HSM: energía con ocho caballos de fuerza

Se publica el disco/libro El Ocho, la nueva y tercera grabación de Hot Sugar Mama, banda que está a punto de cumplir diez años de vida. Aquí hace una especie de refresh y lo testimonia al buscar, al aventurarse y al experimentar. El motor de todo es su energía.

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Esta es una opinión

Foto: Jorge Sierra

Para el 2004 habían ya bandas emergentes e independientes de rock en la escena nacional. ¿Actuaban nostálgicas e inspiradas en las bandas de la década anterior? Podría ser que ya tenían sus propios motivos y referentes, alejados de tendencias comerciales, por tanto no precisamente nacionales.

Recuerdo que en el 2002, Bohemia Suburbana había anunciado su retiro. En los seis años posteriores, escuché nombres como Horchata Regular Band, Sinattra, Razones de Cambio, Los Miseria, Mofongo. También ya pululaba por ahí el rap de Strate Crooked, Alioto Lokos y Big James.

Recuerdo por el proyecto que conducía Sala de Emergencia en el Centro Cultural de España, a Los Mojarras, Camaleón, Entretodos, Pata de Conejo, Woodser y Hot Sugar Mama. El epicentro favorito del movimiento fue el proyecto cultural Cuatro Grados Norte, que se inauguró en el 2002.

Hago remembranza del primer concierto al que asistí de Woodser, en el Teatro Las Américas. Los teloneros eran Hot Sugar Mama, HSM (2009). Coincidimos con los amigos presentes que HSM era una banda con buena energía, pero dispersa, fanfarrona. Todavía en fase de cocimiento.

Hoy, a nueve años de ello; El Ocho, su nuevo y tercer disco, pone distancia de aquellos días. Tira de bruces para darse cuenta que aquella banda, que comenzó desde abajo, tiene músculo sonoro y claridad de ideas. Se posiciona en un estilo de rock dúctil, con aires retro pero fresco. Con esa energía que persiste, pero ahora con motor de cuatro caballos de fuerza.

El Ocho es un EP que tiene su originalidad. Acá, en efecto, se muestra una banda de rock que no se apoya por completo en un estilo, porque por ratos puede ser garage rock, psychedelic rock, hard rock o power ballad.

De ahí que cada track sorprenda. Por ejemplo el disco abre con “Oh!”, que se arropa de un murallón decibélico propio del garage rock a tiempo medio, matizado y que en su segunda parte, desencadena un estallido vocal e instrumental contundente y decisivo, para convertirla en uno de los temas más importantes de la placa. Pero también uno escucha una banda indie, dulce hasta cierto punto, en “1984”, que por cierto fue ilustrado y acompañado de un videojuego en YouTube.

Sí, en los ocho cortes HSM juega con las emociones del oyente. Además está la rítmica con la que los provee, como las tres con funk presente, “Mañana en la Luna”, por cierto con pizcas de sicodelia. “Cinquecento” una tonada muy solar y expansiva; y la chiclosa “Feel like dancin’”, interpretada en español, otra de las fundamentales de la placa. Y eso, porque descansa en un groove que guarda parentesco con uno de sus referentes, Red Hot Chilli Peppers.

En cambio en “Jerigonza”, la banda se pone beatlemaníaca. Aquí se escucha guitarra acústica, coros, slide guitar con lo que delinean un tema que parece de amor, con un final tipo HSM de cuerpo completo.

El disco no es muy fuerte, pero tampoco es muy suave. En las partes medio ruidosas aparecen fuertes riffs, distorsiones y en algunas partes, cierta sicodelia. No tiene, tampoco, patrones en extremo locos ni caprichosos.

Me resulta difícil identificar bien el sentido de las letras. No está bien definido, además la voz quedó en una capa inferior al resto de instrumentos. Pienso que la banda debió haber incluido las letras en el libro de más de veinte páginas que acompaña la producción: “El fuego, la explosión, la danza”, escrito por Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado. Era el marco apropiado para hacerlo. ¿O acaso sus textos no lo justifican?

Hay que apuntar acá que esta es la primera vez que un grupo nacional acompaña su grabación con un pequeño libro que describe a los integrantes, cómo se agruparon, sus condición emergente y las bandas compañeras con las que nacieron. Igual hay fotografías en blanco y negro. Un trabajo al final de la editora Catafixia. Por último, se explica que es un disco que supuso un esfuerzo económico propio.

En suma, HSM representa un fuerte respiro del rock nacional. Por supuesto, el panorama de la música independiente y emergente está cada vez más robusto. Y en medio de ella se halla esta banda que ejemplifica evolución, entrega, compromiso pero sobre todo disponibilidad para explorar.

Jorge Sierra
/

Lleva quince años dedicado al periodismo musical. Ante cada concierto, disco y encuentro con músicos lleva en mano su libreta de notas. Los programas radiales que dirige le han demandado ser un escucha de amplias miras.


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    Elvis Cocho /

    09/11/2018 1:31 PM

    Creí que se trataba de un artículo sobre el mejoramiento de la vida de los campesinos que no cuentan con energía eléctrica.
    Que bueno que también se recuerde escribir sobre la música, pues también es importante para los humanos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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