El asesinato de Marielle Franco en Brasil: Nos tocan a una y respondemos todas

El asesinato de la Diputada Brasilera Marielle Franco después de la huelga internacional de 8 de Marzo, es una alerta para todas las feministas de la región y la evidencia de que nuestros cuerpos, atravesados por la interseccionalidad, se consideran descartables.

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Imagen: Midia Ninja.

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Marielle Franco tenía 39 años cuando fue asesinada en su auto, en el centro de Río de Janeiro. Era mujer, feminista, socióloga, oriunda de una de las favelas más grandes de la ciudad, negra y lesbiana. Había sido la quinta diputada más votada de las pasadas elecciones de la ciudad. Dedicó casi toda su labor legislativa a ampliar los derechos y visibilizar las distintas inequidades que atravesamos las mujeres y también a denunciar fervientemente los abusos de la policía Brasilera desde que el gobierno del dudoso presidente Temer decretó la militarización de Río de Janeiro. 24 horas antes de que la asesinaran, disparándole 12 veces con un arma cuyas balas pertenecían a la policía federal, Marielle había tuiteado “¿Cuántos más tendrán que morir para que esta guerra termine?”, en referencia a los asesinatos de jóvenes en manos de las fuerzas de seguridad estatales.

El femicidio de Marielle es un femicidio político. No sólo porque los principales sospechosos sean el mismo ejército y estado al que ella denunció, o porque fuera una legisladora electa democráticamente, sino porque su cuerpo, su pelo, su voz, su historia y su visibilidad la enmarcan en un territorio de disputa que trasciende la política electoral. Marielle era peligrosa para un régimen blanco, heterosexual, masculino, rico y católico. Marielle ponía en tensión un sistema patriarcal de explotación de nuestras identidades y de silenciamiento de nuestras voces.

La mataron a ella, no mataron a un varón. La mataron a ella porque esos que están en el poder todavía subestiman la potencia de las alianzas de las mujeres y nuestra capacidad de incidir en la justicia. La mataron porque creyeron que no iba a ser tan problemático, nunca lo ha sido: nos asesinan impunemente sin ninguna consecuencia. El ensañamiento en contra de las defensoras de derechos humanos y lideresas territoriales se expresa en las cifras: entre enero de 2016 y febrero de 2018, 40 lideresas han sido asesinadas en Colombia, de las cuales dos eran mujeres trans. Esto significa que en promedio cada 19 días una mujer defensora de derechos humanos es asesinada en ese país. En México los femicidios a mujeres líderesas y defensoras de DD.HH tampoco son excepcionales, el 23 de Marzo fue reconocido el cuerpo de Kleo, una importante activista lesbiana de Guanajuato. Crímenes de odio, claramente aleccionadores que buscan callar las voces de las mujeres cada vez más organizadas y visibles que conquistan y disputan poder popular.

Nuestros feminismos regionales tienen que tomar una postura en defensa de nuestras vidas, de las de todas. Ni la justicia, ni los poderes legislativos, ni la concentración económica de nuestros países han logrado cambios estructurales en los últimos años -al día de hoy no hay mujeres presidentas en nuestra región y tenemos muy poca representación, a pesar de ser el 50% de la población-. Sin embargo cambiamos nosotras, desde las calles, desde las casas, desde todos nuestros lugares de pertenencia hemos conquistado derechos en defensa de nuestras existencias dignas, libres y autónomas. No esperamos que la revolución fuera vertical, la hicimos desde las bases. Problematizamos y politizamos todas las prácticas injustas a las que nos sometía, sin explicación, el patriarcado; de la pregunta individual a la organización colectiva.  El femicidio de Marielle nos compete porque es un mensaje para todas nosotras, que estamos disputando poder, representación y voz. La hegemonía machista parece tambalear y responde con violencia a nuestros avances.

De nuestra demanda por justicia y nuestra memoria depende que esto no nos aleccione, sino que nos potencie, el patriarcado sigue siendo dueño del estado, pero la calle es feminista, cada vez más. Somos muchas en todo el continente, estamos unidas, hartas, enojadas y si nos tocan a una, respondemos todas.

María del Mar Ramón
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Maria del Mar Ramón. Feminista, migrante, coordinadora de Red de Mujeres.


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