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El BDSM y “La Mujer Maravilla”

Un pequeño viaje al mundo del BDSM, sus íconos y el trasfondo de las prácticas de dominio y sumisión.

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En el cómic de “La Mujer Maravilla” abundan guiños al BDSM: látigos, nalgadas, cadenas, escenas de sumisión

Wonder Woman, DC Comics

Placer y dolor

Se cuenta que en las ofrendas consagradas por las cortesanas a la diosa Venus se encontraron látigos y espuelas, objetos que también son los símbolos de las amazonas y que, a su vez, podrían ser indicativos del uso amatorio que se les daba por parte de las mujeres de aquella época.

La relación entre el placer y el dolor, así como del control y la sumisión, se exploró ampliamente en los círculos libertinos del siglo XVIII cristalizados en la obra del Marqués de Sade y encontraron su eco en la literatura del XIX con “La Venus de las pieles” escrita por Leopold von Sacher- Masoch, quién perfiló todos los elementos de la estética bondage (pieles, látigos, fustas, fetichismo de pies) al tiempo que le dio nombre a la práctica en la que se goza siendo sometido.

El BDSM es la unión de las siglas norteamericanas Bondage & Discipline y de las europeas Sadismo y Masoquismo, la base de todas éstas prácticas es el consenso entre los que las practican. Es importante remarcar que el sadismo aquí, a diferencia del uso patológico con el que comúnmente se identifica, tiene sus límites y puede ser detenido con el empleo de una palabra de seguridad. Así, en este contexto, el goce del “sádico” depende también del goce del otro, es un placer recíproco que en algunos casos puede ser intercambiable (switch)[1].

Placer intercambiable

El psicólogo William Moulton Marston, creador de “La mujer maravilla” desarrolló en su libro “Emotions of Normal People” (1929) una teoría conocida como “DISC” en la que elabora cuatro tipos de personalidades para entender el comportamiento de las personas.

En ella hay dos aspectos a resaltar: dominio y sumisión: lo interesante es cómo a partir de una personalidad marcada podemos ir al otro polo en una sesión de BDSM porque es justo en la puesta en escena en donde podemos rendirnos al placer de ser dominados o gozar en el papel de dominar y someter a nuestra voluntad.

Una vez terminada la sesión habríamos aprendido más de nosotros mismos al representar una personalidad opuesta a la nuestra. Marston vio popularizadas sus teorías y en su obra por la que es más conocido, en el cómic de “La Mujer Maravilla” abundan guiños al BDSM: látigos, nalgadas, cadenas, escenas de sumisión, pero su función no es la de una violencia gratuita.

La importancia del flujo de poder en el binomio “amo-sumiso” se da en dos niveles: por un lado, en la representación de una fantasía, con toda la teatralidad que esto conlleva (bondage) y por otro en la escenificación de un rol no igualitario en sociedad (maestro, alumna; doctor, enfermo; ama, esclavo, etc [2].) A la par de estos niveles se incorporan prácticas eróticas que pueden incluir el coito o no, como el spanking y que, a mi parecer, en esta rama occidental del sadomasoquismo, se nutren de una hermosa imaginería católica: flagelación (recordemos la mortificación del cuerpo en la tradición cristiana) o fetichismo (el culto a objetos que se consideran sagrados como íconos porque son parte de Cristo o de los santos).

 

Escena de La Venus de las Pieles, de Roman Polanski.

La paradoja reside en que, dentro del juego, la representación de una situación en la que se ejerce el control sobre otro es más igualitaria que la que se da en sociedad. Por eso es importante no confundir la teatralidad con falta de verosimilitud, porque en una relación BDSM la sumisión, la obediencia, la disciplina y el poder son reales a partir del consenso establecido, lo que los hace radicalmente diferentes a cómo se ejercen a través de los aparatos del poder es que éstos hacen uso de la violencia creyendo que es sinónimo de autoridad.

De ahí que el tema más importante del BDSM, que es el mismo que se plantea en el núcleo de “La mujer maravilla” sea el de “buscar la paz” por encima de la violencia. Al conocer la violencia en el terreno de lo sexual ésta se vuelve prescindible fuera de él, ya que si existe violencia sin consenso se trata de un abuso.

Placer oculto

A lo largo de su historia, desde la literatura de Sade hasta la exhibición de productos relacionados en la sex shops, el BDSM pasó del rechazo completo a la comercialización masiva, sobre todo en las últimas décadas. Y aun así, es urgente resaltar el lado “marginal” del BDSM con el que siempre se le ha identificado.

Después de la llamada Revolución Sexual, el BDSM se instaló en las comunidades LGBT y en las escenas underground de ciudades como Nueva York o Berlín, rápidamente estuvo asociada a una forma de desafío al sexo normativo. Así lo describe Beatriz Paul Preciado en el “Manifiesto contra-sexual”, se trata de una “[posibilidad radical] con relación al sistema sexo/género dominante: la utilización de dildos, la erotización del ano y el establecimiento de relaciones S&M (sadomasoquistas) contractuales, son una mutación del sexo”.

No es casual que el BDSM funcione como una especie de comunidad. Para el discurso mainstream del sexo, el sometimiento (al que se llega después de conocerse a uno mismo) no funciona como producto, sobre todo por el tratamiento discursivo del que parten novelas como “50 Shades of Grey”, por ejemplo, en donde las prácticas eróticas del protagonista son un desvío que sólo puede ser reivindicado con el amor romántico. La normalización de las prácticas hace de la estética bondage un objeto de consumo, ahora es más común encontrar a la venta esposas, látigos y fustas.

A este respecto, el tema de la mujer maravilla en el cómic, no está tanto en función de normalizar una estética bondage (porque incluso la película más reciente de Patty Jenkins ha omitido cualquier referencia sadomasoquista) sino que prevalece una reflexión más interesante sobre el ejercicio de la violencia, Marston, en una línea bastante progresista, al menos en los primeros números del cómic, se opone a la violencia instrumental e invita a hacer prevalecer la paz.

***

[1] La versión de “La Venus de las pieles “ de Roman Polanski  trata de una adaptación “contemporánea” al teatro de la novela de Masoch. Éste recurso le permite plantear de manera más clara la idea del intercambio de poder porque juega con el binomio “director/actriz” (en la adaptación que se hará al teatro dentro de la película) y “dómina/sumiso” (la que existe en la novela).

[2] También Roman Polanski explora en la película “Bitter Moon”  el puppy play otra variante de los juegos del rol.

[3] Preciado, Beatriz P. “Manifiesto contrasexual”, Ópera Prima, España, 2002.

 

Karina Solórzano
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Karina Solórzano (Ciudad de México, 1990) es Licenciada en Letras españolas por la Universidad de Guanajuato. Ha trabajado como editora y colaborado en diversos medios impresos y digitales en México. Actualmente escribe reseñas sobre cine en sitios chilenos y tiene un blog propio dónde habla de cine, filosofía y sexo.


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COMENTARIOS

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    Luis Paraiso /

    18/09/2019 8:12 AM

    Imagino que todas las relaciones estan enraizadas en este esquema desde el inicio de la civilizacion. Primera vez que en Nomada a un articulo no tengo nada que decir o quizas un recordatorio sobre Polanski "El director de ‘El pianista’ fue acusado por violación en 1977, el aceptó la acusación de su víctima, Samantha Gremimer, quien tenía sólo 13 años cuando ocurrió el delito, pero escapó a París antes de recibir la sentencia del juez.
    En 2010 la actriz Charlotte Lewis denunció a Polanski por haber abusado de ella en 1983, cuando ella tenía 16 años y recién en 2017 fue acusado de abusar de la pintora Marianne Bernard cuando ella tenía sólo 10 años."
    Polanski dice cuando fue nominado para el Oscar por "El Pianista" "Jusguen la obra y no al hombre" me suena a Jimmy "que se persiga al delito y no al culpable" El 7mo Arte tiene sus secretos que la pobre gente no comprende.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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