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Contra los monstruos, saberes

Recuerdo que cuando tenía unos once o doce años, vi una de esas películas de miedo en la televisión. Se llamaba “The Entity”, traducida como “El Ente”. Contaba el caso (supuestamente basado en una historia real) de una mujer que era atacada por un demonio.

Cotidianidad ciencia fantasmas miedos Opinión P369
Esta es una opinión

Sulley, el monstruo de la película Monsters Inc.

Foto: flickr.com/photos/lorenjavier/

Les dejo aquí el trailer para que se hagan una idea del filme ochentero en cuestión.

Cuando terminé de ver la película estaba asustado. Menos mal era de día, si no, no duermo. Contrario a otras películas de terror, en ésta no había escenas sangrientas ni imágenes del infierno, ni cualquiera de los trucos visuales que causan repulsión, asco o miedo. Aquí todo era cotidiano. Transcurría dentro de la vida de una persona común. Eso me asustaba: la idea de que existían entidades sobrenaturales que de alguna forma se manifestaban en el mundo como apariciones, objetos que se mueven solos, posesiones demoníacas, etc.

La pregunta que me inquietaba era: ¿si existen demonios sueltos en el mundo, qué le impide a uno de ellos que llegue un día a mi propia casa? Me daba aún más miedo la respuesta obvia: nada, nada lo impide. No era que temiera que un fantasma llegara a abusar de mí, el sólo hecho de que se me apareciera enfrente infundiría ya todo el terror que podría sentir.

Con el tiempo a uno se le olvidan esas cosas. Pero siempre queda un rescoldo: ¿y que tal si es cierto? Porque la verdad es que si uno las busca, las historias abundan, y si no se buscan siempre hay alguien que sabe de algún caso de esos que no tienen explicación y nos sentimos desamparados en un mundo a merced de los demonios.

Afortunadamente para mí, llegó el día en que lo aprendido deja de ser un conjunto de cosas aisladas que viven en la memoria. Logré ver que los cuentos de fantasmas, demonios, aparecidos y similares no eran más que eso: puros cuentos.

Llega un momento en que las personas que estudian ciencia dicen: ¡Un momento! ¿cómo está eso de que hay objetos que se mueven solos? Para que un objeto se mueva se le debe aplicar una fuerza y sólo hay cuatro tipos de fuerza en la naturaleza. Si una entidad sobrenatural e invisible tiene el poder de mover objetos, su única opción es ejercer una fuerza sobre ellos, y si lo puede hacer, entonces esa entidad ya no tiene nada de sobrenatural, pues ha actuado de acuerdo a la forma en la que conocemos nuestro mundo y podemos someterlo al dominio de las leyes naturales. En conclusión, la causa del movimiento tiene que ser natural y si no hay causa natural, el testimonio es simple y sencillamente falso.

Si alguien dice que vio un fantasma, la persona que conoce las leyes de la naturaleza no puede dejar de decir: ¡Un momento! Si viste un fantasma es porque tus ojos percibieron la luz que se originó de la aparición. Nosotros sabemos perfectamente todos los mecanismos que pueden generar luz. Lo que sea que hayas visto tiene una causa natural y por muy difícil que sea encontrarla, debe haber una explicación que no escapa a las leyes naturales.

Me di cuenta que el estudio de la Naturaleza me daba un poder más grande del que todos los brujos, curanderos, exorcistas y hechiceros quisieron haber tenido para dominar a los demonios. Ellos hubieran querido tener el poder de recitar un conjuro y que el demonio se fuera a otro lugar y decirle al atormentado: “por ahora estás bien, esperemos que no regrese”. En cambio, el conocimiento de las íntimas y últimas causas naturales es aún más poderoso: es el poder de acabar de una vez por todas y para siempre con las hordas de demonios, fantasmas y apariciones de todos los tiempos y de todo el planeta: ese poder es la afirmación categórica, contundente y serena de que esas cosas no existen.

Conocemos nuestro universo desde la intimidad de las partículas subatómicas hasta la majestuosidad de las galaxias. En medio de esas grandiosas fronteras transcurre nuestra vida. En los bordes que delimitan los dominios de lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño hay muchas cosas que la ciencia desconoce, pero las leyes naturales que gobiernan nuestra vida cotidiana son perfectamente conocidas y no tienen cabida para la charlatanería sobrenatural.

 

Foto: imgarcade.com/1/looking-at-the-stars/

Foto: imgarcade.com/1/looking-at-the-stars/

Los grandes pensadores ya lo sabían hace más de dos mil años, a pesar de no tener el conocimiento moderno. Fue grande y agradable mi sorpresa cuando descubrí un pasaje del “Tratado sobre la Adivinación” de Marco Tulio Cicerón donde dice:

“¿Deberemos también aterrarnos cuando aparece algún monstruo, bien de animales o bien del hombre? He aquí brevemente, que todos los monstruos tienen una única y misma explicación y es esta: Todo lo que nace es necesariamente producto de una causa natural, y aunque pareciera fuera de las leyes ordinarias no puede estar nunca fuera de la naturaleza. Investiga, si puedes, la causa de lo que te asombra y sorprende: si no consigues descubrirla, no por ello dejes de tener por cierto que nada ocurre sin causa natural, y de esta manera disiparás el asombro que te haya inducido la sorpresa. Cuando lo hayas hecho así, ni los terremotos, ni el cielo entreabierto, ni la lluvia de piedras y de sangre, ni las estrellas errantes, ni los fuegos aéreos podrán estremecerte ni llenarte de alarma.”

El día que me di cuenta que la Naturaleza es tan hermosa que no tiene cabida para las mórbidas invenciones sobrenaturales gestadas en el seno de los miedos más profundos y sórdidos de la mente humana; ese día, me sentí libre.

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Enrique Pazos
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Enrique Pazos. Físico, protector de la verdad y viajero del tiempo. Profesor de física y matemática en la Universidad de San Carlos. Montañista de a ratos, curioso de tiempo completo. @enriquepazos


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    Contra los monstruos, saberes | GuateCiencia /

    02/02/2015 8:35 PM

    […] [seguir leyendo en nomada.gt] […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ANONIMO /

    11/11/2014 10:14 AM

    […] Bueno, en un sentido más estricto diríamos que el cuerpo inicia un proceso de descomposición, pero eso no es lo que la gente quiere escuchar. Lo que la gente quiere saber es qué pasará con su alma inmortal. La mala noticia (para algunos) es que el alma no existe. Sabemos que no existe porque si existiera estaría sujeta a las interacciones conocidas con la materia. […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Enrique Pazos
    Enrique Pazos /
    06/10/2014 12:06 PM

    Hola Juanito,

    tu pregunta merece que le dedique un texto completo. Pero tratando de ser breve, hay dos cosas:

    1. No se puede demostrar que algo no existe. Eso aplica a cualquier ser mitológico (duendes, hadas, unicornios, etc.). Incluso en la práctica, uno no puede demostrar en un juicio que algo no ocurrió.

    2. La ciencia no demuestra nada. En la ciencia lo que uno hace es postular hipótesis y verificar cuál de ellas es la que mejor explica los hechos. Las hipótesis de dioses o demonios tienen poco poder de explicación comparada con las hipótesis naturales. Por ejemplo, decir que los objetos de un estante tiemblan porque hay un demonio que llega a moverlos no explicada nada. Pero si decimos que el estante tiembla porque porque es la vibración inducida de un tren que pasa por allí, la situación no sólo se vuelve natural sino que puede ser verificable.

    Al final del día, uno juzga la validez y poder de explicación de las hipótesis y favorece aquella que siendo más simple logre explicar más. Por eso las hipótesis de dioses y demonios están cada vez más relegadas al olvido porque no explican nada, en pocas palabras: no funcionan.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juanito Sin Miedo /

    05/10/2014 11:25 PM

    Hola Quique,

    Utilizando tu mismo metodo cientifico, como demostras que no existe Dios?, que no existe Luzbel? Que evidencia hay de que no existe o existen?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luz Coletti /

    05/10/2014 11:12 PM

    Además de todo lo genial del contenido de la nota. Escribis muy bien.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    AK /

    03/10/2014 12:15 PM

    De hecho yo estoy seguro que los demonios existen. Los conozco. Me explico. Supongamos que yo me llamo Alfred Kaltschmmitt, que estoy en el otoño de mi vida y que en mi conciencia llevo las almas de miles de indios quichés, a quienes directamente o indirectamente aniquilé. Entonces estaba seguro que yo hacía lo correcto, hoy creo que solo soy un Amon Göth del tercer mundo.
    Siendo usted, doctor Pazos, un hombre de ciencia; seguramente sugerirá que lo mío es un asunto del que la psiquiatría o ciencias similares podrán explicar a cabalidad. Pero créame, las voces de niños indios que ríen y lloran alternadamente invaden mis noches. Son demonios, doctor, pero yo no les tengo miedo. Aunque si tengo que ser honesto reconozco que a veces me inquieta la idea de encontrármelos un día, usted sabe, en otra dimensión. Solo entonces me consuela saber que solo somos producto de la evolución y que, por suerte, a mí no me juzgará ningún estúpido tribunal celestial. Hehehehe.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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