¿Los inmigrantes y los refugiados tuvieron Día de Gracias?

El miércoles 25 de noviembre fue la víspera del Día de Acción de Gracias. En televisión no cesaron las ofertas del «Black Friday» y las últimas noticias sobre los atentados en París. En un lugar donde la amenaza de ataques terroristas o domésticos –estos últimos son los protagonizados por insatisfechos con la vida que salen a matar a una escuela o a un centro comercial–, es normal que muchas personas estén temerosas o ansiosas, especialmente cuando se acerca una fecha tan importante para los estadounidenses. Y sobre todo, porque ISIS también amenazó con atacar Washington DC.

Cotidianidad n246 Opinión P369
Esta es una opinión

Aunque no haya una guerra declarada, la gente sigue huyendo de nuestros países.

Foto: Flickr, Repositorio Península

El miércoles previo a la cena del pavo es el día en que los aeropuertos estadounidenses están más llenos, porque la gente viaja para estar con la familia. Algo así como la Nochebuena para los guatemaltecos. El temor persistía y la televisión presentaba noticias sobre la seguridad en aeropuertos y estaciones de metro, así como en el desfile de Thanksgiving que paraliza las calles de Nueva York. Sin caer en el pánico, efectivamente, esos días había más seguridad que otras veces en los lugares públicos.

Los noticieros gringos repetían el mensaje de la Casa Blanca de no temer ante posibles atentados para el Jueves de Acción de Acción de Gracias. El mismo Presidente Obama apareció en una conferencia de prensa junto con su Secretario de Seguridad afirmando que no existía amenaza o peligro alguno. Pero los medios también mezclaban las noticias de seguridad con temas sensibles, como los inmigrantes y los refugiados sirios. Y todo esto porque el debate sobre recibir refugiados ha cobrado importancia desde los ataques terroristas en París.

El tema es que los conservadores norteamericanos han aprovechado el momento para poner las palabras refugiados e inmigrantes en el asador y reavivaron la discusión como resultado del plan del Gobierno de recibir a 10 mil sirios el próximo año. De hecho, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley para implementar más medidas de seguridad para los refugiados procedentes de Siria e Irak. Falta que la ley sea aprobada por el Senado y Obama ya amenazó con vetarla. Además, una veintena de gobernadores ya se opusieron a recibir en sus territorios a los que huyen de la guerra.

Pero el debate no sólo cobra importancia en el Senado: entre la población también y ya han aparecido propuestas xenófobas, como controlar más las mezquitas. Los medios han implementado encuestas en las que preguntan si Estados Unidos debe o no debe recibir refugiados. El ‘no’ es la respuesta que gana por mayoría y los comentarios negativos no se hacen esperar. El Presidente, por su lado, hace la tarea de apelar al llamado de ayudar al prójimo y a los que huyen de la guerra. Ha insistido en que este país se ha caracterizado –durante años– por recibir refugiados. Entre estos mensajes, el Gobierno ha compartido un video de ACNUR sobre el proceso de seguridad al que será sometida cada persona que ingresará bajo ese estatus. Lo triste es que la mayoría de estos refugiados son niños y mujeres que sólo quieren escapar del infierno, pero el riesgo de tratarlos como diferentes, como enemigos, existe.

 

Y mientras continúa el debate sobre los refugiados de la guerra en Siria, ¿qué pasa con los refugiados latinoamericanos?

En el afán de apoyar la iniciativa del Gobierno, algunos medios de comunicación –más promigrantes– se han unido a los mensajes de la Casa Blanca y muestran historias de artistas o personajes extranjeros que han sobresalido en este país, como el científico Albert Einstein. Y de la historia reciente –y no menos importante– casos como el de Manuel Portillo, un guatemalteco que huyó de la guerra y que ahora trabaja en un centro de ayuda a migrantes de Philadelphia.

Recordemos que Guatemala también vivió una guerra interna. Producto de eso, entre los años 1982 y 1984 fue cuando más compatriotas salieron huyendo del conflicto. Para dejar constancia, ACNUR registra las cifras en el análisis histórico sobre los 50 principales países emisores de refugiados. Y seguimos apareciendo en ese mapa, pues para el año 2014 más de 23 mil guatemaltecos estaban con estatus de refugiados y asilados.

Y aunque en Guatemala o en otros países latinoamericanos el tema de la guerra en Siria –y de sus refugiados– se toma con pasividad por la autoridades, e incluso para algunos es motivo de chiste la posibilidad de una amenaza –México es un ejemplo–, la gente sigue huyendo de nuestros países a causa de una guerra no declarada. De hecho, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió recientemente a Estados Unidos que los casos de la crisis migratoria de 2014 –en su mayoría menores de edad centroamericanos– sean tratados como una crisis de refugiados, ya que muchos están a la espera de que un juez decida si se quedan o son deportados.

Y así, la lista de los que huyen de Latinoamérica va creciendo. No sólo es Guatemala, El Salvador, Honduras o Venezuela, también es Cuba. Desde hace un par de semanas, cientos de cubanos están varados en Costa Rica, en una travesía que va desde Ecuador y Panamá. Su objetivo es llegar a Estados Unidos.

Nos guste o no, la gente sale de un país aunque no haya una guerra declarada, huye porque en silencio les están matando las pandillas, el narcotráfico, la delincuencia común o el hambre. Y Estados Unidos no dejará de ser el destino final de muchos refugiados, inmigrantes o asilados políticos, aunque se tenga que vivir con las amenazas de los tiroteos en casa.

El viernes 27 de noviembre, día siguiente del Thanksgiving, nos trajo las noticias del «Black Friday» que se mezclan con las del pistolero que abrió fuego en una clínica de Planned Parenthood en Colorado. No es un refugiado, ni un inmigrante, “es un americano blanco de 57 años”, según los medios de comunicación. El resultado: tres muertos y nueve heridos.

Conié Reynoso
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Periodista guatemalteca viviendo en Washington, D.C. Le encanta explorar el mundo a través de la gente, de la comida y de su cultura. Apasionada por la vida; curiosa por naturaleza y de profesión. De pequeña su abuelita le decía que “tenía batería”. Años después entendió por qué.


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    alfonso villacorta /

    05/12/2015 10:13 AM

    hace falta un circuito integrado que ordene esa bateria, porque el articulo es muy explosivo y revuelto en cuanto a temas o puntos, sin aterrizar exacto en algo, como migrantes, desplazados, refugiados, dia de gracias, viernes negro, acnur, guerra, atentados en paris, etc y aunque todo esta integrado, hay que analizarlo por partes.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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