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“Mi música suena a revolución”, Sara Curruchich

La cantautora indígena entró al estudio de grabación en Barcelona, de la mano del original e inquieto productor Gambeat. El resultado, trece canciones visionarias llenas de mensaje, de identidad y de ritmos. 

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Esta es una opinión

Foto: Sara Curruchich

Desde que la conozco se muestra sencilla. De sonrisa amplia y expresión directa. Para nada oculta su origen indígena, kaqchikel para más señas. A sus 25 años, Sara Curruchich es una mujer resuelta, empoderada, amante y defensora de la Naturaleza, y se refiere con gran respeto a sus antepasados y a los pueblos indígenas. Esa autenticidad y herencia cultural pero también esa preocupación social encuentra salida, concreción y arte, en su voz, en sus canciones, en su guitarra, en sus conciertos y ahora en su álbum debut Somos (disponible en las distintas plataformas de streaming).

El sábado 13, Sara Curruchich junto a su banda se subió al escenario a defender la nueva producción compuesta de 13 tracks. “Estoy muy contenta, muy feliz, porque este es un material donde trabajó mucha gente. Trabajó mucho y puso su corazón”, lo dice sonriendo a unos días previos a la presentación.

A lo largo de la entrevista, Sara Curruchich por ratos habla en primera persona del plural. Es esquiva con la individualidad, de ahí que reconozca y agradezca cuantas veces pueda que lo obtenido hasta ahora es el resultado del trabajo de sus antecesoras, de toda la gente que le apoya (su familia), de su pueblo. Y en el caso de este disco, de sus compañeros músicos, colegas y productores.

Cuando la entrevisté por primera vez (2015) -ya había cantado con el grupo de rock indígena B’itzma Sobrevivencia-, comenzaba a construir su carrera y andaba con guitarra en ristre. Poco a poco sus canciones fueron creciendo hasta requerir una pequeña banda y ahora ya es una banda de seis músicos.

—Cuando le conocí recuerdo que ya le preguntaba ¿cuándo iba a grabar su disco?
—Desde que comencé a escribir las canciones, nos pasa a los que las hacemos, soñamos o anhelamos que algún día las podremos tener o escuchar ya grabadas en un disco. Quizá en el camino va yendo por ahí poco a poco. Así ha sido para nosotros, para mis compañeros en el proceso de producción. Ha sido un camino muy lindo porque quizá ese disco lleva mi nombre, pero no soy la única que lo ha trabajado.

—¿Fue difícil culminar la grabación?
—La realidad que fue algo interesante. Grabamos en Guatemala unas canciones, pero empecé hacer la preproducción en Francia y hacer netamente la producción en Barcelona, España. Otra alegría grande fue porque tuvimos la oportunidad de compartir con gente que ha trabajado con algunos artistas como Manu Chao y Amparanoia, canto a dúo con Amparo Sánchez y con Raúl Paz, en fin artistas que han tenido una carrera bastante fuerte y reconocida internacionalmente. Son personas maravillosas y profesionales. De manera que grabar este disco el año pasado, entre marzo y junio, significó un gran reto para mí. Fue un regalo que jamás cambiaría por nada y fue de enorme aprendizaje.

—¿Cómo ha sido construir una nueva sonoridad, por cierto muy distinta a sus inicios?
—Ha sido un proceso enriquecedor y muy diverso. Esto es algo muy lindo que me gustaría resaltar, porque justo la primera vez que yo cantaba con una banda fue en el Gran Hotel. Luego seguí sola con la guitarra. Aquí en confianza les cuento que en estos últimos días que he estado ensayando con la banda recordé cómo empecé y pensé en cómo estoy ahora. Volviendo al tema, pensar en una sonoridad, tratando de buscar qué sonidos actuales me gustaría incorporar, ocurrió cuando trabajamos este disco. Hubo un momento en el que buscando, sonó un ritmo de reguetón y en ese ratito se me hizo muy gracioso porque pensé: “¡Suena bien, no!”. Mi canción no había nacido así. Es de mucho aprendizaje pasar por ese tipo de escuchas, probar esos nuevos complementos y ver que sí pueden quedar bien, en equilibrio y donde yo me pueda sentir muy cómoda sin perder la esencia.

—¿Somos contiene canciones que sacan fantasmas interiores, curan, interiorizan, rechazan o qué tipo de canciones ofrece?
—Todas las canciones tienen una historia. Recuerdo que alguien me dijo el año pasado: “Pero no se puede escribir una canción de un primo, de un tío, de una vecina”. En cambio yo pienso que justamente de esas historias es que nace la profundidad de una canción o de una poesía. El material entrega historias de personas, otras inspiradas en las luchas de otras personas o momentos que han tenido otros. Y eso, creo que hace que también las canciones sean diversas, tengan una fuerza muy grande. Para mí, eso representan.

—¿Significa que son autobiográficas? ¿Esas historias tienen mucho peso en su vida?
—Sí. Hay una canción que se llama Ave, que nació por un amigo que tuve, que quise y quiero como un hermano, que murió por la violencia que hay en Guatemala; Niña está inspirada en una pequeña parte de la historia de mi mamá y de mi papá; Abriendo la voz, es nueva pero que representa mucho para mí. Como he dicho, estamos en un tiempo donde no podemos autodenominarnos en ser los primeros en hacer algo, cuando en realidad hay muchas personas que nos han antecedido. Estar acá significa seguir quizá rompiendo estereotipos, estigmas que recaen sobre los pueblos indígenas, de mujeres indígenas. Es importante decir que, a pesar de ello, seguimos luchando. Ahora yo estoy teniendo muchos regalos, muchos privilegios por todas esas personas que me antecedieron, pero yo también quisiera dejar algo a las niñas, a la juventud. Las niñas o niños no solo son el futuro sino también son el presente y están aquí.

—El disco tiene trece tracks
—Son trece canciones porque es un número importante en nuestra cultura, es algo que tratamos de tener, de sentir, de soñar. Es el equilibrio.

—¿A la primera las canciones salieron en kaqchikel o en español?
—En kaqchikel. Bueno, si nacen en kaqchikel es que son pensadas y sentidas en kaqchikel y se quedan en kaqchikel, lo mismo pasa en español. Las que canto en kaqchikel tienen para mi algo muy valioso, porque muchas de las conversaciones que sostuve con los abuelos y abuelas son en nuestros idiomas maternos. El idioma forma parte importante de nuestra identidad. La canción Ixoqi’ (canta a dueto con Amparo Sánchez) relata una plática que tuve en un sueño con mi abuela. Creo que esto no solo pasa con esta canción sino también con el resto, pero la esencia nunca se va a poder traducir o decir con exactitud.

—Al escuchar algunas canciones me pregunto ¿cambió de estilo o se abrió a nuevas rítmicas?
—Me abrí a nuevas rítmicas.

—¿Y encontró lo que buscaba?
—Me siento muy cómoda. Algo que creo que se siente con este disco es que tiene mucha energía, una alegría muy grande y me siento cómoda con eso. Porque también esta música es gozo, felicidad, armonía, es esperanza. En estos tiempos suena como revolucionaria. Es algo nuevo para mí también porque las había escuchado cuando las tocaba con la guitara y batería, pero ahora suenan mucho más amplias.

—¿Sara seguirá cambiando el estilo?
—No podría asegurar nada (risas). Pero lo que sí es cierto es que ya estoy pensando en las siguientes canciones que vendrán pronto.

—¿Qué aprendió al final de esta grabación?
—En todo este proceso la música me enseñó que es una manera de solucionar el racismo, la exclusión social, la discriminación y toda esa desigualdad social. Es una manera de tejer un puente entre culturas, entre el espíritu y el alma que también tenemos con la Madre Tierra, entre nosotros y nosotras. También aprendí que nuestras voces se tienen que expandir sin miedo por todo el mundo, por todo el universo.

—¿Y también aprendió que ahora prefiere el estudio de grabación que el escenario?
—(Ríe) Por supuesto que me gustaría repetir toda la vida lo experimentado en el estudio de grabación, pero me gusta compartir mucho con la gente, y no tiene que ser precisamente en una tarima. Puedo estar en la esquina de la calle compartiendo con la gente. Ese es el mayor y hermoso regalo que nosotros los artistas podemos tener.

Jorge Sierra
/

Lleva quince años dedicado al periodismo musical. Ante cada concierto, disco y encuentro con músicos lleva en mano su libreta de notas. Los programas radiales que dirige le han demandado ser un escucha de amplias miras.


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