Una guía para encontrarle forma a la crítica del arte

Para agrupar las obras de de arte de personas que vivieron en distintas épocas y lugares en una misma categoría se requiere saber un poco de geometría.

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Esta es una opinión

Composición con rojo, amarillo y azul. Piet Mondrian, 1931.

Muchas veces me han preguntado sobre qué ver en una obra artística más allá del tema, el color y el estilo, y yo respondo que encontrarle forma a la crítica del arte es mucho más sencillo de lo que piensan.

Empecemos con una pregunta: ¿Cómo podemos agrupar en la misma categoría de artistas a personas que han vivido y se han expresado de formas tan distintas y distantes? Pues creo que están más cerca de lo aparente, pero hay que saber un poco de matemáticas, mejor dicho, de la rama matemática de la geometría. ¿Matemáticas? ¿Geometría? ¡Noooooo…!

Tranquilo, sólo voy a hablar un poco de formas básicas (por ahora), prometo no hacer examen al terminar. De hecho, quiero que platiquemos de un valor fundamental de las obras artísticas: la composición.

Veamos las siguientes piezas y tratemos de identificar el elemento común:

 

Edipo y la Esfinge. Reproducción de una urna griega clásica. Circa 470 a.C.

 

La transfiguración. Rafael Sanzio, 1520.

 

Manos dibujando. M.C. Escher, 1948.

 

¿Lo notas? Es muy sencillo. Las tres obras están inscritas en un círculo. ¡¿Cómo?!

Me alegra tu pregunta y entusiasmo. Volvamos a ver.

 

 

En el plato, el formato es obvio y condiciona la forma en que se va a llenar el espacio central, sin embargo, notemos la proporción de las figuras cuidadosamente acomodadas en el lienzo que les queda a la medida. Siguen la forma de los ángulos y arcos que las confinan.

Con Rafael y su Transfiguración es más interesante. Veamos como toda la acción cabe dentro del círculo que es definido por manos, brazos, cabezas y el espacio central es ocupado por Cristo y su resplandor de nubes iluminadas, como tema principal. Las esquinas se vuelven complementos y espacios de relleno para llevar la vista hacia el centro que es lo más importante de la pieza. El verbo y la razón de ser del cuadro. La única figura que se encuentra fuera de esta forma es el narrador, un evangelista que tiene el libro abierto y nos relata lo sucedido con lujo de detalle.

 

 

Algo similar hace M.C. Escher, pintando una acción infinita que cuidadosamente recorre los bordes de una circunferencia imaginaria que podemos percibir, incluso, en movimiento rotativo como una rueda.

Los ojos y la mente humana tienen la tendencia de buscar aquello que es fácilmente identificable, a esta cualidad se le conoce como Gestalt, una palabra alemana para llamar a la “forma” o “configuración”.

Este es el momento en que las clases de primaria sobre geometría básica vienen a ser útiles. Recordemos los triángulos, cuadriláteros y polígonos y busquemos en los museos y catálogos de arte:

 

Tormenta en el Mar de Galilea. Rembrandt,1633.

 

Rostro de Mae West como un apartamento surrealista. Salvador Dalí, 1935.

 

Napoleón entronizado. Jean Auguste Dominique Ingres, 1806.

 

A principios del siglo XX surgen los movimientos de vanguardia artística en todo el mundo y con ellos comienza de forma acelerada la popularidad de la abstracción plástica. La teoría de la abstracción ve los ejemplos anteriores y empieza a reducir sus elementos a formas básicas construyendo con estas unas composiciones geométricas que guardan similitudes como la proporción, dirección de las líneas y poder expresivo de las formas. De alguna forma este cuadro del ruso Rodchenko es una forma de interpretación de La transfiguración de Rafael.

 

Composición 61. Aleksandr Rodchenko, 1918.

Al llegar a las raíces de la expresión de pintores clásicos y universales, logran echar a andar con aires renovados una nueva geometría libre para experimentar, y se escribe de forma práctica la Teoría de la Forma y la Psicología de la Gestalt basada en las interrelaciones entre polígonos y volúmenes geométricos como principio compositivo.

 

“La Casa de la Cascada.” Frank Lloyd Wright. 1935.

Este artículo no es suficiente para detallar todas las posibilidades que nos da el manejo de las formas básicas que pueda dar un autor, pero es importante conocerla para valorar una pieza. Es momento de mencionar que este análisis tan sencillo ha ayudado a reconocer si alguna obra está incompleta o fue modificada en algún momento de su historia.

Por ejemplo, a través del análisis compositivo, se determinó que la escultura griega de “Laoconte y sus hijos” fue armada de forma errónea desde su descubrimiento hasta 1957.

 

Laoconte y sus Hijos. Original circa 160 a.C. Foto de cómo fue armada desde 1540 hasta 1957.

 

Laoconte y sus hijos. Tal y como se observa desde 1957 a la actualidad.

Notemos que la composición se convierte en una pirámide, lo que es congruente con los ideales estéticos y geométricos de la época.

En fin, a veces las cosas más evidentes están ocultas para el ojo distraído, pero estamos en capacidad de encontrarlas, disfrutarlas y aprender de ellas. Creo que si logramos comunicar la vista con la mente al momento de observar una obra de arte, indudablemente ejercitaremos nuestro corazón. En mi caso, Diego Velázquez puede ser un buen entrenador de cardio, obvio.

 

Coronación de la Virgen. Diego Velázquez, 1644.

Juan Pablo Hernández Paredes
/

Guatemala. 1986. Arquitecto por profesión, restaurador por vocación e interiorista de tiempo completo. Dicen que soy sensible como defecto.


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