Las mujeres trans van a poder tener DPI con nombre y foto de manera gratuita

A Kimberly Eguizábal, de 45, y Biena Alejandra Yoc, de 40, las persiguen dos fantasmas. Dos hombres de su pasado de los que no logran deshacerse. Ellos las limitan. Cuando van al banco a cambiar un cheque, cuando buscan trabajo y necesitan sus diplomas, cuando usan su tarjeta de crédito. Cada vez que necesitan usar su DPI. Allí están. Julio Roberto y Benjamín. Son los nombres que le asignaron a ellas cuando nacieron.

Somos todas P258

Kimberly entró en al Banco Industrial para recoger su chequera nueva. “Pase señorita”, le dijo el guardia de seguridad en la entrada. Como siempre, iba elegante. Su ropa ajustada con escote, maquillada, el pelo arreglado y en tacones. Como le gusta andar. En la ventanilla el joven de camisa blanca le pidió su DPI. Esta sensación tan conocida de nervios regresó a su estómago mientras la cara del joven cambiaba.

– Eso no es usted.
– Claro que lo es. Soy yo.

– Usted se confundió. Dígale a su esposo que venga.

Le devolvió el DPI con el nombre Julio Roberto a Kimberly. Se armó con paciencia y valentía y empezó a explicar.

– Soy mujer trans. Desde que era una niña pequeña y jugaba con muñecas hasta ahora. Soy yo.

Kimberly salió con su chequera en la mano, después de las disculpas del personal del banco. Pero como siempre ya había empezado el murmullo de la cola de gente. Y las burlas. “Caballero”, le dijo el mismo guardia cuando Kimberly salió del banco.

Es común. Demasiado común para las mujeres que nacen en cuerpo de hombres y eso no las detiene en reconocerse y empezar el proceso de transformación de género. En los 19 años que Kimberly lleva transformándose, el estigma constante le ha dejado callos. Aún así, la discriminación cotidiana le afecta.

– Esas son las cosas que te pasan. ¿Me entiendes? Cosas muy prácticas que sin ellas no puedes vivir. Eso te duele. Te duele. Como ser humano, eso te duele.

Desde 2016 el Registro Nacional de las Personas (RENAP) en Guatemala implementó un nuevo protocolo de atención al usuario, apoyado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se enfoca especialmente en la atención hacia la población LGBTI, sexualmente diversa (lesbianas, gays, bi, trans e intersexuales), que hasta entonces, para sacar su DPI, había sido cuestionada porque su apariencia física no correspondía a su sexo biológico.

En algunos casos las mujeres trans fueron obligadas a desmaquillarse, a quitarse sus joyas o arreglarse el peinado para que no fuera ‘de mujer’. La misma falta de reconocimiento y respeto a su identidad de género con los que Kimberly, Biena y los otras más de 15.000 guatemaltecas trans se enfrentan todos los días.

Legalmente las personas trans pueden cambiar su DPI en cualquier momento para que su nombre y foto representen quienes son. Pero la inclusión en la burocracia guatemalteca tiene su precio. Con honorarios para el abogado, las certificaciones y publicaciones necesarias puede llegar a costarles hasta Q4,000 (US$550), 25% más que el salario mínimo nacional. Es un dinero que la gran mayoría de las personas trans no tienen. Y eso es solo el primer paso. Después de recibir el DPI se necesita una limpieza de todos los documentos acumulados durante toda una vida.

Por eso, varias asociaciones de la sociedad civil, incluidas la Asociación Gente Nueva y Líderes Profesionales, de abogados, iniciaron un proyecto de apoyo que brinda el trámite de cambio de nombre y foto en el DPI sin costo para las comunidad trans. Hasta el momento, 42 mujeres trans han iniciado este proceso de empoderamiento y esperan recibir su nuevo DPI en marzo de este año.

Kimberly y Biena que no logran esconder su emoción. Para ellas no es solo obtener un nuevo DPI, es ganar una batalla en una guerra mucho más grande.

– Es un paso hacía la vida. No es solo es que yo me quiero llamar Kimberly porque yo quiero. Lo necesito para mi identidad de género. Como mujer trans tiene que ser así, porque eres mujer. Cuando vas a cualquier lado y te piden tu DPI sentís lo peor. Cualquier otra persona puede hacer un cambio de nombre. Por eso para nosotras es algo más satisfactorio que va más allá del nombre.

Biena asiente con la cabeza. Su pelo negro es corto y sus joyas discretas. Es tímida hasta que agarra confianza. Es una mujer independiente. Se mueve en bici montañesa en toda la ciudad y usa su experiencia en una empresa constructora para renovar su casa. De ahí sus brazos musculosos. Tiene 40 años, de los cuales solo lleva dos años transformándose y de estar en tratamiento hormonal, aunque supo a los 16 años que su identidad era de mujer.

Antes no se atrevía enfrentarse a la sociedad con su verdadera identidad de género. Sabía que su papá, quien falleció hace seis años, nunca la iba aceptar, y el estigma general le daba miedo. Por la misma presión de cumplir con los códigos sociales y por nunca haber tenido la libertad de vivir su identidad de género, Biena internalizaba el rechazo. Negaba su identidad de género para ‘ser normal’ y se casó. Con una mujer. Duró un año. Hasta la fecha no logran resolver un acuerdo para divorciarse.

Todavía le genera cierta angustia vivir como mujer trans. Su mamá sabe pero Biena casi no usa maquillaje cuando pasan tiempo juntas. Su voz aun no es tan aguda y sus pechos son pequeños todavía. Se recuerda de la alegría que le generó cuando le empezaron a crecer con el tratamiento hormonal.

– Es una bonita experiencia, tú.

Biena lo afirma con luces en los ojos.

– Porque te da de repente una sensibilidad, ya ni podía dormir boca abajo. Sentía que eran dos piedras. No podía dormir tranquila ni en la colchoneta. Así fue como me dí cuenta. Y se nota bien el cambio, la masa mamaria te va aumentando.

Kimberly interviene.

–Es lindo. Es un dolor lindo. Lo que no es lindo son los cambios de humor. 

Ambas sueltan una carcajada. Kimberly traba los ojos con una sonrisa.

– Sí, te da por chillar por cualquier cuestión, afirma Biena.
– A mí, mi novio me decía algo y me ponía a llorar. O de repente estallás en cóleras por el cambio hormonal. Te sentís desnuda sentimentalmente. No te pueden hacer nada, porque empezás a chillar y chillar. Es horrible. No puede una ir al cine y ver una película romántica. [se ríen las dos] Todavía me pasa, pero poquito. Aparte es muy difícil lo dañino que son las hormonas porque aceleran el metabolismo, te dañan los riñones. Te eleva el azúcar, añade Kimberly.

Las palabras le salen a Kimberly con facilidad. Es elocuente y su autoestima es contagiosa. Su transformación es menos discreta que la de Biena. Se pinta los labios de ojo, al igual que su vestido. Cuatro años en el tratamiento hormonal le dejaron la voz suave y un cuerpo voluptuoso que le enorgullece. También ha afectado su salud. Kimberly padece de los riñones por el tratamiento y su doctora le pidió que ya no se inyecte tanto. Pero el tratamiento es de por vida. Si lo deja, se le bajan los pechos, las caderas, se cambia la voz. Perdería todos los rasgos corporales que la hacen sentirse mujeres físicamente y las hace sentir bien.

Aquí hacen un matiz. El movimiento trans guatemalteco pide el reconocimiento de sus derechos humanos, no el financiamiento de tratamientos hormonales.

Las estrellas de la línea

En 2006, Kimberly fue una de las protagonistas en el documental Estrellas de La Línea que exponía la discriminación y prejuicios que sufren las trabajadoras sexuales de la antigua línea del ferrocarril en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Las condiciones no han cambiado mucho durante los últimos 12 años. A Kimberly le pasa frecuentemente, incluso de parte de personas que aceptan su identidad de género, que asumen que trabaja de estilista o como sexoservidora. Uno de los prejuicios más fuertes sobre la población trans.

Un prejuicio que está originado por el rechazo. Kimberly y Biena responden que muchas personas trans terminan como trabajadoras sexuales por la exclusión de la sociedad. Porque se les cierran las puertas a otros empleos o a la educación.

En la empresa de construcción donde trabaja Biena muchos de sus compañeros saben que es trans. Pero fue inscrita como Benjamín.

– Muchas no están preparadas en lo que son los estudios, ¿verdad? Muchas no tienen esa oportunidad de graduarse, porque vienen de los departamentos del país. Y la sociedad no las toman en cuenta a la hora de pedir un trabajo. Para mí va a ser un cambio también ahorita, porque la empresa me reconoce como hombre. Soy retocadora y estoy esperando que salga un proyecto. Estoy registrada con mi DPI como Benjamín. Ahora lo tienen que cambiar, poner mi nombre en el registro según mi nuevo DPI. Entonces ahora, al ver el cambio, no sé que vayan a decir. Soy la misma persona.

Si no la aceptan, no sabe qué hacer. Lo único que cambia va a ser su nombre y foto en el DPI. Su capacidad de trabajo será la misma. Si no se interpone la transfobia, continuará.

La exclusión de empleos empuja a muchas mujeres trans a condiciones de mayor vulnerabilidad como sexoservidoras en la calles. Algo que Kimberly no quisiera.

– Es que siempre hay clientes. Pero yo no quiero. No quiero, no me gusta. Siempre he trabajado como educadora en oenegés. Soy pedagoga. ¿Pero sabes qué me dijeron en la facultad de humanidades (de la USAC)? Que por qué había elegido yo esa carrera. Me mandaron para Sololá para hacer mi ejercicio profesional del profesorado en pedagogía y derechos humanos en el 99. La junta de familias de allí no me aceptó por ser mujer trans. Eran chicas indígenas. Usted es hombre, me dijeron. Pues soy mujer trans, vengo a hacer mi trabajo, les respondí. Me regresé y puse mi caso en la facultad y el decano me dijo que podía hacer un traslado para otra carrera. ¿Por que? Si a mi me gustan dar clases, la educación. Me quedé en el limbo. ¿Soy un mal ejemplo para dar clases? No. ¿Por qué habría de serlo? Como si la identidad sexual fuera contagiosa.

A pesar de este avance del cambio de nombre y foto, todavía no será completo. Las mujeres trans y los hombres trans todavía tendrán que lidiar con dos identidades. La suya, su auto-identificación, con su nombre y su apariencia, y con la que nacieron; la que nunca escogieron. Debajo de su nombre, aparecerá su sexo. Masculino.

Esto será una de las cosas que cambiará si la iniciativa de ley de género, que fue presentada en diciembre del año pasado por la diputada Sandra Morán. “La ley se enfoca en el reconocimiento a la identidad y el derecho al acceso a trabajo, salud y educación. Es decir, una herramienta contra la discriminación actual”, explica Morán, de Convergencia. La falta de un reconocimiento legal y la garantía de protección de su integridad física es el abono para la violencia. 71% de las mujeres trans han sido victimas de discriminación y 60% de abusos. La iniciativa se encuentra actualmente en la Comisión de la Mujer en el congreso para dictamen, una comisión presidida por el radical neopentecostal Aníbal Rojas, de Viva. Sandra Morán espera una decisión a finales de abril.

***

Mientras tanto, las mujeres trans al menos podrán cambiar su nombre y su foto en el DPI. Este 8 de marzo, desde este medio, les damos la bienvenida a la comunidad de usuarias de Nómada. Para nosotros y buena parte de su sociedad guatemalteca, son mujeres.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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COMENTARIOS

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    Breyni Reyes /

    10/03/2018 10:47 PM

    Es triste ver cómo, a fuerza, quieren que este tipo de personas sean reconocidas como lo que no son, señores, se nace hombre o mujer, nada más; no hay que buscarle 3 pies al gato, el hecho que tengan sus problemas internos y que no sepan si son hombre o mujer no significa que sus cambios sean correctos. Vean las consecuencias de cambiar a lo que no son! Tienen serios problema de salud, porque se están saltando las trancas de la naturaleza. Pero bien, este tipo de publicaciones tratan de victimizar a esa comunidad y mostrar que estamos avanzando como sociedad, cuando en realidad, estamos cayendo en lo ilógico e irracional, en lo absurdo, en lo retrógrada.

    ¡Ay no!

    8

    ¡Nítido!

      MJ /

      11/04/2018 10:51 AM

      Señor o señora Breyni Reyes, ¿y si usted mism@ hubiese nacido en un cuerpo que no corresponde a su sexo? o su hij@? Tendría esta misma opinión?
      Comparto su afirmación (y solo ésta), se nace hombre o mujer, nada más. Es algo que no podemos cambiar, pero sí nuestro cuerpo, es un derecho.
      Estamos cayendo en lo retrógrado al discriminar por algo que ni siguiera se elije.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Breyni Reyes /

        18/04/2018 3:26 PM

        Señor o señora M J, si usted es homosexual, trans o sufre de cualquiera de esas anormalidades mentales pues déjeme decirle que es lamentable que se encuentre en esa situación, no solo por usted, sino por su familia, porque ha de ser un gran sufrimiento el que ha provocado, emocional y psicológico, sin embargo, como lo he dicho en mi comentario anterior, el tratar de vendernos una idea errónea como correcta hace mucho más daño.

        La misma naturaleza confirma, sin necesidad de ser expertos, que sólo se puede ser una de dos, hombre o mujer, porque al momento de hacer cambios físicos, se ven expuestos a dificultades de salud física, emocional y mental, que, de mantenerse con lo que nacen pues simplemente no se tienen.

        No es discriminación, es lógica, es naturaleza, es ley.

        El hecho que no piense ni apoye lo que usted sí, no me quita el derecho a oponerme, así como ustedes, en esa "comunidad", piden respeto y derecho a sus opiniones, de la misma manera pido para mi forma de pensar.

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

          MJ /

          24/04/2018 9:45 AM

          Estar en tal condición no es una anormalidad. Usted y yo elegimos blanco o negro, por qué no podríamos elegir nuestra apariencia (y por qué no nuestra orientación sexual o género?), resulta que es un derecho y, como simples espectadores, nuestra obligación RESPETARLO, ni siquiera aceptarlo. Yo exijo respeto como persona, pues bien, debo empezar por respetar a l@s demás.

          ¡Ay no!

          ¡Nítido!

    Carlos Pérez /

    09/03/2018 9:53 AM

    Jamás, jamás (a pesar de mi corta edad) creí que en este maltrecho país tercermundista tendría la oportunidad de ver tan buen avance para las personas LGTB+ en especial para las personas de la letra T que por mucho han sido las más marginadas de todo el colectivo. Eso me da un poco de esperanza de que algún día este país sea un mejor país para los que en el vivimos.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    Regina Barrios /

    08/03/2018 8:46 PM

    Qué buena noticia. Una herramienta que ayudará a disminuir la discriminación contra la población Trans. Esto sin duda, contribuirá a mejorar sus condiciones de vida, aunque aún nos hace falta muchísimo camino por recorrer en esta materia...

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    Cesar A. /

    08/03/2018 6:51 PM

    Los derechos ya los tienen como cualquier ciudadano, aunque acá en Guatemala se respete más el de los delincuentes como lo hace el flamante PDG, sin embargo el hecho que tengan una patología no los hace mujeres, son hombres vestidos de mujer enfermos por tomar hormonas y nada más.

    ¡Ay no!

    11

    ¡Nítido!

      - /

      18/04/2018 8:58 PM

      vos sos cantimplora....cesar osveli aguirre gomez.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Alan Ramírez /

      08/03/2018 9:14 PM

      La patología más extendida es la estupidez... vaya a buscar asistencia a un hospital.

      ¡Ay no!

      5

      ¡Nítido!

        Ramón Castellanos Ramírez /

        09/03/2018 11:32 PM

        Quien debe ir a un psiquiatra es Ud Sr Ramírez. Es clásico que los LGBTTTIQAetc recurran al insulto contra los que NO piensan igual. Piden respeto, pero NO respetan a quienes se oponen a la dictadura gay.

        Rebata con argumentos, NO con insultos.

        ¡Ay no!

        3

        ¡Nítido!

    Fatmagul /

    08/03/2018 3:45 PM

    Excelente noticia, vamos madurando y volviéndonos más tolerantes y compresibles como sociedad. Nadie tiene derecho a juzgar a los demás y menos desde el punto de vista religioso, despues de todo, si se quiere ver así, todos somos iguales ante Dios, y a lo menos que podemos apuntar socialmente es a ser tomados con igualdad de derechos.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    Alan Ramirez /

    08/03/2018 2:57 PM

    Vuelvo a tener fe en Guatemala con este tipo de historias. Podemos ser civilizados con respeto a la diversidad.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!







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