Preservar la arquitectura, fundamento de nuestra identidad: ¡Oh, revolución!

Si el desarrollo destruye a su paso los signos arquitectónicos de cada época, en realidad es depredación. Los edificios y monumentos que guardan nuestra historia, también salvaguardan nuestra identidad.

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Imagen: Juan Pablo Hernández

Amaneció. Es 20 de octubre, un viernes con un cielo despejado y olor a pólvora en el ambiente. Los vecinos ven tanques por las calles, también hay heridos y fallecidos a cada tanto. Suenan bombas, en la ciudad se ve que Matamoros y San José Buena Vista están en llamas.

A las 10:30 el gobierno se rinde. Ha triunfado la Revolución.

Frente al muy joven edificio del Palacio Nacional, inaugurado apenas 11 meses antes de este día, se empiezan a congregar los ciudadanos. Las fotografías serán inmortales pero Guatemala ya no será la misma. Esta ciudad entró a la modernidad.

Tanques frente al Palacio Nacional el 20 de octubre de 1944

El movimiento moderno fue una reacción estética y filosófica ante la separación entre las artes y la practicidad del diseño, que se dio de gran forma en la arquitectura global. Esto, luego se extendió a muchas disciplinas desde la fundación de la escuela Bauhaus (Gropius, 1919).

Guatemala tardó mucho en sumarse por múltiples razones, como los traslados de la ciudad, la constante amenaza de terremotos y la falta de una facultad de arquitectura en el país.

Afectó también la ausencia de investigación de nuevos materiales de construcción y la visión del dictador Jorge Ubico, que celebraba una arquitectura “colonialoide” con influencias mexicanas, francesas y españolas, que ahora conocemos como “ecléctica”.

Irónicamente fue el arquitecto preferido de Ubico quien logró romper con el esquema del expresidente. Hablo de Rafael Pérez de León que ganó reconocimiento por edificios ubiquistas que marcan la ciudad como el edificio de Correos, el palacio de la Policía Nacional y el Palacio Nacional.

Pérez de León fue director de Obras Públicas durante la presidencia de Juan José Arévalo. Apenas meses después de la Revolución, empezó los trabajos del actual edificio del Conservatorio Nacional de Música (3 avenida y 5 calle. Zona 1), considerado como un edificio transicional entre el Art Deco y el Modernismo.

Pasó un poco más de tiempo para que el mismo arquitecto inaugurara el edificio de la Biblioteca Nacional, que en su concepción original suma muchos de los preceptos de la arquitectura moderna y es considerado como ejemplar para esta corriente.

La mecha empieza a quemarse y pronto la ciudad se transforma.

La renovación de la Nueva Guatemala de la Asunción provoca una gran experiencia plástica en el país. De esta época, surgen grandes nombres como Dagoberto Vásquez, Carlos Mérida, Jorge Montes, Roberto González Goyri. Sus obras hacen aportes importantísimas para el urbanismo, la arquitectura, pintura, escultura y diseño.

Pocos años después también se logra la apertura de la facultad de Arquitectura de la USAC lo que asienta la enseñanza y continuidad del diseño en el país.

“Triptico de la Revolución” de Rodolfo Galeotti Torres y Escuela Tipo Federación, zona 12.

Sin embargo, estos cambios estéticos no se dieron simplemente por una adopción de formas extranjeras, sino que correspondían a un ideal humanista, promovido por Juan José Arévalo.

Para Arévalo, el valor de un objeto de diseño, se convertía en un vehículo para que el ser humano desarrollara sus máximas capacidades creativas, productivas y educativas.

Para ejemplificar lo anterior podemos tomar el caso de las Escuelas tipo Federación, modernos edificios utilizados como centros de enseñanza multidisciplinar, un ideal pedagógico trasladado a la arquitectura.

Arévalo también fue responsable de la Ciudad Olímpica, el IGSS (que posteriormente tuvo su propio edificio en el Centro Cívico) y el Conservatorio de Música. Cada edificio creado para satisfacer necesidades particulares de la ciudadanía como salud, educación, deporte y arte.

El arte tiene un componente histórico y social pero sobre todo contextual. Si aprendemos a comparar los hechos con el arte, podemos encontrar puntos que se atraviesan entre sí y nos dan una visión general más rica.

La arquitectura, bastión de nuestra identidad

Ya que conocemos esta fase de la historia reciente del país, la invitación es a valorar la arquitectura y diseño surgido en esta época. Cada vez son más las edificaciones modernas que desaparecen en aras de un desarrollo contemporáneo, carente de visión crítica.

Si la noción de desarrollo no respeta el contexto y la importancia de los bienes que guardan su historia, en realidad es depredación. Basta ya de destruir el Patrimonio artístico moderno de Guatemala. Las próximas generaciones requieren de estos antecedentes para fundamentar su identidad.

Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Efraín Recinos.

La historia avanza a cada minuto y lleva con ella todo a su paso, los productos de este avance solo pueden ser medidos en la distancia que recorren y la importancia que conservan para quienes los van conociendo.

Juan Pablo Hernández
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Guatemala. 1986. Arquitecto por profesión, restaurador por vocación e interiorista de tiempo completo. Dicen que soy sensible como defecto.


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    NdeL /

    20/10/2018 11:58 PM

    Es paradójico que hace casi 70 años, la población de Guatemala era muy pequeña en relación a la actual, y sin embargo se edificaron obras como las indicadas en el artículo anterior, destacándose dentro de estas, la ciudad olímpica, que creo no tiene comparación con nada de lo edificado en los últimos tiempos. Ahora, se inauguran con bombos y platillos, tramos carreteros de 7 kilómetros que forman parte de una obra inconclusa, cuando al haber una mayor población y se supone, mas ingresos en el Tesoro Nacional, deberían edificarse obras aún mayores a las indicadas. Por lo visto, como vamos en retroceso, dentro de poco también se estará inaugurando bacheo a calles de 100 metros.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    JM Magaña Juárez /

    20/10/2018 1:03 PM

    Excelente artículo de Juan Pablo Hernández, del 19Oct2018, "Preservar la arquitectura, fundamento de nuestra identidad: ¡Oh, revolución!"

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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