Cecilia Alfaro, la más hermosa de los colibríes

Ese último fue el abrazo más fuerte que pudimos habernos dado. La vida nos regalaba “la ganancia”, como tantas otras que pedimos en el mercado. Y esta fue la más hermosa: mirarnos el alma a través de los ojos, abrazarnos, viajar juntas a la tierra de los abuelos y compartir con ellos desde el fuego. Ambas sabíamos que pasaría tiempo antes de que esta oportunidad se repitiera.

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Esta es una opinión

Foto: Alberto Perro. Flickr

La fragilidad de tu cuerpo era por mucho superada por el deseo. Desde que nos conocimos en aquel avión en el que el tiempo se nos fue como agua hablando de nuestras vidas y hojeando libros de arte, no recuerdo un solo día en el que dejaras de agradecer la vida o notar lo bella que esta era, aún y cuando te desesperaba tremendamente las múltiples injusticias con las que se aprende a vivir en este país. Aunque la impotencia te abrazara por instantes, siempre supiste devolver el abrazo y ver más allá.

Colibrí, así te veías a ti misma y así terminamos imaginándote. Estar quieta no era lo tuyo, a todos nos pusiste a marchar más de una vez en la vida. Las discusiones contigo eran reales, los proyectos también. Supiste concretar, juntar a las personas indicadas y mover el sistema. Recuerdo a Lola, aquella pequeña personaje de historieta que terminó siendo hija tuya. La imaginaste tan detalladamente que para la artista Cecilia Porras fue fácil dibujarla, darle vida. Lola era una chica que se enfrentaba al machismo cotidiano y que como tú, alzaba la voz cuando se sentía agredida, por minúscula que pareciera la agresión. Lola se sabía distinta, era dueña de sí. Gracias a ti, miles de niñas y adolescentes la conocieron, y con un poco más de visión de las autoridades seguro se hubiese convertido en la Mafalda chapina. Nos faltó hacerla animada, a veces quedan cosas pendientes.

Tu forma de luchar por los derechos de las mujeres, la niñez y juventud dejó de ser la de valkiria cuando comprendiste la fuerza de tu dulzura y así, la pelea se transformó en una oda a la vida; para ello tuvieron que pasar eventos dolorosos, como que las autoridades del Ministerio de Educación le restaran importancia a las capacitaciones y publicación del manual de educación sexual para las y los estudiantes del sistema educativo público. Si con Bienvenido Argueta, Carlos Aldana y Francisco Cabrera tuviste alas para volar, con Cinthya del Águila las cosas comenzaron a entramparse hasta finalmente recibir la paradójica noticia de que el manual “se transformaría”. Un mar de lágrimas subieron desde tu corazón al ver lo complicado que era atravesar estos grandes y pesados muros que impiden que este país se sepa en el siglo XXI.

Aunque Guatemala no tuvo la dicha de verte nacer, sí la de desarrollarte como mujer, como ser humana plena y sabedora de sus posibilidades de transformación. Aún y cuando el ministerio de Educación no fue capaz de llevar a cabo acciones para que la educación integral se hable como se practica, o mejor aún, sin tabúes y a conciencia, tu relato de la tragedia siempre rescató haber conseguido que miles de maestros, padres y madres de todo el país habían tenido acceso a esas capacitaciones y por ello, estabas segura que miles de niñas y jóvenes tendrían una minúscula –pero real– posibilidad de saberse dueñas de su primer territorio: su cuerpo.

“Comprenderse a uno mismo significa sentirse más allá de las palabras dejándose caer en el abismo de lo impensable” sostiene Alejandro Jodorowsky, y tú te atreviste a volar con el corazón abierto hacia ese abismo. Resolver “tus trabes” como les decías, fue prioridad. Te querías tanto que te querías libre y reconocías en ellos ataduras insostenibles.

Maestra, luchadora, amante de la vida, consejera oportuna. Tus hijas fueron tu mayor obra. Tres pedazos de ti que consiguen mantener viva tu esencia y a quienes procuraremos con todo el amor y gratitud. Tuviste la suerte de saberte en tránsito. Llegaste a este mundo como Tz´ikin y te fuiste volando de la mano del Tzi, la justicia. La que te guio.

Ahora hermana-amiga, nos toca verte en cada pájaro, en cada primer rayo de sol. Siempre presente, siempre alerta, siempre dispuesta a apostarle a la vida construyéndola desde el instante. Buen viaje y hasta siempre Ceci querida, en nombre de cada una y cada uno de los que te amamos, de los que fuimos tocados por tu varita mágica y de quienes no tienen ni idea de que fuiste tú, quien con su amor desbordante, cambió sus vidas.

Itziar Sagone
/

Mujer, madre, hermana, amiga, compañera. Disfruta la vida trabajando desde el arte, la educación, las comunicaciones y la sanación alternativa en la construcción de un país en el que podamos vernos y reconocernos, en el que avancemos en colectivo hacia formas más humanas de relacionamiento. Ama caminar por el bosque y vibrar con él desde dentro.


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    Hilda Morales /

    23/01/2018 1:07 PM

    Mejor no se pudo describir la forma de ser, los ideales y la entrega de Ceci en la búsqueda y propuesta para mejorar la vida de las mujeres, los jóvenes y la niñez de Guatemala. Gracias Itziar por plasmar de manera tan inspiradora, la vida de la querida y siempre recordada Ceci

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Yojana Miner /

    23/01/2018 11:06 AM

    Gracias Itziar por recrear en el alma la trascendencia de la vida. Hasta el cielo Ceci!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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