atrajo a la obra? ¿Sabemos las circunstancias en las que vivió esta persona y sus motivaciones?

Y más importante ¿Nos afecta irremediablemente conocer la vida y forma de pensar del autor al punto que es irreconciliable con nuestro propio esquema de principios y valores?

Hagamos el ejercicio viendo a los personajes a través de las siguientes obras:

“Dos Mujeres Echadas y Entrelazadas (Las Amantes)” Egon Schiele. 1915.

Estamos viendo un dibujo del austríaco Egon Schiele.

Schiele fue un prolífico artista con una técnica novedosa y una mano ágil, que dejó en tan solo 28 años de vida una enorme producción creativa. Discípulo y protegido de Gustav Klimt, también fue acusado de pedofilia, porque a su taller llegaban niñas que eran retratadas desnudas. Esto provocó que muchos de sus dibujos fueran quemados y él, enviado unos días a prisión por “pornografía”.

Actualmente se le considera como una figura muy importante del expresionismo de principios del siglo XX y como uno de los artistas más censurados de la historia.

Como diría Pablo Picasso: “La calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo”

Hablando de Picasso, su obra es motor fundamental para el desarrollo plástico del arte en el siglo XX. Pero en su vida fue un hombre misógino y abusivo. Existen decenas de testimonios de sus parejas donde le acusan de maltrato físico y psicológico, incluso en algunas obras se transparenta este abuso.

“Minotauro Acariciando a una Mujer Dormida”. Pablo Picasso. 1956.

El siglo XX tampoco sería comprensible sin una imagen tan prominente y talentosa como Coco Chanel. Chanel fue además simpatizante del régimen Nazi y llegó a participar como su agente en afán, dicen, de recuperar parte de sus negocios que eran administrados por judíos.

“The Ford” Diseño original del “pequeño vestido negro” de Coco Chanel. Revista Vogue. 1926

Los casos anteriores están ampliamente documentados, pero la historia siempre ha tenido estas anotaciones que con el tiempo se vuelven mucho más problemáticas. Como Diego Velázquez, el gran pintor, el genio barroco y que tenía esclavos. La historia del arte ha reivindicado la figura de Juan de Pareja, esclavo de Velázquez que, según el tratadista Antonio Palomino, logró su liberación por intercesión del rey ante el Maestro al demostrarle que aún siendo esclavo tenía un gran talento para la pintura. Actualmente la obra de ambos se encuentra expuesta en espacios compartidos como el Museo del Prado.

“Retrato de Juan de Pareja”. Diego Velázquez. 1650.

Es momento de hacer una pausa para respirar y evaluar de nuevo los aportes de las figuras que acabo de enumerar. Este no es un artículo indulgente que pretenda redimir cada personaje de su historia por el simple hecho de ser un genio. Mi intención es redondear la percepción que tenemos de cada autor y reconocerlos como seres humanos, con tremendas virtudes pero también enormes defectos.

En este momento ya no podemos alegar ignorancia sobre lo que acabamos de leer. Quizá ya lo sabíamos, quizá nos negábamos a reconocerlo, pero sucedió. Es nuestro deber sumar estos datos a nuestro juicio crítico para comprender al artista, su motivación y profundizar en su obra. La lectura de lo sublime que pueda haber plasmado es ahora enriquecida porque el autor tiene una forma tridimensional con la que nuestras mentes debe convivir.

¿Podemos separar una obra de arte de su creador? No, porque sin esa mano creativa la pieza nunca hubiese existido. El arte no cree en los milagros. El arte es humano y es hecho por personas con todas sus características y todo lo que ello implica, para bien o para mal.

Lo que sí podemos hacer es definir nuestro consumo de arte desde lo ético y desde lo personal. Por ejemplo yo decidí que mi forma de pensar es incompatible con personas como Woody Allen y Roman Polanski, ambos acusados de acoso y abuso sexual. Simplemente no veo sus películas. También me di cuenta que el caso de Kevin Spacey, acusado por muchos hombres de acoso sexual, me aborda y molesta a un nivel íntimo y por tranquilidad propia, también evito ver su trabajo.

Hay otra acción que también podemos hacer: trabajar para transformar la sociedad. Los casos enumerados son ejemplos de todo lo que su entorno social toleró, escondió o incluso celebraró en su momento. Eso no es el fallo de los autores, sino de todo un grupo humano.

El espíritu que ha impulsado la creación artística en la humanidad nos dice que las personas buenas son mayoría. Nunca perdamos la esperanza en la humanidad.

Juan Pablo Hernández
/

Guatemala. 1986. Arquitecto por profesión, restaurador por vocación e interiorista de tiempo completo. Dicen que soy sensible como defecto.


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COMENTARIOS

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    Francisco /

    20/11/2018 10:52 AM

    Muy buen articulo, me paso cuando empece a conocer las obras de HP Lovecraft me fascinaron, cuando lei su biografia me di cuenta que habian ciertos aspectos de el que no me gustaban, fue un debate muy profundo entre la persona y su obra, tiempo despues lei el libro El Mundo y sus Demonios de Carl Sagan y en una parte el mecionaba, se atacan los argumentos y no a las personas, fue alli donde comprendi que independientemente de la persona, su obra puede ser grande y maravillosa.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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