Méxicansplaining: ¿cómo diablas llego la izquierda a la presidencia?

¿Qué significa pra las mueres mexicanas y de toda la región la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador?

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Amigas del resto del mundo: seguramente han visto noticias sobre el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, también conocido como AMLO o El Peje, el candidato de la izquierda en México que en diciembre se convertirá en presidente. Y quizá, si tienen contactos de este país en sus redes, esos links hayan venido acompañadas de muestras de felicidad desbordada… o de pánico, catastrofismo y ganas de emigrar.

Les voy a contar por qué esta victoria es tan relevante para mi generación, por qué nos tiene con emociones tan extremosas y cómo viví yo la montaña rusa de la democracia (#poetuit). Siéntense en un lugar cómodo y preparen un snack rico en proteína, porque es una historia kilométrica.

Había una vez una democracia fallida llamada México…

1988

Uno de mis más antiguos recuerdos es una caricatura del periódico La Jornada. De un lado, la molestia de un hombre de cara larga. Del otro, un señor calvo, de bigote y grandes orejas, se reía. “Él iba a ser presidente”, me explicó mi mamá, mientras señalaba al dibujo que representaba a Cuautémoc Cárdenas, el candidato de izquierda, favorito de los mexicanos, con una ventaja contundente en las encuestas. “Pero él hizo trampa y se robó la elección”, dijo mientras le daba golpecitos a la cabezota de Carlos Salinas de Gortari. Fast forward: Este señor, candidato del PRI, partido que para entonces llevaba seis décadas en el poder y se aventaría una más, prometió convertirnos en primer mundo. Sorpresa: no funcionó. Hasta la fecha, es el mayor villano de la política nacional, la caricatura de la corrupción, la indolencia y la impunidad.

Su máscara sigue siendo muy solicitada en Halloween.

Tengo casi 35 años y aquella fue mi primera impresión de la democracia mexicana. Así como en aquellos tiempos formativos adquirí conocimientos fundamentales como que el agua moja, que tocaba lavarse los dientes antes de dormir o que como peatona había que tener cuidado con los coches, me quedé con la idea de que el proceso electoral en mi país no era muy confiable que digamos.

 

Uy, y lo que vendría.

 

1994

Asesinaron al candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, porque se les estaba saliendo del huacal. Así, casual. Pusieron a un priista de bajo perfil, Ernesto Zedillo. Hay gente que lo tiene en buena estima porque le explotó la bomba neoliberal en las manos y más o menos la libró. Pero a la verga con él, porque bajo su gobierno ocurrió la masacre de Acteal: clic.

 

2000

En 2000, al fiiiiiiiin ganó el candidato de otro partido. El de la derecha conservadora, el PAN, pero bueno, alternancia era alternancia. Sí hubo algunas mejoras, pero la esperanza en Vicente Fox —el empresario ranchero sincerote, carismático, chistoso, de botas vaqueras y hebilla con su nombre que sabía burlarse de sí mismo— se esfumó en poco tiempo.

 

Mientras tanto, en la Ciudad de México…

Por aquellos tiempos también pasó algo bueno y fundamental para esta historia. En el entonces DF, hoy CDMX, a diferencia del resto de los estados, no se elegía democráticamente a la persona que gobernaría, sino que la designaba el presidente. En los 80 y 90 la capital era un chiquero de corrupción, contaminación, inseguridad, represión y de habitantes frustrados que odiaban el lugar donde vivían. Esto cambió en 1997, cuando por primera vez se escogió a través de una votación a un Jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas, el mismo al que le habían hecho fraude en la presidencial nueve años antes.

Ahí comenzó un proceso de restauración profunda de la ciudad, el cual continuó en 2000, con el mismo puesto, redoble de tambores, ¡Andrés Manuel López Obrador!

AMLO es originario del estado sureño de Tabasco, en el Caribe mexicano, donde uno de los animales comestibles es el pejelagarto, por eso le apodan así: Pejelagarto, “El Peje” pa’ los cuates.

“Hola, vota por mí”.

Como jefe de gobierno, AMLO fundó una universidad y una red de bachilleratos, creó un nuevo medio de transporte público (el Metrobús), le dio pensiones a los adultos mayores, recuperó el Centro Histórico, gobernó con austeridad y a todos lados iba en un Tsuru blanco que se volvió icónico. Las calles dejaron de ser tan inseguras (#NotAllCalles). Casualidad o no, en este periodo empezó a efervescer un entusiasmo por ser chilango, un sentido de pertenencia, una identidad colectiva de orgullo. También cometió errores, claro, pero el Peje pavimentó el camino para que Marcelo Ebrard, su sucesor, nos diera a los capitalinos la luna de miel definitiva con la Ciudad de México. En conjunto, fueron 12 años maravillosos para ser defeño, específicamente para ser joven en esta ciudad abrumadora.

Pero volviendo a las elecciones presidenciales…

2004 y 2005

La fama del Peje era enorme. Empezaba a desbordar la Ciudad de México y colarse por otros estados. Ya se sabía que quería ser presidente y que iba a tener muchas posibilidades. Así que, desde el gobierno federal y grupos de poder relacionados con la derecha, intentaron ponerle el pie con un retrueque legal verdaderamente ridículo y difícil de explicar (clic aquí para la entrada en Wikipedia), para que perdiera el fuero, pudieran juzgarlo y meterlo a la cárcel. Más de un millón de personas salimos a las calles a manifestarnos en contra del proceso. Al final, el presidente Vicente Fox decidió frenar todo el show, que de todos modos ya había catapultado la aceptación de AMLO. Les salió el tiro por la culata.

Y entonces llegó…

2006

En esta elección, se podía votar por la continuidad de la derecha panista, representada por Felipe Calderón, o un giro a la izquierda con AMLO, que ya había demostrado gobernar con éxito.

El Peje llevaba las de ganar y, por meses, las encuestas lo favorecían. Sin embargo, algunos miembros de su equipo fueron pillados en actos de corrupción, y la derecha lo supo capitalizar.

“López Obrador es un peligro para México” es una frase pegajosa que sigue en el habla popular.

Pero lo determinante, lo que realmente fue un plan brillante de estos pinches genios del mal, fue pegarle a México en donde más le duele: en la clase social.

Empezaron a relacionar a AMLO con las clases bajas, y a insinuar que, si lo apoyabas, eras pobre y naco. Una versión de esta imagen, por ejemplo, se hizo viral antes de que existieran los memes y la viralidad y casi casi que el internet como lo conocemos hoy en día:

“Gato” se usa en México como un peyorativo clasista, como sinónimo de “empleado de poca monta” o simplemente de “persona sin clase”. Es un insulto que a muchos les cala.

Como no había Facebook, Twitter ni Whatsapp, una de las armas más poderosas herramientas contra AMLO fueron las cadenas de correo electrónico, en las que alertaban a la gente sobre la amenaza que representaba el Peje, porque iba a convertir a México en Venezuela, te iba a quitar tu coche y tus electrodomésticos y te iba a obligar a recibir pobres en tu casa.

Y como aquí los de clase media se creen ricos (#NotAllClasemedieros), pues juraron que este tabasqueño mugroso iba a confiscarles sus fortunas imaginarias.

Esas cadenas fueron fríamente calculadas en agencias de publicidad (fuente: me han contado… y pues se notaba a leguas). Una vez, un escritor de derecha me confesó muy orgulloso que él también había hecho lo propio y sembrado el terror entre la clase media que se creía de la realeza. Pinche culero. El antecedente de las fake news.

La diferencia en la intención de voto entre López Obrador y Felipe Calderón se fue cerrando. Llegaron al día de la elección con un empate técnico. Y aquella madrugada del 3 de julio, el entusiasmo de la izquierda se convirtió en ansiedad, desesperación, frustración y todo un catálogo de emociones negativas. Al final del conteo, se declaró que el ganador era Calderón, por una diferencia de 243,934 votos. DOSCIENTOS CUARENTA Y TRES MIL NOVECIENTOS TREINTA Y CUATRO MISERABLES VOTOS. Menos de un punto porcentual, en una elección plagada de irregularidades.

Aquello olía a fraude y estábamos muy enojades. Otra vez, más de un millón de personas salimos a marchar, varias veces, para exigir un recuento. “Voto por voto, casilla por casilla” era la consigna. Para canalizar la furia del pueblo, AMLO propuso tomar Reforma, una de las avenidas principales de la Ciudad de México. Y se armó un campamento que duró 47 días.

Desde mi punto de vista, este acto de resistencia pacífica fue maravilloso. Aunque nunca me quedé a dormir, me encantaba pasear y apoyar a los que estaban ahí instalados. Había conciertos, lecturas, bailes, proyecciones de cine y toda clase de actividades culturales. Los niños colgaban sus dibujos del Peje en las carpas. Vendían memorabilia chidísima. Una vez granizó muchísimo y la gente hizo AMLOS de hielo. Era protesta pero era fiesta. Era tristeza y enojo pero era jolgorio.

Al final, bajo la amenaza de quitar el plantón a la fuerza, se retiró voluntariamente. La resignación suplió a la furia. Perdimos. Perdió México.

2012

Felipe Calderón emprendió una guerra contra el narcotráfico que resultó en más violencia, el ejército violando derechos humanos, los cárteles alebrestados y más de 100 mil muertos. Para las elecciones, la gente estaba harta, ahora sí que no quería más al PAN. Pero como la imagen de AMLO como “un peligro para México” y “un hombre autoritario que nos va a convertir en Venezuela” prevalecía, y las lágrimas de los cochistas (los que defienden el uso del coche para ir a todo lado) que habían hecho 15 minutos más de tiempo a su trabajo por “culpa” de “los mugrosos pejezombis que tenían tomado Reforma” aún marcaban la imagen del tabasqueño, pasó la peor de las pesadillas: volvió el PRI.

Ni siquiera el surgimiento del movimiento estudiantil #YoSoy132 pudo frenar a Enrique Peña Nieto, la promesa de un PRI renovado (jaja) y moderno (jaja). Además estaba guapo y tenía una esposa estrella de telenovelas, ¿qué podría salir mal?

PUES TODO SALIÓ MAL AMIGAS, OBVIAMENTE.

La violencia se recrudeció, hubo escándalos de corrupción directamente relacionados con el presidente y su familia, decenas de periodistas fueron asesinados, los feminicidios estuvieron fuera de control.

¿Quién podría sacar al país de este hoyo?

2018

Desde 2006, se había acuñado un término para referirse despectivamente a los seguidores del Peje: pejezombis.

Se decía que los pejezombis estábamos cegados por su acento tropical y por sus propuestas populistas, que éramos agresivos, necios como nuestro líder mesiánico. Ah, y que éramos nacos, pobres, apestosos, mugrosos. Un flagelo cero classy del peligro para México.

Ay, ¡pues no! Bueno, sí un poquito necios. Pero pues ya estábamos cansadxs del PRI y el PAN, o como AMLO les llama, “la mafia del poder”. Y a pesar de que el Peje ha evadido hablar de temas fundamentales como aborto y matrimonio igualitario, diciendo que “lo someterá a consulta”, de que se alió con el partido más asqueroso de la ultraderecha “por estrategia”, de que a la luz de 2018 su izquierda ya no parecía tan izquierda…. ahí seguíamos. Y no sólo nosotros. El hartazgo y el dolor fueron el combustible para que el virus pejezombi se extendiera por todos los rincones del país, a los que, por cierto, AMLO viajó incansablemente a lo largo de todos estos años.

La campaña estuvo muy bien hecha, pero Tatiana Clouthier, su coordinadora y vocera, brillante y divertida, fue fundamental. Se ponía como trapo a los machos engreídos que representaban al resto de los candidatos. Se convirtió en “La Tía Tatis”, la favorita de México, que compartía memes divertidísimos en redes.

Tatiana Clouthier

Además, AMLO también anunció que su gabinete sería paritario, y que proponía a la ex ministra Olga Sánchez Cordero, defensora de los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTI+, como secretaria de gobernación. Así, a pesar del conservadurismo del Peje, el arcoiris y el sector violeta de la población anduvieron muy pejezombis.

Gabinete de mujeres de Andrés Manuel López Obrador.

La popularidad de AMLO, esta vez, era imparable. Por más insultos, descalificaciones y mentiras que sus dos contrincantes más fuertes, Ricardo Anaya del PAN y José Antonio Meade del PRI, soltaban a la menor provocación, y a pesar de no dar una en los debates, el tabasqueño crecía y crecía en las encuestas.

Estábamos como leonas enjauladas. No queríamos ilusionarnos de más, porque el golpe de 2006 había sido demasiado duro. Y la impronta de 1988 demasiado poderosa. Pero era imposible no emocionarse. Conforme se acercaba el 1 de julio, el día de la elección, menos podíamos dormir. AAAAAAAAH.

Y llegó. Y en chinga los otros candidatos aceptaron la derrota. Y resultó que las encuestas se equivocaron, porque AMLO no ganó con un 40%, como se predecía, sino 53%. ARRASÓ.

AAAAAAAH.

AAAAAAAAAAAAH.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH.

Todavía no me la creo. Uf.

La sensación que me ha invadido estos días, y que comparto con la mayor parte de mis amigues, es completamente nueva. No tengo cómo describirla. Es como cuando tu crush de mucho tiempo te hace caso y sientes que caminas sobre las nubes. Es como cuando trabajas meses en un proyecto y finalmente lo terminas y lo tienes en tus manos, todo precioso. Es como una fiesta sorpresa, un reencuentro, un helado de mango en un día caluroso, una nueva amistad, el dolor de panza después de reírse a carcajadas, el ronroneo de un gatito que te amasa. Todo junto y espolvoreado con azúcar y canela o con chilito y sal, según el gusto de cada quien.

No todos andan así. Están los espantados que siguen creyendo que el Peje es autoritario, que nos va a convertir en Venezuela, que odia a los ricos (a pesar de que como Jefe de Gobierno era superamiwis de Carlos Slim, quien invirtió para la recuperación del Centro Histórico) y que es lo mismo que el PRI. Están inundando las redes sociales de comentarios clasistas y racistas, dicen que ganó la ignorancia y el resentimiento social, que los blancos ricos son discriminados y víctimas del odio (jajajajaja). Juraban que, ante este escenario, se irían el país… pero como que ya les dio flojera y mejor se quedaron a disfrutar de este nuevo papel como “la oposición”. Creo que tampoco se hallan.  

También están los Auténticos Analistas PolíticosⓇ, quienes aseguran que los pejezombis somos unos ilusos, que esto ni es izquierda, que el Peje es un conservador con traje de progresista, que nos vieron la cara y que se compadecen de nuestro patético entusiasmo.

Va, cámara, ándale, Experto Poseedor De La VerdadⓇ, chido tu escepticismo, la neta quizá sí lo necesitemos un poco, lo digo sin ironía, porque el componente emocional de esta transición es muuuuy fuerte. Pero quiero que vayas a decirle a mi mamá y a todes los de su generación, que (sobre)vivieron las masacre de 1968 y la represión de 1971, que no tenían ni siquiera conciertos porque el PRI los prohibió (alguien debería hacer la versión rockera de Footloose, ambientada en el México de los 80), que les arrebataron y pisotearon la esperanza en 1988. Ándale, ve e infórmales que su alegría es de chocolate, que es ingenua, que no cuenta, que no son más que víctimas del sistema (uy, qué novedad).

Sí, hay un millón de maneras de leer lo que pasó el pasado 1 de julio. Pero después de tantos pinches amaneceres sexenales tan sombríos, tan amargos, ¡por lo menos déjennos disfrutar cómo el PRI se va la mierda! Este cartón de Hernández en La Jornada lo ilustra muy bien:

El señor calvo de bigote y orejas grandes que hace 30 años se reía, y todo lo que representa, hoy se va.

Esperemos que sea un hasta nunca.

Tamara De Anda
/

(CDMX, 1983) Es orgullosamente chilanga, feminista, gatera, peatona, ciclista, chavorruca, rizada y tragona. Bloguea y colabora en medios desde 2004. Es reportera en Itinerario en canal 11 y conduce Macho en rehabilitación en Radio Fórmula.


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    Sarvelio Navarro /

    11/07/2018 12:32 PM

    Muy buena antologia y que AMLO haga la diferencia o por lo menos que lo intentente

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Armando E. Torre Puerto /

    10/07/2018 11:15 AM

    Con todo y que le ve ciertos defectos al Peje, está muy subjetivo y apela a la emoción. No importa que gente de varias generaciones se sienta ilusionada, el caso es que si las bancadas morenistas están compuestas desde yunquistas, gordillistas y beltronestas hasta ex-psumistas y gente que de verdad quisiera que seamos Venezuela (sí existen en MORENA, aunque no incluyan a AMLO), lo que obtuvimos es un PRI 2.0 y pues eso no sirve de mucho.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Víctor López /

    09/07/2018 12:09 PM

    Me agrada AMLO: conque no lo atrapen las feministas, sodomitas, sadomasoquistas, abortistas, que promueven la lujuria , ni por el narco, ni los privilegios . TODO LO ANTERIOR es malo para el desarrollo de un país.

    ¡Ay no!

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    ¡Nítido!

    Víctor López /

    09/07/2018 12:09 PM

    Me agrada AMLO: conque no lo atrapen las feministas, sodomitas, sadomasoquistas, abortistas, que promueven la lujuria , ni por el narco, ni los privilegios . TODO LO ANTERIOR es malo para el desarrollo de un país.

    ¡Ay no!

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    ¡Nítido!



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