El maestro Yoda del fútbol uruguayo

Hay un entrenador al que sus jugadores llaman con reverencia, “Maestro”. Dirige los entrenamientos en muletas o a bordo de su carrito eléctrico. Es el hombre que se encargó de criar a la generación de futbolistas que sacó a Uruguay de su nostalgia por los títulos de antaño.

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El maestro Tabárez, el responsable de librar a Uruguay de la nostalgia

Ilustración: Diego Orellana

Cuando Óscar Washington Tabárez tenía tres años, en 1950, Uruguay ganó su última Copa del Mundo. A domicilio, contra Brasil y con “Maracanazo” incluido. Era el último gran título conseguido por la selección celeste que dominó el fútbol mundial en la primera mitad del siglo XX.

Recuerdo de esos años son las cuatro estrellas que posan sobre el escudo de la selección charrúa. Un astrofísico diría que son enanas blancas, estrellas apagadas. Durante mucho tiempo los uruguayos no pudieron con el peso de ese pasado. El escritor Eduardo Galeano definía como nadie aquel sentimiento nacional: “Nos refugiamos en la nostalgia cuando sentimos que nos abandona la esperanza, porque la esperanza exige audacia y la nostalgia no exige nada”.

Antes de que el maestro fuera El Maestro, probó suerte estudiando abogacía y como asistente médico. En ninguna de las dos le fue bien. Fue su gusto por la filosofía el que lo llevó a escoger la carrera que sus padres le exigían para que su futuro no dependiera solo del fútbol. Optó por la pedagogía.

Suerte que lo escogió porque como futbolista nunca destacó mucho. Pasó por cinco clubes uruguayos de bajo perfil y jugó un año en México. Tras su retiro en 1978, la situación no era sencilla. El sueldo de maestro no aguantaba para una familia con cuatro hijos. Desesperado apuntó todas las ideas que tenía sobre fútbol y le fue a dejar su carpeta al dueño de Peñarol.

“Soy Tabárez, se me cae la cara de vergüenza, pero vengo a… mírelo y si hay algo de lo que puse allí que le pueda interesar…”. El dueño lo invitó a pasar a la sala, Tabárez no quiso cruzar la puerta. Se pasó el día vagando con la frustración de regresar a casa con las bolsas vacías y cuando regresó, de noche, se topó con que el club le había devuelto la llamada.

La carrera como entrenador de Tabárez siempre ha sido un ir y venir entre los equipos mayores y las divisiones juveniles. Con Peñarol ganó la Copa Libertadores, título que le abrió las puertas para dirigir en Colombia, en Italia y en Argentina.

En su primera etapa con la selección uruguaya la llevó a ser subcampeona de América y a quedar eliminada en octavos de final en el Mundial de Italia 1990. Para los escasos logros del fútbol charrúa en aquellos años, eso era un éxito. Por eso, cuando no lograron siquiera clasificar al Mundial de Alemania en 2006, los directivos llamaron de regreso al maestro Tabárez.

No se limitó a dirigir sólo a la selección mayor y lo pidió todo, desde la dirección de las divisiones juveniles. Su guía de trabajo fueron conceptos que aprendió trabajando con niños en su etapa como maestro. El valor de la “cohesión grupal” y la “deuda de gratitud” que se genera cuando todos se han ayudado tanto los unos a los otros que ya solo se apoyan por instinto de camaradería.

Su método de trabajo lo testifican una decena de libros que responden a la fiebre por los charrúas y más recientemente un reportaje del Wall Street Journal titulado: “Uruguay, la sociedad de los poetas muertos del fútbol”.

El trabajo del maestro inició por acabar con la idea de que la selección sólo pertenecía a los jugadores privilegiados de Peñarol o Nacional, los dos clubes más grandes de Uruguay. Su dirección es la misma de un maestro, impone reglas claras de conducta, respeto y buenos modales porque según él la clave de formar buenos jugadores pasa primero por formar buenos ciudadanos.

“La palabra sagrada en mi cuerpo técnico es respeto. Lo primero que se le enseña a los chicos de 13 años cuando llegan es a saludar cuando pasan por un sitio donde hay gente, aunque no la conozcan, y luego a agradecer: al que les lava la ropa, al que les sirve la comida…”. La propuesta del maestro, aunque sencilla, era todo un reto de humildad para un camerino que solía fracasar en medio de sus disputas internas por el choque de egos.

Es más, según el reportaje, a pesar de la talla internacional de jugadores como Godín, Cavani y Luis Suárez, los jugadores están obligados a compartir habitación, a mantener limpios sus zapatos y a no utilizar el teléfono durante las comidas. A ello se suman visitas a museos y parrilladas que organiza el maestro Tabárez para fomentar aquella “cohesión grupal” que aprendió de su trabajo con niños.

Y así como lo hacen los buenos maestros o el pastor que va en busca de su oveja descarrilada, Tabárez no abandonó a su chico más problemático. En el Mundial de Brasil 2014, Luis Suárez mordió a un defensa italiano y la FIFA reaccionó suspendiéndolo de cuatro partidos con la selección y con cuatro meses lejos de cualquier estadio.

Tabárez dio la cara por él y salió en rueda de prensa a recriminarle a la FIFA la sanción excesiva contra el delantero. Recriminó como un maestro que sabe que con lujo de fuerza no se endereza a un muchacho torcido. Habló quince minutos y al terminar, la sala se puso de pie y lo aplaudió.

Doce años después de su regreso, Tabárez volvió a colocar a Uruguay en una semifinal en Sudáfrica 2010 y le dio una Copa América en 2011. Aún así su éxito está más allá de los títulos. Impuso un nuevo sistema para trabajar con los jugadores, un sistema que le valió tres reconocimientos como mejor entrenador, el nombramiento como “Campeón del Deporte” de la Unesco y la Orden del Mérito de la FIFA. Todos entre 2010 y 2012.

En el camino al Mundial de Rusia hubo voces que pedían el recambio, por la vejez del técnico, por su juego resultadista y poco vistoso y por la enfermedad que afecta al maestro. El síndrome de Guillain-Barrè, afecta a su sistema nervioso y le ha quitado movilidad en sus piernas y tronco.

Ahora, con bastón o en carrito eléctrico, suma 183 partidos dirigiendo a su selección. Récord absoluto en el fútbol mundial dónde rara vez un país confía tanto tiempo en un solo técnico. En su enfermedad el grupo de jugadores lo ha respaldado: el maestro Tabárez seguirá siendo su entrenador hasta que decida retirarse.

En el partido inaugural del Mundial, cuando los uruguayos se llevaron la victoria frente a Egipto con un gol de último minuto, Tabárez aún alcanzó a ponerse de pie y gritar de felicidad por el éxito de sus muchachos.

Gabriel Woltke
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Guatemala / Xibalbá 1988. Ingresó al seminario queriendo ser sacerdote, salió a estudiar literatura y luego hizo carrera como periodista. Avanza sobre el río. Desea ser escritor, corrector, carpintero, programador, diseñador, monje, mago, árbol, pájaro, ballena.


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    Margarita Marroquin /

    03/07/2018 9:23 AM

    Amo estas historias!! Solo una pregunta, el récord de DT más tiempo no lo tiene Ferguson? O Ferguson en equipo y OWT en selección? Gracias, Gabriel!!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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