La batalla de los voluntarios contra la arena (y las órdenes del Gobierno)

Mientras el presidente Jimmy Morales condecora a las instituciones gubernamentales, un pequeño grupo de voluntarios trabaja en San Miguel Los Lotes para encontrar a los desaparecidos. Trabajan mientras el gobierno hace lo posible para que la aldea y las cifras reales de la tragedia se queden enterradas bajo la arena.

Guatemala rural crisis reportaje texto Volcán de Fuego

Los vecinos insisten en buscar los restos de sus desaparecidos; la policía intenta impedirlo.

Fotos: Carlos Sebastián

El duraznal volvió a dar frutos. Sobre la lámina de lo que alguna vez fue la sala, se mezclan los duraznos maduros y anaranjados con los que quedaron podridos y asados tras la erupción del volcán de Fuego. San Miguel Los Lotes conserva esa imagen de pequeña Pompeya, un lugar dónde la vida se detuvo cuando el volcán quiso.

Un mes después de la tragedia, la aldea está soterrada por que el gobierno de Jimmy Morales así lo quiere. Los rescatistas oficiales trabajaron sólo los primeros días, cuando aún había esperanza de encontrar gente con vida. Luego el gobierno decidió clausurar el lugar.

A un grupo de policías les corresponde encargarse de que esa orden se cumpla. No puede pasar nadie que no haya vivido en la aldea y mucho menos puede ingresar algún tipo de maquinaria para continuar con la búsqueda de víctimas.

El gobierno dice que son 332 personas las que se encuentran desaparecidas pero la organización Antigua al Rescate considera que la cifra de víctimas no baja de 2,000. Los voluntarios y un grupo de rescatistas estadounidenses creen que el callejón principal de la aldea es el punto clave para encontrar a la mayor cantidad de víctimas.

A las 7 de la mañana ya estaban allí frente al inicio del callejón. No eran más de 15 personas contando a los voluntarios de la asociación y a los 4 miembros de un grupo de rescatistas de California, liderados por Roberto Crespo, de origen guatemalteco.

La tarea es titánica. Tienen que despejar todo el callejón principal, desde el ingreso hasta los restos de la escuela local. Son 2.5 kilómetros cubiertos con toneladas de arena, ceniza y rocas gigantes que cubrieron por completo las viviendas.

Para lograrlo solo cuentan con un camión, una excavadora que les prestó Toledo y otra que lograron alquilar por Q200 la hora y la energía de los voluntarios que con guantes y palos remueven entre los escombros removidos buscando restos de alguna de las víctimas.

Roberto Crespo y su equipo juntaron fondos para venir a apoyar durante una semana. Su meta es avanzar lo más que puedan despejando el callejón para luego ingresar a las casas y buscar a las víctimas. Sabe que no les dará tiempo de terminar la tarea y por eso esperan dejar al menos un plan para continuar con los trabajos.

— En Los Ángeles se pierde una sola persona en las montañas y ya hay helicópteros, carros con radar y policías buscándolos, pero acá… acá…

Mientras los voluntarios avanzan a paso lento, a un kilómetro de la aldea, hay maquinaria del Ministerio de Comunicaciones. Una decena de camiones, tres excavadoras y una veintena de hombres retirando escombros que buscan despejar la carretera. Nada más.

 

El vecindario

Mario Siquinajay, un vecino de la comunidad les recrimina a los camioneros del Ministerio de Comunicaciones por pasar tan rápido cuando los voluntarios están trabajando. Ellos lo ignoran. Es más, después de dos horas de labores es necesario trasladar el lugar donde tres jóvenes están colando la tierra en búsqueda de restos porque los camiones gubernamentales no dejan de pasar y arrojan sus desechos junto al área de los voluntarios.

 

Siquinajay sabe de camiones, es piloto y el día de la tragedia estaba realizando un viaje cuando su familia lo llamó para pedirle que no se descuidara en caso de que ellos murieran. Nadie de su familia murió. Sin embargo, su casa quedó soterrada. La propiedad familiar está ubicada en la entrada, al lado derecho del callejón.

La maquina excavadora se abría paso y al remover la tierra empezaban a surgir vapores y el olor del material piroclástico que aún se encontraba caliente; la erupción más grande fue hace un mes. Desde los techos de las casas vecinas, los voluntarios y algunos miembros de la comunidad, miraban fijamente esperando poder identificar un cuerpo. El trabajo es lento.

En una hora apenas lograron avanzar tres metros para desocupar la entrada a una de las dos iglesias evangélicas de la comunidad. Mario Siquinajay cuenta que el donó ese terreno porque el pastor le dijo que Dios quería que allí fuera su iglesia.

– Cómo le voy a decir yo que no a Dios, pregunta con tono serio.

Donó el terreno, se fue a vivir a la casa de su papá y con el tiempo consiguió otro pedazo de tierra donde construyó una casa donde una gallinera hace de tercer nivel. Allí fue donde su familia se salvó.

Entra a donde alguna vez fue su sala. Avanza por los techos de la comunidad y para ubicarse todavía habla solo y se pregunta: “¿Sí acá es dónde doña María, allá tenía que estar la casa de la tienda?”. En esa tienda, al lado de la iglesia, los miembros de la comunidad afirman que deben haber quedado atrapadas cinco personas.

Como pueden van quitando las piedras y escarbando con palas.

La policía, contra los voluntarios

A las 10 de la mañana, mientras el presidente Jimmy Morales develaba un monumento en honor a las víctimas en el lugar dónde se construirá el nuevo complejo de viviendas, a 10 kilómetros, una patrulla llegaba a San Miguel Los Lotes con la orden de desalojar a los voluntarios.

El comisario Saúl Hernández argumentaba que por el Estado de Calamidad el área había quedado clausurada. Un argumento totalmente falso. Los voluntarios le pidieron, un papel, un documento legal, una orden de juez que respaldara la orden de desalojo, pero la policía no la tenía.

Los agentes bajaban la mirada cuando los voluntarios les decían que allí había restos de personas, que allí había cuerpos que merecían un entierro digno. Tanto los voluntarios como la prensa intentaron hablar con el gobernador de Escuintla, Guillermo Domínguez. No atendió las llamadas, su asistente dijo que estaba en reunión y que contestaría después. Luego apagó el celular.

Pese a que los policías tenían la orden de no dejar pasar a nadie, ese 5 de julio los voluntarios pudieron trabajar porque ingresaron la maquinaria en la madrugada, antes que los agentes montaran su puesto de control.

Conforme pasaba la mañana, los ánimos se frustraban. No se había encontrado un solo resto. Apenas se había podido despejar el ingreso a la iglesia y a la primera puerta de la tienda de la vecindad. Desde un techo, una joven lloraba viendo como la excavadora se habría paso.

Desde enfrente del callejón una veintena de hombres estaba parados esperando alguna orden, alguna instrucción para ayudar. También llegaron familias que como pudieron fueron entrando en las casas menos afectadas para sacar algún mueble, algún poco de ropa, unos cuántos juguetes que todavía se pudieran rescatar.

Los voluntarios lograron ganar tiempo para trabajar hasta las 12 del día, cuando la lluvia amenazaba y ya se acababa el tiempo por el que habían rentado la maquina excavadora. La jornada iba a terminar con saldo cero cuando se escuchó un pequeño grito.

Sofía Letona, de Antigua al Rescate, estaba hablando por celular cuando vio algo extraño, lo recogió y resultó ser un pedazo de carne. La maquinaría paró, todos intentaron escarbar en el área, en la entrada principal del callejón, para encontrar más restos. Fue en vano, resultaban ser pedazos de madera o solo tirones de tela pero aquel sí era un pedazo de carne. El olor, el color verduzco y los tendones eran suficiente evidencia.

 

Un resto humano.

Un resto humano puede ser suficiente para que el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) o la Fundación de Antropología Forense de Guatemala identifiquen el ADN y haya un desaparecido menos.

Ese pequeño fragmento era la motivación para continuar las labores. A las 12 del medio día ya eran dos las patrullas esperando el momento del desalojo. Los voluntarios empacaron para retirarse, pero advertidos de que la fuerza policial se redoblaría para impedir que volvieran a entrar.

La carne fue colocada en una bolsa para ser llevada al Inacif. En una etiqueta apuntaron: Callejón principal San Miguel Los Lotes, fragmento 1.

Gabriel Woltke
/

Guatemala / Xibalbá 1988. Ingresó al seminario queriendo ser sacerdote, salió a estudiar literatura y luego hizo carrera como periodista. Avanza sobre el río. Desea ser escritor, corrector, carpintero, programador, diseñador, monje, mago, árbol, pájaro, ballena.


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COMENTARIOS

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    Otra vez Guatemala NO /

    09/07/2018 7:54 AM

    La foto del reportaje nos da la historia del estado actual de Guatemala. La gente estupida, obtuse e inepta que esta en el gobierno tiene que hacer cagadales, desperdiciar la mitad de los recursos y hueviarse resto, antes de permitir que gente con sentido comun llegue a comenzar la Buena labor, entonces lo que queda para el gobierno es obstaculizar, porque el que estos voluntaries obtengan resultados con minimos recursos pone en evidencia la carencia de cerebros rampante. No pretendo ser experto en rescate, pero desde el dia de la tragedia vi las imagines que habian en google Earth. Era mas que evidente que el rio que pasaba al lado de los lotes era el drenaje del volcan y que por depositos evidentes, al final de los lotes ya antes se habia acumulado material, a la curva del rio. de alli partia la calle que divide en dos los lotes y esta calle se convirtio en la avenida principal del material por lo que pude ver en las fotos aereas de prensa libre. Por sentido comun, se podia deducir dos cosas, Una que la gente que salio corriendo salio hacia la calle principal y dos, que la gente que no salio de sus casas quedo con puertas bloqueadas porque las puertas dan por supuesto hacia la calle principal o las derivaciones de ella. Fue Bueno ver maquinaria o las fotos de ella parqueaday limpiando la carretera, pero fue doloroso escuchar que los sobrevivientes regresaban a cavar a mano porque las maquinas eran solo para limpiar la carretera, no entrar a los lotes y si entraban era hacienda pushitos aca y alla. No habia ningun commando en el lugar no maestro de orquesta no plan de ataque, no movimiento de pinza, no cabeza pensante que viera que si la gente salio huyendo fue hacia la calle principal y alli los acanzo el flujo, no ser pensante que viera que se actuaba contra el tiempo que que si bien busqueda tipo hormiga era heroica, era lenta y se trabajaba contra el tiempo. Ademas habia al menos una payloader con cabina, que daba hasta la comodidad de aire acondicionado al operador, si la queja era que estaba caliente; pero no. Otra vez Guatemala no. Otra vez las cuatrimotos estaban en uso por los hijos del presi, de los hijueputados, de los narco alcaldes; pero los bomberos sin botas quemando se los pies caminando tomando hasta 8 bravos para acarreo de cuerpos cuando pudo ahber tomado una cuatrimoto y dos elementos. El ataque a la avenida principal en movimiento de pinza, atacando por dos o mas lados nunca se llevo a cabo y con la cara tan lavada se declaro el final de las operaciones, y hasta TODO UN EXITO. Hoy Rescate Antigua les tapo la trompa, hoy se despeja la calle principal y al ver esa foto de alguien haciendo el trabajo correctamente, no queda mas que preguntarse, porque el gobierno major no se hace un lado, no es decilto ser decerebrado, lo que si es delito es ser un estorbo a la gente que puede y quiere hacer el trabajo. Apunten los nombres de quien hizo buentrabajo en el rescate y exijan que ellos manejen emergencias en el future.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ronny Cifuentes /

    06/07/2018 8:01 PM

    Que hijo de puta ese Jimmy morales...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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