Guatemala: para cambiar hay que dejar de producir tristeza

Duele. La sensación inicia en la garganta y luego se instala en el pecho, como una opresión, como una carga pesada que no se acomoda en la espalda, donde uno acostumbra a cargar las cosas, sino más bien muy cerca del corazón. Racionalmente se entienden las causas.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Motin Gaviotas

Uno desea situarse fuera de esa realidad destructiva pero los hechos son tan abrumadores que enmudecen y paralizan y resultan ser omnipresentes. Entonces las pupilas se dilatan para percibir los resquicios de luz entre tantas sombras y el grito nace con la intención de convertir el dolor en indignación y de ahí en acción.

En Guatemala la realidad nos arrastra, nos golpea, nos mete en un cuadrilátero, totalmente desprotegidos frente al peso más pesado, y queda uno noqueado. Los golpes se reciben en cualquier parte del cuerpo porque las reglas o no existieron nunca, o se dictaron para burlarse, porque “el más pilas” es el que logra salirse con la suya aplastando y haciendo piltrafa al otro: irrespetando el espacio público, desvalorizando la dignidad de las personas, ocultando la verdad, falseando la realidad, instalando responsabilidades en la víctima, generando culpas y miedos en aquel que tenía planeado defender la dignidad. Se sustituyó la cultura de la vida por la cultura de la muerte y, conforme avanza la destrucción, cada día más.

Sobran los ejemplos de las enfermedades de esta sociedad. La semana pasada, jóvenes acusados de estar en conflicto con la ley se amotinaron para recordarnos que, pese a los posibles delitos cometidos, siguen siendo personas y que Guatemala, pese a los formalismos institucionales, es poco Estado, poco país. Ellos, la consecuencia más terrible y temible de la desigualdad, la violencia y la falta de oportunidades en materia educativa y laboral, se subieron al techo de la correccional Las Gaviotas, ubicado en la zona 13 de la Ciudad de Guatemala, para desde ahí abofetearnos y restregarnos en la cara que son el resultado obvio de nuestra sociedad y no, como intentamos pensar, el fallo no deseado.

Los medios informaron que fueron más de 200 los jóvenes que tomaron el control del correccional para exigir una serie de distractores que les haga más llevadero el encierro ante la falta de una verdadera política de reinserción social. También pedían que, como personas, se les brindara alimento en buen estado. A todos los amotinados los trasladaron a los juzgados. Tres muchachos están muertos; a dos de ellos, que tenían 18 años, los encontraron estrangulados y el INACIF confirmó que murieron por asfixia.

Ahí los tenemos, desafiantes, tratando de escapar de una correccional y de una sociedad que los construye tal como son y los destruye para mantenerlos encerrados, sin ninguna oportunidad de plantearse más horizonte que la pertenencia a la pandilla, la pobreza o el desgaste permanente para conformarse con una situación de sobrevivencia y no de vivencia digna. Ante eso, uno se reconoce, se ve en el espejo como un privilegiado, se palpa la piel para comprobar que en este país es cuestión de suerte no ser uno de ellos.

Y entonces viene el aluvión de furia social dirigido hacia el punto equivocado. Ahí están los políticos y analistas que piden obviar la vigencia de los derechos humanos y procesar a un menor de edad como adulto. Ahí están los memes y comentarios en redes sociales que exigen la aplicación de la pena de muerte, el escarnio público, la aplicación del castigo al cuerpo, los golpes, la destrucción total del ser. Tenemos por todos lados los comentarios de odio, las posturas clasistas y racistas que condenan al “cholero”, al “muco”, al “marero” asumiendo que nacieron “malos” como si se tratara de una estirpe maldita condenada por sus facciones físicas, por la música que escuchan o por la manera en que visten.

Cegados como estamos por lo impactante que resulta ser la consecuencia, obviamos que las causas se encuentran en esta realidad en donde la normalidad es, precisamente, la violencia. Una violencia producida por la falta de oportunidades para llevar una vida digna y, por lo tanto, una sociedad condenada a la tristeza. Acá todavía no se puede plantear la alegría como resistencia; todavía hace falta gritar e indignarse aún más para enfocarse en las razones económicas y sociales que permiten que un menor, un niño o un adolescente, opte por la delincuencia como forma de vida.

Hasta que no paremos esta máquina de producción de jóvenes en conflicto con la ley no podremos afirmar que Guatemala ya cambió. Esa frase, por el momento, suena a sorna.

Ricardo Marroquín
/

Soy periodista, comunicador social, catedrático universitario, con una maestría en Estudios Estratégicos y en proceso de elaboración de la tesis de Sociología. Soy, además de fanático de los rompecabezas de mapas antiguos, cinéfilo y lector permanente de literatura, historia, periodismo y teoría social.


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COMENTARIOS

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    César A. /

    16/07/2017 5:38 AM

    ¿Máquina de producción de jóvenes en conflicto con la ley?
    Son delincuentes porque ellos lo deciden, los funcionarios pueden ser los más corruptos del mundo, pero no obligan a nadie a ser delincuente.
    Cuando en un semáforo con una pistola le amenacen para robarle el celular, sería interesante que usted y toda la horda de izquierda rosada les ofrezcan un abrazo, tal vez asi se reforman.
    Gracias por ser parte de lo que nos mantiene a los ciudadanos honestos y trabajadores en sosobra.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      Mariela /

      18/07/2017 3:03 AM

      Cual sería su respuesta a esta situación entonces César A, como ciudadano honesto y trabajador?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Pablo Rosales Orozco /

    14/07/2017 5:20 PM

    Bastante razonable la propuesta de la columna, se ofrece una perspectiva alternativa objetiva de la situación a la que se enfrentan los individuos en conflicto, hace poco leí una reseña de una persona que perdió al padre en un hecho violento, en en su capacidad se dedicó a investigar un poco sobre la forma en la que viven las personas en riesgo de conflicto y en conflicto en si, es de asombro para quien no sabe y no esta enterado la forma en la que vive esta gente y cómo desde su psiqué se hace una construcción en la que para ellos no hay otro futuro que el delinquir, la situación no es fácil y no se puede dejar que el arbol tape el bosque, la violencia que vivimos es un síntoma no una causa como pensamos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Oscar Toledo /

    14/07/2017 8:46 AM

    Ser “cholero”, “muco” vulgar o tener malos gustos, NO es el problema, ser marero y asesino sanguinario, extorsionista y violador, eso si es problema. Ustedes columnistas de opinión siempre descontextualizando toda la situación. Ser pobre e ignorante no significa ser descuartizador de personas, y muchas de esas “victimas” de la pobreza que se encuentran recluidos en lugares como las Gaviotas escogieron el mal camino conscientemente y por libre voluntad, incluso sus familias viven del sufrimiento que causan a la sociedad y usted pretende que esa misma sociedad sea empatica con ellos y les de palmaditas en la espalda?. La pobreza no es excusa para convertirse en delincuente, en Guatemala existen miles de pobres que se matan día a día trabajando honradamente para salir adelante y también profesionales graduados con maestrías que se encuentran desempleados y en camino a esa misma pobreza, pero ninguno de ellos forma grupos criminales para satisfacer sus necesidades personales, así que no salga a excusar lo inexcusable. Las leyes y el sistema penal guatemalteco deberían ser mas duros con esos nenes para procesarlos como adultos, y si en mis manos estuviera, se les aplicaría la pena de muerte, porque si bien el sistema esta podrido y la corrupción es la que crea países como el nuestro, las soluciones idílicas que siempre nos plantean son a futuro, educación, salud, bla, bla, bla, pero en el hoy, de que sirve graduarse y estar saludable si a la vuelta de la esquina o en medio del trafico esos nenes envían a las personas a la morgue del INACIF con todo y sus títulos académicos y su buena salud... por un celular???. Si habla de realidades, por favor sea realista.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      NetoK /

      17/07/2017 11:02 PM

      Me parece que... si deseas que exista una versióń realista en una columna como esta sería tan desmoralizadora, lúgubre y nauseabunda que al solo verla te descubrirías que tu péŕfido comentario es tan sólo tu ilustre, "bla, bla, bla."
      Para despedirme, tan sólo exhorto a que leas un poco de problemas macroeconómicos como la pobreza, antes de hablar en pos no de miĺes, sino de MILLONES de familias que viven al día, no como tú que escaso acceso tienes a educacióń y a internet. Pero no es tú culpa, sino de los cíŕćulos sociales donde te formaste.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Sandra /

    14/07/2017 8:28 AM

    Las Cosas nunca van a cambiar ni a mejorar si no mejoramos la calidad de vida de los niños pequeños, porque ahora no se trata de matar a todos los líderes de pandillas, ya de que detrás de ellos vienen más jóvenes, que han sufrido los embates de una sociedad que loos margina y los discrimina, y la falta de un hogar donde se críe con amor y donde se protejan sus derechos, ahora bien, se trata de prevenir que las generacions venideras tengas esa garantías de vida y de derechos para su pleno desarrollo como seres humanos en su vida adulta. Es tan triste ver los casos de quienes opina que deberían de matarlos, allí mismo se responde la interrogante, de que porqueé son lo que son ellos?
    por la sociedad corrupta, racista y doblemoralista que tenemos. pero que bonito es comentar desde una computadora, cual clase mediero insatisfecho por todo, sin accionar a nada. Nos tendríamos que unir todos, y exigir como ciudadanos que nuestros derechos no se vulneren, pero no solo los nuestros, sino los de todos los guatemaltecos, sin importar su condición de clase, educación, género, preferencia sexual, etc etc.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Floridalma Ramírez /

    13/07/2017 4:38 PM

    En algún grado, la situación actual de estos niños, niñas y adolescentes, es culpa de todos los funcionarios públicos (desde presidentes, ministros, diputados, gobernadores, alcaldes, gerentes y/o jefes de dependencias, hasta los encargados de compras, etcétera) que durante décadas se han robado los recursos económicos destinados para el pueblo, se robaron la creación de fuentes de empleos, por creación de plazas fantasmas; más y mejores escuelas, por la no construcción o reparación de escuelas e insumos de baja calidad y/o sobre valorados; buena medicina en los hospitales/IGSS, por medicina de malísima calidad, médicos mal pagos; infraestructura de calidad deficiente; Proyectos productivos no apoyados o abortados. Todos aquellos que se han enriquecido de manera ilícita con los recursos que pertenecen a estos jóvenes a quienes les fueron negadas las oportunidades por generaciones. También la oligarquía que no ha sido justa con el pago de los salarios y el pago de impuestos tiene su alto porcentaje de culpa.

    Como en todos los casos siempre habrá buenos funcionarios públicos y buenos empresarios y con certeza Dios les recompensará. Los que contribuyeron al saqueo de nuestro Guatebella aunque nunca lleguen a estar frente a un juez, un día sí estaremos todos ante el Juez de jueces y El no tendrá por inocente al culpable, ni culpará al inocente. Si hay algún inocente siendo procesado injustamente, tenga ánimo, pronto la justicia divina brillará!!!

    Estamos a tiempo para hacer bien las cosas y trabajar en beneficios de las clases más vulnerables, que no haya nada que nos reprochen, porque daremos cuenta de todo.

    Aún hay esperanza, que cada uno hagamos la parte que nos corresponde, con integridad, honestidad, responsabilidad y sobre todo con el temor reverente a Dios, trabajemos con nuestras manos y ayudemos al que no tiene.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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