“Árbol de la esperanza, mantente firme”

¿Qué puedo hacer yo si no soporto siquiera ver las fotos de las zonas afectadas? ¿De qué sirvo para este país que me necesita si no logro ni pronunciar una palabra sin que se me corte la voz?

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Esta es una opinión

Socorristas mapean en área afectada por la erupción del volcán de Fuego, camino a la aldea El Rodeo, kilómetro 93.

Foto: Carlos Sebastián

La estética es un campo complicado, aunque existen teorías y enunciados filosóficos que la perfilan, siempre cae en la subjetividad del observador.

Muchas veces he escrito que el arte no es necesariamente bello, pero internamente he pensado que aunque una obra inmortal sea visualmente fea, su intención es alcanzar la belleza y trascender sobre ella hacia lo sublime.

Veamos un ejemplo:

Detalle “La Muerte de Marat” Jacques Louis David. 1793.

Estamos contemplando los momentos posteriores al asesinato del político francés Jean Paul Marat. Notemos que la herida en su pecho apenas sangra y el arma está fresca en el suelo, el ataque fue seguramente certero. Probablemente su asesina aún está cerca de la escena ¿Cómo soportamos estar aquí? Veamos de nuevo. La mano derecha cae lánguida por el costado de la bañera donde murió, pero aún sostiene con gracia la pluma blanca con la que escribió sus últimas palabras. La pluma contrasta contra el fondo verde que divide simétricamente la composición entre la vida (su tinta y escritos) con su muerte rodeada del color blanco. El rostro del personaje se ve tranquilo a pesar de su violenta muerte, y un gran espacio negro, apenas iluminado, nos permite apreciar la anatomía que palidece camuflándose con el fondo de los paños blancos.

El arte es un sentimiento, el del autor, que se une a otro sentimiento, el del espectador, y ambos se mezclan y provocan eso a lo que los franceses, atinadamente, llaman: Voilá! Una obra maestra. La belleza es un vehículo perfecto para crear sentimientos. En el caso de la pintura de Marat, los sentimientos nacionalistas no se hicieron esperar y el personaje fue recordado como mártir de la Revolución.

¿Por qué estoy hablando de todo esto? Pues, como podrán leer en la biografía con la que me acredito este artículo, varias personas me han dicho que soy sensible… y que eso es un defecto. No soy detractor de estas ideas porque a veces la sensibilidad me paraliza en situaciones críticas y siento que no puedo funcionar sin llorar aunque sea un minuto.

Las noticias recientes de la erupción del volcán de Fuego me apacharon el ánimo y de nuevo me sentí inútil ¿Qué puedo hacer yo si no soporto siquiera ver las fotos de las zonas afectadas? ¿De qué sirvo para este país que me necesita si no logro ni pronunciar una palabra sin que se me corte la voz?

Este artículo surgió mientras terminaba otro mil veces más técnico, que leerán posteriormente en este mismo medio. Mientras lo escribía se desarrollaban las noticias trágicas del pasado domingo 3 de junio, mi corazón estaba devastado de forma similar que las regiones donde decenas de personas perdieron todo, hasta la vida.

Las escenas que todos vimos me paralizaron y la impotencia me ataba la garganta, pero entre tal situación, surgió el reportaje de sobrevivientes y de voluntarios instantáneos que arriesgaron mucho por ayudar al vecino, escenas de familias reunidas, incluso de mascotas rescatadas… y de nuevo triunfó la esperanza.

 

Damnificados por la erupción del volcán de Fuego en albergue de San Juan Alotenango.

Yo creo en la belleza del espíritu humano, esa alma creadora de grandes cosas como el arte y la ciencia. El ánima capaz de compartir la vida y luchar por sobrevivir junto a quien pueda ayudar. Esta fe en lo bello me permite sobreponerme sobre esta sensibilidad que puede ser incapacitante y, en este caso, organizarme junto a otras personas, preparar donativos y compartir información pertinente. Aunque sea.

 

Detalle de “La Creación el Hombre” Luca Giordano. 1686.

La belleza no salvará el mundo, las personas lo harán, pero sin belleza, no hay nada que salvar. Cuando flaqueen las fuerzas, la belleza es el baluarte.

Citando gráficamente a Frida Kahlo: “Árbol de la esperanza, mantente firme”.

 

Detalle “Árbol de la Esperanza Mantente Firme” Frida Kahol. 1946.

Juan Pablo Hernández Paredes
/

Guatemala. 1986. Arquitecto por profesión, restaurador por vocación e interiorista de tiempo completo. Dicen que soy sensible como defecto.


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    B. /

    10/06/2018 2:37 PM

    Qué bello <3 entiendo tu sentir

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Pedro Morales Lemus /

    10/06/2018 12:29 PM

    Tremendo artículo. Posiblemente hay algo que nos identifica.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marco Morales /

    10/06/2018 9:16 AM

    ¡Hermoso artículo!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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