“Me trataron como animal, me metieron a un calabozo, me separaron de mi hijo”, dice hombre deportado de EEUU

Tres meses después de que empezara la política del gobierno de Donald Trump de separar a 2,531 niños de sus padres y madres centroamericanos en la frontera, hay 565 niños que permanecen en Estados Unidos. En medio del drama, hay historias que nunca se contaron. Esta es la historia de un migrante de Ixcán que sí logró ser deportado junto a su hijo.

Guatemala rural P258

Daniel y su padre, Tomás Aquino, el día que volvieron a Guatemala.

Foto Carlos Sebastián

Cuando el 7 de mayo Tomás Aquino se embarcó en el viaje agotador de más de 3.700 kilómetros desde Ixcá­n, Quiché, a Estados Unidos con su hijo Daniel, de 13 años, no sabía nada de la política de tolerancia cero que Donald Trump implementó en abril. Sabía de los riesgos de ser deportado. Pero el sueño de ofrecerle un futuro mejor a su hijo pesaba más que el miedo y las pocas cosas que empacaron en sus mochilas. Un mudada extra de ropa, el acta de nacimiento de Daniel, el DPI y el celular de Tomás.

El plan era claro: Llegar a Estados Unidos para entregarse. Lo que sabía Tomás era que con un menor, los iban a dejar libre bajo fianza mientras peleaba su caso. Durante los siete días que se tardaron en llegar a la última parada en México, San Luis Río Colorado rumbo a Arizona, el grupo de migrantes centroamericanos fue creciendo de unas 50 personas a alrededor de 120. Muchos eran mamás o papás con hijos, o familias enteras. Ninguno de los coyotes les explicó qué iba a pasar cuando se entregaran.

Estamos en la casa del migrante hace unas semanas. A Tomás le duele recordar. Los tratos que sufrió fueron crueles e inhumanos.

La separación

Era el 14 de mayo. Cruzaron la frontera y a los 300 metros encontraron una patrulla. Se entregaron y los llevaron a la detención en San Luis, Arizona. Estaban en un mismo edificio, Tomás con los adultos y Daniel con los menores, pero mantenían contacto visual.

– Al llegar me preguntaron mi nombre, el nombre de mi hijo. Nos quitaron las cintas de los zapatos y nos metieron en un lugar que le dicen la hielera. Allí durmió una noche conmigo. El siguiente día (se) lo llevaron.

Tomás se levantó con una profunda tristeza. La hielera estaba llena de padres llorando, inconsolables. Sus hijos ya no estaban.

Quiso explicarle a su hijo Daniel que iba a pasar. Despedirse. Decirle que no tuviera miedo. Pero no había forma. Cuando llegó el grupo de agentes de ICE el 15 de mayo en la mañana, solo pudieron verse a través de las ventanas que separaban los salones mientras se llevaron a Daniel y cientos de otros niños. Lo único que podían hacer era llorar. Todos lloraban.

– Yo pensé que ya no lo iba a volver a ver. Incluso ahora, hay muchas personas que ya llevan dos o tres meses y no saben nada de sus hijos. Ayer en el avión vino un papá que no había visto su hijo durante ocho meses.

Según el último reporte judicial entregado en California y publicado por EFE; uno de cada cinco niños centroamericanos que fueron separados siguen sin ser devueltos a sus padres ni a sus países.

Ocho días de tratos inhumanos en Arizona y Georgia

Tomás Aquino recuerda cómo es ser un centroamericano detenido en Estados Unidos por el ‘crimen’ de ser migrante indocumentado.

Cuando se llevaron a su hijo, Tomás se quedó ocho días más en la detención en San Luis, Arizona. Ocho días sin ver la luz del día y sin certidumbre de dónde estaba Daniel o hasta cuándo lo volvería a ver. Dormía en el piso sin nada más con qué taparse que un aluminio. Hasta que un día su nombre apareció en el listado de traslados. Fue el primero de cinco traslados entre Arizona y Atlanta durante las próximas seis semanas. Cada uno sin explicación y a tiempo indefinido.

– (Lo) tratan como animal a uno. No te tratan bien, todo es un castigo enorme para que uno se enloquece, para que uno se enferme. Es muy difícil. Las horas, los días. ¿Cuándo vas a ver a tu hijo? ¿Cuándo vas a salir? ¿Quién te va a ayudar? ¿Quién te va a llegar a visitar? En un país que no lo conoce uno. No te dicen nada. yo estuve muy triste. No solo yo, habíamos como unos 200 padres sufriendo, y quedaron bastante todavía, conmigo nomás 12 salimos.

Tomás comienza a llorar. Los agentes del ICE le presionaban.

– Me dijeron que cuál escogía yo. Si yo seguía peleando mi caso, entonces iba a estar más tiempo separado de mi hijo. Pero si yo escojo venir a mi país, ellos me dan la oportunidad de reencontrarme de nuevo con mi hijo. Entonces cuando me entrevistó el juez, le dije, ‘yo me voy, pero sin mi hijo no me voy de aquí’.

Tuvo que esperar otros 20 días hasta que volvió a ver a su hijo Daniel en el aeropuerto el día que fueron deportados. Los 12 papás y mamás estaban parados en fila, encadenados como si fueran criminales.

No fue la primera vez durante los dos meses que Tomás sentía el trato humillante del manejo norteamericano hacia los migrantes. El personal en los centros de detención le hablaban únicamente en inglés, aunque algunos sí sabían español. Tomás es bilingüe, pero no habla inglés. Su primer idioma es q’eqchí y el segundo español.

Castigo en ‘el pozo’

– Ustedes son perros, ¿qué buscan aquí? ¿Quién les dio permiso para entrar a nuestro país?, les gritaba a veces uno de los guardias.

El racismo era una provocación directa. Los que respondían, gritaban, o lloraban e insistían en preguntar por sus hijos, eran castigados con aislamiento en el ‘pozo’. Un cuarto cerrado y pequeño, sin ventanas. “Es como estar en un congelador”, dice Tomás. Los que estuvieron en el ‘pozo’ regresan con miedo, callados.

– No hemos cometido ningún delito. No somos criminales. Pero ellos nos trataron como que matamos a alguien, o robamos algo, o violamos a alguien. Nomás solo por cruzar la frontera.

Desde la detención Tomás supo de dos papás que suicidaron en un centro de detención después de que le quitaron sus hijos. Entiende la desesperación que los llevó a esa decisión tan radical, dice.

¿Qué le queda en Guatemala?

La decepción en la voz y los ojos de Tomás es total. Tanto que sería fácil de olvidar la resiliencia que requiere sobrevivir las condiciones de vida en Ixcán, la última región en la que se sufrió la guerra civil guatemalteca entre 1960 y 1996 y una de las más empobrecidas del país

– Aquí en Guatemala hay buenos trabajos para los niños que saben inglés y tienen buen estudio, eso era lo que pensé. Para que mi hijo tuviera un buen trabajo, para que él no va a estar (estuviera) como yo. Para que él saliera más adelante que yo. Yo no tengo estudio, no cuento con un recurso para darle estudio a mi hijo… por eso viajé para Estados Unidos.

Tomás Aquino nunca estudió y desde pequeño ha sido agricultor. De eso sobreviven él y su familia. Siembra maíz y frijol. A veces, cuando la cosecha lo permite, vende un poco, pero en general apenas da suficiente para el consumo de la casa, donde vive con su hijo Daniel, su esposa y sus suegros. Cuando necesita efectivo para comprar ropa, comida o pagar utensilios para la escuela de su hijo, sale a buscar trabajos por día. Con suerte, encuentra algo de albañil donde le pueden pagar hasta Q100 (US$13) por un día de trabajo.

– Son miles de gente, no solo nosotros. Yo me pongo a pensar ahora, qué va a pasar conmigo más adelante. Todo el dinero que usé para viajar a Estados Unidos. Es un préstamo de Q30.000 (US$4,000). Solo espero en Dios… cómo voy a solucionar esta cosa.

No sabe cómo alcanzará para pagar su deuda. Lo único que se le ocurre es volver a migrar. Esta vez los 374 kilómetros a la Ciudad de Guatemala para buscar trabajo. Vivirá probablemente en uno de los barrios marginales, en donde los índices de violencia no han disminuido.

A los Estados Unidos no volverá, dice, hasta que haya otro presidente.

Por solicitud del entrevistado su nombre y el de su hijo han sido cambiados.

 

Lea: “Niños siguen en infierno de EEUU: Abusos sexuales, solo 58 reunidos y vicecanciller pide paciencia”

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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COMENTARIOS

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    Hugo /

    18/08/2018 12:57 AM

    Siempre me pregunte por que se llevan a los niños en un viaje tan peligroso, gracias por aclarar que los arriesgan consientemente para utilizarlos para lograr su objetivo.
    “El plan era claro: Llegar a Estados Unidos para entregarse. Lo que sabía Tomás era que con un menor, los iban a dejar libre bajo fianza mientras peleaba su caso.”

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ELmer Romero /

    17/08/2018 1:05 PM

    "Con suerte, encuentra algo de albañil donde le pueden pagar hasta Q100 (US$13) por un día de trabajo" Los camarones de a Libra que se mete Jimmy valem mas de $13. Y asi, se los come risa y risa que la gente lee esta historia y se enfurece en contra de USA y sus politicas. Las raices de los problemas de Guatemala estan en Guatemala. Por ejemplo, el trafico de la ciudad ha sido siempre pesado pero ultimamente se volvio Insufrible. Causa? la geografia de la ciudad, la sobrepoblacion, la muni inepta. Pero la mayor causa es la Inseguridad. Como asi? Las extorsiones espantaron al usuario quien major se en deuda y compra carro que arriesgarce a cachar un plomazo y con ello incrementa el parquet vehicular. Vea los contratos millonaros del la RN14 con la tragedia del volcan, pisto para los amigos de Jimmy. Se pudo haber empleado a mucha gente y si hubiera tomado mas tiempo pero la plata hubiera ido a gente local. Vea como el contraband acaba con el precio del grano, como no hay ayuda para el agricultor ni asesoria para cultivos alternos; pero si millones para la campaña anti cicig... Vea, abra los ojos y en lugar de agarrarla contra Trump agarrela primero contra sus gobernantes que ellos si nos Deben respuestas y exija que atravez de ellos lleguen a travez de la Diplomacia condenas directas al trato de los inmigrantes.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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