El 8 de marzo se conmemora el día internacional de la mujer, es la fecha en la que nos unimos para exigir igualdad real de oportunidades y derechos que históricamente nos fueron negados y que para muchas siguen representando una deuda pendiente. Así es, los derechos que se consideran ganados por otras mujeres, para nosotras, las mujeres con discapacidad parecen lejanos (Revisar, informe sombra elaborado por Transversal, Acción sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, A.C. Relativo a la “Situación de las mujeres con discapacidad en México”, Comité CEDAW 2018. Consultable en: https://www.discapacidadtransversal.org/).
Tal es el caso del derecho a la educación pues muchas niñas y mujeres siguen sin poder ejercerlo al no contar con escuelas inclusivas que tengan entre otras cosas instalaciones accesibles, maestros capacitados en lengua de señas mexicana, materiales en sistema braille o modificaciones curriculares que permitan un aprendizaje que responda de manera adecuada a las distintas necesidades educativas (porque todas somos diferentes y aprendemos de manera distinta).
Gracias a los prejuicios y estereotipos muy pocas mujeres con discapacidad tienen acceso a un empleo, quienes lo tienen generalmente son contratadas en puestos de bajo perfil donde sus aptitudes no son valoradas, donde se considera que están en determinado puesto o lugar “para entretenerse” y no porque estén ejerciendo un derecho, además de ser mal remuneradas no se garantiza su acceso a la seguridad social y mucho menos ocupan puestos de decisión.
Por otro lado, tampoco se nos considera aptas para decidir sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos, en general, somos vistas como entes asexuados para quienes es “natural” y en muchas ocasiones “recomendado” ser esterilizadas u obligarnos a abortar, por que se tiene la idea de que, al ser más propensas a una violación, lo mejor es decidir sobre nuestros cuerpos (sin que ello solucione de modo alguno el problema).
En muchas ocasiones vivimos aisladas debido a que el entorno, las comunicaciones o los medios de transporte no están diseñados pensando en que existimos muchos tipos de personas con diferentes necesidades, quizá esta es parte de la razón por la que con poca frecuencia nos ven físicamente en marchas tan importantes como las del 8 de marzo, porque asistir implica sortear barreras físicas y sociales muy difíciles de superar.
Pero que quede claro, el hecho de que no nos vean en las marchas, de que no consideren nuestras necesidades, es reflejo de lo invisibilizadas que seguimos estando en las políticas públicas, en los foros de discusión y en los movimientos feministas.
Pero no por ello somos ajenas a las problemáticas sistemáticas y estructurales que enfrentamos las mujeres todos los días, queremos que llegue el momento en que todas las mujeres podamos disfrutar en igualdad de oportunidades de todos los derechos, pero para lógralo es necesario que se den cuenta de que existimos y que debemos ser escuchadas.
Sin duda, la lucha contra el sistema de opresión es una misma, pero no podemos ser ajenas a que esa lucha también se encuentra influida por otros aspectos íntimamente relacionados con cada persona como es el caso de la raza, la migración, las orientación sexual o la discapacidad por mencionar algunos ejemplos; pues el hecho de dejarlos de lado o no tomarlos en cuenta implica que partimos de un privilegio que nos impide ser conscientes de la diversidad de mujeres existente y de sus necesidades, es por ello que resulta indispensable advertir, contextualizar y atender las interseccionalidades para que el disfrute de los derechos en igualdad de condiciones sea una realidad para todas.
Marlon Suarez /
Ahora la inconformidad es que entre ellas mismas no tienen los mismos derechos, jajajajajajajajajajaja.
Insisto, quien p....t.....s las entiende.