Un puente para comprender el trauma, el escritor Arnoldo Gálvez Suárez

Un escritor guatemalteco de 35 años recorrió 3 mil kilómetros de carreteras en Europa para presentar la traducción al alemán de su último libro en 7 ciudades. Como una estrella de rock. ¿Qué tienen sus letras para cautivar tanto al jurado del premio BAM Letras en 2015 como a un público tan lejano? Esta extraordinaria obra trata del asesinato de un profesor de historia en el año 1989 en la Ciudad de Guatemala. Entre la cotidianidad de los personajes y la suposición de que fue un crimen político, ésta expone las bases del cómo se formó el concepto de trauma durante los años del conflicto armado interno.

De dónde venimos P369

Arnoldo Gálvez Súarez. Foto: Sandra Sebastián.

Periodista y escritor guatemalteco, Arnoldo Gálvez Suárez ganó en 2009 el Premio Centroamericano Mario Monteforte Toledo de Novela por su novela los Los jueces, y el BAM letras en 2015 por su novela Puente Adentro (FyG Editores, 2015). Con el apoyo de la Fundación Böll, el pasado mes, fue invitado a participar en el Festival de Literatura de Berlín, y a presentar Die Rache der Mercedes Lima, la traducción al alemán de Puente adentro (Edition Büchergilde, 2017). A Berlín se le sumaron Meldorf, Mannheim, Frankfurt, Nuremberg, Augsburg y Viena.

Portada Die Rache der Mercedes Lima (Edition Büchergilde, 2017)

¿Cuál fue la recepción del libro?
– Más allá del entusiasmo de la editorial y de Lutz Kliche, mi traductor y quien gestionó la gira, de las reseñas que han comenzado a salir, de los comentarios de lectores después de las presentaciones, o de conversaciones muy estimulantes con académicos y periodistas como Michi Strausfeld, Dieter Ingenschay, Peter B. Schumann, y con el escritor Ilija Trojanow, que apadrinó la versión en alemán de Puente adentro, me alegró confirmar el vivo interés que hay en Alemania sobre Guatemala, sobre la crisis actual y las muestras de dignidad ciudadana en la plaza. También sobre nuestro pasado. En todas las presentaciones me encontré con al menos una persona que estuvo aquí durante los años más duros y más sucios de la guerra (1978-1990).

Arnoldo Gálvez Suárez y Lutz Kliche, en Augsburg

En la década donde se ubica la trama de tu novela, yo pasaba frecuentemente frente al edificio de la Policía Nacional en la 6ª avenida. Siempre me inquietaba tanta marimba. A través del relato por fin entendí que era una manera de esconder los gritos de los torturados y los detenidos. Entender eso fue como una luz al final del túnel, gracias.

– A mí me parece que el verdadero horror no se percibe del todo en el gran relato del conflicto en Guatemala. Para verlo hay que acercarse a sus detalles; ejercicio para el cual, por otra parte, la imaginación y la reflexión literarias son instrumentos muy eficaces. Detalles como ese, por ejemplo: marimbas retumbando para que no se escuchen los gritos de los torturados. ¿Qué significa que esas tonaditas, alegres o melancólicas, que forman parte de nuestro repertorio biográfico y sentimental, y que escuchamos en los supermercados durante todos los septiembres de nuestra vida, hayan también servido para ocultar los alaridos de las víctimas de la picana eléctrica? Y aunque Puente adentro no es, no pretendió ser nunca, una novela sobre la guerra, la comprensión de los personajes que la pueblan exigía poner la lupa sobre los usos y mecanismos de la violencia, tanto hoy como en el pasado.

En tu libro la ficción parece ser mucho más efectiva a la hora de rememorar lo que fue la guerra y sus secuelas sociales. ¿Tu crees que tu “generación literaria” está desarrollando una nueva narrativa, donde hay un desprendimiento de la denuncia, de cierta obligación de trazar el recuento de los procesos revolucionarios y de la contrainsurgencia? 

– Ese “desprendimiento de la denuncia”, como bien lo has llamado, fue una conquista importante de los escritores que comenzaron a publicar a finales de los noventa. Es decir, hace casi veinte años. Yo estaba terminando el colegio entonces, y mi manera de comprender lo literario también se formó a partir de esas conquistas.

Por cierto, ¿quiénes conforman tu generación literaria?

– A mí me cuesta mucho hablar de “mi generación literaria”, entre otras razones porque está conformada por voces e intereses muy diversos. Pero sí es verdad que, en relación con tu pregunta anterior, el paso del tiempo tenía necesaria, inevitablemente que generar nuevas miradas sobre ese trozo de la historia. El no haber sido protagonistas o testigos de esos años quizá nos ha permitido, me lo ha permitido a mí, acercarme al pasado desde la imaginación literaria con muchísima libertad.

También es cierto que el punto de vista sobre la violencia de esos años que a mí más me interesa fue el que inauguró Rodrigo Rey Rosa, sobre todo en el Material humano, aunque no exclusivamente. Ciertos rasgos de esa manera de mirar estaban ya presentes en algunas obras anteriores suyas en donde se ocupa de Guatemala.

¿Tú crees que lo anterior tiene que ver con un cambio en la mirada generacional sobre todo eso que llamamos posguerra?

– Más que sobre la posguerra, me parece que hay un renovado interés generacional por la historia y la política, un interés que no es literario sino vital. Lo cual, por otra parte, es una buena noticia: ya sabemos que la literatura que se pretende subordinar a cualquier otra cosa que no sea ella misma tiende a fracasar. Dos ejemplos se me ocurren ahora para ilustrar ese interés vital. El primero, la invitación que recibí hace unos meses de JusticiaYa y Lectores Chapines para hablar de literatura, pero también de política, sin que necesariamente se confundieran la una con la otra. El segundo ejemplo, es el catálogo de la editorial Catafixia, que combina títulos imprescindibles de la poesía contemporánea, con una colección que Carmen Lucía Alvarado y Luis Méndez Salinas han llamado Memoriales, y que, para nuestra generación, se ha constituido en un marco de referencia histórico y político, pero sobre todo ético.

¿Qué otros títulos recientes crees que debemos leer para confirmar esa tesis?

– No sé si confirman la tesis. No sé si lo anterior es una tesis. Pero hay dos libros, dos colecciones de relatos que a mí me interesan no sólo por sus afiladísimos colmillos literarios, porque ambos son muestras de un afán envidiable de relojería narrativa y un amor incondicional por la ficción, sino porque me parecen los mejores ejemplos de renovación en la manera de contar Guatemala. El primero es Después del fin, de Vania Vargas. El segundo, Trucha panza arriba, de Rodrigo Fuentes. Ambos libros se ocupan de la Guatemala de hoy, la inmediata, la que está ocurriendo ahora mismo, pero, aunque no se lo mire con claridad, el pasado está allí, como un fantasma omnipresente.

Tengo una duda desde que leí tu libro. Sacando cuentas, la trama de tu libro sucede en 1989 y tu naciste en 1982. ¡Apenas tendrías ocho cuando todo eso sucedió! 

– ¡Imaginate! Y sin embargo tengo muy presente mi infancia en esa época: imágenes, sonidos, las calles del centro, en particular los rótulos de la Sexta, debajo de los cuales el asesino de Puente adentro persigue a sus víctimas después de haberse almorzado un menú súper campero.

(Una nota al pie: en la vida real, en la Ciudad de Guatemala de 2009, los sicarios que contrató el abogado Rodrigo Rosenberg para que lo asesinaran y así pudiera botar al gobierno fueron grabados en cámaras cuando después de cometer el crimen, llegaron a un restaurante Burger King a desayunar.)

Como colofón de tu libro, mencionas que te basaste en dos libros y una conversación para “no traicionar la textura y el color en la manera como fueron pensadas y dichas ciertas ideas en la Guatemala de hace treinta años”. ¿Cómo fue ese proceso de hacer memoria a través de memorias prestadas?

– Cuando menciono esos dos libros, Oliverio, de Ricardo Sáenz de Tejeda, y El coronel, el rector y el último decano comunista, de los periodistas Pilar Crespo y Asier Andrés, y las conversaciones con el historiador y sociólogo Otto Argueta caminando por los pasillos de la Universidad de San Carlos, me refiero sobre todo a que esas fueron búsquedas deliberadas para la construcción de la novela. Pero en general yo me paso la vida buscando tener conversaciones, con quién sea y cuándo sea, sobre esos temas. Busco anécdotas, detalles, y llevo haciéndolo por tanto tiempo ya, que no estoy seguro ni siquiera de que mi intención detrás de esas búsquedas sea exclusivamente literaria. Me he dado cuenta de que muchas veces, más que ver ciertos sitios con mis propios ojos, o atestiguar o leer sobre ciertos hechos, prefiero escucharlos en el relato de alguien más, porque las texturas, los modismos, las inflexiones de la voz de un individuo, arrojan luces, proveen de cierta información valiosa que ni siquiera nuestros propios ojos son capaces de ofrecernos.

Lutz Kliche, Arnoldo Gálvez Suárez e Ilija Trojanow, en Viena.

El protagonista de tu libro es un niño de nueve años que, hasta la edad adulta, vive para perseguir un fantasma o una explicación del asesinato de su padre. ¿Es una figura que responde a los traumas del vacío, de la negación o del silencio que ha cultivado esta sociedad?

– Coincido en que somos una sociedad víctima de traumas derivados no sólo de la violencia sino también del silencio y del olvido. En relación con Puente adentro, yo puedo suscribir tu descripción exactamente así, sin quitar o agregar una palabra, pero sólo puedo hacerlo ahora, cuando la novela ya está terminada, publicada y circulando. En cambio, cuando la estaba escribiendo nunca se me habría ocurrido pensar en los personajes y sus relaciones como figuras o metáforas de nada, sino como seres humanos, con tripas y huesos, y en consecuencia eran otros los asuntos que me preocupaban.

Cuáles, por ejemplo.
– En primer lugar, la constatación de cuán poco conocemos a nuestros propios padres: venimos de ellos, nuestros genes son los suyos, compartimos con ellos un pedazo fundamental de nuestras vidas y, sin embargo, antes de que naciéramos sus vidas, su historia, se hunde para nosotros en la oscuridad. Es cierto que de ellas nos llegan noticias, anécdotas, pero estas son casi siempre fragmentarias, cuando no exageradas. También me interesaba explorar los mecanismos de ese juego doble en donde un hijo es, al mismo tiempo, continuidad y ruptura en relación con su padre. La vida de Alberto en nada se parece a la de su padre, el profesor Daniel Rodríguez Mena, y sin embargo ambos padecen la misma incapacidad para el amor, para tender puentes hacia sus propios afectos. Alguien, algo, la sociedad, la historia, les ha atrofiado esa capacidad.

También incluís en el texto pasajes que se abren como pequeñas notas rojas. Por ejemplo: la mujer que se lanza del puente El Incienso con la hija de dos años en brazos, por desesperación y falta de atención médica, es brutal. ¿Cuál fue tu intención, o urgencia de intercalarlas?
Somos habitantes de la intersección en donde se encuentran las avenidas de lo individual y lo colectivo, y nuestras vidas están formadas también por las historias que nos cuentan los demás, por las anécdotas oídas al pasar, y con las cuales nos golpea el mundo exterior. En ese sentido, estos pasajes funcionan como una suerte de contraluz que ayuda a delinear las siluetas de quienes protagonizan el relato principal. Cada una de esas historias habla de sí misma, pero también de los personajes. Son el tipo de anécdotas que se narran en las tertulias de Donde Leo. También son cuentos que no consiguieron serlo del todo, cuentos que alguna vez quise escribir, en otra forma y con otros recursos, y que en cambio encontraron su sitio en la novela.

– En tu libro, el pasaje del bar de los retornados y los rockeros nostálgicos por “los Rolins” es soberbio. ¿Es mucho pedir que nos des una pista de dónde salió la referencia del bar Donde Leo

– En Guatemala existen grupos como los Rolin, y existen bares parecidos, y uno va coleccionando esas imágenes y sonidos para inventar un sitio como ese. Yo soy el primero que desearía que existiera tal como aparece en la novela, porque yo también padezco de una especie de “nostalgia ajena” por épocas que no viví.

La culpa la tiene tu libro. Ahora somos muchos los y las groupies de Leo y los Rolin.

Lo que ocurre cuando Leo y los Rolin se suben a tocar, es un asunto casi religioso, mágico. Se propicia allí un conjuro cuyo propósito es resucitar al muerto de una época en que parecía que los más jóvenes iban a hacer girar al mundo en sentido contrario.

Y cuéntame, ¿cuál es el lugar que ocupa el entramado de la Ciudad en tu relato? ¿Lo ves como un telón de fondo, como un escenario en ruinas? ¿Te interesa explorar las nuevas maneras con que nos relacionamos con el mismo concepto de ciudadanía? 

– Más que telón de fondo, quería que la Ciudad de Guatemala fuera un personaje y, como tal, jugara un papel en la historia. Los personajes de Puente adentro y la Ciudad de Guatemala son inseparables, los primeros no pueden existir sino en ese espacio que, tanto o más que sus propias biografías, provee a sus personalidades de rasgos esenciales. Ese desamparo, ese destino irremediable y trágico al que parecen entregarse con resignación los personajes de la novela, no podía yo concebirlo sino en medio del ruido, la violencia, y la intensidad vital de la ciudad dónde yo nací y en la que vivo.

Rosina Cazali
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Rosina Cazali (1960) es curadora independiente e investigadora del arte contemporáneo. Realizó estudios de Arte en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Fundadora del proyecto La Curandería. Directora del Centro Cultural de España en Guatemala de 2003 a 2007. En 2010 recibió la beca John Simon Guggenheim para investigación. En 2014 fue honrada con el Premio Prince Claus por su trayectoria como curadora y escritora. Fue columnista de diario El Periódico y ensayista para el suplemento cultural El Acordeón. En 2016 inicia la conformación del Proyecto Laica. Vive y trabaja en Guatemala.


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    antonio lopez /

    24/11/2017 11:05 AM

    muy interesante la entrevista, pero refleja el grado de crueldad que existió durante el conflicto armado, y muy como se disfrazaba con los sonidos de la marimba con sus sonidos deleitando a los transeúntes, y por otro lado el silencio de los castigados.. seguramente la conciencia propia del escritor (Arnoldo Galvez ) ya estaba despertando a la realidad Guatemalteca de ese momento... que por cierto nada ha cambiado...
    Felicitaciones al Escritor...Hay talento....

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Pepían /

    31/10/2017 12:29 PM

    Que nadie haya comentado sólo es sintoma que en Guatemala nadie lee, y son pocos los que reconocen el talento de nuestros paisanos. Gracias a esta entrevista supe de la existencia de este escritor, que dicho de paso representa a una nueva estirpe, a una nueva generación de excelentes narradores. Por eso recien leí "Puente adentro", en la cual se describe esas muchas identidades que tenemos los capitalinos. Gran libro, gran escritor el muchacho (Arnoldo Gálvez). Estoy seguro que tendrá muchísimo éxito, más del que ahora tiene, porque ya lleva varios libros escritos. Felicitaciones a Nómada y a Rosina Cazali por esta ventana que nos permite no mirar para fuera sino para dentro.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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