La explicación de por qué 200 judíos fueron expulsados por 2,000 sanjuaneros

Un grupo de judíos ortodoxos salió para no volver de San Juan La Laguna. Pero no los expulsaron sólo los del Consejo de Ancianos mayas. La municipalidad recabó 2,000 mil firmas de vecinos que apoyaron su marcha. Las diferencias (y prejuicios) culturales y religiosos hicieron imposible que la comunidad Lev Tahor hiciera un hogar frente al lago Atitlán.

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Una mujer judía ortodoxa, en La Terminal.

Foto: Carlos Sebastián

En los últimos cuatro años, han pasado tres curas por la parroquia de San Juan La Laguna. El padre Bartolomé es el último. Él llegó de Chimaltenango hace un mes. El párroco dice que la razón es que San Juan es «un pueblo muy problemático». La campana anuncia la misa de las cinco y apura para decir lo que quiere decir: «Aquí, los líderes quieren mandar sobre el párroco. No hay mucho diálogo».

La iglesia, azul y blanca, cuenta con varios salones y está en obras. Está dedicada al precursor de Cristo, San Juan, el patrón del pueblo. Las personas empiezan a llegar y mientras empieza la misa se reúnen en el patio central de un templo que funciona hace casi 400 años.

El padre Bartolomé se encuentra dudoso de cuánto tiempo estará en San Juan porque cuenta que la media de duración de sus predecesores fue de un año. «Aquí a la gente le gusta mandar, no entienden que los párrocos están para guiar y creen que el sacerdote es su empleado y que por eso le pagan», dice este religioso maya kakchiquel que ahora vive en este pueblo de mayoría tzutujil.

El pueblo que suscita el interés de este recién llegado es el mismo del que salieron, tras seis meses de complicada convivencia, 40 familias de la comunidad judía ultraortodoxa Lev Tahor. Sus costumbres culturales estaban impregnadas de su religión y parecían irreconciliables con las de la gente de San Juan, de confesión mayoritariamente católica y evangélica.

Ni la intermediación de la Procuraduria de Derechos Humanos (PDH) sirvió para calmar el conflicto. El 27 de agosto, tras una reunión entre las autoridades involucradas en Ciudad de Guatemala, la comunidad Lev Tahor inició su marcha de San Juan. El consejo de ancianos (personas de más de 60 años), la verdadera autoridad de San Juan, ya había decidido: los ultraortodoxos tenían que irse. Se mudaron a Ciudad de Guatemala, donde hoy alquilan en un edificio de oficinas.

 

Madre e hija

Una familia de la comunidad Lev Tahor en su nueva casa, en La Terminal, zona 9.

Van de negro y las mujeres se cubren por completo, sólo dejando a la vista las manos y la cara. Algo que no ayudó a su integración en San Juan. “La idea es que la gente no vea mi figura para no generar ninguna atracción. La gente no me ve”. Malka Rosner se ríe mientras se levanta para mostrar a estas periodistas las prendas que utiliza. Un vestido, un delantal, un chal, un manto que le cubre la cabeza y el cuello y uno aún más grande que la tapa de la cabeza a los pies. Todo negro. Malka, de 38 años, proviene de una familia judía ultra ortodoxa de Nueva York. Madre de nueve hijos, lleva casada con su marido 19 años. Él la introdujo en la comunidad Lev Tahor.

Sentada en una pequeña cama, junto a una estufa de mesa en el suelo y unos zapatos de hombre negros, asume que la vida de las 200 personas de la comunidad es diferente. Por eso está aquí, temporalmente, en una habitación de un edificio de oficinas de seis pisos, en la zona 9 de Ciudad de Guatemala, que antes de que ellos llegaran hace dos semanas, no tenía regaderas. Cada familia tiene un espacio de dos habitaciones, duermen en colchones en el suelo.

 

Lev Tahor 7

Malka Rosner, neoyorquina, profesora de matemáticas e inglés en la comunidad.

«No fue una expulsión; en la asamblea comunitaria acordamos una retirada pacífica para evitar iniciar un proceso judicial», dice Pedro Cholotío, uno de los 15 miembros de la directiva del consejo de ancianos, que estuvo en la reunión de mediación en la PDH en Ciudad de Guatemala. Este campesino de 73 años, gordito, bigotón y cejudo dulcifica su voz para hablar de la salida de los judíos ultaortodoxos. Está sentado en una silla de plástico en el centro de su sala en San Juan, frente a los trofeos de su familia, ganados en torneos de básquet. «Porque ellos (los judíos) también son seres humanos, necesitan comprensión», dice cándidamente.

 

Pobladores san juan atitlan 08

Pedro Cholotío, uno de los integrantes del consejo de ancianos de San Juan La Laguna.

Pero la de Cholotío fue una de las voces que más alto se escucharon en la reunión del 27 de agosto. Salvador Loarca, representante de la PDH en Santiago Atitlán, recuerda literalmente lo que dijo el anciano porque provocó la ruptura de la mesa de diálogo: «Si ellos no se van, va a correr sangre. No me culpen ni a mí ni a los ancianos si el pueblo se levanta».

La bulla

«Somos una comunidad muy pequeña, pero todo lugar donde estamos llegando hay mucha bulla». Uriel Goldman, rabino de la comunidad Lev Tahor, habla en español, torpemente, pero se le entiende sin mayor dificultad. En San Juan aún hoy dicen que un gran problema fue que nadie en la comunidad Lev Tahor sabía español.

 

Uriel Goldman

Uriel Goldman, el rabino de Lev Tahor.

En el vestíbulo de su casa circunstancial, el piso está mojado, hay un colchón apoyado en la pared, sillas plásticas, bancos de madera y un refrigerador pequeño. Las mujeres y los niños entran y salen y muchas veces resbalan. Goldman se sienta en un banco de madera alto y cierra la puerta de vidrio del vestíbulo trata de explicar quiénes y cómo son en su comunidad. Antisionistas y antibélicos. Es decir, no creen en el Estado de Israel ni en las guerras. Por eso decidieron salir de Israel. Han estado en tres países en los últimos 15 años.

Lev Tahor, que significa corazón puro en hebreo, es una comunidad fundada hace 28 años en Jerusalén. Este colectivo trata de vivir como lo hacían los judíos hace 400 años. Dicen que no ven la televisión, y que internet sólo lo usan si es estrictamente necesario. Goldman disponede tarjeta de crédito y de un viejo celular.

De su primera parada, Monsey, cerca de Nueva York, la comunidad se fue porque algunos integrantes israelitas tenías dificultades para conseguir sus permisos de residencia en Estados Unidos. Se mudaron a Quebéc, en Canadá. Allí vivieron su estancia más larga, 12 años, pero también tuvieron que irse porque Quebéc obliga a la educación secular en centros públicos. «La educación es lo más importante para nosotros y la religión es más importante que el lugar donde vivimos», dice Rosner.

El Servicio de Protección a Menores de Quebéc investigó durante dos años. Dudaba de que los miembros de Lev Tahor proveyesen suficiente educación a sus hijos. Dos familias fueron llamadas verbalmente a corte por incumplimiento en el currículo, como la exclusión del estudio de la evolución o la homosexualidad. Nunca recibieron notificaciones por escrito.

La comunidad se trasladó a Ontario, donde la enseñanza religiosa está permitida, pero las autoridades de Quebéc pidieron a las de Ontario que continuaran con la investigación. La comunidad decidió irse, aunque eso significara dejar la ayuda por hijo que recibían, unos $30,000 por año en una familia de nueve hijos. Buscaron un país que tuviera libertad de culto y donde fuera más sencilla la obtención de permisos de residencia. Así llega la primera familia a Guatemala en marzo de 2014.

La familia fue citada por el Juzgado de la Niñez de Sololá. Canadá hizo un pedido no protocolario a la PDH para que Guatemala citara a esta familia por la presunta violación al derecho de la educación. El juez determinó que en vista que el Estado de Guatemala no podía garantizar educación especial para judíos, no se vulneraba el derecho a la educación.

País libre, de fácil residencia y con un chapín converso              

En Nueva York, un rabino leyó en internet sobre un juicio de una familia ultra ortodoxa en Guatemala. Preocupado, el señor Goldstein hizo llamo a un discípulo suyo guatemalteco. Se llama Misael Santos. Y los sanjuaneros que firmaron la petición para la expulsión de los judíos tienen un nombre y un apellido para personificar el conflicto: Misael Santos.

 

Misael Santos, el guatemalteco converso al judaísmo y representante de Lev Tahor.

Misael Santos, el guatemalteco converso al judaísmo y representante de Lev Tahor.

Santos es un hombre de 35 años, de profundos ojos verdes y pronunciados pómulos que vivió en San Juan durante los últimos seis años junto a su familia. Montó un negocio de venta de empanadas, pasteles y rellenitos y tenía buena relación con los locales. «Vivía aquí a la vuelta», dice Cholotío. Nacido en Ciudad de Guatemala y bautizado como católico, empezó a estudiar la Torá y se convirtió en el presidente de Toiras Jessed Guatemala, una comunidad de personas en proceso de conversión al judaísmo, guiada por el rabino Goldstein.

La lista de preguntas y acusaciones entre los sanjuaneros, sostenidas por la Municipalidad y el Consejo de Ancianos, no era corta: se bañaban desnudos en el lago, tiraban a la calle los desechos de pollo y la basura porque no querían pagar el quetzal que cuesta la recogida, no pagaban el servicio del agua (circunstancia que conllevó al corte del agua en cuatro hogares de Lev Tahor), no hablaban con nadie, sólo con mirarles se enojaban, tuvieron un altercado con un turista porque creyeron que los fotografiaban, se paseaban después de las once de la noche, aunque está prohibido por una ordenanza municipal. Dicen.

¿Quiénes son esos?, ¿cuándo llegaron?, ¿lo hicieron de noche?, ¿por qué van vestidos así?, ¿por qué no se presentan a la comunidad ni saludan a los ancianos? Las suspicacias hacia los recién llegados motivaron a la directiva del consejo de ancianos a reunirse en numerosas ocasiones con las más de 200 personas de más de 60 años que hay en San Juan. ¿Se iban a quedar?

En noviembre de 2013, Misael Santos invitó a algunos conversos mexicanos y guatemaltecos a visitar San Juan. Algunos testigos denunciaron que los judíos se bañaron desnudos, cosa que Santos niega. Según el acta, la Municipalidad pidió por escrito a Misael Santos que no volviera a incurrir en una «inmersión» de ese tipo. El ayuntamiento y el consejo de ancianos se refieren a ese hecho como un incidente con la gente de Lev Tahor, pero ellos llegaron cuatro meses después. «Usted puede ver: las mujeres se cubren todo cuerpo. Es nuestra obligación no mostrar el cuerpo. ¿Cómo pueden decir una cosa como ésta?», dice sarcástico el rabino Goldman.

De ellos también se ha dicho que promueven los matrimonios arreglados entre menores de edad de su comunidad. Con esto, Goldman no bromea. Dice que no hasta en cuatro ocasiones. «En la comunidad nunca ha habido menores de 18 años que se casen».

La situación se volvió más crítica cuando Misael Santos presentó denuncia por discriminación y amenazas contra el alcalde, el síndico y el consejo de ancianos.

El eslogan del pueblo pacífico

San Juan es pacífico y tranquilo. Esta frase podría ser el eslogan de la localidad porque la sueltan todos los vecinos aunque no se les pida una definición del lugar. Se sienten marcados por el estigma de la salida de Lev Tahor, quienes pese a todo, también hablan de su penúltimo hogar como un pueblo pacífico. Encajado entre cerros , San Juan contempla el inmenso Lago de Atitlán, de cuyo reclamo vive esta localidad de 14,000 habitantes, además de la agricultura y de la artesanía.

Dos ovejas y un San Juan a tamaño natural. Estas tres esculturas decoran el parque de San Juan, en el Cantón Chicuac. El 12 de mayo, en el gimnasio municipal, a una cuadra del Cantón Chicuac, el Consejo Municipal de Desarrollo (Comude) convocó una reunión. Aunque sirve para garantizar la ejecución de los programas de desarrollo, en esta ocasión decidió reunirse para hablar de la gente de Lev Tahor. Y obtuvo su primera respuesta.

Santos les explicó que los judíos ultraortodoxos estaban allí porque en Guatemala hay libertad de culto y él, tras seis años en San Juan, creía que era un lugar donde se respetaba a otras culturas. Su respuesta fue tan insatisfactoria que generó un nuevo chisme: ¿iban a comprar terrenos?

«Para responder a eso, tenemos un antecedente histórico», dice un líder del Comude que quiere mantenerse en el anonimato. A principios de 1900, una epidemia de cólera en San Juan provocó una emigración masiva y mucha pobreza. Tanta que numerosos vecinos vendieron sus tierras a sus vecinos de San Pedro, a cinco minutos en tuctuc. Y hasta hoy son suyas. «Esto hace que en San Juan seamos reactivos a los asuntos de la tierra», añade.

«Nos querían invadir», opina Pedro Cholotío, al que el asunto de los terrenos le preocupó considerablemente. Si bien el plan de Lev Tahor es obtener el permiso de residencia en Guatemala, no habían comprado tierras en San Juan. El caso ha sido usado por columnistas de extrema derecha para acusar de racistas a los indígenas, otros han reflexionado sobre la complejidad del caso, y otros como Andrea Ixchiu, defienden los argumentos de los sanjuaneros.

Los sanjuaneros que apoyaron la expulsión

La Municipalidad recabo unas 2,000 firmas entre los vecinos del pueblo, que guardan en la carpeta referente al conflicto de Lev Tahor en una oficina de la institución y a las que tuvo acceso Nómada. El último censo de población (2002) indica que el pueblo tiene 8,149 habitantes. De éstos, aproximadamente el 66% tenían entre 15 y 65 años. Hoy se calculan unos 14,000 vecinos.

 

Varias de las firmas de pobladores a favor de la expulsión

Casi dos de cada tres adultos de la comunidad firmaron la petición de sacar a Lev Tahor.

No es fácil encontrar vecinos que digan haber entablado contacto con los ultraortodoxos, pero Miguel, de cuatro años, es uno. Lo cuenta en su casa el padre del menor que no quiere decir su nombre. «Me apellido Hernández, tengo siete hijos y soy artesano». El niño, de nombre cambiado, sentado en un bote de pintura, observa a su progenitor mientras habla de cómo dos de sus hijos solían jugar con un par de hermanos judíos que vivían cerca suyo. «Mis patojos comían sus dulces y los judíos, sus uvas».

A don Luis, dueño de una tienda de alimentación en el Cantón Chicuac, varias familias de Lev Tahor le solían comprar uvas una vez por semana. También avena y agua pura. Este sanjuanero que vivió en Dallas elude decir su apellido, pero dice que logró conocer un poco a la comunidad porque dos de sus hijos hablan inglés y le traducían.  La decisión que los ancianos tomaron en la asamblea comunitaria hace arrugar el gesto a este hombre de 58 años. «No me gustaría que se lo hicieran a mis hijos, quiero que sean ciudadanos de mundo».

Hernández, el padre de Miguel, asistió a la reunión del 22 de agosto en el gimnasio municipal. Fue uno de los que no firmaron para apoyar la marcha de los ultraortodoxos. «Sólo iban en contra de la gente (los ancianos del consejo), pero los judíos no me hicieron nada malo».

El 27 de agosto, antes de la reunión, Rodolfo López, alcalde de San Juan, llamó a un pastor con el que tiene amistad para que rezara por él. Armando Hernandez, pastor de la iglesia Betel Centroamericana Siloé, en San Pablo, a 20 minutos de San Juan, le dijo que oraría por su alma. Pero confiesa que no lo hizo. «Yo pedí al Señor que hiciera justicia porque es lo que deseaba. El alcalde no actuó con esa comunidad cómo debía».

En el pueblo pacífico junto al lago, se repiten los casos de vecinos que no quieren dar sus datos completos o piden anonimato. A la pregunta de por qué no, la respuesta muda es una mirada huidiza.

Elsa Cabria
/

En Ciudad de Guatemala nadie lleva chaqueta por si hace frío. Tampoco en Ciudad de México. Pero yo nací en Santander, pequeña capital de provincia en el norte de España. Así que arrastro la manía allá donde me mudo. Tras trabajar en mi país, me fui en 2011 a México por pura curiosidad y me mudé a Guatemala el mes que se fundó Nómada en 2014. Ahora me dedico a proyectos largos de investigación y quiero explorar Centroamérica entre Nómada y El Intercambio.


Ana Carolina Alpírez
/

Nací en una familia numerosa, de ahí mi problema con la propiedad privada. Soy periodista porque esta profesión mantiene viva mi capacidad de asombro y no puedo concebir el mundo de otra manera.


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COMENTARIOS

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    WSS /

    03/04/2018 7:20 PM

    Lastima la decision contra la humilde comunidad expulsada, quienes si merecen respeto por su postura antisionista, pero que se puede esperar de este pais y sus chapines asquerosos, el GUATEMALTECO si se indigna con esta postura de un pueblo dinosaurio que vive a orillas de un lago de aguas negras...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Koeman /

    19/07/2017 2:58 PM

    Esto mas bien parece una pequeña novela. Redactada a forma de tal. Describibiendo a las personas con adjetivos tipicos de un libro. Al final, me dejó la sensación de que el pueblo guatemalteco es un pueblo discriminatorio, y que los judios terminan por ser victimas.

    No termino de entender el sentido de esta nota. Asi como una española haciendoselas de reportera-novelista. Regresa a tu pais, nos dirian los europeos, si le dieramos la vuelta a la tortilla. Y en serio.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ben Avraham /

    14/07/2016 6:22 PM

    por eso Guatemala NUN CA saldrá de ser uno de los países mas miserables de América , han expulsado personas que no se meten con nadie , jamás se bañan desnudos en publico , son del mismo linaje de una tal maria que dicen que engendró un falso dios y como es posible que no hayan leido que si ellos expulsan a el pueblo escogido de Elohim , maldición les espera y será pronto ya que pasó la última generación del holocausto y se nota que las langostas con turbante ya entraron en alemania y los ismaelitas son los que atormentaran a los descendientes de los alemanes , ahora con Guatemala oraremos para que el Eterno יהוה tome en cuenta esta ofensa contra su pueblo yahudim ,
    hasta opina una mujer que usa un nombre Hebrew de laila que significa Noche , no cabe duda que el pueblo guatemalteco es ignorante

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      WSS /

      03/04/2018 7:23 PM

      Ben, no seas parte de esos sionistas que siguen aferrandose al holocausto y querer imponer culpa, por algo que la mayoria de sus instigadores y victimas ya se fueron o estan por irse de este mundo, guatemala y sus chapines son lo que describis, pero el guatemalteco comun, ni se asemeja a esa descripcion generalizada

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      ervin /

      09/12/2016 9:18 AM

      estoy totalmente de acuerdo con el echo de que esta mal haber expulsado a esta pacífica comunidad de ese lugar pero usted es un tonto e ignorante usted generaliza la población guatemalteca general nada tiene que ver esos pueblos ancestrales indígenas que viven a orillas de ese algo, se basa usted puramente en obescion religiosa para lanzar maldicencias, miseria? nunca va a salir de la miseria? Guatemala es subdesarrollado y hay mucha gente pobre pero no generalmente todo el pais es miserable la clase media es abundante y hay mucha gente rica también, las condiciones económicas generales son las de un país latinoamericanos estándar no se de donde sea Ud pero su argumento es tan estúpido como por ejemplo decir que un Apache de Arizona hizo algo malo a alguien y por eso todo los Estados estados unidos será maldito para siempre se da cuenta?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      caquin /

      17/11/2016 10:38 AM

      me cago en tu puta madre y en la de tu dios elotin también.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    laila /

    16/09/2014 12:54 PM

    Esperaba mas del articulo, no detallaron bien la naturaleza de esa secta sin embargo me ha gustado que han reconocido la complejidad del tema. Me parece que quien lo escribio tiene una preferencia por los judios. Hasta el que ha visitado comunidades entiende cual es la relacion entre extrangeros y locales, ni se diga un estudio antropologico. Aqui hay simplemente opiniones convenientemente colocadas.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Lucía /

    16/09/2014 11:17 AM

    No sé si el texto logré explicar "por qué fueron expulsados los judíos de San Juan". Creo que el conflicto es mucho más profundo y este reportaje brinda elementos de análisis, mas no lo explica en su totalidad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ligia Flores /

    16/09/2014 10:26 AM

    Se valora el intento de explicar las múltiples causas que originaron la salida de la comunidad Judía de San Juan La Laguna, pero este trabajo no es un aporte que permita comprender este hecho. Al contrario, tiene un abordaje descontextualizado y deja ver prejuicios de quien escribe. Si el medio se hubiese tomado el tiempo de editar el reportaje, se hubiese percatado de que para hacer periodismo antropológico es imprescindible tener conocimientos antropológicos y manejar una buena técnica periodística, y ninguna de las dos cosas se observa en este trabajo. Hay un discurso que refuerza el estigma sobre el pueblo de San Juan La Laguna, como "problemáticos", que quizá no fue pensado a propósito, pero que sobresale. El planteamiento que predomina en este texto es el dicotómico, de buenos contra malos. Y, sin ánimo de ofender, su texto está muy lejos de explicar por qué los judíos abandonaron el lugar.
    Sigan adelante!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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