Los ‘soñadores’ guatemaltecos se cuentan por miles en EE.UU.

El próximo viernes se cumplirá un año del anuncio que hizo el Presidente Obama para regular a 5.2 millones de inmigrantes, a través de dos mecanismos migratorios que suspenden la deportación y les concede permiso de trabajo, con los que se prioriza a jóvenes inmigrantes y padres de niños nacidos en este país. Pero esas intenciones están truncadas desde hace nueve meses.

Cotidianidad Migrantes n789 Opinión P258
Esta es una opinión

Miles de migrantes esperan ser beneficiados con las iniciativas DACA y DAPA.

Foto: Flickr, Light Brigading

Lo único cierto de esto es que hay 22 mil jóvenes guatemaltecos que ya tienen un permiso temporal para vivir en EE.UU., a través de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés).

Demos un vistazo a los titulares de la prensa gringa. El 15 de junio de 2012, Barack Obama anunciaba la implementación de DACA, una especie de permiso para los jóvenes llamados ‘dreamers’, que les permitiría trabajar y continuar sus estudios universitarios, para lo que se debe tener estatus legal. Los candidatos para recibir este documento debieron llegar a EE.UU. antes del 15 de junio de 2007 y ser menores de 16 años en ese momento. Óscar Hernández es uno de ellos: vivió parte de su infancia en Ciudad San Cristóbal y a los 9 años emigró junto a su madre y su hermana. Hoy es administrador de un restaurante de comida rápida y el otro año comenzará sus estudios de administración y negocios.

 

Según el Centro Nacional de Leyes de Inmigración, la acción diferida es una especie de alivio administrativo que ha existido desde hace mucho tiempo y que permite que un inmigrante permanezca “legalmente presente”; es decir, perdona la deportación por el tiempo que su acción diferida esté en efecto y se ha utilizado para diferentes países y en diferentes casos. El 20 de noviembre de 2014, Obama anunció la ampliación de DACA. Ahora podrían solicitar este permiso alrededor de 300 mil jóvenes más, que habían entrado antes de 2010, y para evitar la separación de familias, también se implementaría la Acción Diferida para los Padres de Ciudadanos y de Residentes Permanentes (DAPA, por sus siglas en inglés). Estas dos acciones no son exclusivas para latinoamericanos, aunque sí son la mayoría de beneficiados.

En estos grupos entran todos: los que ingresaron de manera ilegal y los que llegaron con una visa y se quedaron más tiempo de lo permitido, como fue el caso de Hernández y su hermana Crista, dos años menor. Ellos arribaron a suelo estadounidense como turistas, pero su madre –una joven ama de casa– quería ofrecerles una nueva vida tras su divorcio y decidió establecerse en EE.UU.. Años más tarde, la madre quería volver a Guatemala, pero Óscar y Crista –ya adolescentes– tenían una red de amigos, les gustaba su escuela y se habían adaptado fácilmente a su nueva vida.

Óscar tiene 18 años. El año pasado comenzó a alternar sus estudios con el trabajo. Amante de las patinetas y los videojuegos, este guatemalteco todavía mantiene las costumbres de su tierra: la frase “buen provecho” lo delata, aunque el acento lo perdió hace mucho. Como a muchos jóvenes, la política le interesa poco y no sabe quién ganará las próximas elecciones, pero sí reconoce que gracias al gobierno de Obama él puede permitirse soñar, tener un trabajo y continuar estudiando, comprarse ropa, invitar a la novia al cine y hacer otras cosas que antes no hacía, porque dependía exclusivamente de lo que su madre le daba.

Él es el ejemplo del dreamer que se está impulsando con DACA. Historias como las de Hernández hay muchas, pero otros jóvenes incluso han ido más allá: se han convertido en voceros de un movimiento de ‘soñadores’, como es el caso de Alejandra Pérez, una guatemalteca que vive en el estado de Washington, en la costa oeste de EE.UU., y que es parte de la coalición United We Dream, la organización más grande de ‘soñadores’ que aboga por el trato justo y por el respeto a los derechos de los jóvenes migrantes y sus familias. Alejandra ha destacado como líder y apoya a otros jóvenes a que tengan la información adecuada para continuar sus estudios, ya que en el estado donde vive hay universidades públicas a las que pueden ingresar.

 

Alejandra Pérez apoya a otros jóvenes migrantes, como parte de la coalición United We Dream.

Alejandra Pérez apoya a otros jóvenes migrantes, como parte de la coalición United We Dream.

Una generación con la que se puede construir una ciudad

Qué alentador es encontrarse historias como las de Óscar y Alejandra, pero qué triste es saber que son guatemaltecos y que ese talento se perdió para Guatemala, por elección propia o de sus padres. Lo cierto es que estos jóvenes buscan hacer una carrera, cuando en Guatemala también debería ser el objetivo de muchos niños. Pero en un país donde las oportunidades son tan escasas, a poco se puede aspirar. Los sueños se quedan en la clase media y quienes los hacen realidad –porque van a la universidad– son una minoría.

Si vemos las cifras en crudo, son 22 mil los guatemaltecos que han obtenido este permiso. En 10 años, esa cifra podría ser equivalente a la población de Santa Catarina Pinula (67 mil habitantes) si los multiplicamos por tres, tomando en cuenta que algún día formarán una familia. Y si pensamos en el gran total de los que se considera que podrían entrar en estos programas –aproximadamente 59 mil jóvenes compatriotas– se llegaría entonces a la población aproximada de dos municipios más.

Pero justo un día antes de que entrarán en vigencia estos dos programas, la oposición presentó recursos legales que suspendieron los permisos. Sólo está vigente el DACA de 2012. George Escobar, directivo de CASA, una de las grandes organizaciones de ayuda a inmigrantes en la costa este de EE.UU., explica que el DACA de 2012 fue una medida en que la oposición no quiso entrar a debate porque implicaba hablar precisamente de los sentimientos, de los sueños y del futuro de niños y jóvenes. No obstante, en cuanto la administración de Obama creó un programa para los padres, los republicanos saltaron ante los tribunales de justicia.

Escobar dice que hay esperanzas de que los vientos sean favorables para los inmigrantes, ya que la última palabra la tiene la Corte Suprema de Justicia, pero esto podría dilucidarse hasta el segundo semestre de 2016, en plena campaña electoral. Así como CASA, hay otras organizaciones optimistas con el fallo.

Mientras el limbo legal continúa, lo único claro es que los que ya poseen DACA pueden seguir renovándolo cada dos años. La incertidumbre está en los 300 mil jóvenes más que se verían beneficiados con la ampliación y en más de 3.7 millones de padres latinos cuyos hijos son estadounidenses. Estamos hablando de unos 59 mil soñadores y 213 mil adultos guatemaltecos, según las estimaciones de un informe del Instituto de Política Migratoria. Sin embargo, eso no significa que todos los guatemaltecos que están en situación irregular podrían acceder a estos beneficios.

Claro que DACA –como DAPA– sólo son programas temporales: no otorgan ni residencia ni ciudadanía, y únicamente se puede renovar el permiso cada tres años, como ha sido el caso de los salvadoreños y hondureños con la Solicitud de Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés). Pero algunos han vivido así por muchos años. Una triste realidad que puede cambiar sólo si se casan con un ciudadano o ciudadana estadounidense, pero el amor no siempre flecha de acuerdo a nuestros intereses económicos.

 

Menores detenidos en la frontera en los primeros 8 meses de 2015, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU.

Menores detenidos en la frontera en los primeros 8 meses de 2015, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU.

En EE.UU. la comunidad migrante muchas veces cae en la desinformación y en Guatemala todavía más, sobre todo en las comunidades donde prima la pobreza y la migración es la única vía para sobrevivir. En los últimos meses hemos visto y oído anuncios en radio y televisión de la Embajada Americana en los que alertan a no emigrar y que quienes lo hagan ahora no tendrán ningún beneficio migratorio. Aún así, los jóvenes guatemaltecos –principalmente de los departamentos– siguen viniendo por miles y son deportados.

Conié Reynoso
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Periodista guatemalteca viviendo en Washington, D.C. Le encanta explorar el mundo a través de la gente, de la comida y de su cultura. Apasionada por la vida; curiosa por naturaleza y de profesión. De pequeña su abuelita le decía que “tenía batería”. Años después entendió por qué.


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