Así es como el arte expresa lo que mira en el interior

“Cuando no fluyen las palabras, veo al cielo y llega la inspiración”, es mi muletilla personal. El cielo, en su inmensidad me ordena los pensamientos y emociones. La riqueza de sus colores y texturas, junto al constante dinamismo diario cautiva cada una de mis hebras. Aunque no siempre me encuentro cerca de una ventana, trato de mantenerme cerca del arte.

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Esta es una opinión

"Cabeza de Carnero con Malva". Georgia O'Keeffe. 1935.

El género del paisaje se ha explotado desde las expresiones plásticas primitivas. Sin embargo, es durante el Renacimiento cuando recobra valor como un tema que muestra la capacidad de detalle del artista, así como su manejo de perspectiva, color y composición. Es allí donde podemos estudiar la delicadeza de los empastes gruesos para acercarnos al primer plano o las transparencias acuosas de los fondos que se funden tenuemente con el horizonte. Sobre todo, también podemos ver cómo la psiquis del artista se plasma y transmite con las atmósferas que crea. Uno de los pioneros es Joachim Patinir (1480-1524) con sus pinturas que usualmente tienen temas religiosos como excusa para mostrar un paisaje. Veamos:

Fragmento de "Paisaje con la Huida a Egipto". Joachim Patinir. Circa 1520

Fragmento de “Paisaje con la Huida a Egipto”. Joachim Patinir. Circa 1520

Este cuadro es de pequeño formato, las imágenes que refieren al tema son miniaturas que únicamente transitan entre el frondoso y verde valle, al pedregoso y desértico refugio, símbolo de las angustias que tradicionalmente refieren estos pasajes. Notemos los colores, la brillantez del día y el contraste del destino.  Veamos también lo alto que se encuentra el horizonte, otra excusa para mostrarnos más paisaje y detallar mejor ese desierto con formas tenebrosas al que, poco a poco, entrarán los protagonistas.

Siglos después, inspirado por esta tendencia, ya en una corriente romántica del siglo XIX, Caspar David Friedrich eleva el paisaje a su máxima expresión evocadora. Fue tal su aporte, que a veces sus obras son referidas como “paisajes íntimos”. En ellos, explora la relación de la persona con su entorno, la escala de los protagonistas contra la magnitud del paisaje desde una relación de equilibrio. Sus pinturas son auténticas muestras de la psicología del autor y nos pueden llevar desde la esperanza, hasta la desolación sin tomar más elementos que los capturados en un instante de visión.

Similar a Patinir, Friedrich pintaba de memoria y componía sus cuadros según el sentimiento que le empujaba a dibujar, con un profundo conocimiento de las texturas y los colores necesarios para recrear el mundo como lo podríamos ver. Este artista nos abre una ventana a su propia mente, este punto es relevante porque representa otro candado roto para la historia del arte, la liberación de la academia y de las normas estéticas que imponía el realismo. El arte vuelve a su sentido propio y personal. Cada obra vale más que mil palabras, o varias horas de terapia.

Estas características forman la base del movimiento expresionista en Alemania a principios del siglo XX, cuando un grupo de artistas empiezan a cambiar la forma de producir y defienden el arte como algo más personal e intuitivo para ver hacia donde no se había visto antes: hacia adentro. Un arte donde se “expresa” la visión interior del artista sobre la “impresión” de la realidad. Una de las obras más representativas de este concepto es “El Grito” de Edvard Munch, donde la atmósfera y sentimiento del personaje se complementan para transmitir el mensaje de tal forma, que el título podría obviarse pero el sentido permanece.

Fragmento de "El Grito" Edvard Munch. 1893. 

Fragmento de “El Grito” Edvard Munch. 1893.

En este punto, creo que es importante coincidir que al menos uno de los valores rígidos del arte es su cualidad como producto sublime.  El expresionismo empieza en la pintura y es bien aceptado en otras ramas, como la escultura y el cine, sin embargo, carece de reglas y se mezcla con otros estilos como el fauvismo y el cubismo. Esto enriquece las formas y técnicas usadas hasta la época, aunque diluye el objetivo de ser una manifestación individual.

El expresionismo es algo que ha sucedido desde que el arte tiene espíritu, desde su inicio, pero hasta este movimiento adquiere nombre, hereda a la posteridad el permiso certificado al artista de salir del canon de la técnica y explorar su propia visión.

Hace unos días pasé por cielos grises y recordé a Georgia O’Keefe, no en sus populares pétalos sugerentes, sino en sus paisajes. El contraste tormentoso del gris y la flor inspiró este artículo.

"Cabeza de Carnero con Malva". Georgia O'Keeffe. 1935.

“Cabeza de Carnero con Malva”. Georgia O’Keeffe. 1935.

Cada día es distinto, cada cielo cambia a cada minuto y podemos estar seguros que cada obra de arte puede ser una ventana a otra mañana, y, como diría Jorge Luis Borges al hablar del amanecer:

“Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.”

 

Fragmento de ilustración "Mañana de Pascua" Caspar David Friedrich. 1835.

Fragmento de ilustración “Mañana de Pascua” Caspar David Friedrich. 1835.

Juan Pablo Hernández
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Guatemala. 1986. Arquitecto por profesión, restaurador por vocación e interiorista de tiempo completo. Dicen que soy sensible como defecto.


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