Todo será mejor, si viene con papas fritas

Es hora de confesarles algo, un secreto que escondo y que no comparto con todos. ¡Soy adicta a las papas fritas! No puedo evitarlo: cuando me aparecen en un menú tengo que pedirlas, y si no están bien hechas arruinan toda mi experiencia culinaria. Si están bien hechas –la combinación de salsas es perfecta y la textura de la papa es esa mezcla entre crujiente y húmeda– me encuentro en las nubes, escucho el canto de los ángeles y soy feliz.

Gastro Opinión P258
Esta es una opinión

Las Paparrandas, platillo estrella del Cabrito Cabrón.

Foto: Fresita La Hada

No hay mal humor que no me quiten, mal día que no me arreglen y momento que no se me antojen. Son de esos platillos por los que hasta estoy dispuesta a hacer ejercicio extra cualquier día en el gimnasio, con tal de podérmelos comer y disfrutarlos sin culpa.

Todavía recuerdo con mucho gusto el día que aprendí a hacer la patata francesa correctamente, el tiempo que pasé perfeccionando mi corte y la cantidad de pobres e inocentes papas que arruiné en el transcurso de aprender a hacer bâtonnets –ese delgado corte donde quedan crujientes pero no se queman, ese exacto 5 cm x 5 mm por el que las papas se reconocen mundialmente– que no me quedaban iguales. Los muchos cortes que sufrieron mis dedos y no digamos las quemaduras a lo largo del proceso. Pero porque no hay nada en este mundo como comerse una papa bien hecha, insisto que las muchas horas de trabajo para aprender la lección valieron la pena.

Quién diría que hay tanta teoría detrás de las papas fritas; que para hacerlas de manera adecuada se necesitan horas de preparación (pues mientras más tiempo pasan cortadas más se activa el almidón y mejor se fríen); que el aceite necesita estar en dos temperaturas. Idealmente, después de sacarlas del agua y secarlas correctamente deben pasar cinco minutos por aceite a 300 grados Fahrenheit para cocinarlas. En este paso, las papas deberían seguir sin color (si no se van a comer inmediatamente, este es el paso donde se pueden congelar). Si queremos comerlas de una vez, debemos pasarlas inmediatamente por un aceite a 400 grados para terminar de freírlas, hasta que adquieran ese maravilloso color café claro que nos indica que las papas estarán perfectamente crujientes pero aún húmedas.

Conste que a pesar de haber llevado a cabo todos estos pasos con precaución y cuidado, después de todo ese esfuerzo y trabajo aún pueden arruinarse. El secreto para que esto no suceda –como en toda buena fritura– es sacudir el exceso de aceite y agregar sal. La sal seca el exceso de aceite y hace que la fritura se mantenga crujiente. Así es como logramos unas excelentes papas fritas frescas, y ese proceso es lo que tengo en mente cada vez que pruebo una.

Así que el día de hoy les traigo el listado de mis papas favoritas. Una de ellas me encanta por su cuenta, las otras tres son platos con salsas y acompañamientos que ni se imaginan. Espero no sólo que les gusten, sino que me compartan algunas más que no he logrado conocer aún.

Empecemos con las papas belgas de Lava (Q30), lugar localizado en la 4ª Avenida Norte #3, muy cerca del parque de La Antigua. Estas papas aparecen dentro de mis primeros pensamientos cuando me encuentro ahí y sólo quiero algo para picar, son unos gajos perfectamente crujientes.

Siempre en La Antigua, una opción que es un poco más compleja y sorpresiva en sus combinaciones de sabores es Patata Frites, en la 5ª calle Poniente, local 4C –muy cerca de Bagel Barn–. Es un local pequeño que, como su nombre dice, vende papas en cuatro presentaciones: baby, normal, curly y camote, con todo tipo de salsas y toppings que puedan imaginar. Mis favoritas son la especialidad ‘al pastor’ con papas curly (Q35). Estas son preparadas al minuto, cortadas en un espiral delgado y servidas con queso mozzarella, salsa de aguacate, lomito o pollo y salsa tipo pastor. La combinación es perfecta: tiene agrio, salado y crujiente; todos los sabores se complementan bien sin opacarse y el señor que atiende es de lo más agradable.

Tenemos también una opción que es móvil. Esta la tendrán que buscar si la quieren probar. El Cabrito Cabrón tiene las Paparrandas (Q25), que traen queso mozzarella, cheddar, Cheez Whiz, crema agria, frijoles charros, lechuga y pico de gallo. Mientras este platillo es la pesadilla de todos aquellos intolerantes a la lactosa, es el sueño de todas las personas que, como yo, adoran el queso y creen que nunca se puede comer demasiado. Personalmente le quito el pico de gallo, pues no me encanta el tomate, pero de todo lo que he probado de los múltiples food trucks que he tenido el gusto de conocer hasta el momento, es de lo que más me ha gustado.

Terminamos en La Antigua y en la ciudad de Guatemala con mis favoritas de todo el tiempo, las que desde que probé nadie ha logrado que cambie. Las papas búfalo de Monoloco. Son las más caras del grupo (Q55), y tienen salsa ranch, búfalo y queso azul. Están perfectamente sazonadas y siempre crujientes; además, la mezcla de sabores se complementa muy bien y me encanta. Sin duda, un plato para compartir con las amigas al final de un largo día.

Fresita La Hada
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Creció en la mesa de la cocina de su abuelita, enamorada desde antes de poder alcanzar la estufa. Cree en la innovación y las nuevas tendencias, aunque su favorito es lo tradicional. Nada la hace mas feliz que poder compartir con sus amigos su pasión por la comida (haciéndola o probándola).


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    Emmanuel /

    17/04/2016 8:00 PM

    Estoy interesado en probar 'poutine' en Guatemala, sabes en donde lo puedo conseguir? o algun restaurante que se asemeje?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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