Tres razones por las que las mujeres nos criticamos

Somos cuatro amigas y somos tan distintas por las decisiones que tomamos; llevamos nuestras relaciones y profesión de diversas formas, y la política también nos diferencia. Pero nos parecemos en algo, y tal vez en lo más importante, nos hacemos cargo de nuestra femineidad y en la forma en que la queremos llevar.

Cotidianidad crítica femineidad n246 Opinión P258
Esta es una opinión

Mujeres. Voxlocalis.net

¿En qué deriva eso de hacernos cargo de nuestra femineidad? En el respeto explícito por las formas en que las demás deciden llevar la suya.

Eso de llevar lo femenino puesto es un tema complejo. Más allá de trabajarlo desde cómo se relaciona el hombre con las mujeres y su femineidad, quiero retomar el punto de cómo las mujeres nos relacionamos con la femineidad de las demás y por qué pareciera que somos nuestras más duras críticas.

Si queremos tener hijos o no, si podemos tener hijos o no, si decidimos trabajar o quedarnos en casa, si estimulamos tempranamente a nuestros hijos, si nos divorciamos o unimos, si tenemos una o muchas parejas sexuales… Pareciera que en todo esto hay un interés por uniformar la manera en que se es mujer y el tipo de mujer que somos. Como mencioné en otro momento, las revistas y las tiendas de ropa para mujeres parecen dar respuesta a cómo se ve la mujer, mientras que lo que se presenta al género masculino es qué tiene un hombre.

Estos encuentros con amigas, restauran. El fin de semana nos reunimos las cuatro fuera de la ciudad y de regreso, ya anhelaba esa sensación de comunidad y respeto que vivimos para todas las mujeres. Me parece que hay algo trascendental en lo que allí trabajamos.

En el camino me preguntaba: ¿Por qué somos tan críticas las unas de las otras?, ¿qué sostiene este espejo deformador que devuelve imágenes inseguras? ¿Por qué no puede ser de otra manera?  Estas son mis aproximaciones a una respuesta.

1.¿Será acaso que superar a los hombres en cantidad nos propone una competencia sistemática para sobresalir? Siendo mayor en cantidad respecto a la población, y primordiales para la humanidad desde la maternidad, hace sentido que los sistemas de control ejercidos tengan que ser mayores, directamente proporcionales a la cantidad de poder posible a ostentar.

2.Algunos proponen que somos las mujeres, y no los hombres, las que sostenemos el machismo y nos sometemos las unas a las otras al mismo. Lamentablemente he visto sistemas familiares que funcionan así.

Lo femenino está mucho más expuesto a la palabra y, con ella, a la crítica. La crítica dirigida al control de nuestra sexualidad. Casi siempre estamos al borde de ser “putas” pues hay un subtexto que sugiere que la sexualidad debe ser vivida con culpa, y por eso han sido muchas las luchas para que se pueda acceder al placer en la misma. Y aunque al juzgar por las vueltas del mundo actual, pareciera no ser ya tan importante, los ideales de no ser la “mujer fácil” y de ser “mamá”; atormentan a las mujeres en algún momento.

Para percibir dicha presión, basta en ir a una boda sin pareja después de los 30. Las preguntas y miradas compasivas acerca de nuestro status civil, son ejemplos de estos subtextos.

3.La relación con la madre. Pensémoslo así: tanto hombres como mujeres tenemos como figura primordial a la mamá. La relación de las mujeres con sus madres suele ser mucho más ruidosa y conflictiva que aquella de los hijos hombres. Esto redunda en que para diferenciarnos y encontrar identidad propia, las peleas con el primer modelo de femineidad son un tanto más intensas. Nos tenemos que diferenciar de lo más cercano más de lo que nos parecemos.

Esta última propuesta explicaría que extrapolamos aquellas diferencias con esta mujer primordial y las aplicamos a las que están a nuestro alrededor. Como quien repite aquello que no ha logrado tramitar desde sí.

La diferencia del vínculo generado con mis amigas, al que percibo en otras interacciones de mujeres, viene de este respeto y con el respeto una solidaridad que nos ha permitido enfrentar enfermedades, muertes, rupturas amorosas, crisis financieras, crisis de edad, etcétera.

Cuánto desearía que esa mágica sensación de hermandad entre brujas que deriva del aquelarre, cuchubal o promoción académica (sea cual fuere el grupo de amigas que recordemos con esta nota), la pudiéramos extender a los encuentros cotidianos con otras mujeres: un trato más empático o, cuanto poco, menos crítico a las demás.

 

Claudia Castro Ruiz
/

Orgullosa guatemalteca. Dice mi mamá que soy heredera de hadas y amazonas, y que soy psicóloga porque no he querido ser psíquica. Me fascina la mente humana. Del mundo y su magia, lo que más me interesa es presentárselo amablemente a mi hija.


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    Kevin Jahir Barrios /

    28/10/2015 10:33 AM

    Es interesante como las relaciones entre mujeres se ven tan afectadas por este tipo de rivalidad. Me gusta cómo plantea las razones que pueden generar esto. Entre hombre se vive una dinámica distinta. Muy buen artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Tres razones por las que las mujeres nos criticamos – Claudia Castro Ruiz | Colectiva de mujeres lectoras /

    29/07/2015 10:15 AM

    […] Publicado originalmente en nomada.gt […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Claudia Castro Ruiz /

    10/02/2015 9:44 PM

    Si Bea, el tema es mucho más profundo. Algo pasó, muy serio, en que las mujeres estén "politizando" la forma de ser madres, te doy ejemplos: dar de mamar, o pacha, estar de acuerdo en dar pepe, dejarlos llorar, etc). El punto acá es que en lugar de establecer lazos de solidaridad, vía por ejemplo los vínculos del ser "comadres" (madres en cooperación= co - madres), somos muchas veces portavoces de las más despiadadas cacerías de brujas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Bea /

    04/02/2015 7:59 PM

    Creo que el tema de la madre es mucho más profundo y tiene que ver creo yo más con el poder y la obsesiva manía que tienen las madres en desear ser perfectas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Claudia Castro Ruiz /

    28/01/2015 9:26 PM

    @Olga Villalta, la lectura recomendada es importante, gracias por la sugerencia.
    @José Byron Gonzalez, es difícil en general, sortear el peso del qué dirán; creo que encontrando el porqué, podemos iluminar el cómo.
    Gracias por comentar.
    Claudia

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Byron Gonzalez /

    28/01/2015 2:42 PM

    Interesante ensayo, algo que discutia bastante con mi novia (chapina) que a pesar de llamarse "independiente" vivio limitada por el "que diran" hasta el final de nuestra relacion (la cual, me advirtio, negaria a cualquiera le preguntara al respecto en Guatemala, precisamente porque "tenia un nombre que proteger en la sociedad"). Yo creo que porque ella era canchita y yo bien moreno. En fin....

    Dadas las preguntas que presenta, un buen libro para ayudar a definir las posibles respuestas es "Is there anything Good About Men" por Roy Baumeister, que viendo las cosas desde el nuestro lado, explica bastante bien en mi opinion la manera como funciona la sociedad y define los roles tradicionales de ambos generos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Olga Villalta /

    28/01/2015 11:32 AM

    Pero el asunto de la competencia entre mujeres es más profundo. La socialización a la que nos somete el actual sistema a las mujeres es la competencia entre nosotras por la mirada del hombre. En este mundo si no se tiene la mirada del hombre no existimos y ninguna mujer quiere "no existir". Desaprender estos mandatos y comenzar a reconocernos en las otras, es toda una tarea. Reconocer que la otra tiene unos ojos más brillantes que los míos, reconocer que tiene otras capacidades... ufff cuesta. Recomiendo a las lectoras leer algunos textos de Marcela Lagarde sobre esto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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