Cómo es vivir en la calle de los atentados de París

Estábamos cenando en mi apartamento, a 300 metros del Bataclán, el salón de conciertos de París, y el ambiente entre los comensales era ligero y alegre. Las sirenas que se oían por las ventanas de nuestro 6º piso las interpretamos como rutina de viernes: las peleas de borrachos son el folklor del barrio de Oberkampf, repleto de bares.

Cotidianidad atentados Bataclán n135 P258 París

Una imagen del bar-sala Bataclán, antes de los atentados.

Foto: Parisdailyphoto.com

Entre comidas y vino tinto, sonó mi celular: un mensaje whatsapp de una amiga desde Montreal. “Ne sors pas”: “No salgas”. Y luego la explicación inexplicable: “Parece que hay balaceras en diferentes puntos de París. Un ataque terrorista. Me estoy enterando por twitter”.

Interrumpí las conversaciones en la mesa; prendimos la radio. En France Info, el presentador seguía comentando el partido de futbol entre Francia y Alemania, como si nada. Por las redes sociales, nos fuimos informando. Dieciocho muertos. Explosiones alrededor del Stade de France (pero el partido seguía), otra en un McDonald’s vecino, balaceras en los bares, y sobretodo un secuestro durante un concierto de rock en el Bataclán, esa sala de conciertos que hasta la fecha solo me traía recuerdos de bailes sin aliento y cantos a todo pulmón.

Poco a poco iba subiendo la tensión. En la radio ya pasaban todas las noticias: de dieciocho pasaron a cuarenta las víctimas. Todo parecía ya tan irreal. Los periodistas frente al Bataclán hablaban a tientas, decían que las personas seguían adentro y que detrás de la puerta se escuchaban balas. Minutos después, la policía forzó la entrada de la sala de conciertos haciendo el pavoroso hallazgo de más de ochenta muertos, mientras que los terroristas kamikazes activaban su cinturón de explosivos, gritando “Allah Akbar”, “Dios es el más grande”.

Una escena irreal, sobrenatural, en una ciudad donde el ambiente suele ser libre y ligero. Solía serlo.

En esa noche sangrienta fallecieron estúpidamente 129 personas; 352 fueron heridas, entre las cuales 99 aún se encuentran entre la vida y la muerte. Las víctimas colaterales, la paranoia palpable, el racismo en subida, todo eso no se puede cuantificar pero se puede sentir, en cada conversación, en cada mirada.

El 7 de enero de 2015, los terroristas se habían atacado a un símbolo, Charlie Hebdo, un periódico satírico y antirreligioso. Hoy, los terroristas se atacaron a algo más sutil: la juventud, la inocencia, las ilusiones, la diversión occidental.

Lea: #QuiénesCharlie en cinco puntos

¿Qué se puede decir tras semejante barbaridad? ¿Cómo analizar lo incomprensible?

Los terroristas están luchando en Francia contra valores que rechazan. El presidente Hollande reaccionó declarándole “la guerra sin piedad al terrorismo”.

Pero ¿cómo hacerle la guerra a una “mano invisible”? ¿Acaso los islamistas, sembrando el terror, lograrán imponer la sharia en Europa? ¿Acaso con armas y violencia lograremos disuadir el terror?

Los peores eventos han ocurrido en países fértiles para las violencias y las paranoias.

Hace 15 años, recordamos el 11 de septiembre como el nuevo inicio del terrorismo islamista en Occidente. La reacción de Estados Unidos fue declarar la guerra al terrorismo, equiparar a los musulmanes con el terror y bombardear Afganistán, sede de Al Qaeda. Después invadieron Irak en 2004 y propiciaron, en 2014, que una rama de Al Qaeda fundara el Estado Islámico entre Irak y Siria. El terror del Estado Islámico es el que provoca la huida masiva de ciudadanos sirios hacia Europa. El Estado Islámico se atribuyó los atentados del viernes pasado en París. Y ayer el ejército francés bombardeó territorios sirios bajo control del Estado Islámico.

Pero como dice el excanciller francés Dominique de Villepin: el terrorismo no puede ser derrotado. No por medios militares sin sacrificar todas las libertades. Porque la violencia genera violencia y el odio genera odio.

Aquí, su análisis, el más centrado que he visto, en francés con subtítulos en inglés.

Y el mayor problema es que convirtamos a los árabes y a los musulmanes en el enemigo público. Eso lo rechazo. Lo hemos visto en nuestros países latinoamericanos: la lucha contra el enemigo interno puede volverse una peligrosa cacería de brujas imaginarias, capaz de desencadenar una guerra fratricida y el miedo visceral hacia lo “diferente”.

En Francia, tras la independencia de las colonias árabes en los años 1950 y 1960, los inmigrantes llegaron masivamente. No olvidemos que manos árabes y africanas fueron las que reconstruyeron este país después de la segunda guerra mundial. Sin embargo, estas comunidades viven en barrios pobres y siguen sufriendo del racismo y discriminación. Muchos de ellos se encierran en el “comunitarismo”, o sea el encierro cultural. Algunos – muy pocos – se van a los extremos. Esto no justifica en absoluto esta barbarie que ocurrió el viernes 13 en París, a menos de una cuadra de mi casa. Pero tenemos que integrar a las comunidades árabes y musulmanas para que ninguno busque refugio en el terrorismo islámico.

 

Una foto de París, de Viktorija Gecyte.

Una foto de París, de Viktorija Gecyte.

Porque los parisinos no dejarán de luchar por su libertad y sus valores. Porque París como toda Francia y buena parte de Latinoamérica seguirá siendo tierra de laicidad, de igualdad de género, de libertad de expresión, de manifestaciones y altavoces. Una sociedad que vive, habla, sueña y ama libremente. Porque una chava como yo puede volver a su apartamento a las tres de la mañana en falda sin temer por su integridad, y que vale la pena seguir luchando por esa libertad. Porque los terroristas no detendrán la vida.

Christina Chirouze
/

Chapina parisina. Gestora cultural de La Caféothèque. Entre bibliotecas académicas, vagabundeos urbanos y viajes mochileros, sintetizó su pasión por el arte en general, y en especial el de Centroamérica.


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    Alejandro Barillas /

    18/11/2015 11:31 AM

    ¿Vives a una cuadra del Bataclán o a 300 metros?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis Carias /

    16/11/2015 10:46 PM

    y.... muy interesante el relato.... pero al final.... ¿qué?....

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos /

    16/11/2015 9:35 AM

    En enero vivías a dos cuadras del atentado y ahora a 300 metros, o París es pequeño o el mal te persigue. Cuidado.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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