En defensa de las malas madres

Soy, a los ojos de gran parte del mundo —incluida mi familia—, una “madre ausente” —aunque me gusta más enunciarme como una disidente del estereotipo de la maternidad— porque trabajo todo el día y cuando vuelvo, en lugar de mimos y complacencias, hago que mis hijos limpien y recojan su ropa y sus juguetes. Pero he decidido que no voy a llegar de trabajar a trabajar. Y, si volver a la oficina ya me había convertido en bruja, negarme a la doble jornada laboral fue mi verruga en la nariz.

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Esta es una opinión

Así se siente

Foto: lacasadelatata.com

Si en una de esas entrevistas que quieren pasar por simpáticas me pidieran definir en una sola palabra mi experiencia con la maternidad, es decir, los últimos siete años de mi vida, respondería, quizá, con la palabra aprendizaje. Pero en el fondo sé muy bien que la palabra en la que realmente estaría pensando sería otra muy distinta que ha ensombrecido mi ejercicio de la maternidad: culpa.

Desde el día uno, ser madre para mí se ha tratado de administrar la culpa. Culpa de estar muy cansada para arrullar o para los ejercicios de estimulación temprana, culpa de haber recurrido a la medicina alópata demasiadas veces, de haber comprado un gerber en lugar de hervir chayotes; culpa de que se me pasó el refuerzo de las vacunas en más de una ocasión, de no haber guardado bien el detergente…

Culpa de no amamantar hasta los dos años como dicta la crianza con apego, de no querer apego algunas veces sino espacio, de haber regresado a trabajar, de no disfrutar los festivales del diez de mayo (que es cuando se celebra en México el “Día de las Madres”), de traspapelar los dibujos regalados, de no estar lo suficiente pero luego atosigar. Culpa de ser muy estricta con mis hijos y culpa de darles quizá demasiados dulces para compensarlo. Culpa de todo lo que no sabía y culpa de todo lo que sí sabía pero de todas formas no hice. Porque la verdad es que en estos siete años, más que aprender, he desaprendido todas y cada una de las cosas que creía sobre la maternidad.

Soy, a los ojos de gran parte del mundo —incluida mi familia—, una “madre ausente” —aunque me gusta más enunciarme como una disidente del estereotipo de la maternidad— porque trabajo todo el día y cuando vuelvo, en lugar de mimos y complacencias, hago que mis hijos limpien y recojan su ropa y sus juguetes. Pero he decidido que no voy a llegar de trabajar a trabajar. Y, si volver a la oficina ya me había convertido en bruja, negarme a la doble jornada laboral fue mi verruga en la nariz.

Sin embargo, a pesar de la culpa que me causa estarme saliendo del guión, he podido tomar por mí misma cada una de estas decisiones. Cuando elegí dejar de amamantar pude comprar fórmula, cuando regresé al trabajo contraté una niñera, cuando no pude seguir pagando un sueldo justo y prestaciones a la niñera, mi esposo comenzó a trabajar en casa y hacerse cargo de los niños, etc.

Soy una “madre ausente” por elección, no porque el sistema me haya obligado a criar hijos de los que no puedo hacerme cargo, como ocurre con miles de mujeres latinoamericanas. Muchas de las cuales sobreviven haciendo labores de cuidado y crianza en otros hogares y el nivel de culpa que seguramente han aprendido a gestionar debe ser brutalmente superior al mío.

Así, todas estas elecciones, incluso mi disidencia del estereotipo de “madre” y la culpa que conlleva, están hechas y enunciadas desde un enorme privilegio que debería ser un derecho ineluctable para todas las mujeres. Hoy, parir o no parir, trabajar o quedarse en casa, lactar o no lactar, enviar a los hijos a una guardería o no enviarlos, no son opciones de acceso libre para todas. Tan sólo en México estas son algunas cifras oficiales (INEGI 2015):

El 73% de las mujeres mayores de 15 años en México son madres.

Ganan entre un 4 y un 12% menos que sus compañeros varones por el mismo trabajo.

El 97.7% de las madres que trabajan en México también se encargan de todas las labores domésticas de su hogar.

El 74% de las madres que trabajan se encargan solas de todos los gastos familiares, ya sea porque son madres solteras, separadas o divorciadas sin pensión alimenticia o con maridos enfermos o inhabilitados para trabajar.

Las mujeres trabajadoras en México tienen una jornada promedio de 13 horas diarias sin derecho al pago de horas extras, esto es, trabajan 5 horas más de lo que por ley deberían.

Las guarderías y estancias infantiles prestan sus servicios a 500 mil madres de toda la república. O sea, tan sólo el 9.3% de las madres que trabajan tiene acceso a una guardería.

Además, según una investigación realizada por el Departamento de Estudios de Género de la UNAM el año pasado, el 87% de las madres mexicanas se sienten insatisfechas o creen que son “malas madres”.

En nuestra sociedad, la crianza sigue siendo una tarea casi absolutamente asumida por las madres y, en el mejor de los casos, por ambos padres, pero no una responsabilidad de toda la comunidad, como bien apunta Lauri García Dueñas en La (im)posibilidad de la maternidad. Por el contrari o, cada vez son más los lugares privados que prohíben a los niños y los espacios públicos donde son mal vistos o marginados.

Se obliga a las madres a criar asiladas, precarizadas, cansadas y culpables y después se les juzga y se les reprocha. En Yo, la mala madre, Paulina Simón anota:

«Niños descontrolados en un restaurante, gente los mira y piensa: “¿Por qué no hace algo la mamá?”. La mala madre. Grupo de madres hablando de otras madres que no cuidan a sus hijos como ellas: malas madres. Mamá que lleva a evento escolar hot dogs y caramelos vs. Mamá que lleva frutas y granola: la una a la otra, mala madre. Mamá que va al evento escolar, pero que está viendo Facebook en su teléfono. Mala madre. Mamá que lleva a los hijos al parque, pero se sienta lejos y fuma. Mala madre.  (…) aparentemente no hay manera de hacerlo bien.»

Y, por si esto fuera poco, las madres tampoco merecemos un mínimo de empatía, porque si nos atrevemos a quejarnos no faltará quien diga “tienen hijos porque quieren y si no querían se hubieran cuidado”, como si el acceso a la salud reproductiva no fuera otro enorme privilegio.

Por todo lo anterior, sacar de las sombras las condiciones actuales de la maternidad, organizarnos políticamente para exigir que se cumplan nuestros derechos, proponer economías alternativas y, sobre todo, tejer redes de cuidado y apoyo entre madres donde podamos hablar de manera segura de nuestros miedos y sí, también de nuestras culpas, son acciones indispensables para una verdadera disidencia de la maternidad tradicional. Porque, parafraseando a Audre Lorde, ninguna de nosotras será verdaderamente libre hasta que todas lo sean.

Tania Tagle
/

Tania Tagle es editora, ensayista y madre disidente.


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COMENTARIOS

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    Daniel Rodas /

    23/11/2017 12:17 PM

    En todo hay razón, no es nada fácil ser una madre.

    En lo único que no creo exista razón es:

    El acceso a la salud reproductiva no es un acceso de privilegiados, es tan fácil, usar un preservativo barato cajas de menos de 1 dolar, tampoco hay que exagerar, Gastaría lo mismo en una coca cola de 600 ML.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Anais Blues /

    18/11/2017 3:10 AM

    He vivido y sigo viviendo constantemente en la culpa, en el origen de ser con estos atributos de cierto género femenino, de seguir estudiando mientras otros seres parecidos a mi ya estaban pariendo y reproduciéndose, de otros que decidieron o por azares obtuvieron un trabajo godinezco que yo he rechazado muchas veces, en pocas palabras de seguir mis sueños cuando otros han dejado de soñar, y si eso lo acumulamos a la negación de la reproducción me permito tener empatía con esas malas madres que sobreviven y se sacrifican por sacar adelante a sus hijos. Este sistema androcéntrico hay que derrumbarlo porque nos perjudica por todas partes, desde el lenguaje mismo que omite nuestra diversidad y exige que todo sea de un sólo color. Este tema da para mucho más, pero agradezco el interés y la honestidad en tu texto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Dinorah Baudelaire /

    16/11/2017 11:27 AM

    Me encanta leerte, no siempre comparte tu opinión pero respeto mucho tus posturas. En el tema de la maternidad tengo que confesar que no puedo sentirme más identificada. Gracias por este texto.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Dinorah Baudelaire /

      16/11/2017 11:27 AM

      comparto*

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Norma Sandoval /

    16/11/2017 10:18 AM

    Me parece que el artículo está muy bien argumentado, con vivencias reales como todo en este país, sin embargo y lejos de ofender, me parece que las madres entran en un sistema autovictimizador, es decisión propia tener hijos o no (quitando las violaciones, claro está) y entonces por qué quejarse de todo el trabajo que eso conlleva, al tomar la decisión se está consiente de todo lo que implica ser madre, por lo que no debería ser una carga ni una lucha constante contra todo.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Georgina /

      16/11/2017 10:18 PM

      Ahora si q se sabe a lo q va, pero el sistema en todos lados no ayuda nada! Y si es queja porq son cosas q no debería de pasar No te imaginas q vas a tener problemas para incapacidad en trabajo, ni te dicen los permisos negados para cuando enfermen tus hijos, son tantas cosas

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Ivone Martínez /

    16/11/2017 9:32 AM

    Venga Tania! Que somos muchas y ya estuvo bueno de cargar con tanto!
    Amé tu artículo, sigamos poniéndole voz a lo que no la tiene.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Anaí /

    15/11/2017 8:22 PM

    Algo que me gusta mucho de Tania es siempre su congruencia, creo que el hecho de que tenga tantos trolls nos revela lo mucho que molesta por decir la verdad.
    No soy madre, pero cuando lo sea, no quiero sentir culpa por las decisiones que tome.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

    Nancy /

    15/11/2017 8:19 PM

    A eso hay que sumarle el ser madre soltera, en mi caso no ayuda el hecho de que a mis 31 aún viva con mis padres, pero no lo hago por depender de ellos porque cubro mis gastos y hay una "cuota" por el cuidado de mi hija, y aunque no dependa económicamente de ellos, el simple hecho de ser mamá fuera del matrimonio ya perdí mis derechos de mujer..!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juana /

    15/11/2017 7:07 PM

    Es la primera vez que te leo. No soy madre pero sí he tenido una vida de difícil relación con mi madre. Siento que debo intentar entenderla y entender por qué han surgido los problemas, y tu texto me ha ayudado a esforzarme un poco más por entenderla. Gracias por publicarlo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gloria Eloísa /

    15/11/2017 6:46 PM

    Hola Tania. He leído con atención, y me encanto, no solo comparto tu opinión, también me identifique jajajaja es más que una batalla titánica tratar de mezclar el ser mamá, ser quien necesita tu pequeño o pequeña con el desarrollo profesional e intereses personales... Disfrute leerte asi como disfruto escribir. Un abrazo de la que desde ahora es tu lectora.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Javier Raya /

    15/11/2017 4:58 PM

    Es irreal lo pendeja que eres.

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

      Javier Raya /

      15/11/2017 6:47 PM

      Fake news.

      ¡Ay no!

      5

      ¡Nítido!







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