Cita a ciegas y comer sin abrir los ojos

Una experiencia distinta donde el único sentido que no se usa para degustar es la vista. Comer, una de las cosas más placenteras de la vida. Para algunas, la razón suficiente para asistir a una cena a ciegas, no porque no conociera a mi acompañante sino porque sería a oscuras.

Cotidianidad Gastro P258

Participé en una que se celebró en el Hotel Intercontinental, y quedé apantallada.

Desde la experiencia hasta la cocina, a pesar de algunos pequeños inconvenientes, me pareció una idea bien ejecutada.

Fui de las primeras en llegar pero la actividad no empezó a la hora acordada. La espera fue acompañada de un vino que, a pesar de ser bueno, estaba demasiado caliente para poder apreciarlo. El video que presentaron fue un tanto gracioso y explicativo, y me ayudó a lo largo de la comida.

Para ingresar al salón, donde no había iluminación, debíamos colocar una mano sobre el hombro de quien iba delante de nosotros, los guías eran los meseros no videntes que recibieron un entrenamiento especial para atendernos. No puedo opinar por todas las mesas. pero los nuestros fueron geniales.

Fue una experiencia sensorial en todos los planos. Mientras eras guiada a la mesa y colocada en la silla tomada de la mano, el resto de la tarea eras dejado a tu propio ingenio y habilidad. Ubicar dónde estaba todo no fue tan difícil, pero después de tomar un trago volver la copa a su lugar si fue toda una experiencia. Normalmente no vemos la comida mientras la llevamos con cubiertos del plato a la mesa, pero al hacerlo a ciegas se vuelve mucho más difícil. Algunos en la mesa contaron que se dieron por vencido y prefirieron comer con las manos.

En la mesa cada uno logramos ubicar la copas y el plato con dos panes. Me decepcionó un poco percatarme que sería el mismo vino (caliente) para todos los platillos, pero esto pronto pasó a segundo plano.

Empezamos con un platillo del chef Erick Vogue, del hotel Real Intercontinental: tiras de papaya rellenas con mousses de mariscos que formaban un cubo y una salsa suave, la textura perfecta, un buen inicio. Luego nos sirvieron los mejores ravioles que he tenido el gusto de probar, en este caso del chef Christian Rossell, de Pecorino. Estaban rellenos de pato, con unos chicharrones encima y una salsa magnifica que hacia querer lamer el plato. Creo que más de alguno lo hizo porque nadie lo miraba.

El siguiente plato maya estuvo a cargo del chef Jorge  Lamport, de Camile, la salsa del pollo tenía los sabores tan característicos de Guatemala.

La Chef Olivia de la Fuente, de Clío’s, preparó un mousse de avellana con nutella, con una capa al centro y una salsa muy buena. Lo que elevó este platillo fue el chocolate elaborado con chile de Cobán que acompañaba el postre. Un espléndido final a una de las mejores comidas que he degustado en mucho tiempo.

La actividad fue organizada por Funsepa y era a beneficio del Comité Pro Ciegos y Sordos de Guatemala. Como comprenderán no tomé fotos de los platillos, lo dejo a su imaginación. Confío en que si se les presenta la oportunidad, la tomen con las manos y se lancen a comer confiando a su paladar y sin el privilegio de su mirada.

Fresita La Hada
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Creció en la mesa de la cocina de su abuelita, enamorada desde antes de poder alcanzar la estufa. Cree en la innovación y las nuevas tendencias, aunque su favorito es lo tradicional. Nada la hace mas feliz que poder compartir con sus amigos su pasión por la comida (haciéndola o probándola).


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