Una obra de arte, mil lecturas

Hay ocho notas en un pentagrama. Un limitado número de letras en cada alfabeto. Aún así, la humanidad no ha dejado de crear. La creación artística es tan generosa que aún para nosotros, críticos o críticos en potencia, la sometemos a un proceso de creación propio, el de nuestra lectura personal.

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Esta es una opinión

"El Autobus". Frida Kahlo. 1929.

La diversidad de opiniones sobre una obra de arte se convierte en parte de su aporte y bagaje. De hecho, considero que es fundamental para considerar una pieza como trascendente, o escrito de otra forma, dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero nadie dijo que esas palabras tendrían que ser de la misma persona.

Hace poco en mis redes sociales me encontré con el tuit de una estimada cuenta que decía sobre el siguiente cuadro: “Parece que ha tomado una decisión.”

“Sol Matutino”. Edward Hopper. 1952.

“Nunca la había visto así”, fue mi reacción inmediata. Mi lectura tomaba otro sentido, yo veo un retrato de la nostalgia, la protagonista parece abrazarse a sí misma de la misma forma en que el sol que entra por la ventana trata de hacerlo, su cama, apenas desarreglada, me hace dudar si realmente ha dormido algo durante la noche previa, aunque en general reina la calma. Un detalle me cambió el discurso, su mirada se encuentra fija en el horizonte, retando al día, esperando la plenitud de la mañana. Puedo percibir que está a punto de levantarse y hacer algo, convertirse en verbo.  Alguien más agregó que probablemente sólo está pensando en qué desayunar.

La verdad es que todas las interpretaciones son válidas y nos enriquecen la experiencia artística, probablemente el artista tuvo una visión clara de lo que le movía para crear, pero al lanzar la obra al tiempo, la vida que esta tenga se debe a la apreciación de cada observador. Así va recorriendo el arte toda la historia, como un seguimiento de reacciones que podemos acumular, ordenar y clasificar hasta que se forme un nuevo proceso creativo uniforme, lo que podría ser un nuevo estilo artístico interpretado como un cambio de paradigma sustentado en experiencias artísticas previas.

Volvamos a ver a la mujer sobre la cama de la pintura anterior, pues se trata de una pintura realizada por el estadounidense Edward Hopper a principios de los cincuentas, a mitad del siglo XX. Hopper fue un gran pintor moderno, famoso por sus retratos de mujeres en soledad, su estilo carece de elementos decorativos y se enfoca en la composición de la figura, la riqueza del color y el control evocativo de la iluminación. Algunas veces es obvio que referencia a pintores tan importantes como Vermeer (Holanda. 1632-1635), del barroco al siglo XX en un pincel.

Fragmento de “Chica Leyendo una Carta”. Johannes Vermeer. 1659.

Por ejemplo, veamos a esta muchacha leyendo una carta frente a la ventana. Notemos las similitudes que probablemente Hopper homenajea; el espacio en que se encuentra la protagonista es un entorno íntimo iluminado por un sol débil lateral, probablemente el de una mañana. Siendo más técnicos, veamos también el diálogo que hay entre los colores, la composición cuidadosamente cuidada para realzar, al centro, a esta mujer que lee una pieza arrugada de papel. ¿Quién le habrá enviado la carta? ¿Serán buenas noticias? ¿Y si la escribió ella? Las preguntas son infinitas, la sensibilidad para plantearnos cada escenario es lo que nos ayuda y motiva a recorrer el arte con sed de respuestas. El poder evocativo del arte es y será siempre el motor de lo sublime.

Comprendamos que el proceso creativo no termina al momento de firmar la obra, este proceso es infinito y se da con cada encuentro que tenemos con la pieza.

Hagamos otro ejercicio, esta vez con una pintura de Frida Kahlo que muchos consideran “inmadura” o “formativa”:

“El Autobus”. Frida Kahlo. 1929.

Esta vez, con un poco de contexto: Frida Kahlo sufrió un accidente en un trolebús en el año 1925 que la dejó severamente lastimada e infértil, dependiente de su familia y su cama por mucho tiempo. Ahora preguntémonos ¿Qué personajes viajan en este bus? ¿Quién está al centro? La chica de la derecha se parece a Frida ¿Por qué hay un pañuelo que parece que puede ahorcarle? ¿Por qué el niño está de espaldas? ¿Qué paisaje vemos? ¿Cómo nos hace sentir la escena? ¿Dónde nos situamos frente a estos personajes? ¿Nos gusta esta pintura?…

El objetivo de este artículo es más que una reflexión sobre los mensajes que podemos percibir en una obra de arte, es una invitación a no callar nuestra opinión. Hay algo triste en notar que muchas personas se apenan por emitir sus comentarios porque consideran que no conocen lo suficiente para ser tomados en serio, reconozco que esto se debe al elitismo histórico que se le ha dado a la crítica artística, pero este espacio cree y defiende la democracia de la belleza, lo sublime, la sensibilidad y el arte. Todos los comentarios son bienvenidos.

Critiquemos.

Juan Pablo Hernández
/

Guatemala. 1986. Arquitecto por profesión, restaurador por vocación e interiorista de tiempo completo. Dicen que soy sensible como defecto.


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COMENTARIOS

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    L. Vásquez /

    30/10/2017 9:09 PM

    Me gusta el Vermeer, la luz, la técnica. Creo que ella recibió la carta de alguien que no volverá...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    AID /

    30/10/2017 12:59 PM

    Aplausos!!! Feliz de leerlo!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    blue /

    30/10/2017 11:02 AM

    Me gusta la de Frida. Gente dispuesta a vivir la vida, no se complican. Las otras 2 parece que nos les falta nada pero no saben que hacer.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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