Tener una pérdida y amanecer en la cárcel por 30 años

Abrís los ojos. Sos mujer. Tenés 18 años. Acabás de sobrevivir. Casi morís desangrada. Te enteraste que estabas embarazada. Que tu bebé falleció. ¿Y estás detenida en la policía? Así fue el miércoles 6 de abril de 2016 para Evelyn Beatriz Hernández. Evelyn vive en El Salvador, el país con las leyes más restrictivas sobre los derechos reproductivos de las mujeres en todo el continente. Desde entonces está en la cárcel.

Somos todas P147 volcanica

Dos activistas manifiestan por Evelyn en El Salvador.

Fotos: Isadora Bennet

Son las 11 de la mañana, el calor es insoportable. “Vamos a empezar! Vénganse todas!” La voz entusiasta pertenece a un señor con bigote y acento español, parado en la puerta de un salón pequeño. Él, un sacerdote, junto a un abogado y un guardia del sistema penitenciario, son los únicos hombres presentes.

El salón se llena de decenas de mujeres. Desde muy jóvenes hasta muy señoras. Algunas tatuadas, algunas maquilladas con colores fuertes, otras con delineador grueso en sus ojos. Muchas tienen una misma camiseta rosada. Son del grupo de las 21 mujeres que han sido condenadas por aborto o delitos relacionados.

Están atentas, emocionadas. Riéndose, se empujan suavemente para agarrar un buen lugar. Hoy se presentará un libro hecho por ellas mismas. Las reclusas de la cárcel de mujeres de Ilopango.

En voz suficientemente alta para notarle los nervios, una de ellas empieza a leer. “Carta a una amiga”, sobre un viaje ficticio a los Estados Unidos.

– Conocí a Brad Pitt. Nos hicimos buenos amigos. Me invita a salir, a tomar café y hablamos mucho. Hace poco me vino a contar que le pidió divorcio a Angelina. Demasiados cipotes (niños). Me contó que está enamorado de mí. Entonces pronto te mando la invitación a nuestra boda.

Las carcajadas suben hasta el techo. Se repiten varias veces durante la lectura. Cada vez más fuerte. Entre la multitud se destaca una cara. La de una mujer delgada, parada con los brazos cruzados frente a su ombligo. Es la única que no está sonriendo. Irse lejos y casarse con un actor de Hollywood, aunque sea un sueño momentáneo desde la cárcel de Ilopango, no parece captarla. Aplaude cuando lo hacen las otras mujeres, pero su mirada es ausente.

Es Evelyn Beatriz Hernández.

Está arreglada. Su pelo negro en una trenza descansa en su hombro. Una sombra plateada adorna sus párpados, pero no esconde la profunda tristeza en sus ojos. Todavía le cuesta disimular cómo en un día hace año y medio supo que estaba embarazada, que el bebé había fallecido y que ella estaba detenida.

Ese miércoles

– ¿Y el niño? ¿Qué le hiciste?, preguntó la ginecóloga de turno con los instrumentos obstétricos dentro de Evelyn.
– ¿Qué niño? ¡No sé qué estoy haciendo aquí!

Tenía miedo. Todavía estaba confundida. Se recordaba del dolor en su estómago, la sangre que chorreaba en sus piernas y el pánico en la cara de su mamá. Todo eso antes de desmayarse en el piso de su cuarto, en la casa en el caserío Los Vásquez del cantón El Carmen, departamento de Cuscatlán, El Salvador, a 272 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, más o menos la misma distancia que hasta Huehuetenango.

 

Fue el miércoles 6 de abril 2016.

Cuando Evelyn volvió a despertar, estaba en una camilla en el Hospital Nacional Nuestra Señora de Fátima en Cojutepeque, donde fue ingresada entre las 11 y 12 de la mañana con una hemorragia fuerte. Carmen Elena Zaldaña, la ginecóloga de turno que examinó a Evelyn, encontró desgarros en sus genitales y concluyó que había tenido un parto.

Zaldaña volvió a insistir con Evelyn. El tono de su voz enfadado.

– ¡Decime la verdad! Tuviste un parto. ¿Qué hiciste con el bebé?
– No, yo me fui al baño. ¡Tenía mucho dolor!, respondió Evelyn, ya al borde del pánico.
– ¿Allí lo echaste?

Evelyn lloraba. No sabía qué estaba pasando. No entendía.

Cuando los agentes de la policía llegaron a la casa donde vivía Evelyn con su familia, todavía era temprano en la tarde. María Josefina, la mamá de Evelyn, los acompañó. Igual de confundida, incrédula, les enseñó la pila donde Evelyn apareció sangrando. Después la habitación donde perdió la conciencia y donde se le había caído lo que María Josefina temía era la matriz de su hija, pero resultó ser la placenta. Al final los llevó al sanitario, a la letrina.

 

La madre de Evelyn muestra sus fotos.

“Procedieron a la búsqueda de registros que nos indicaran a dónde podía estar el bebé, al revisar la letrina, ubicada a un costado norte de la vivienda en mención de la joven, construida con paredes y puerta y techo de lámina, con una profundidad de cuatro metros aproximadamente, en el cual al fondo se observa un bulto, por lo que proceden inmediatamente a remover la tasa […] precisamente se pudo constar que se trataba de un bebé ya sin vida, por lo que se auxiliaron de varas de bambú con ganchos de hierro para poder sacarlo”.

Así fue descrito el momento que encontraron el recién nacido de Evelyn en el dictamen de acusación que la Fiscalía General de la República de El Salvador produjo en su contra.

A las 6.30 de la tarde, todavía en la camilla del hospital, Evelyn fue detenida. Tenía 18 años.

Las 17 y más

En 1998 se implementó la penalización absoluta del aborto en El Salvador. Con un cambio al código penal, promovido por el partido conservador ARENA, se estableció como delito cualquier interrupción del embarazo, con condenas que se extienden de dos a treinta años de cárcel.

Con una de las legislaciones de aborto más restrictivas del mundo, se eliminaron las tres causales que desde 1973 permitían terminar un embarazo si el feto sufría de graves malformaciones, cuando el embarazo era producto de una violación, o en casos donde la vida de la mujer o del feto corrían riesgo. Un año después, en 1999, por la presión de sectores religiosos en el país, se introdujo también un cambio a la Constitución, en el que se reconoce a una persona desde el momento de la concepción, algo disputado por científicos y e incluso por sacerdotes.

Un efecto secundario de las reformas en El Salvador ha sido la persecución a las mujeres bajo cualquier circunstancia que genera sospechas de un aborto, sea natural o inducido. Aunque la sintomatología sea de un parto complicado.

Por lo menos 150 salvadoreñas han sido procesadas por aborto o delitos relacionados y más de 41 mujeres condenadas a prisión, según la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico y la Colectiva Feminista.

En 2014 la dos oenegés lanzaron la campaña Una Flor Para Las 17 en la cual se presentaron solicitudes de indulto para las 17 mujeres que en este momento estaban privadas de libertad injustamente por homicidio agravado. Solo en dos casos han logrado indulto, el de Carmen Vásquez y en el caso de Mayra Figueroa, que obtendrá su libertad a principios de 2018 después de 15 años en la cárcel. Pero se han sumado varios casos.

Evelyn Hernández es la más reciente. Ella y la mayoría de las 17 y más, se encuentran en el Centro Preventivo y de Cumplimiento de Penas para Mujeres de Ilopango.

Los abortos asintomáticos y la sentencia

Los casos de Evelyn y las otras mujeres tienen varios factores en común. La acusación inicial fue por aborto inducido y luego se cambió a homicidio agravado. Todas las mujeres vienen de condiciones de pobreza y baja escolaridad. Han sufrido abortos espontáneos, partos prematuros u otras emergencias obstétricas, como partos extra hospitalarios, hemorragias severas y pérdida de consciencia. La mayoría fueron denunciadas a las autoridades por el mismo personal médico que atendió la emergencia.

– Desde el principio se asumió su responsabilidad en base a prejuicios moralistas tan fuertes que los argumentos que hablaban por su inocencia fueron ignorados, dice Dennys Muñoz, el abogado defensor de Evelyn.

 

El Caso de Evelyn Beatriz fue acusada de homicidio agravado-un delito que no cometió

Durante el proceso, la Fiscalía General de El Salvador quiso demostrar que Evelyn mató intencionalmente al bebé, tirándolo a la letrina, y argumentó que por lo mismo Evelyn había escondido su embarazo.

El abogado Muñoz argumenta que lo único que realmente se pudo establecer fue que Evelyn tuvo un parto extrahospitalario con complicaciones obstétricas, el resto eran suposiciones.

Su familia tampoco sabía. María Josefina Cruz, la mamá de Evelyn, insiste que su hija nunca presentó los síntomas típicos de un embarazo. Igual que su hija, se quedó asombrada cuando le explicaron en el hospital que lo que le había pasado a Evelyn fue un parto.

– No subía de peso. Ni se le notaba el estómago. No entiendo dónde tenía este niño. Incluso siempre llevaba la misma falda de su uniforme. Si tan solo a Evelyn ya no le hubiera venido su menstruación, porque siempre le venía. Mes a mes a mes. La gente no me cree, pero yo revisaba a Evelyn. Siempre, desde que vino la primera vez. Con mi otra niña también estoy pendiente. Me enseña la toalla.

Para la Fiscalía General de El Salvador este argumento era ridículo. “No es creíble y hasta resulta absurda, que una estudiante de tercer año de bachillerato en salud va desconocer o no va a sentir los cambios en su cuerpo, en un embarazo, al notar el crecimiento de abdomen, ausencia de regla,” argumenta en el documento de acusación contra Evelyn.

Nury Velasquez, la jueza en el caso contra Evelyn, estuvo de acuerdo con la fiscalía. Ignoró los elementos presentados por la defensa, y le dio más importancia a su convicción de que era inconcebible que una mujer de 18 años no supiera que estaba embarazada, y que ni su mamá se diera cuenta. Es decir, por ser mujeres deberían de haber sabido y actuado.

La jueza concluyó que Evelyn actuó con dolo y lanzó el recién nacido en la letrina de su casa, como lo establece en la sentencia.

– Fue por indicios. Es como decir, usted es la mamá, ADN positiva, estuvo en labor de parto, usted lo mató. Se acabó. Aquí vienen dos prejuicios que son el común denominador en estos casos. ¿No llevaste control prenatal? ¿Ocultaste el embarazo? Lo querías matar, por eso. Eso no es evidencia de homicidio, es un prejuicio.

Linda Valencia, ginecóloga guatemalteca, contradice la presunción de la fiscalía y la jueza en el caso de Evelyn. Ha atendido a varias mujeres que no sabían que estaban embarazadas, con embarazos asintomáticos o negación inconsciente del embarazo.

– Las mujeres no siempre saben que están embarazadas, y lo que ellas van a sentir es ganas de irse al baño a pujar para defecar. Las mismas contracciones te dan esa sensación. Y lo que sale es el bebé. Al seguir en el cordón umbilical, al ya no tener el aporte sanguíneo suficiente, es normal que muera, si no se le prestaron los cuidados necesarios al momento de nacer. Depende también de cómo es el baño, si es una letrina es más lógico que el bebé se pase de largo. Es más frecuente de lo que uno se imagina. En los 15 años de ser ginecóloga puedo decir que he visto por lo menos cinco casos de mujeres con estados muy avanzados de embarazo que no sabían. Una de las pacientes que más me recuerdo es porque me la refirió un gastroenterólogo. Ella tenía muchas molestias gastrointestinales y durante cinco meses tomó tratamiento e iba con el gastroenterólogo. Yo vi la solicitud del doctor, decía “descartar un tumor a nivel intestinal”. Y era un bebé. Era un embarazo de 6 meses que ella ni el gastroenterólogo habían detectado. En el Hospital General San Juan de Dios, donde hice mi práctica, vi una mujer entrar pujando, que no sabía que estaba pasando, qué estaba saliendo de su cuerpo. Su mamá se me acercó y dijo asustada, “creo que a mi hija le hicieron brujería, porque le va saliendo una bola de pelos”.

En Centroamérica no existe ningún registro que documente el fenómeno de embarazos asintomáticos. De hecho, ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene datos específicos, y sus expertos evalúan que en general casi no existe información científica sobre este tema. “Se queda en algo que se oye entre pasillos, chistes y anécdotas de los doctores”, concluye Valencia.

Perder a una bebé que sí era deseada, y terminar presa

“La niña” le dicen a Evelyn por ser la más jóven del grupo de Las 17 y más, que se protegen entre sí. Cuando la condena de Evelyn salió en las noticias, otra reclusa la quiso atacar. Como en cualquier otra cárcel, la jerarquía interna deja hasta abajo las que llevan condenas que se relaciona con niños.

– Deberías de estar muerta. Si vos sos capaz de matar a tu propio hijo, nosotras deberíamos de hacer lo mismo con vos, le dijo otra reclusa a Teodora Vásquez.

Teodora está en el otro extremo del grupo de las de blusas rosadas. Lleva 10 años en la cárcel y está en la mitad de sus treintas. Su historia fue menos accidental y más ‘normal’ en Centroamérica.

Se acerca al kiosko en la cárcel de Ilopango. Se sienta para que le terminen de trenzar el pelo para que quede igual a las otras compañeras. Pero los nervios no la dejan estar quieta en la silla. Junto a otras reclusas va a participar en el próximo evento del día; una obra de teatro. “Es una adaptación de Mama Mía, pero nosotras la vamos a hacer al estilo clown. Es la misma historia, solo que lo contrario. En vez de triste, es de risa.”

Es una mujer carismática. La mamá soltera abraza con cariño y sus ojos brillan con una calidez que no disminuye ni cuando los recuerdos la llevan al punto del llanto.

Tenía 24 años cuando el 1 de febrero 2008 fue condenada a 30 años de cárcel por homicidio después de un proceso, parecido al de Evelyn, sin evidencia de que hubiera matado a su hija recién nacida. No hubo testigos, no hubo claridad sobre la causa de muerte, y tampoco gozó de la presunción de inocencia.

Cuando estaba embarazada de su segunda hija, Teodora y su mamá fueron asaltadas en un bus en San Salvador. Habían viajado dos horas desde Ahuachapán, porque la mamá estaba muy enferma y necesitaba atención médica.

– Me puse muy mal. Pero muy mal. Porque cuando el que nos asaltó me puso un cuchillo en la garganta, se echó encima del estómago. Como yo estaba sentada, no vio que estaba embarazada. No me sentía bien, pero estaba más preocupada por mi mamá. Al día siguiente yo estaba mejor y el jueves la bebé todavía se movía, normal.

Estaba casi al final de su embarazo. Aunque no fue planificado, esperaba la bebé con mucha emoción. Con su mamá ya le habían comprado algunas cosas. Su nombre iba ser Helen María.

Pero durante el viernes en su trabajo Teodora no sintió que la bebé se moviera. Con una compañera estaban arreglando los productos que habían traído desde el mercado para el colegio donde Teodora trabajaba, cuando sintió un latigazo en su espalda. Se fue a su cuarto a descansar un rato pero el dolor se intensificó hasta el punto que casi no se podía mover. Con miedo, decidió llamar a una ambulancia.

– Me senté en una grada afuera de donde yo trabajaba. En la calle. Pero no llegaban. Eran como las 7.30 de la noche. Empezó a llover fuerte. Entré y volví a llamar como cinco veces. Me dieron ganas de hacer pipí y me fui para el baño. Me recuerdo que cuando baje mi calzón, sentí como que algo me bajó y me desmayé.

Despertó mareada. No sabía cuánto tiempo estuvo acostada en el piso frío del baño. Al principio no sentía nada pero cuando intentó levantarse, regresó el dolor intenso en su cuerpo y abdomen que hizo que se desmayara. Vio la sangre en sus piernas y pensó que se le rompió la fuente. Como pudo se levantó para salir a esperar la ambulancia.

No sabe si se volvió a desmayar afuera, pero se recuerda la voz del agente de la Policía Nacional Civil.

– ¿Por qué lo hiciste perra? ¡Mataste a tu hija! Había seguido las huellas de sangre de Teodora y encontró la recién nacida en el inodoro del baño. Muerta.

– Yo no entendía nada. Me toqué la panza. Según yo todavía la tenía en el estómago. Dios mío, pensé, ¿qué pasó?

Cuando la llevaron en la ambulancia ya estaba engrilletada. Se volvió a desmayar. Despertó en una camilla de hospital rodeada de periodistas. El flash de las cámaras quemaba sus ojos. Los comentarios le partieron el alma. “Asesina”, decían.

– ¿Cómo crees que me sentía en este momento?

Teodora se queda callada un momento. Pensativa. La sentencia la separó de su familia, que dependía de su ingreso económico, y de su primer hijo que tenía apenas cuatro años cuando su mamá fue condenada a prisión.

Pero Teodora ya no llora. Sus ojos se mojan, pero ella no permite caer ni una lágrima. Vive. Prefiere hablar de sus logros, como su bachillerato.

– Durante estos años he tenido momentos difíciles donde no quiero hablar con nadie. Pero igual lo hago, porque sé que me va a hacer bien. En todo este tiempo mi familia nunca me abandonó. Entonces yo tampoco me doy por vencida. Soy insistente y voy a seguir luchando por mi libertad.

De repente se escucha a todo volumen una canción de Abba, el grupo sueco de música pop ochentera que inspiró la obra. Le toca interpretar el papel de uno de tres hombres que son los potenciales papás de la protagonista, una chica joven que antes de casarse quiere conocer a su papá. La obra termina con el evento principal de la historia. La boda de la protagonista. Una compañera que hace el papel de la mamá de la novia, le grita al personaje de Teodora:

– Yo no necesito ningún hombre, cuarentón, prematuro, menopáusico para estar bien.

Ni el papá del hijo de Teodora, ni él de la bebé que falleció, la han visitado en Ilopango en los últimos diez años.

Una cacería de brujas, o de mujeres

– El tema es la santificación de la maternidad. La imposición social es que tenés que ser madre, y no solo serlo sino ser buena mamá. En El Salvador no les va a importar si es aborto o no, sino que es mandar un mensaje a todas las mujeres. Y con una doble moral. Porque finalmente te obligan y exigen ser madre, pero el Estado no garantiza todas las atenciones en salud que una mujer debe tener. Ni campañas de información y educación acerca de esto. Ni siquiera nos lo dan en las escuelas porque los mismos grupos antiderechos (de las mujeres) tratan de evitarlo. Entonces lo que menos saben muchas mujeres es acerca de su cuerpo y los procesos del embarazo. Con menos coberturas de control prenatal, con menos coberturas de planificación familiar, con obstrucción en la educación integral sexual.

Ante la epidemia de zika hace un año, el gobierno izquierdista de El Salvador le recomendó a sus ciudadanas no quedar embarazadas.

Lo que más le indigna a la doctora Valencia es que la mayoría de las mujeres condenadas en El Salvador fueron denunciadas por los mismos médicos que las atendieron en el hospital.

– Lo que está pasando en El Salvador es terrible. Los médicos nos debemos primero a las mujeres. No somos ni policías ni jueces. Hace como unos cuatro años, doctores del hospital de Quetzaltenango denunciaron a la Asociación Guatemalteca de Mujeres Médicas que estaban siendo intimidadas por funcionarios anti-derechos del Ministerio Público, diciéndoles que estaban obligados a la denuncia de mujeres por sospecha de aborto clandestino. Pero en Guatemala el develar el secreto profesional tiene más años de condena para el profesional, que la omisión de la denuncia.

Riesgos para Guatemala

Mientras El Salvador limitaba los derechos de las mujeres a finales de los 90, más de 25 países en el mundo despenalizaron la interrupción del embarazo. De 194 países del mundo, solo El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Malta y Vaticano lo ilegalizaron bajo cualquier circunstancia. Chile también pertenecía a este grupo de países con prohibición total, hasta que en agosto de 2017 fue aprobado un proyecto de ley que devuelve a las mujeres el derecho de interrumpir un embarazo bajo las tres causales que perdieron las mujeres salvadoreñas en 1998.

En Guatemala es legal el aborto terapéutico bajo una causal; en los casos donde la vida de la mujer corra riesgo. Y aún así es difícil para una mujer tener acceso a este derecho. Pero una iniciativa podría acercar a Guatemala a la legislación de El Salvador.

En abril, 18 diputados presentaron la iniciativa de la Ley Para la Protección de la Vida y la Familia. La iniciativa, que fue respaldada supuestamente por 30.000 firmas y la Coordinadora Evangélica Nacional. La iniciativa es homofóbica, propone subir las condenas relacionadas al delito de aborto y prohíbe la ‘promoción del aborto’.

– La propuesta de criminalizar los derechos sexuales y reproductivos han pasado de ser tímidas o aisladas a tener un verdadero potencial de ser aprobadas, dice Ingrid Gálvez, de la oenegé GO Joven.

Pero la iniciativa no sólo contempla esto, también crea un registro de los mortinatos, los bebés que fallecen antes de nacer o en el parto. Esto preocupa a la doctora Valencia.

– Los mortinatos ya se registran en el RENAP. Ante la ley los tenemos que registrar para que se pueda enterrar al mortinato. Me parece que el fin es registrar a las mujeres que tuvieron mortinatos para perseguirlas como criminales. Como en El Salvador. La perversidad de este punto es criminalizar a las mujeres, aduciendo que ellas hicieron algo para quitar la vida de los bebés en el vientre. Sería terrible que Guatemala retrocediera en materia de derechos humanos como El Salvador.

¿Había otra opción para Evelyn y Teodora?

Evelyn lleva 560 días detenida, casi dos años. Teodora, 10 años. Y todo en su vida parece haberlas condenado.

Si El Salvador no fuera tan violento, a Teodora no le hubieran puesto un cuchillo en el cuello y presionado el estómago en un asalto en un bus urbano. Si funcionara mejor la Salud, la ambulancia hubiera llegado antes. Si no existiera esa legislación y esa cultura entre policías, fiscales y médicos, alguien hubiera visto que ya era madre y que tenía un cuarto listo para su segunda hija.

Evelyn antes se levantaría a las 5 de la mañana en el cuarto que compartía con su hermana menor. Ayudaría a su mamá a preparar plátanos para el desayuno antes de salir de la casa a las 6 para agarrar el bus para el instituto. “Mi sueño era ser enfermera”, dice Evelyn, que estaba en el tercer año del bachillerato de salud en el Instituto Nacional San Rafael Cedros. Ya se hubiera graduado. A lo mejor ya estaría empezando su carrera de enfermería.

Intenta recordar dónde empezó toda su desdicha. Llega a su relación con Henry Vásquez. Se juntaban algunas tardes a escondidas después del instituto. Al principio voluntariamente. Al principio.

– Éramos solo amigos novios al principio, así que solo nos agarrábamos de la mano, y nada más. Henry era alegre, una persona cariñosa, atenta. Pero cambió. Se rapó, y empezó a vestirse con ropa diferente. Conmigo era diferente. Su carácter era más pesado, como un mal ser. Cuando le preguntaba qué le estaba pasando, solo se reía. Hasta que un día le escribió por mensaje de Facebook: Si querés estar conmigo, me vas a dar la prueba de amor. Yo no quería y le dije que no. Me dijo que era una pendeja, que no lo quería.

Evelyn intentó terminar la relación, varias veces. Sus ojos se empiezan a llenar de lágrimas mientras revive el último año de encuentros con Henry. La relación se fue empeorando hasta que las circunstancias llegaron a un nivel que todavía hoy le da miedo. Nunca lo pudo compartir con su familia, ni con sus amigos.

El abogado Muñoz ahora trabaja para absolver a Evelyn y sacarla de la cárcel. Si lo lograra, recomienda que la familia abandone el caserío donde han vivido durante años por la seguridad de Evelyn. Pero es complicado. No tienen a dónde ir. Sin los recursos económicos suficientes no tendrán acceso a colonias donde la situación de delincuencia es distinta. Es un callejón sin salida. Pensarán en pedir asilo en algún país vecino, como tantos miles de centroamericanos que huyen de la violencia.

La familia trabaja lo que puede para ayudar a Evelyn a sobrevivir en la prisión. El papá de Evelyn sale de la casa a las 4.30 de la mañana y regresa hasta las 8 de la noche. Se tarda dos horas y media para llegar a la fábrica en San Salvador, donde trabaja. Gana el salario mínimo; 120 dólares por quincena. De esto le descuentan el pago de su seguro social, su pensión y 33 dólares para pagar un préstamo. Cuando Evelyn fue detenida, su papá en su desesperación pidió un préstamo de 3,000 dólares a su jefe para contratar a un abogado que estafó a la familia. Por un mes de trabajo les cobró 1,500 dólares, hasta la fecha no saben por qué. Los últimos 1,500 del préstamo les ayudó el primer tiempo a cubrir los gastos de Evelyn en la cárcel. Cuando entró tuvieron que comprarle ropa de colores permitidos, tenis blancos que no llevaban cintas, una hielera pequeña, un vaso, una cubeta, sábanas, jabón de baño, detergente, cloro, desinfectante, papel higiénico y todas las cosas de higiene personal. La familia todavía está ahorrando para comprarle una colchoneta y una silla.

Una semana antes del cumpleaños de 20 años de Evelyn, el 18 de octubre, su mamá tuvo que darle la noticia que la apelación de su sentencia fue rechazada. Fue un golpe duro para Evelyn. “Estos años no son para mí”, dice. Es el segundo cumpleaños que pasará detenida. El abogado Muñoz seguirá trabajando para absolver a Evelyn y sacarla de la cárcel, pero por el momento Evelyn no saldrá hasta el año 2046. Tendrá 48 años. Quizás para entonces ya haya bibliografía sobre embarazos asintomáticos.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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COMENTARIOS

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    Regina Barrios /

    04/11/2017 8:45 AM

    Que terrible lo que pasa en El Salvador. Los prejuicios en una sociedad machista y conservadora condenan a muchísima gente, sin entender causas de fondo. Por favor, publicar más información sobre la nefasta iniciativa de ley que se pretender aprobar en Guatemala. Debemos estar pendientes y no dejar que nuestros (en su mayoría) indignos diputados aprueben una aberración como esa

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marcia /

    03/11/2017 2:49 PM

    Qué salidas legales habrá para esta mujer? No puede ser que purgue una condena si ni siquiera quería abortar

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Juanflores2-5-18 /

      05/02/2018 1:25 PM

      Buscar la manera para ayudarla a salir de ese lugar esta injustamente.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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