Esa maldita sensación de madrugada

Esa mueca que parece sonrisa, pero no. No es una sonrisa... Aunque tal vez sea yo el único que me dé cuenta: es esa cara estúpida que uno hace en situaciones incómodas, esa misma cara de cuando uno quisiera regresar las palabras audibles a las pensadas…

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

El frío de la madrugada, el frío de la soledad.

Foto: Flickr, Peter Kirkeskov Rasmussen

¿Será el frío del vaso casi vacío de trago? ¿Será el dolor de cabeza que se asoma? Puede ser el recuento de las cosas dichas: ¿por qué me reí de ese pésimo chiste? O lo peor: ¿por qué se rieron los demás? ¿Quién es ese cerote? Sólo conozco a una persona, y no sé si me cae del todo bien. ¿Es este mi grupo de amigos? ¿Qué quiere decir la amistad?

¿Por qué nadie se quiere ir? La música ya se cansó, hoy sí ya estamos oyendo sólo canciones que recuerdan dolor. Hemos oído y contado las mismas cosas. Tengo frío, ese frío de “sereno” de la madrugada, ese frío de soledad.

De acuerdo: “a dónde fueres, haz lo que vieres”. Todos parecen estar contentos, nos reímos. Los silencios son insoportables, tomaré más, le daré otro llegue. ¡¡¡Ve pues!!! ¡Ya me siento mejor! Esta es la mejor idea: ¡Lero, lero candelero! No me alcanzó la soledad. Le gané, aunque sea por algunos momentos, a esa angustia rancia, a ese dolor en el alma.

Ya la cagué lo suficiente: mejor pido perdón que permiso. Sí, el llegue logró que se me olvide el arrepentimiento de mañana. JA JA JA: ¡te gané! A mí hasta el futuro se me olvida. ¡Qué rico se siente ser de a huevo! Ala puta: ¡cómo extraño mi cama! Allí, en mi cama, el “sereno” húmedo de lo que bien pudo ser mis lágrimas no se siente. Pero a mí ahorita no me alcanza: ¡lero, lero! Aquí nadie necesita dormir… Anestesiados cada quién de lo que nos da insomnio, aquí todos estamos acompañados en nuestra soledad. ¡Sho, imbécil! Ya voy a bajarme el pedo. ¿Qué más? Me agarraré a esta persona, estuvimos hablando, me dio la mano: ¡Me ama! Y si esta persona me ama, talvez pueda amarme yo…

¡Ala puta! ¿¡¿¡¿¡Por qué no ponen la música más alto?!?!?!?! Me estoy oyendo pensar… De seguro que a esto se referían las doce de la Cenicienta: después de cierta hora todos nos volvemos ratones o calabazas. Y yo no quiero ser ratón… cualquier cosa, hasta calabaza, pero no ratón.

Ya se va este cerote. Cerote: ¡Qué chingás! No te vayás… no te vayas, si vos te vas nos quedamos todos contemplando que uno se puede ir, irse y enfrentar. Porque, la verdad, mi cama no es tan buena protectora. Muchas veces me recuerda de los poemas que no escribí, las canciones que no me sé, la ropa que no me queda, las ideas que no salen, me recuerda de las injusticias y de la impotencia. Cerote, no te vayás. Sos mi cerote y ahorita que te vayás me hará sentir más solo de lo que me acordaré mañana. ¡¡¡Mañana!!! Ya son las 5:30, ya se verá el sol… ¡Le gané nuevamente a la madrugada! Talvez aún le gane a la sensación de madrugada, talvez aún pueda tener sensación de amanecer.

Claudia Castro Ruiz
/

Orgullosa guatemalteca. Dice mi mamá que soy heredera de hadas y amazonas, y que soy psicóloga porque no he querido ser psíquica. Me fascina la mente humana. Del mundo y su magia, lo que más me interesa es presentárselo amablemente a mi hija.


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    Kevin Jahir Barrios /

    17/02/2016 11:00 AM

    Me pareció muy interesante la forma de relatar. Me gustó.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    AA /

    10/01/2016 9:23 PM

    Un lujo leer esto con un cigarro y acompañar a esa soledad

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Pedro Pablo Abril Rossal /

    08/01/2016 1:41 PM

    Me encantó! Lo amé, me encanta que usa el lenguaje que la situación amerita y que verdaderamente todos pensamos al madrugar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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