Comalapa: Asesinados con odio, enterrados con amor

No hay palabras más antagónicas que el amor y el odio. Esta semana, en San Juan Comalapa se cerró el círculo en torno a estas palabras que luchan en una batalla sin fin entre el bien y el mal. En un sepulcral silencio, solo roto por los sonidos de una flauta y un tambor de doble parche que expandían la música del grupo Sotz’il, una procesión, sobre todo de mujeres, acompaña a lo largo de dos kilómetros a quienes un día la violencia del Estado les arrebató la vida. Son 172 personas sin nombre y apellidos, pero que sí los tuvieron en el momento en el que el ejército decidió aniquilarlas entre 1980 y 1985. Ya solo quedan las osamentas, que van cada una de ellas dentro de un pequeño féretro. Un gran camión transporta desde Ciudad de Guatemala los ataúdes, apilados unos encima de otros, tal como quedaron durante años los cuerpos en las 53 fosas a las que fueron lanzados por quienes decían luchar contra la insurgencia.

De dónde venimos P258

Foto: Sandra Sebastián

Allí, en el antiguo destacamento militar de San Juan Comalapa, entre cultivos de milpa y frijoles, la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG) halló 220 osamentas entre agosto de 2003 y diciembre de 2005, gracias a que la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (Conavigua) pidió al Ministerio Público la investigación y exhumación en este lugar. De momento, ya se han identificado a 48 personas a través de la comparación de ADN de familiares y los restos de las víctimas encontradas, que provenían de Comalapa (29), Ciudad de Guatemala (6), Chimaltenango (3), Tecpán (2), San Martín Jilotepeque (2), Mixco (2) y Zaragoza (1). Entre ellas, seis aparecen registradas en el Diario Militar, un macabro listado del ejército con 183 nombres y fotografías de quienes fueron desaparecidos y asesinados. Para derrotar a 15,000 guerrilleros, el ejército asesinó o desapareció a casi 200,000 personas –muchas en Comalapa–, según estadísticas del propio ejército y de la Comisión de Esclarecimiento Histórico, respectivamente.

Entre las 220 osamentas, se encontraban las 172 que comenzaron a ser inhumadas este jueves en el denominado ‘Paisajes de la Memoria’, que se sitúa precisamente en el antiguo destacamento militar. Allí, aún permanecen abiertas dos grandes fosas de donde fueron extraídos varios cuerpos. En este lugar, hace más de 30 años el Ministerio de Defensa de Guatemala decidió acabar con todas estas personas arrebatándolas no solo su vida, sino su identidad.

A la espera de que familiares lleguen a dejar muestras de ADN a la Fundación, este jueves se dio una sepultura digna a las 172 osamentas, así como a dos féretros más que contenían huesos de varias personas. “Ellas y ellos fallecieron con violencia, odio, racismo, desprecio y violencia, pero esta vez los vamos a enterrar con amor, ternura, agradecimiento y también con libertad porque cuando los encontramos, cada uno de ellos tenían sus brazos y manos amarradas, mientras que hoy serán enterrados libres de ataduras”, destaca la presidenta de Conavigua, Rosalina Tuyuc. Ella aún no pierde la esperanza de encontrar los huesos de su padre, Francisco Javier Tuyuc, y a su marido, Rolando Gómez, desaparecidos en 1982 y 1984, respectivamente.

Antes de llegar a Comalapa, los restos de las 172 víctimas de la violencia estatal hicieron una parada simbólica frente al Palacio Nacional de la Cultura. El camión que transportaba los féretros se estacionó a pocos metros de la sede del Gobierno, si bien ni el Presidente, Jimmy Morales, ni nadie de su equipo se dignó a bajar y dar un último adiós a los cuerpos antes de emprender viaje de 77 kilómetros rumbo a ‘Paisajes de la Memoria’.

A la presidenta de Conavigua no le sorprendió este desdén por parte de las autoridades del Ejecutivo, ya que desde que se firmaran los acuerdos de paz de 1996, lamenta que ningún gobierno “ha hecho nada” para “honrar la memoria” de las 45.000 personas desaparecidas (5.000 de ellas menores de edad) y las 150.000 asesinadas, sino más bien todo lo contrario: “encubren que fueron agentes del Estado los responsables de la tortura, la violación de mujeres y la desaparición forzada”.

A falta de apoyo por parte del Gobierno, las vecinas y vecinos de Comalapa se volcaron con las víctimas, cuyos féretros fueron bajados del camión mediante una cadena humana. En una galera fueron velados toda la noche del miércoles al jueves por quienes se convirtieron en su gran familia, ya que pese a que las personas que se encontraban en los 172 féretros estaban sin identificar, no por ello se encontraban solas. Una gran parte del municipio las quiso acompañar al día siguiente para darles una sepultura digna.

 

“Hay necesidad de perdonar, pero nunca de olvidar”

La gran pregunta que uno se hace tras tanto sufrimiento es si es posible perdonar a quienes perpetraron las masacres y dinamitaron familias enteras expandiendo el dolor por toda Guatemala. “Lamentablemente, nadie se presenta con nosotros para pedir perdón, así que a quién vamos a perdonar si nadie se hace responsable de lo que pasó”, subraya Rosalina Tuyuc, cuya organización decidió adquirir los terrenos del antiguo destacamento militar para reconvertirlo en un lugar de la memoria de “lo que nunca más debe volver a suceder en este país”.

Sonia Maritza Otzoy, vecina de Comalapa, se dirige a acompañar la inhumación de los cuerpos, ya que a pesar de ser un día “triste”, también lo es “alegre” porque su entierro trae “paz y tranquilidad, debido a que habrá un lugar donde irlos a visitar”. Su tío está desaparecido desde 1976 y recalca que “sí hay necesidad de perdonar, pero nunca olvidar”. Mientras, Maribel Yolanda Rucuch camina junto a dos cuadros con los retratos de su padre y su tía. Él continúa desaparecido desde junio de 1982 en Tecpán, mientras que ella fue exhumada y enterrada. “Las 172 osamentas me dan la esperanza de encontrar a mi papá”, asegura, al tiempo que dice que ella no tiene “ningún rencor, ni ningún odio” hacia quienes asesinaron a sus familiares, sino “más bien lástima, porque no fueron inteligentes de pensar en el bien de la sociedad, al matar los sueños de tantos hombres y mujeres”.

La idea de perdonar también estuvo muy presente en la misa campesina que se celebró el miércoles junto a los 172 féretros, donde el cura tras preguntar “¿Para qué tener memoria histórica?”, respondió que es “para no estar resentidos, sino a partir de las cosas violentas y atroces debe surgir una cosa nueva que nos lleve a la libertad y la justicia”. Lo que no olvida el pueblo de Comalapa es que ¡sí hubo genocidio!, como lo recordó con un gran cartel que viajó desde la capital de Guatemala y que se extendió frente al Palacio Nacional para recordar que el país vivió en los años 80 unas masacres de indígenas, por las cuales fue condenado a 80 años de cárcel el hoy fallecido exdictador Efraín Ríos Montt. Pese a que el proceso fue anulado diez días después por la Corte de Constitucionalidad, Rosalina Tuyuc cree que aunque haya personas que lo nieguen, “ya nadie puede borrar” que en Guatemala “el genocidio en el área ixil ya fue condenado y el responsable fue Ríos Montt”.

 

El MP, sin apoyo del Gobierno para investigar

Sin embargo, hay muchos más responsables, tal como constata la jefa de la Fiscalía de Derechos Humanos del MP, Hilda Pineda, quien tras asistir a la inhumación de los cuerpos en Comalapa, se comprometió a continuar con las investigaciones de “graves violaciones a los Derechos Humanos que se dieron en el contexto del conflicto armado interno”. “Ningún Estado, ni ninguna fuerza de seguridad puede justificar esas atrocidades”, recalcó Pineda, quien, sin embargo, lamenta que la Fiscalía “no ha tenido ningún apoyo directamente del Gobierno en este tipo de casos”, sino que incluso “a veces, vemos como una negativa” respecto a lo que ha ocurrido.

Actualmente, la Fiscalía de Derechos Humanos tiene 17 casos judicializados relacionados con el genocidio que se produjo durante el conflicto armado interno. “Tenemos alrededor de 4.000 casos abiertos y hemos resuelto alrededor de 2.000, si bien en las Fiscalías del interior hay más de 20.000 casos abiertos”, detalla la fiscal Pineda, quien incide en que hace “todos los esfuerzos” por agilizar las investigaciones y evitar así que los responsables fallezcan antes de enfrentar a los tribunales o que haya “tropiezos legales que impidan que el sistema de justicia no responda a la demanda de las víctimas”.

El principal enemigo para que se haga justicia, según apunta, es el Congreso y, por ello, anuncia que presentará las acciones legales que correspondan para frenar la iniciativa de reforma de la Ley de Reconciliación Nacional impulsada por el diputado Fernando Linares, con el fin de poner fin a los juicios por genocidio, desaparición forzada y tortura y dejar libres a los militares que han sido condenados por estos hechos. Para la fiscal, el proyecto de ley, que ha sido dictaminado positivamente en la Comisión de Legislación, es “inconstitucional y viola tratados y convenios internacionales de Derechos Humanos, que han sido ratificados en Guatemala y que son de obligado cumplimiento”.

Mientras, la población que sufrió las desapariciones y masacres no quiere olvidar. ‘No pudieron arrancar nuestras raíces’ se leía en una gran pancarta que acompañó en todo momento a los féretros desde la capital hasta Comalapa. En ‘Paisajes de la Memoria’ no solo estarán los nichos con las víctimas inhumadas, sino que también permanecerá ‘El Muro de los Desaparecidos’, un listado con los nombres de 6.041 personas cuyo paradero se desconoce y que fueron reportadas a la FAFG. Sus familiares, lo único que desean es encontrar sus restos para enterrarlos con amor y sustituir así para siempre al odio con el que fueron asesinados.

 

 

Asier Vera
/

(1980) Periodista desde 2001. Ha sido corresponsal de Europa Press, El Mundo y Gara. Ha publicado en El País, Público, El Diario y Nómada. Amante de las músicas del mundo y de viajar. @asiervera


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    Sofia Velasquez /

    28/06/2018 11:17 AM

    Muchos que niegan el genocidio también apelan al perdón y olvido, pero muy cierto: y a quién perdonar? si nadie asume la responsabilidad de las masacres.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      PAPAZOPAPAZ /

      28/06/2018 10:30 PM

      no hay voluntad de perdonar, hay deseo de castigo y mientras sea así no habrá voluntad de responsabilizarse.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Alaide González /

    25/06/2018 6:23 PM

    Asier, muy buen artículo. Me gusta como recalcó la importancia de la memoria histórica y la necesidad de perdonar.

    Lamentable la persistente complicidad del Ejecutivo con el ejército.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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