No sabemos estar sentadas

Un viaje a lo profundo del trabajo no remunerado y no reconocido que hacemos las mujeres.

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En Teoría de la clase ociosa, Thorstein Veblen clasifica toda actividad humana en tres grupos: trabajo remunerado, trabajo no remunerado y ocio. El trabajo remunerado, ejercido históricamente por los hombres, se realiza en su mayoría fuera del ámbito doméstico y, durante mucho tiempo, fue el único reconocido como trabajo, pues para la mayoría de los economistas, la noción de trabajo estaba ligada directamente con la de salario.

El trabajo no remunerado es, como su nombre lo indica, trabajo que no recibe una remuneración económica y está constituido en su mayoría por trabajo doméstico que recae casi de manera exclusiva en las mujeres. Dentro del ocio entrarían todas esas partes de nuestra vida en la que no estamos realizando ninguna actividad “productiva”, remunerada o no.

El feminismo se ha tomado desde hace años la tarea de no sólo reivindicar el trabajo no remunerado, sino de comprender de qué manera se relaciona con el trabajo remunerado, haciéndolo posible, y, de este modo, convirtiéndose en el soporte del sistema capitalista. Silvia Federici lo explica con mucha claridad en Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas:

“Debemos admitir que el capital ha tenido mucho éxito escondiendo nuestro trabajo. Ha creado una obra maestra a expensas de las mujeres. Mediante la denegación del salario para el trabajo doméstico y su transformación en un acto de amor, el capital ha matado dos pájaros de un tiro. Primero, ha obtenido una cantidad increíble de trabajo casi gratuito (…) Al mismo tiempo, también ha disciplinado al trabajador masculino, al hacer que «su» mujer dependa de su trabajo y de su salario”

Ahora bien, lo que no menciona Veblen es que estas tres categorías (trabajo remunerado, trabajo no remunerado y ocio) no están tan separadas como nos imaginamos. Por ejemplo, si durante nuestro así llamado “tiempo libre” elegimos leer un libro que podemos aplicar a nuestro trabajo o tomar un curso que después vamos a poner en nuestro currículum, ¿estamos trabajando? Si nos quedamos horas extra en la oficina, como la mayoría hacemos, sin que nos paguen ¿nuestro trabajo es remunerado y no remunerado al mismo tiempo? Si somos amas de casa y remendamos la ropa de los niños mientras vemos televisión ¿es ocio o trabajo no remunerado? Etc.

Si a todo lo anterior añadimos todas las actividades de planeación, organización y calendarización que se requieren alrededor del cuidado y que recaen casi exclusivamente en las mujeres, sobre todo en las madres, como recordar desde las fechas vacunas, los expedientes médicos, las dosis de los medicamentos, las fechas de inscripción a la escuela, hasta si hay leche en el refrigerador o si hay que comprar jabón de trastes o cuándo toca regar las plantas, nos encontramos con que el ocio nunca es “puro”. Por el contrario, está poblado de una intensa actividad mental que trae consigo un agotamiento a primeras luces incomprensible, no sólo para el cliché de marido macho que suelta frases como “si no haces nada en todo el día”, sino también para nosotras mismas.

Cuántas no nos hemos preguntado por ejemplo “¿por qué ya estoy cansada si todavía ni comienzo a limpiar?” Pues porque limpiar una casa requiere una planificación, requiere recordar si hay detergente o si hoy pasa la basura, por ejemplo. Requiere (en el mejor de los casos) organizar al resto de los miembros de la familia, negociar con ellos, asignarles tareas y supervisarlas y muchas veces, incluso rehacerlas.

Cuando nos reímos de que nuestras madres y/o abuelas no “saben estar sentadas” no consideramos que quizá no es que no “sepan”, sino que, incluso durante su tiempo de “ocio” se están encargando de cosas de las que nadie más se encarga, como, no sé, levantar la ropa sucia del piso que todo el mundo brinca sin que le cause ningún conflicto o llevar los trastes sucios a la cocina. Pero también explicarle detalladamente a otro miembro de la familia cómo realizar correctamente una tarea y luego supervisarla.

¿Cómo llamamos a ese tipo de trabajo? La caricaturista francesa Emma lo describió el año pasado en una serie de viñetas como “carga mental”, la parte (aún más) oculta del trabajo no remunerado que nos impide tener tiempo de verdadero descanso porque siempre tenemos que encargarnos de cientos de tareas invisibles para el resto de las personas con las que compartimos el espacio, aunque éstas solo sean de organización y planificación.

Las feministas han peleado desde hace años por el justo reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, remunerado y no remunerado, y han logrado demostrar de qué manera sustenta todo el sistema económico capitalista. Lo anterior se ha traducido en que poco a poco se ha ido cobrando consciencia en algunos sectores de la población (aún falta mucho por hacer a ese respecto) y las tareas domésticas y de crianza comienzan a ser compartidas por todos los miembros de una familia, incluso de una comunidad entera.  

Sin embargo, la “carga mental” sigue recayendo únicamente sobre las mujeres. ¿Cómo nos liberamos de un trabajo que la mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes de estar realizando? ¿Cómo lo tasamos y, sobre todo, cómo dejamos de educar niñas que no sepan descansar?

Este 8 de marzo, se planea una huelga internacional de mujeres bajo la consigna #NosotrasParamos para visibilizar, en negativo, el trabajo femenino. Pero, ¿cuántas mujeres pueden realmente parar? Y, ¿cuántas de las que sí pararemos podremos hacerlo sin antes organizar, adelantar y coordinar el trabajo que dejamos? La realidad es que las labores que históricamente hemos asumido las mujeres continúan siendo tan basamentales para la economía como invisibles para nuestras sociedades, muchas veces, incluso para nosotras mismas, ¿cuántas de ustedes, leyendo este texto, se dieron cuenta de que en realidad trabajaban cuando creían que estaban “descansando”? Rumbo al 8 de marzo, se unan o no a la huelga, las invito a participar de la reflexión colectiva respecto a nuestras condiciones laborales, y, sobre todo, a las condiciones de nuestro descanso.

Tania Tagle
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Tania Tagle es editora, ensayista y madre disidente.


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    rodolfo espinoza /

    03/03/2018 9:15 PM

    Mamita esta bien Linda, pero es puro cierto falta ORGANIZACION y COLABORACION entre mujeres para ya no seguir siendo EXPLOTADAS, po r padres maridos, hijo etc. que lo hagan ellos que no estan mancos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ingrid B /

    28/02/2018 8:55 PM

    Muy acertada la nota.

    ¡Ay no!

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    ¡Nítido!



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