De “homie” angelino a trabajador de call center

Para cientos de deportados volver a su país natal no es fácil, sobre todo cuando regresan cargando un historial delictivo. Sin embargo para algunos “homies” guatemaltecos los call centers les han brindado una segunda oportunidad.

Guatemala urbana P258

¿Qué oportunidad encuentran los guatemaltecos que retornan al país?

Por: Carlos Sebastián

Estaban a 10.000 metros en el aire cuando un oficial de las autoridades migratorias de Estados Unidos le quitó las esposas a Gustavo y a los otros guatemaltecos deportados que viajaban en aquel vuelo. Ya estaban en el espacio aéreo de Guatemala. Aquí no tenía ninguna orden de captura. Aquí ni existían.

Gustavo llegó en 2012. Solo traía 300 dólares, una mochila y el número de teléfono de un amigo. Fue la primera vez en 30 años que puso sus pies en su tierra natal.

Gustavo es bajo, moreno y con pelo suficientemente largo para juntárselo en una colita pequeña. Habla despacio y educado, con una rudeza suave y cantadito de puertorriqueño. Aunque físicamente no se distingue de cualquier otro guatemalteco, este hombre de 40 años tiene una historia poco común. Como una serie de Netflix.

Acepta compartirla, mientras sea bajo un nombre ficticio. No quiere problemas, ni para él ni para el call center que hace 3 años optó por darle una segunda oportunidad en la vida a pesar de su record criminal.

El patrón colombiano

Vivió los primeros 14 años de su vida en la zona 6 capitalina. Fue en la década de los 70s y aún recuerda que los cuerpos de los estudiantes desaparecidos por el conflicto armado terminaban en las calles de aquel barrio.

Su mamá, sola y afligida por el contexto, cuidaba a él y a sus hermanos con rigor. No dejaba que salieran ni a la esquina. De la casa a la escuela, de la escuela a la casa, todos los días pero Gustavo era rebelde. A principios de los 80 empezaron los años más sangrientos del conflicto. La señora tomó la decisión de huir con sus hijos a Estados Unidos después que varios miembros de la familia fueron asesinados. Allá consiguió asilo para ella y sus hijos.

Gustavo tenía 14 años. No hablaba ni una palabra de inglés. Un adolescente rebelde, en un lugar totalmente desconocido que traía la misma curiosidad hacía el ambiente de la calle. Allí conoció al que sería su jefe durante los próximos años. Un narcotraficante colombiano que importaba y distribuía cocaína en el sector donde vivía Gustavo.

–Yo llegué rebelde. Solo viví unos tres meses con mi familia. Me junté con unos muchachos que me ayudaron a conseguir un cuarto y un trabajo lavando platos en una cocina. El colombiano era el cuñado de uno de mis roommates. Siempre fui muy activo. Me tiraba. Me valía todo. Si las cosas salían bien, salían bien. Si salían mal, salía mal. Esa actitud le llamó la atención al colombiano. Me dijo: “lo que usted gana en la cocina, se lo triplico en un día”. Y fue así. De vender bolsitas á 20 dólares en la calle rápidamente llegué a ser la mano derecha de mi jefe–.

En la cocina donde trabajaba los primeros años ganaba unos 200 dólares a la semana. Como la mano derecha del narco colombiano ganaba a veces 1000 dólares en una noche, otras veces hasta 5000 en una noche. Dependía de la tarea. Además de ser el guardaespaldas del jefe, era el mediador entre el jefe y los pandilleros que vendían las drogas en las calles.

El dinero desaparecía tan rápido como se ganaba. Era una vida acelerada. Un trip permanente de adrenalina, de fiesta, de mujeres, de estrellas de la farándula, de drogas y viajes. Del boom de la cocaína a la heroína. De Nueva York a Miami, de Texas a Los Ángeles. Entre la vida y la muerte. Desde que inició su carrera fue como que hubiera subido a un tren.

–Para ser honesto, de los 16 años a los 30 años no te puedo decir con exactitud que yo hice tal cosa. Todo fue un rush, intenso, por el poderío. En su momento lo disfruté pero pasan los años y te quedan las secuelas de la persecución, el insomnio. A mi me quisieron matar varias veces. De un montón de formas. Entonces te das cuenta, que cuando tu estás en eso, ténes tres opciones: cárceles, hospitales y la muerte. Todos tus días son como tu ultimo día–.

Era demasiado. A finales de los 90 decidió salirse del negocio. Tenía una esposa y dos hijos pequeños que dependían de él. Regresó a lavar platos pero su nombre ya aparecía en las investigaciones policiacas del tráfico de drogas. En 2007 fue capturado y condenado a 5 años de cárcel. En la montaña rusa que fue su vida nunca solicitó residencia cuando su visa humanitaria expiró al cumplir 18 años. Cuando terminó su sentencia fue deportado a Guatemala.

La segunda oportunidad

Cuando Gustavo regresó a Guatemala no sabía nada del país. La relación con su familia en EEUU y la cultura guatemalteca había sido casi inexistente. Durante 29 años se había relacionado más con puertorriqueños y colombianos. No conocía la cultura, y tenia únicamente un amigo y una tía lejana aquí. Fue un choque fuerte.

–Mis lazos eran más hacía allá. No sabía ni quién era el presidente. Fue allí que empezó mi pesadilla. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué va a ser de mi vida? Pasé un año y medio llorando todos, todos los días. Caí en el alcoholismo. Conseguía trabajos y los perdía porque bebía–.

Estaba deprimido. Desesperado. No tenía como pagar la renta del cuartito que estaba alquilando en la zona 1 de la capital. Su amigo le recomendó aplicar a un call center que estaba buscando trabajadores. Gustavo estaba renuente. No tenía experiencia y no consideraba que lo contratarían. Pero como muchos otros guatemaltecos deportados, había ganado un recurso que pesa más que sus antecedentes penales de Estados Unidos: el inglés.

Andrea Méndez es la coordinadora de reclutamiento en AGExport, que trabaja con el sector Contact Center y BPO que trabaja principalmente a México, Canadá y Estados Unidos. Explica que los call center representan una oportunidad de trabajo digno, bien asalariado y con beneficios como IGSS y prestaciones, que muchas personas no encuentran en otro lado.

–No hay un límite de edad. Algunos clientes piden un diversificado y tal vez un poco de experiencia. Pero lo más importante es el nivel de inglés, y ese es el mayor requisito–.

Ser un país con altas tasas de migración, y por ende con flujos de deportación altos, también es un factor por el nivel de inglés que manejan algunos de los deportados, dice Méndez. Agrega que, si se contrata a personas con un récord criminal o no, depende de cada empresa y del tipo de delito.

Sin embargo los call centers prefieren no hablar más. Cuatro empresas consultadas prefirieron no pronunciarse por temor a la falta de comprensión pública sobre el beneficio social de ofrecer oportunidades laborales a personas como Gustavo.

La nueva vida

Gustavo pasó la entrevista personal sin problemas y le ofrecieron empezar la capacitación de introducción al día siguiente. Eso fue hace casi 3 años. Ahora trabaja junto con otros ex–homies. Se apoyan mutuamente y entre ellos comparten una confianza diferente por las experiencias que tienen en común.

Existen 75 call centers en Guatemala que atienden clientes de diferentes partes del mundo. Las fuentes consultadas para esta nota, deportados de Estados Unidos con récord criminal, han trabajado en varios call centers de la capital.

El salario promedio en los call centers es de Q5000 mensuales. Es una de las industrias de más crecimiento en el país. Según información en la pagina de AGExport la industria emplea a 41.000 personas. De ellos alrededor de 27.000 son bilingües.

–Para mí ha sido una bendición. Cuando empecé a trabajar allí el cambio fue bien drástico. Fue una locura en comparación con como estaba. Después de un año de trabajar allí me llamaron a la oficina. Yo pensé, “qué hice?”, estaba nervioso. Pero me promovieron, ahora doy soporte a los otros compañeros–.

El insomnio aún le tormenta de vez en cuando. El contexto aquí le asusta, es demasiado parecido al de su vida anterior en EEUU. Las drogas, las pandillas. Procura no usar ropa que dejan visibles los tatuajes que testifican sobre su pasado, por los jóvenes que ocupan las esquinas de la colonia donde compró su apartamento. Igual que su infancia en la zona 6, limita su movimiento para no meterse en problemas. Del trabajo a la casa, de la casa a su reunión en Alcohólicos Anónimos, y de regreso a la casa. Todos los días.

Para Gustavo el trabajo en el call center le abrió las puertas a una nueva vida. Con más estabilidad económica y social. Ha podido ahorrar, invitar sus hijos a visitarlo en Guatemala, y comprar su propio apartamento. Su sonrisa humilde revela su gratitud hacia la empresa por haberle dado una oportunidad de trabajo.

 

 

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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COMENTARIOS

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    Kenan /

    06/07/2018 4:09 PM

    Que es Hommies?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Elver /

      09/07/2018 12:40 PM

      Home Boy = Muchacho del barrio.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Sergi /

    19/06/2018 5:26 PM

    Todos los que opinan de que por que trabajan los hommies en los call centers, que se vayan a chingar a otro lado, es una fuente d trabajo para alguien que rehace su vida. Yo he trabajdo por mas d 8 años y nunca he hecho nada malo por estar cerca con los hommies. Y al que comento de las condiciones de los call centers, facil si no te gusta te vas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Elver Guddo /

    06/06/2018 7:28 AM

    De Homie? Este tipo era una cucaracha del inframundo en que los ilegales viven en USA. Cucaracha no por illegal, sino por ser drug dealer y asi desprestigiar a los ilegales que si trabajan y buscan superacion. La escritora casi glorifica a este HDLGPT. EL reportaje deberia llamarse " Pese a los esfuerzos de sus padres a este lo deportaron por Mula". Estrellas de farandula? aca la uque esta fumada es la ecritora, porque la unicast etrellas que este vio fue cuando se ponia pedo. Y luego de todo ese dinero en USA, de seguro este se va conformar con el sueldo de netcenter. Y ya compro apartamento? seguro sigue aca entre estrellas de farandula...

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

      Te Zampo elyeko /

      24/07/2018 6:37 PM

      Sho indio mula

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Alejandra /

    12/05/2018 7:24 AM

    En los call centers hay muchas drogas, un caso real es el de Telefónica que se encuentra en la Aguilar Batres, los trabajadores consumen todo tipo de droga en las calles aledañas del mismo, poniendo en riesgo a niños y jóvenes del Colegio Liceo Javier que se encuentre cruzando la calle. Los Call Centers no cumplen con las leyes guatemaltecas y permiten que laboren drogados, se han realizado denuncias y las autoridades no hacen nada.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Lisa /

    07/05/2018 6:04 PM

    Lástima que en el reportaje no hablen de las "maravillosas" condiciones de trabajo de estas empresas

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Mariano Dìaz /

      07/05/2018 9:56 PM

      Trabajar en el Congreso de la República, a pesar de tener prestaciones y sueldos muy por arriba del promedio sin mayor grado de estudios es la aspiración de cada guatemalteco, no? Pero también ahí hay canalladas, suciedades y probablemente se trata también mal a las personas. No digamos, el chingo de empresas que pagan con factura para disque ahorrar pasivos laborales. Sin ir muy lejos, la gente de el restaurante del payaso (y no hablo de Jimmy) los explotan a más no poder, han visto alguien de 30 años todavía corriendo en la cocina ó limpiando pisos? Los camiones de las gaseosas llevan gente trabajadora repartiendo aguitas todas las semanas a sus rutas en cada tiendita y habrá gente en las oficinas trabajando la mitad de horas que los repartidores doblando o triplicando el salario de quién saca adelante el negocio.
      Sin mencionar las personas que pasan recogiendo la basura en los "rellenos sanitarios" sin prestaciones y viviendo de nuestra basura que reciclan a diario.
      Sí, los call centers son centros de explotación, no son muy diferentes a cualquier banco, municipalidad, constructora, ingenio azucarero, etc.
      Totalmente de acuerdo pero en cualquier lado es la misma vaina....

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Giovanni Ruiz /

    07/05/2018 1:05 PM

    Que buen reportaje todos merecemos una segunda oportunidad. Que Gustavo aliente a otras personas a cambiar su vida.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Karla /

    07/05/2018 12:48 PM

    Lo veo preocupante, es decir que bueno que los call centers sean de gran ayuda para muchos jóvenes, deportados o no, pero me pongo a pensar que gran riesgo que nuestros jóvenes sin criterio se codeen con los "hommies" que no dudo que muchos tengan buenas intenciones, pero y los que quieran replicar su pasado acá? No me parece buena idea que no haya ningún tipo de filtro

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Giovanni Ruiz /

      07/05/2018 1:06 PM

      El que este libre de pecado que tire la primera piedra..

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

    Moisés Ávila /

    07/05/2018 12:13 PM

    Me alegro que haya tenido una segunda oportunidad y más aún tomar ese nuevo camino. Buena historia para patojos rebeldes. Lo particular es que entonces el call center es una organización sin filtros necesitada de personas que hablen el inglés y ya, peligroso, verdad?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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