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Patria, palabrota añeja

Hace ahora noventa y ocho años, el jolgorio de los universitarios de la época, sintetizado por Miguel Ángel Asturias, José Luis Balcárcel, Alfredo Valle Calvo y David Vela, plasmó en mordaces estrofas las debilidades patrias a ciento un años de su formal nacimiento, señalando de paso a los corifeos de aquellos males, en particular la iglesia católica y los chafarotes. Daban cuenta los universitarios, de la decadencia política que envolvía la actividad del Estado, conjuntaban penas, sinsabores y crítica en recios versos, que el genio musical de José Castañeda transformaría en melodía popular: La socorrida Chalana. Baste con la aceptación que aún ahora tiene aquella pieza, para conocer de primera mano, la visión de los guatemaltecos sobre el concepto de patria.

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Esta es una opinión

Foto: Carlos Sebastián.

Los contenidos del poema estudiantil son el resultado de la aplicación del sentido común, al examen de los primeros cien años de la patria. En donde quedan en evidencia, desde los “hediondos males” hasta el señalamiento de sus causantes: liberales y conservadores. Ahora noventa y ocho años después de aquella inspiración y ciento noventa y nueve de formal patria, parece que la historia se repite, paso a paso, punto por punto. Miren si no. A los malos bichos sin conciencia, de Asturias y compañeros, ahora les llamamos pacto de corruptos, son estos quienes tienen a “la patria prisionera y le chupan inclementes” hasta el último suspiro.

Sin pretenderlo sus creadores, o quizá sí, legaron un profundo diagnóstico de la situación de la patria vista desde las primeras décadas del siglo pasado. Hoy a noventa y ocho años, del nacimiento de aquel compendio de versos populares, y motivados por el ciento noventa y nueve cumpleaños de suscripción del Acta de Independencia, hemos hecho el ejercicio de sobreponer aquellos versos, sobre el estado de la patria aquí y ahora. El ejercicio, hay que decirlo no ha sido muy difícil, la patria hoy como ayer: “es una vieja que esta desacreditada”. Las deformaciones de su estructuración, intereses mezquinos y exclusión son parte de la explicación para la tragedia.

Un elemento que borbota al escudriñar causas de aquel descrédito y envejecimiento prematuro es que aquello no es atribuible a sus mejores hijos: pueblos indígenas, campesinos, estudiantes, poetas, intelectuales, trabajadores, hombres y mujeres, incluso habrá políticos a quienes deberemos eximirlos de la venta en pública subasta de los intereses patrios. Causas y causantes hay que buscarlos en milicia, oligarquía almidonada y huestes políticas: liberales, conservadores, y su correlato de herederos: arropados de anticomunistas. Lo cierto es que, a noventa y ocho años de la Chalana, la patria no recupera sus valores intrínsecos. Durante la cuasi centuria transitada, sus administradores -con las consabidas excepciones- han sido contestes en devaluar la patria hasta llevarla a valer “menos de cuatro reales”. Como en los años veinte del siglo pasado.

Penosas similitudes atraviesan la historia patria: “vuestros jueces a millares, que la justicia vendieron” decían los muchachos en mil novecientos veintidós. Ahora, uno de los problemas centrales de la patria, es justamente la calidad de la judicatura, es inmensa la cantidad de señalamientos en relación a jueces y magistrados que la población sabe: la justicia vendieron. Es prolijo el dossier de casos de escándalo público en las últimas décadas, en donde se involucra a operadores de justicia. Al grado que Naciones Unidas, envió a nuestro pedido una Misión de Apoyo a la Justicia. Cuyo decurso es ampliamente conocido. La novedad, ahora, es que asistimos a una trenza entre parlamentarios del pacto de corruptos y una parte de la judicatura.

Hace noventa y ocho años, los estudiantes hacían mofa de los chafas, les consideraban, sin ética, virtud y valor, alejados de conceptos de patria, “en la paz carrera hicieron”, decían los muchachos. Nada parece haber cambiado en aquello, o quizá las formas. Ahora usufructúan los dineros y el poder patrio, sin esfuerzo alguno y sin retribuir a pueblo y sociedad, absolutamente nada. Hasta hace pocos años vivíamos bajo regímenes militares nefastos, que, sobre la fuerza de las armas y una legión de orejas a su servicio, sojuzgaron a la intelectualidad y trabajadores desarmados. La milicia sostiene el aparato de poder político a cambio de presupuesto holgado, sin rendición clara de cuentas, altos salarios para oficiales y miseria para la tropa. Eso al margen de perdonárseles pública e institucionalmente, sus pecados de corruptela.

En Asturias y compañeros, no se salva ni la “Santa Madre Iglesia”, se le señala por su vínculo con poderes terrenos, antidemocráticos y corruptos. La diferencia con el hoy es que no se puede ahora señalar en exclusiva, como en aquellos días, a los “curas monigotes” ahora la “clerigalia” ha crecido exponencialmente, involucrando a una variedad de ministros de culto, que se han sumado -con excepciones- a cortejar y bendecir, sin la menor vergüenza al poder político y corrupto a cambio de prebendas de poder, como cualquier mortal. Peor aún, ministros de todos los cultos, han resultado entreverados, en graves casos de violaciones y abusos sexuales en contra de menores de edad.

El entreguismo de los bienes patrios, a poderes extraterritoriales es duramente enjuiciado por los muchachos de antes -para usar frase ajena-, sobre aquello dijeron: “en este país de traidores. La venden los liberales como los conservadores”. En columna anterior referíamos algunos ejemplos de traición a los intereses patrios, en el hoy: país seguro muy fresco, cesión de TCQ en Puerto Quetzal, Oberdrech, explotación petrolera en laguna del tigre. Sin embargo, el que quizá, sea el cambio más significativo en las formas de la venta patria sea la promiscuidad entre políticos, militares y empresarios con el crimen organizado, particularmente transnacional.

Como se ve hemos superado, en montos las hipotecas de patria vía créditos, la otrora cesión de tierra a ciudadanos Belgas en Izabal, a la compañía frutera, o las generosas “ventas” de tierra a Alemanes en Alta Verapaz, hechos, que si no fuera por su impacto negativo en la sociedad y pueblos indígenas, hasta parecerían decentes, en comparación con la cesión de territorios, puertos, aeropuertos y fronteras, para el trasiego de productos ilícitos, sin rectado, ni asomo de vergüenza. Los liberales y conservadores, se ven en ello, como niños de primera comunión.

En suma, el examen de la patria realizado en mil novecientos veintidós parece tan vigente, y aplicable hoy, que como dice el poema estudiantil, continúa intencionalmente desacreditada. Triste, pero es así. Los estudiantes de inicios del siglo pasado propusieron una fórmula de escape a aquellos pesares: reír de la clerigalia y de los chafarotes. Medicina obviamente temporal, que hemos aplicado por generaciones, y que sabemos no resuelve el fondo del asunto.

Ya en la parte seria lo que Asturias y compañeros, hicieron entre juerga y lucha política fue emplazar a esta sociedad a derribar los muros coloniales del oprobio que no logró hacer, la suscripción del Acta de libertad condicional de 1821. Hay que ir al fondo. Esto implica cambiar las determinantes básicas del Estado, ir hacia el anunciado bien común, ética en la política, en la justicia, en la gestión pública, y en la sociedad misma. No podemos negar, que este pueblo y especialmente su juventud ha luchado por conseguir aquellos valores. Los diferentes períodos históricos así lo atestiguan: allí está octubre 44´, la insurrección de los treinta y seis años, la botadura de Otto Pérez Molina, los cimbrones a Jimmy Morales. Hechos históricos que han buscado devolver dignidad a la patria, a sus hijos, sin exclusiones.

Ha sido a muerte -literalmente- la lucha por construir a partir de la política y la organización social una posibilidad para los pueblos de este país, una reconceptualización de los valores patrios basada en los derechos humanos. Es decir, un Estado con opción preferencial por los pobres. Así, que a menos de un año del poco cacareado bicentenario independentista, romper con la afrenta del uso del Estado en contra de los intereses patrios, debiese ser el mayor ahínco de los sectores nacionales.

Parece un momento propicio para el encuentro entre organización social y política decente, con el objetivo de aislar, a aquellos que han hecho de esta patria llamada Guatemala una “palabrota añeja, por los largos explotada”. Tremenda tarea sobre estas generaciones, por revertir la profética palabra de los universitarios del año 1922, en el siglo pasado. Todos: hombres y mujeres, tenemos la palabra y esperamos, la acción.

Helmer Velásquez
/

Es Abogado y Notario de Profesión. Promotor social de vocación. Con un largo recorrido en trabajos del desarrollo y la defensa de los derechos humanos y la construcción democrática de Guatemala.


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    Luis Paraiso /

    29/09/2020 12:19 PM

    Que hacemos entonces don Meme? Los que saben leer y que leen su articulo van a aspirar profundamente el aire y entre cerrando los ojos buscaran la mina de recuerdos que les traen sus palabras. El problema son los otros los que no saben leer, creo que los mas interesados en que el pueblo sepa leer y escribir son los periodistas, los escritores, los sordos, los poetas, los mudos, pues es su útil de trabajo la lectura y la escritura. Es como si invirtieran en su propia maquinaria y cuando un tipo aprende a leer es como si ellos abrieran una sucursal y es ahí donde entra usted con ese lenguaje lleno de nostalgia y de reproches contra una oligarquía que se burla del pueblo. Ahí comprenderán lo que usted escribe sabrán que lo que usted escribe es verdad y querrán pedir explicaciones y porque no, ser diputados obreros, diputados agricultores, diputados de tercera edad imagínese usted que es mas fácil de llegar a ser diputado o presidente porque se es homosexual y no porque se es antes de todo CIUDADANO. Es el caso decir la gente en vez de avanzar va de retroceso.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!



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