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Hoy veremos pasar a Mercurio frente al Sol

Este lunes 9 de mayo ocurrirá un tránsito de Mercurio: el planeta pasará frente al Sol. Es como un eclipse, pero Mercurio es demasiado pequeño y está muy distante para proyectar una sombra sobre nosotros. Sin embargo, con un telescopio o binoculares con filtro apropiado, el movimiento silente del planeta se hace tangible.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

Ocasiones como esta permiten observar la geometría del sistema solar en acción.

Foto: Flickr, NASA Goddard Space Flight Center

Estando nosotros en el planeta Tierra, únicamente podemos observar tránsitos de Mercurio y Venus, pues su distancia al Sol es menor que la nuestra. Venus tiene un par de tránsitos cada dos siglos, mientras que Mercurio nos ofrece entre 13 y 14 tránsitos cada cien años. La frecuencia de las ocurrencias se debe a que los planetas no están alineados en un mismo plano orbital, sino que cada planeta está en un plano con una leve inclinación respecto del sol.

La observación de los tránsitos planetarios tiene importancia histórica. De hecho, la medición minuciosa de los mismos nos permite llevar nuestra mente a los confines del universo. Veamos cómo.

El hecho de conocer un lugar y de tener familiaridad con él implica, a un nivel muy básico, conocer su tamaño y las distancias hacia otros lugares. Por ejemplo, la gente que vive en la Ciudad de Guatemala sabe cuánto tiempo toma ir de una zona a otra, qué camino es más largo o qué ruta tomar. Podemos jactarnos de conocer nuestro país y saber qué distancia hay hasta Tikal, Jalapa o Cobán. Saber esos numeritos nos acerca y nos identifica con el lugar donde vivimos.

Esa idea la podemos extrapolar más allá de nuestro país, e incluso de nuestro planeta. Pensemos en el sistema solar. ¿Qué distancia hay entre la Tierra y el Sol, o cualquier par de planetas? Es obvio que no podemos extender una cinta métrica espacial hasta el Sol a fin de respondernos la pregunta. Una medición directa es imposible. Sin embargo, las limitaciones de nuestra existencia física no operan sobre el poder imaginativo de nuestra mente.

Para fabricar una cinta métrica espacial necesitamos recurrir a los poderes de un antiguo conocimiento. Desarrollado por iluminados, entendido por pocos, objeto del odio de tantos, temido por jóvenes, olvidado por adultos, es la disciplina que doma la intuición de las formas, los tamaños y las distancias. Hablo de esa rama de las matemáticas llamada geometría.

Con la geometría podemos construir la escalera que nos lleva al mismo cielo, en sentido metafórico y también real, pues para medir la distancia a las estrellas necesitamos medir primero el tamaño de nuestro propio hogar: la Tierra.

Hace más de dos mil años, Eratóstenes se dio cuenta que la sombra de un objeto tiene diferente longitud en dos ubicaciones terrestres a diferente latitud. Conociendo la distancia entre esos dos puntos y la diferencia de los ángulos, por simple geometría se puede calcular el radio de nuestro planeta.

Sabiendo el radio de la Tierra se puede medir el ángulo de paralaje en dos puntos diametralmente opuestos y de nuevo, con geometría, calcular la distancia de la Tierra al Sol. La observación del tránsito de Venus desde varios puntos de la Tierra ayudó a mejorar el cálculo de dicha distancia, la cual recibe el nombre de unidad astronómica y es equivalente a unos 150 millones de kilómetros.

Sabiendo la distancia entre el Sol y la Tierra, se puede medir el ángulo de paralaje de las estrellas cercanas y de nuevo, con geometría, calcular la distancia hacia las estrellas.

Distancias más grandes requieren no sólo geometría sino física, pues la técnica es comparar los brillos absolutos de las estrellas y calcular su distancia en base a esas mediciones.

Esa es la escalera de distancias cósmicas. Para calcular distancias grandes hay que pasar por los peldaños de las distancias pequeñas.

Este lunes veremos un tránsito de Mercurio. En Guatemala empezará a las 5:10 am y terminará a las 12:44 pm. Durante ese tiempo, Mercurio recorrerá más de un millón de kilómetros, a una velocidad tal que el viaje de la ciudad capital a Xela tomaría unos cuatro segundos.

Los tránsitos planetarios son más que una curiosidad: son fuente de información acerca de nuestro propio vecindario espacial. Extienden nuestra conciencia más allá de nuestro país y nuestro planeta. Son prueba de la precisión magnífica de la geometría, esa disciplina para quien no hay diferencia entre un triángulo dibujado en la arena de la playa y un triángulo celeste limitado por planetas o estrellas en sus vértices.

Esta es una de la razones para enseñar matemáticas. Nos debemos a nosotros mismos y a las futuras generaciones enseñarles la única y verdadera magia que ha transportado nuestra imaginación y experiencia limitada, desde la superficie de un planeta rocoso a las verdaderas dimensiones y tamaños del espacio infinito donde habitan las estrellas.

Enrique Pazos
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Enrique Pazos. Físico, protector de la verdad y viajero del tiempo. Profesor de física y matemática en la Universidad de San Carlos. Montañista de a ratos, curioso de tiempo completo. @enriquepazos


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    flatland /

    14/05/2016 7:18 PM

    ¡Excelente artículo! Con alta calidad como las anteriores entradas. Reflejan el trabajo y espíritu científico que está legando a Guatemala.

    No pude observar de forma directa el tránsito de Mercurio. Lo observé a través de una transmisión en directo en Internet y fue emocionante.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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