Lugares a donde el cuerpo no puede entrar pero la mente sí

Existen lugares a los que nunca vamos a poder ir. No es porque estén muy lejos, como las estrellas o las galaxias. Son lugares a los cuales la estructura misma de nuestro ser nos prohíbe la entrada. A estos lugares no se puede llegar cambiando de ubicación, porque ellos se mueven con nosotros. Nuestros sentidos no evolucionaron para apreciar tales espacios y nuestra vida tampoco depende de tal apreciación. Todo lo que somos y hacemos se ejecuta minuciosamente en esos lugares en los que nunca pondremos pie: el reino de lo infinitamente pequeño.

Cotidianidad átomos ciencia guatemala investigaciones microscopios Opinión P258
Esta es una opinión

De un milímetro, un "colibrí acuático" que es posible ver gracias a los microscopios. Foto con Creative Commons.

Foto: Proyecto Agua

0Lo que habita en estos lugares nos da la vida y existencia en un sentido más fundamental del que entendemos y sentimos cuando vemos a un bebé recién nacido. Nosotros, criaturas materiales, estamos sujetos a las leyes eternas del balance de energía del universo. Nos gusta decir que hacemos lo que se nos da la gana, pero ninguno de nuestros actos va más allá de lo que las reglas de la naturaleza nos permiten hacer. Nuestros ojos macroscópicos jamás podrán ver los secretos ocultos en el cosmos de lo infinitesimal, al menos, no por sí sólos.

Sabemos que la materia está compuesta por átomos. No es posible ver un átomo a simple vista, ni siquiera con un microscopio electrónico. El reino de los átomos es imposible de ver. A esa escala, la luz es como un proyectil que destruye la escena que deseamos ver. Es algo así como querer averiguar la forma de una botella lanzándole pelotas de ping-pong y estudiando cómo rebotan. Pero si en lugar de pelotitas le disparamos una bala, no habrá más botella qué investigar.

 

Microscopios antiguos. Por Lillo Villegas (con Creative Commons) flickr.com/photos/el_cafe/

Microscopios antiguos. Por Lillo Villegas (con Creative Commons) flickr.com/photos/el_cafe/

 

Para hacernos una idea de qué tan lejos está lo increíblemente pequeño, hagamos un juego. Las distancias diminutas se miden en fracciones de metro. A cada minúsculo tamaño le vamos a asociar la distancia que resulte de dividir la unidad entre ese tamaño. Por ejemplo: a un centímetro (0.01 metros) le corresponde 1/0.01 = 100 metros, a un milímetro (0.001 metros) le toca una distancia de 1,000 metros. La idea es imaginar que a cada mini distancia le corresponde una única distancia enorme. Con este juego de magnitudes, un viaje al microcosmos equivale a un viaje al macrocosmos. Nos vamos cada vez más lejos sin movernos, a profundidades cada vez más insondables de un océano contenido en una diminuta gota de rocío.

Veamos otros ejemplos. Para llegar al tamaño de un virus (como 0.000001 metros) tendríamos que viajar por toda la longitud de Italia (como 1 millón de metros). Una molécula de glucosa anda por el orden de nanómetros o sea 0.000000001 metros, llegar a esa profundidad de realidad equivale en nuestro juego a viajar de la Tierra a la Luna.

Para acentuar aún más la idea de que viajar al microcosmos es como viajar al espacio, les recomiendo encarecidamente que se dejen llevar por el placer visual, sonoro e imaginativo de realizar la travesía interactiva en su propia computadora visitando el sitio The Scale of the Universe (aunque a veces tarda mucho en cargar). El viaje empieza en la escala del mundo cotidiano, ustedes deciden si van primero al límite del universo observable o al tejido teórico de la estructura discreta del espacio y el tiempo, el fondo del abismo de la realidad de acuerdo a nuestros mejores conocimientos.

Cuando nuestro submarino de la imaginación retorne de las profundidades a la playa en que nos mojamos los pies, nuestra concepción de lo que llamamos “realidad” no puede ser la misma. Nuestra vida transcurre mirando en una ventana de fracciones de milímetro a cientos de kilómetros. La realidad se extiende a distancias descomunalmente lejanas. Las leyes del reino de lo pequeño es lo que nos hace como somos.

El movimiento aleatorio de átomos lo percibimos como temperatura. La polaridad eléctrica de las moléculas nos hace diferenciar entre agua y aceite. Combinaciones precisas de genes transmiten el parecido de padres a hijos. Las enfermedades son batallas épicas por la supervivencia a nivel celular entre nuestro cuerpo y una bacteria invasora. Los radiantes colores de las flores son transiciones de niveles de energía en los electrones de los átomos. La comida que deleitamos y nos sustenta es energía almacenada en enlaces químicos moleculares.

Es una lástima que nuestros ojos puedan ver tan poquito, pero eso no ha sido impedimento alguno. Indagando y preguntando, nuestra mente nos ha llevado a conocer los secretos de la realidad. Hemos aprendido a hacer las preguntas correctas a la madre Naturaleza y ésta nos ha contestado. Hemos aprendido a pronunciar las palabras secretas que abren las puertas de los lugares a los que sólo se puede entrar con la mente.

Nosotros, criaturas materiales, somos mentes curiosas que cuestionan su propia naturaleza. En las palabras de Carl Sagan: «Somos una manera en la que el cosmos se conoce a sí mismo».

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Enrique Pazos
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Enrique Pazos. Físico, protector de la verdad y viajero del tiempo. Profesor de física y matemática en la Universidad de San Carlos. Montañista de a ratos, curioso de tiempo completo. @enriquepazos


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    ¡Ay no!

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    Enrique Pazos
    Enrique Pazos /
    16/09/2014 7:05 AM

    Hay muchos caminos para llegar a Roma y hay otras formas de cultivar conocimiento pero ninguna tan efectiva como la ciencia ;)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Antonio Fuentes /

    12/09/2014 9:17 PM

    Cuando el cosmos se conocio a si mismo, nacio la conciencia. "Nos aferramos al tiempo, desechando el espacio del Ser que es inexistente si no se adentra algo de conciencia en su naturaleza primordial". Jorge Luna.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Antonio Fuentes /

    12/09/2014 9:01 PM

    Tambien entre los fisicos hay distintas interpretaciones de lo que es la realidad. Vlatko Vedral, fisico de la U. de Oxford explica que lo mas extraño de todo es que el universo no estaria compuesto de materia ni de energia, sino de informacion.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Antonio Fuentes /

    12/09/2014 8:57 PM

    Para encontrarnos con el Ser no hay que viajar, nuestro ser esta inmerso en el Ser. "Transforma tu cuerpo entero en vision. Hazte mirada" Rumi.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Antonio Fuentes /

    12/09/2014 8:45 PM

    La ciencia no es el unico camino en la busqueda del conocimiento. Existen dos formas mas de cultivar el conocimiento y son mas antiguas que la ciencia: el arte y la sabiduria mistica. Estas 3 formas fueron simbolizadas por el Dr. Jose Luis Diaz por el abaco, la lira y la rosa. Actualmente estas tres areas del conocimiento se encuentran separadas. Sabemos que lo que captamos de los objetos es indirecto, aspectos o fenomenos, eso nos lo muestra la ciencia, pero no esencias. Captar la esencia es el camino de la sabiduria mistica, de algunos sistemas filosoficos e intuido por el arte.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marvin Ramirez /

    07/09/2014 1:20 PM

    Al principio me pareció un tanto aburrido el artículo porque no soy muy amigo de los número ni mucho de las cifras llevadas a los extremos, sin embargo después de pinchar el enlace cambió todo el concepto de la lectura, realmente increíble.
    Este tipo de extremos son los que interesan conocer, porque, de saber que nosotros formamos parte de ese todo y que en algún lugar nos encontraremos, no pasa el asombro tan fácilmente, ¡qué viaje!

    (Solo en la primera línea les hizo falta un "que" de enlace, para que diga "Existen lugares a los 'que' nunca vamos a poder ir")

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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